Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump está redefiniendo la estrategia internacional de Estados Unidos según una lógica brutal de relaciones de poder entre grandes potencias
Al tiempo que multiplica las políticas agresivas en Oriente Medio y en las Américas, su administración ha emprendido un reposicionamiento estratégico frente a Rusia.
Eric Toussaint
cdtm.org/06/04/2026
Foto : Trump White House Archived, CC, Flickr, https://www.flickr.com/photos/whitehouse45/42547210635
Sommaire
La política de Trump hacia Rusia
Trump in extenso
La política de Trump respecto a Ucrania
La postura de Trump respecto a Rusia
La reacción del Kremlin ante la publicación del documento de estrategia de seguridad nacional (…)
La evolución de Washington en la descripción de Rusia como amenaza entre Trump I y Trump II
Los puntos en común entre Trump y Putin
¿Qué diferencias hay entre Trump y Putin?
¿Tienen Trump y el complejo militar-industrial de Estados Unidos interés en un rápido fin de la (…)
Conclusión
Lejos de ser presentada como el enemigo central del orden mundial, Moscú es ahora tratada como un adversario secundario con el que sería posible llegar a un acuerdo. El objetivo de Washington es claro: impedir que Rusia refuerce aún más su alianza con China, considerada el principal rival sistémico de Estados Unidos [1]. Se trata de una diferencia con respecto a su primer mandato y al de Joe Biden de 2021 a 2024.
Los documentos estratégicos publicados por la administración Trump entre diciembre de 2025 y principios de 2026 confirman este giro. En ellos se describe a Rusia como una amenaza «persistente pero manejable», mientras que se acusa a los dirigentes europeos de exagerar el peligro que representaría y de alimentar expectativas poco realistas sobre el desenlace de la guerra en Ucrania. Al mismo tiempo, Washington afirma querer negociar un rápido fin de la guerra bajo su égida.
Este cambio de postura allana el camino para un escenario de graves consecuencias: un acuerdo entre potencias imperialistas —Estados Unidos y Rusia— que se alcanzará en detrimento del pueblo ucraniano.
La política de Trump hacia Rusia
Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha conseguido que Vladimir Putin, más allá de las protestas verbales, no reaccione ante los actos de agresión y guerra perpetrados por Washington contra aliados de Moscú, ya sea Venezuela o Irán, o incluso ante el bloqueo total de Cuba aplicado desde finales de enero de 2026 [2]. Trump ha dado un giro con respecto a la política adoptada durante su primer mandato, en el que situaba a China y Rusia en el mismo plano, considerándolas adversarias que querían cuestionar el orden internacional dominado por Washington.
Donald Trump envía a Putin el mensaje de que está dispuesto a aceptar que Moscú utilice y abuse de la fuerza en su entorno geográfico, en particular en Ucrania, al igual que lo hace Washington en América, Oriente Próximo y otros lugares. Trump afirma su derecho a hacer uso de la fuerza en cualquier parte del mundo y reconoce de hecho el derecho de Putin a hacer lo mismo en un perímetro más limitado que corresponde a una parte del territorio del antiguo imperio ruso de la época de los zares y de la antigua Unión Soviética. Esto se ajusta a una lógica clásica de reparto implícito de las zonas de influencia entre las grandes potencias imperialistas.
Trump también busca evitar reforzar la alianza entre Rusia y China y, para ello, ya no sitúa a estos dos países en el mismo plano. Se trata de una diferencia con respecto a su primer mandato y al de Joe Biden de 2021 a 2024.
Trump afirma su derecho a hacer uso de la fuerza en cualquier parte del mundo y reconoce de hecho el derecho de Putin a hacer lo mismo en un perímetro más limitado, en particular en Ucrania
Trump ha reducido el apoyo militar directo de Estados Unidos a Ucrania, trasladando el peso de dicho apoyo a sus aliados de Europa Occidental en la OTAN. En enero de 2026, Trump invitó a, Moscú y a sus aliados de Bielorrusia y Hungría a formar parte de su Consejo Mundial de la Paz.
