Un equipo de la Charité de Berlín ha desarrollado un método pionero basado en IA que identifica nuestro cronotipo analizando 17 genes en los folículos pilosos
Una sola muestra de cabello es suficiente para determinar el ritmo individual del reloj biológico. / Bert Maier/© Charité/Bert Maier
Redacción T21
elperiodico.com/Madrid 06 ABR 2026
El reloj biológico dicta mucho más que nuestras horas de sueño: orquesta desde el metabolismo hasta el momento óptimo en el que el sistema inmunológico combate las enfermedades. Gracias a un nuevo estudio, descifrar este ritmo íntimo permitirá adaptar la quimioterapia y los fármacos a las necesidades exactas de cada paciente.
Averiguar la hora exacta que marca el cuerpo de cada individuo ha sido siempre un desafío clínico. Sin embargo, una investigación liderada por la Charité – Universitätsmedizin de Berlín y publicada en la revista PNAS demuestra que la clave para descifrar este ritmo vital se esconde en nuestras cabezas. El avance transforma la lectura de los biorritmos en un proceso sencillo, domiciliario y económicamente viable.
Hasta la fecha, el estándar de oro para determinar el biorritmo de una persona consistía en medir los niveles de melatonina —la hormona del sueño— a través de muestras de saliva. Este proceso obliga al paciente a permanecer durante horas en un entorno de luz tenue estrictamente controlado. El equipo dirigido por el cronobiólogo Achim Kramer ha logrado sustituir este costoso procedimiento de laboratorio por un análisis no invasivo.
Al extraer unos pocos folículos pilosos, los científicos logran medir la actividad de 17 genes específicos fuertemente vinculados al reloj molecular del organismo. Cruzando el patrón de expresión de estos genes con algoritmos de aprendizaje automático, el sistema es capaz de predecir con una precisión asombrosa en qué fase exacta de su ciclo diario se encuentra esa persona con una única muestra.
La rutina pesa más de lo que creíamos
La eficacia de este nuevo test, bautizado como HairTime, ya se ha validado a gran escala en el mundo real. Durante el estudio, más de 4.000 voluntarios enviaron sus muestras de cabello por correo desde sus casas, generando una base de datos biológica sin precedentes que ha confirmado varias hipótesis sobre nuestro comportamiento.
El análisis demostró empíricamente que los jóvenes de 25 años sienten la necesidad de dormir, de media, una hora más que las personas que superan el medio siglo de vida. También se detectó una sutil diferencia de género: el reloj biológico de las mujeres activa el "modo nocturno" unos seis minutos antes que el de los hombres, una divergencia que los investigadores atribuyen al impacto de las hormonas sexuales en la biología celular.
No obstante, el hallazgo que más ha sorprendido al equipo ha sido el enorme peso del estilo de vida. Los resultados muestran que el reloj interno de las personas laboralmente activas se pone en marcha casi media hora antes que el de aquellas que no trabajan, demostrando una notable plasticidad de nuestro ritmo circadiano frente a las obligaciones impuestas por la rutina diaria.
El despegue de la medicina circadiana
Poder leer la hora biológica con esta facilidad técnica supone un punto de inflexión estructural para la práctica médica. La emergente "medicina circadiana" busca precisamente sincronizar los tratamientos con el pico de máxima receptividad del organismo. Se sabe que ciertas inmunoterapias contra el cáncer, por ejemplo, multiplican su éxito si se administran en la franja horaria en la que las defensas del paciente están más activas.
Con el objetivo de llevar esta innovación rápidamente a la sociedad, los investigadores están estandarizando el test para su implantación inminente en los laboratorios de rutina. Los médicos pronto podrán usar un simple cabello no solo para recetar terapias oncológicas o cardiovasculares personalizadas temporalmente, sino para diagnosticar con rigor los trastornos del sueño, sincronizando por fin la farmacología moderna con el reloj más antiguo de la evolución humana.
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Referencia
HairTime: A noninvasive assay for estimating circadian phase from a single hair sample. Bert Maier et al. PNAS, March 25, 2026; 123 (13) e2514928123. DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2514928123
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