Un llamado a las maestras y maestros. Una petición para las madres y padres
No podemos dejar de ver que, del otro lado del mundo, atravesando océanos y mares, otras infancias son borradas de la faz de la tierra, son masacradas en un permanente genocidio sionista en Gaza, apoyados por las fuerzas militares y armas del imperio estadunidense
Ala de pediatría en un hospital de Bangladesh. Foto Afp
Tere Garduño*
jornada.com.mx/08 de mayo de 2026
Nuestras vidas transcurren en permanente contacto con infancias. Las protegemos, las guiamos, las amamos. Están en nuestros pensamientos cotidianos y mueven nuestras acciones. Escuchamos sus ideas, sus sueños, sus propuestas. Acompañamos sus progresos, sus logros y sus retos.
Creemos en el interés superior de la niñez y ejercemos nuestras funciones, ya sean docentes, maternales o parentales en el día a día. Elegimos vivir cercanamente a esos despertares a la vida, al mundo, al descubrimiento y nos nutrimos de ellos para cumplir con la misión que nos hemos propuesto.
Y ante la maravilla que implica ver la vida desarrollarse ante nuestros ojos, no podemos dejar de ver que, del otro lado del mundo, atravesando océanos y mares, otras infancias son borradas de la faz de la tierra, son masacradas en un permanente genocidio sionista en Gaza, apoyados por las fuerzas militares y armas del imperio estadunidense que se considera el gendarme del mundo.
64 mil niñas y niños asesinados en Gaza, entre ellos más de mil bebés. Más de 300 mil en riesgo de sufrir desnutrición aguda. La comida detenida en la frontera con Egipto, descomponiéndose para nunca calmar el hambre. Más de 21 mil niños y niñas han quedado con discapacidades o amputaciones como resultado de los ataques.
Otras infancias son masacradas cuando tomaban clases en Irán: 168 niñas calcinadas en la escuela primaria de Shajareh Tayyebeh en Minab en Hormozan, bombardeada por Estados Unidos y sumando muertes posteriores la cifra se eleva a 216 y más de mil 800 han resultado con heridas graves.
Más de 120 niñas y niños aplastados por bombardeos israelís cuando dormían en Beirut, Líbano.
Desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 30 de abril de 2026, llevamos 935 días de guerra genocida israelí con el apoyo y posterior intervención de Estados Unidos. Si colocáramos, uno junto a otro, los cadáveres de las infancias masacradas en Gaza, Cisjordania, Irán y Líbano, cubrirían una distancia de 105 kilómetros. A muchos de ellos y ellas ni siquiera se les permitió tener una tumba que sus familias puedan visitar.
Casi la totalidad de la población infantil de Gaza, cerca de 700 mil niñas y niños han perdido sus hogares y han sido obligadas a desplazarse y vivir en situaciones infrahumanas. Las niñas y los niños de Cisjordania sufren permanentes agresiones de colonos israelíes. Muchas familias en Líbano han sido obligadas a desplazarse ante el temor de nuevos bombardeos.
Si volteamos la mirada hacia América, en Cuba, cerca de 2 millones de menores han sufrido un bloqueo que limita su acceso a la energía, a los alimentos y a las medicinas.
Como docentes, madres y padres formadores, tendríamos qué preguntarnos qué modelo de mundo estamos ofreciendo a las nuevas generaciones; qué valores practicamos cuando volteamos la mirada ante tanto sufrimiento, cuando negamos realidades que forman el horizonte del mundo.
¿Será ético educar a las nuevas generaciones en una cúpula de cristal donde no se observa el mundo y no se asuman posiciones ante la injustica, la perversidad, la crueldad extrema, la violencia, el abuso sobre las infancias?
Tal vez sería pertinente preguntarnos si el derecho de las infancias a informarse de la realidad, a generar un juicio sobre las acciones de quienes consideran que pueden pasar sobre el derecho a la vida de otras y otros, está realmente ejercido.
Aprender a mirar a otro lado, a tapar los oídos ante las súplicas de paz, a negarse a comprender que esas y esos otros son nuestra hermandad en la tierra y merecen una vida con los mismos derechos que la nuestra, implica reproducir este mundo que hoy nos avergüenza y humilla. Eso nos hace cómplices.
Es necesario reconocer que nuestras voces, nuestros juicios críticos, nuestros comentarios, nuestras marchas, nuestras consignas y nuestras lecturas del mundo, nos permiten asumir posiciones de lucha por la vida, por la paz, por la satisfacción de necesidades para todas y todos. Esa es una enseñanza fundamental para nuestras infancias en estos tiempos de guerra. Aprender a leer el mundo, como lo decía Freire, es una buena herencia de militancia por la equidad, la justicia y la lucha por un mundo donde nadie ostente el derecho de pasar sobre los derechos de las y los demás; donde nadie tenga lo superfluo cuando millones no tienen lo indispensable.
Hoy en día, nuestras escuelas y nuestras familias tienen una responsabilidad fundamental ante las nuevas generaciones. Aprender a leer el mundo de forma crítica, consciente de derechos universales para todas las infancias, con posiciones congruentes con el ejercicio de la otredad en el mudo, sintiéndonos todas y todos parte de la humanidad.
¿Estará siendo esa lectura del mundo parte del trabajo reflexivo y crítico de nuestras aulas? ¿Se comentará en las casas? ¿Qué dirán estas infancias, dentro de 20 años, acerca de lo que se hablaba en la escuela y en el seno de su familia, durante estos tiempos de guerra? ¿Dirán acaso que nadie les aclaró que las guerras imperialistas, genocidas y sionistas no son éticas? ¿Dirán que nunca entendieron por qué los adultos no se expresaban críticamente ante todas esas violencias? ¿Dirán que nunca hubo un minuto de silencio por la muerte de inocentes?
Durante el nazismo, mucha gente no sabía qué transportaban los trenes rumbo a Auschwitz. Hoy sí sabemos a quienes se asesina con los bombardeos y las balas; conocemos del imperialismo, el capitalismo voraz y el genocidio. ¿Cuál será nuestra responsabilidad como docentes, madres y padres ante las infancias?
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*Directora de la Escuela Activa Paidós y del Instituto de Investigaciones Pedagógicas, AC
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