El 5 de marzo de 2026, Trump anunció que permitía temporalmente a Rusia exportar sin sanciones su petróleo a la India, que lo consume o lo reexporta a otras partes del mundo, incluida Europa. Una de las razones no expresadas es convencer a Rusia de que se contente con emitir protestas verbales ante la agresión masiva de Washington e Israel contra Irán, su aliado.
Trump in extenso
Trump revela una serie de posiciones sobre Europa, Rusia y Ucrania en el documento sobre la nueva estrategia de seguridad nacional divulgado el 3 de diciembre de 2025. Considera que la UE y Gran Bretaña «disfrutan de una ventaja significativa en términos de poderío militar frente a Rusia en casi todos los ámbitos, excepto en el de las armas nucleares.» [3] y que los dirigentes europeos exageran la amenaza que representa Rusia.
El documento de la Administración Trump continúa: «A raíz de la guerra librada por Rusia en Ucrania, las relaciones entre Europa y Rusia se encuentran hoy muy deterioradas, y muchos europeos consideran a Rusia una amenaza existencial» [4].
Por la forma en que está redactado el texto, se puede deducir que Trump está diciendo a los gobiernos europeos que Rusia no supone una amenaza existencial para ellos. En algunas ocasiones, Trump ha descrito a Rusia como una amenaza existencial, pero esto no es así ni en el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en diciembre de 2025, ni en el documento de estrategia de defensa nacional publicado a finales de enero de 2026.
Trump considera que la UE y el Reino Unido deben optar por un enfoque diferente al adoptado hasta ahora en las negociaciones con Rusia en lo que respecta a las reivindicaciones de esta última. Esto queda especialmente claro en este pasaje:
«La Administración Trump discrepa de los responsables europeos que alimentan expectativas poco realistas sobre el desenlace de la guerra, encaramados en gobiernos minoritarios inestables, muchos de los cuales pisotean los principios fundamentales de la democracia para reprimir a la oposición». [5]
Recordemos que Trump afirma que los gobiernos europeos reprimen a los partidos patrióticos, es decir, a la extrema derecha neofascista [6].
El texto de Trump continúa:
«Una gran mayoría de europeos desea la paz, pero ese deseo no se traduce en acciones políticas, en gran parte debido a la subversión de los procesos democráticos por parte de esos gobiernos».
Y añade:
«Esto es estratégicamente importante para Estados Unidos, precisamente porque los Estados europeos no pueden reformarse si se ven atrapados en una crisis política». [7]
Esto significa que Trump afirma que redunda en interés de Estados Unidos que los partidos patriotas (es decir, de extrema derecha y neofascistas) estén en el Gobierno, lo que, según la actual Administración, resolvería la crisis política.
Evidentemente, en el pasaje anterior hay un rechazo muy claro hacia los gobiernos alemán, francés, británico, español, danés, polaco, etc. Por el contrario, esto refuerza la posición del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y del primer ministro eslovaco, Robert Fico, a quienes Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, visitó en febrero de 2026 tras la Conferencia de Múnich sobre la Paz. Recordemos que estos dos gobiernos son partidarios de suavizar las sanciones contra la Rusia de Putin y que expresan su simpatía por Trump.
En cuanto a las relaciones entre la UE, el Reino Unido, Rusia y Ucrania, está claro que Trump quiere seguir en el centro del juego diplomático:
«La gestión de las relaciones europeas con Rusia exigirá un compromiso diplomático estadounidense significativo, tanto para restablecer las condiciones de estabilidad e o estratégico en todo el continente euroasiático como para mitigar el riesgo de conflicto entre Rusia y los Estados europeos» [8].
También se puede deducir del pasaje anterior que, dada la superioridad militar de los países de la UE y del Reino Unido sobre Rusia, el reequilibrio debería producirse en beneficio de Rusia. La misma idea se encuentra en el siguiente pasaje:
«Es fundamental para Estados Unidos negociar un cese rápido de las hostilidades en Ucrania, con el fin de estabilizar las economías europeas, impedir una escalada o una extensión involuntaria del conflicto y restablecer la estabilidad estratégica con Rusia, así como permitir la reconstrucción de Ucrania tras las hostilidades para garantizar su supervivencia como Estado viable» [9].
En el pasaje anterior, Trump reafirma que quiere un rápido fin de las hostilidades y presiona a la UE, al Reino Unido y a Ucrania para que hagan concesiones a Rusia, todo ello bajo los auspicios de Washington.
La política de Trump respecto a Ucrania
Trump no tiene ninguna consideración por el derecho del pueblo ucraniano a defender su soberanía. Sin embargo, si la invasión de febrero de 2022 fue ampliamente frustrada, fue porque el pueblo ucraniano resistió y demostró su apego a la soberanía de su país. Si el pueblo ucraniano no hubiera apoyado masivamente la resistencia, el envío de armas por parte de las potencias occidentales a las autoridades de Kiev no habría bastado para frustrar el plan inicial de Putin, que pretendía llegar con su ejército a Kiev, cambiar el régimen y tomar posesión de una parte importante del territorio ucraniano, comenzando por el este del país. Afirmar esto debe ir de la mano de la crítica a la política neoliberal y nacionalista chovinista del gobierno de derecha de V. Zelensky, así como de la denuncia de la OTAN y de las pretensiones imperialistas de Trump y de los europeos sobre Ucrania. También es importante precisar que Ucrania no es una potencia imperialista.
El pueblo ucraniano se ha mostrado masivamente a favor de la resistencia a la invasión imperialista rusa de 2022
Trump se burla totalmente del derecho internacional y considera que puede tomar por la fuerza el control de los recursos petroleros de Venezuela o de Irán tras haber agredido militarmente a esos países. Considera que la Rusia de Putin puede, en su entorno inmediato, hacer lo mismo siempre que ello no perjudique los intereses estadounidenses en Europa del Este. Trump está dispuesto a llegar a un acuerdo con Putin a costa del pueblo ucraniano. Putin puede conservar o tomar el control de una parte del territorio, la población y los recursos naturales de Ucrania si, a cambio, las empresas estadounidenses obtienen ventajas en el resto del territorio ucraniano [10]. Con esta condición, Washington estaría dispuesto a proteger a las debilitadas autoridades ucranianas y el territorio sobre el que mantendrían el control, siempre que las autoridades de Kiev permitan a las empresas estadounidenses acumular el máximo de beneficios [11]. Lo que propone Trump es un acuerdo entre dos potencias imperialistas depredadoras, Estados Unidos y Rusia, que se ponen de acuerdo para pisotear el derecho de los pueblos a la autodeterminación y al ejercicio de la soberanía sobre sus territorios y sobre los recursos naturales que allí se encuentran. Las potencias imperialistas europeas quedan en gran medida marginadas por Trump, aunque ellas también buscan promover sus propios intereses y los de sus grandes empresas privadas que codician los recursos naturales, las tierras y el mercado ucraniano.
La postura de Trump respecto a Rusia
Trump no tiene ninguna consideración por el derecho del pueblo ucraniano a defender su soberanía. Se burla totalmente del derecho internacional y considera que puede tomar por la fuerza el control de los recursos petroleros de Venezuela o de Irán
Trump considera que las administraciones anteriores cometieron el error de favorecer la formación de un bloque entre Rusia y China, lo que ha reforzado la posición de China. Trump desea separar a Rusia de China o, en cualquier caso, reducir los vínculos entre estas dos potencias. Washington, que señala a China como su principal adversario sistémico, intenta por tanto reducir la propensión de Rusia a reforzar sus vínculos con ella [12]. La NSS 2025 considera a Rusia como un adversario militar serio pero estratégicamente secundario, al que hay que contener sin convertirlo en un enemigo civilizacional, con el fin de concentrar los medios (militares y económicos) de Estados Unidos para combatir a China.
La reacción del Kremlin ante la publicación del documento de estrategia de seguridad nacional NSS 2025
La NSS 2025 de Trump considera a Rusia como un adversario militar serio pero estratégicamente secundario, al que hay que contener sin convertirlo en un enemigo civilizacional, con el fin de concentrar los medios (militares y económicos) de Estados Unidos para combatir a China
Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, comentó el documento de estrategia de seguridad nacional durante una entrevista concedida el 7 de diciembre de 2025 al periodista estatal ruso Pavel Zarubin para el canal Rossiya 1, ampliamente difundida por medios de comunicación rusos como Interfax, Fontanka o TASS: «Los ajustes introducidos en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos se corresponden en gran medida con nuestra visión» [13].
La nota de prensa completa publicada por el medio de comunicación ruso en línea Fontanka.ru el 7 de diciembre de 2025 precisa:
«Peskov ha comentado la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Los ajustes introducidos en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos coinciden en gran medida con la visión del Gobierno ruso. Así comentó Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, la actualización del documento al periodista Pavel Zarubin. El portavoz del presidente expresó su esperanza de que la nueva estrategia permita a Washington y Moscú continuar de manera constructiva su colaboración en la cuestión ucraniana. La estrategia actualizada fue publicada el viernes 5 de diciembre por la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Las relaciones con Europa y el conflicto en Ucrania ocupan un lugar especial en el documento. También se subraya que la OTAN no debe ser una «alianza en expansión infinita». Peskov destacó que era necesario seguir de cerca la aplicación de este concepto. (Fuente: https://www.fontanka.ru/2025/12/07/76159504/ )
Por su parte, la agencia de noticias Interfax escribía el 7 de diciembre de 2025:
«El Kremlin ha acogido con satisfacción las formulaciones relativas a la OTAN en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Medvédev ve en la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos un intento de mejorar las relaciones con Rusia. El Kremlin acoge con satisfacción las formulaciones de la estrategia de seguridad nacional estadounidense actualizada relativas a la congelación de la ampliación de la OTAN, pero seguirá de cerca la aplicación concreta de este documento. » [14].
Recordemos que Dmitri Medvédev es vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y presidente del partido de Putin en el poder, Rusia Unida.
La evolución de Washington en la descripción de Rusia como amenaza entre Trump I y Trump II
En la Estrategia Nacional de Defensa 2026, publicada a finales de enero de 2026 (NDS 2026), se identifica a Rusia como «una amenaza persistente pero manejable» para la OTAN, un cambio favorable para Rusia en comparación con los calificativos más alarmantes de documentos anteriores, que se referían a Rusia como «potencia revisionista » (revisionist power), durante el primer mandato de Trump en 2017 [15], y como «amenaza inmediata para el orden internacional» [16] y «amenaza grave» en 2022, durante la presidencia de Joe Biden. La NSS 2022 de la administración Biden afirmaba que Rusia «ha roto la paz en Europa».
En el lenguaje estratégico del Gobierno de Estados Unidos, «potencia revisionista» se refiere a un Estado que busca modificar las reglas, las instituciones o el equilibrio de poder del orden internacional existente dominado por Estados Unidos. En los documentos de la primera administración Trump y de la presidencia de Biden, Rusia y China eran presentadas como potencias revisionistas.
A continuación se incluyen algunos extractos de la NDS 2026 relativos a Rusia:
«La amenaza militar rusa se concentra principalmente en Europa del Este», «Moscú no está en condiciones de fijarse como objetivo ejercer su hegemonía sobre Europa. La OTAN europea eclipsa a Rusia en términos de economía, población y, por consiguiente, de poderío militar latente» y «Afortunadamente, nuestros aliados de la OTAN son claramente más poderosos que Rusia, que se encuentra muy por detrás. La economía alemana por sí sola eclipsa a la de Rusia». [17]
Los puntos en común entre Trump y Putin
A pesar de sus rivalidades geopolíticas, Donald Trump y Vladimir Putin comparten un conjunto significativo de posiciones ideológicas y políticas.
Ambos se caracterizan por un anticomunismo declarado y por un apoyo incondicional al sistema capitalista, incluidas sus formas más brutales de explotación de la mano de obra y los recursos naturales.
Trump y Putin son nacionalistas que afirman la primacía de los derechos de la nación dominante de la que forman parte. Trump apoya a los supremacistas blancos y afirma la primacía de los intereses de los estadounidenses frente a las naciones extranjeras, a las que no dudan en tratar en términos racistas. Putin defiende un chovinismo gran ruso y denuncia a Lenin por la «creación» (sic) de Ucrania y el reconocimiento de su derecho a separarse de la URSS a principios de la década de 1920 [18].
Ambos defienden asimismo una política energética basada en la explotación intensiva de los combustibles fósiles, contribuyendo así al agravamiento de la catástrofe ecológica mundial en curso.
En el plano social, sus posiciones convergen hacia orientaciones homófobas y hostiles a los derechos de las personas LGBTQIA+, acompañadas de una promoción de valores conservadores respaldados por una visión reaccionaria del cristianismo.
En el ámbito internacional, tanto Trump como Putin privilegian el uso de la fuerza militar para imponer sus objetivos políticos y económicos, y ello en contravención del derecho internacional. Esta orientación va acompañada de un apoyo decidido al rápido y masivo desarrollo de las industrias armamentísticas, así como al uso creciente del poder militar.
Sus políticas exteriores se basan también en el uso reiterado de pretextos cuestionables o infundados para justificar el recurso a la fuerza. Ambos cultivan, además, un chovinismo de gran potencia y un nacionalismo exacerbado, características de los proyectos políticos autoritarios.
Por otra parte, mantienen estrechas relaciones con las fuerzas de extrema derecha europeas, que, a su vez, les profesan una fuerte simpatía.
Donald Trump brinda un apoyo total al Gobierno israelí dirigido por Benjamin Netanyahu, que es neofascista y responsable de un genocidio en Gaza. Vladimir Putin, por su parte, mantiene relaciones cordiales con Netanyahu y continúa con las exportaciones rusas a Israel —carbón, petróleo y cereales— sin cuestionar los acuerdos comerciales existentes [19].
Putin también ha aceptado el principio de la creación de un Consejo Mundial presidido por Trump y desea que Rusia sea miembro del mismo. En este contexto, pide a Estados Unidos que levante la congelación de los activos rusos para que Rusia pueda abonar la cuota de mil millones de dólares exigida para convertirse en miembro permanente de este órgano, totalmente ilegítimo.
Tanto Trump como Putin hacen un uso extensivo y controvertido del término «genocidio», al tiempo que se niegan a reconocer o denunciar el genocidio del pueblo palestino. Así, Trump afirma que el Gobierno de Pretoria sería responsable de un «genocidio de los blancos» en Sudáfrica, mientras que Putin sostiene que el Gobierno de Kiev estaría llevando a cabo un genocidio contra las poblaciones rusas en Ucrania.
Más allá de estas convergencias ideológicas y geopolíticas, Donald Trump y Vladimir Putin presentan también marcadas similitudes en su forma de ejercer y concebir el poder. Ambos privilegian una fuerte personalización del liderazgo, centrada en la figura de un dirigente presentado como la encarnación directa de la nación y de su voluntad. Su discurso político se basa habitualmente en una retórica que opone «el pueblo» a las élites políticas, mediáticas o económicas, acusadas de traicionar los intereses nacionales. En este contexto, manifiestan una marcada desconfianza hacia las instituciones multilaterales y el derecho internacional cuando se perciben como obstáculos para sus objetivos estratégicos. Por otra parte, sus prácticas políticas van acompañadas de una crítica constante a los medios de comunicación considerados hostiles y de un uso intensivo de estrategias de comunicación destinadas a eludir o deslegitimar los contrapoderes institucionales. Estos elementos contribuyen a inscribir sus proyectos políticos en una concepción del poder fuertemente personalizada, imperialista y autoritaria neofascista.
¿Qué diferencias hay entre Trump y Putin?
Una diferencia que merece ser destacada reside en su enfoque de la guerra y del uso directo de la fuerza militar. Donald Trump está convencido de que es posible ganar conflictos sin desplegar tropas estadounidenses sobre el terreno de forma duradera, privilegiando la superioridad tecnológica, los ataques a distancia y las operaciones militares limitadas en el tiempo, con pérdidas humanas prácticamente nulas por parte estadounidense. Esta ilusión de Trump se ve frustrada en su guerra contra Irán en febrero-abril de 2026.
Por el contrario, Vladimir Putin optó por una estrategia diferente con la invasión militar masiva de Ucrania en 2022, que implicó el despliegue de fuerzas terrestres muy importantes y provocó pérdidas humanas extremadamente elevadas, tanto en el bando ruso como en el ucraniano.
Otra diferencia fundamental se refiere al lugar que ocupan sus respectivos Estados en la jerarquía mundial del capitalismo. Donald Trump dirige la principal potencia económica y militar capitalista e imperialista del planeta, Estados Unidos. Vladimir Putin, por su parte, está al frente de una potencia capitalista imperialista secundaria, debilitada y en relativo declive, pero que sigue siendo un actor estratégico de primer orden debido a que posee un arsenal nuclear globalmente comparable al de Estados Unidos.
Por último, sus ambiciones geopolíticas difieren en cuanto a su escala de intervención. La política imperialista llevada a cabo por Trump abarca todo el planeta, mientras que la de Putin se centra prioritariamente en el espacio postsoviético y su periferia inmediata, aunque Rusia haya intentado extender su influencia a otras regiones, como Siria —donde, sin embargo, sufrió un revés con la caída del régimen de Bashar al-Ásad—.
¿Tienen Trump y el complejo militar-industrial de Estados Unidos interés en un rápido fin de la guerra en Ucrania?
En este momento del año 2026, Trump, contrariamente a lo que afirmaba durante la campaña electoral o al inicio de su mandato, no tiene como prioridad poner fin a la guerra en Ucrania por varias razones.
De hecho, la continuación de la guerra da más credibilidad al argumento de Estados Unidos para conseguir que los aliados europeos de la OTAN sigan aumentando considerablemente su gasto militar, lo que favorece las exportaciones de armas de las grandes empresas privadas estadounidenses.
Además, Washington ha conseguido un acuerdo muy favorable a sus intereses con los países europeos de la OTAN. Estos compran a Estados Unidos las armas que suministran a Ucrania y que se utilizan de forma intensiva mientras continúe la guerra abierta. Trump ha puesto fin casi por completo a los nuevos suministros directos de armas a Ucrania.
La continuación de la guerra también desvía en parte la atención de las agresiones perpetradas por Estados Unidos bajo el mando de Trump en el resto del mundo.
La continuación de la guerra en Ucrania y el esfuerzo que esto supone para la economía rusa y su población impide a Putin desplegar fuerzas militares en otros continentes, salvo en algunos países de África en forma de un ejército privado ruso.
Y, por último, el 5 de marzo de 2026, Trump suavizó las sanciones contra Rusia en materia de venta de petróleo. Si a esto le sumamos el aumento del precio de los combustibles en el mercado mundial como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo provocada por Washington e Israel, la Rusia de Putin ve aumentar sus ingresos por exportaciones, lo que permite sostener el esfuerzo bélico de agresión contra Ucrania.
Conclusión
En definitiva, la política de Donald Trump respecto a Rusia se inscribe en una lógica clásica de rivalidad entre grandes potencias: reducir el acercamiento entre Moscú y China, mantener a Estados Unidos en el centro del juego diplomático y hacer que los países europeos asuman el principal coste de la guerra en Ucrania. Detrás del discurso oficial que aboga por un rápido fin de las hostilidades, Washington no tiene necesariamente interés en una paz inmediata.
En este contexto, no se puede descartar la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Moscú a costa del pueblo ucraniano. Las convergencias ideológicas y políticas entre Donald Trump y Vladimir Putin —apego al capitalismo autoritario, nacionalismo de gran potencia, imperialismo militar agresivo, desprecio del derecho internacional y cercanía a las fuerzas de extrema derecha— facilitan esa lógica de relaciones de poder entre Estados.
Más allá de sus rivalidades y diferencias de poder, ambos líderes comparten una misma visión del mundo. En tal configuración, los pueblos —y en particular el pueblo ucraniano— corren el riesgo de ser las principales víctimas de un nuevo equilibrio geopolítico basado en el reparto de zonas de influencia.
Pero no hay que descartar un posible giro de Trump en el futuro. Si no logra sus objetivos en la negociación con Putin, es capaz de adoptar una actitud mucho más dura y de señalar a Rusia como una amenaza mucho más grave de lo que se dice en los documentos que acabamos de analizar.
Lo que es seguro es que las negociaciones entre Trump y Putin no tienen en cuenta los intereses y los derechos de los pueblos. Es necesario construir desde abajo una solidaridad entre los pueblos para reforzar la resistencia al auge del neofascismo y al aumento de las agresiones imperialistas, vengan de donde vengan.
El autor agradece a Sushovan Dhar, Antoine Larrache y Maxime Perriot por su revisión.
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Notas
[1] «Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico», Éric Toussaint, 26 de enero de 2026, CADTM. https://www.cadtm.org/Por-que-Washington-ha-convertido-a-China-en-su-principal-adversario-estrategico
[2] Rusia envió un petrolero a Cuba que llegó al puerto de Matanzas a finales de marzo de 2026 con un cargamento de petróleo suficiente para cubrir las necesidades del país durante unos quince días. Es el primer petrolero que llega a Cuba desde enero de 2026. Trump lo permitió a pesar del embargo total decretado sobre los suministros de petróleo a las autoridades de la isla. Probablemente se trate de un gesto de Trump hacia Moscú en relación con la guerra en curso en Oriente Próximo.
[3] Extracto del documento de Estrategia de Seguridad Nacional publicado en diciembre de 2025, p. 25 (NSS 2025). https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf?internal=true Hay una versión en francés disponible en la página web de Le Grand Continent. https://legrandcontinent.eu/fr/2025/12/06/strategie-de-securite-nationale-americaine-le-plan-de-la-maison-blanche-contre-leurope-texte-integral/
[4] NSS 2025, p. 25. Ver traduccion en esp.: https://legrandcontinent.eu/es/2025/12/07/estrategia-de-seguridad-nacional-estadounidense-el-plan-de-la-casa-blanca-contra-europa-texto-integro/
[5] NSS 2025, p. 26.
[6] «Trump, Europa y la internacional neofascista: del apoyo ideológico a la coordinación política», Éric Toussaint, 28 de enero de 2026, CADTM. https://www.cadtm.org/Trump-Europa-y-la-internacional-neofascista-del-apoyo-ideologico-a-la
[7] NSS 2025, p. 33.
[8] NSS 2025, p. 25.
[9] NSS 2025, p. 25.
[10] «El acaparamiento de los recursos naturales de Ucrania y del este de la República Democrática del Congo. Los imperialismos a la ofensiva», Éric Toussaint, 21 de mayo de 2025, CADTM. https://www.cadtm.org/El-acaparamiento-de-los-recursos-naturales-de-Ucrania-y-de-la-Republica
[11] «El acuerdo minero firmado entre Ucrania y Estados Unidos refleja la voluntad del capital estadounidense de acceder sin obstáculos a los recursos minerales ucranianos», Vitaliy Dudin, 13 de mayo de 2025, CADTM. https://www.cadtm.org/Acuerdo-sobre-minerales-Estados-Unidos-Ucrania
[12] fontanka.ru. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Rusia se ha vuelto cada vez más dependiente de China en el plano económico, especialmente en lo que respecta a sus exportaciones de energía y sus importaciones tecnológicas, lo que pone en entredicho el objetivo de Washington de debilitar la alianza entre Moscú y Pekín.
[13] Fuente: fontanka.ru https://www.fontanka.ru/2025/12/07/76159504/
[14] Fuente: Interfax. https://www.interfax.ru/russia/1061842..
[15] NSS 2017. https://trumpwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf
[16] NSS 2022. https://bidenwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2022/10/Biden-Harris-Administrations-National-Security-Strategy-10.2022.pdf
[17] NDS 2026, págs. 10 y 11.
[18] Desarrollaré este punto en un próximo artículo.
[19] «¿Por qué los BRICS no denuncian el genocidio que se está cometiendo en Gaza?», Éric Toussaint, CADTM, 14 de agosto de 2025. https://www.cadtm.org/Por-que-los-BRICS-no-denuncian-el-actual-genocidio-en-Gaza
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Autor
Eric Toussaint. doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.
Es autor de diversos libros, entre ellos: Banco Mundial. Una historia crítica, El Viejo Topo, 2022 Capitulación entre adultos. Grecia 2015: Una alternativa era posible, El Viejo Topo, Barcelona, 2020; Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Ha sido miembro de la Comisión de Auditoria Integral del Crédito (CAIC) del Ecuador en 2007-2011.
Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015.
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Fuente:
