Entre 1975 y 2014, la masa corporal del ser humano en todo el planeta aumentó un 146 %; en promedio, cada persona subió un 14 % de peso y un 1,3 % de talla
Mariela León
cambio16.com/29/04/2026
La población global está en crecimiento, no solo en números sino en estatura y en peso. El aumento de la biomasa humana plantea un desafío estructural para la sostenibilidad del planeta y la seguridad alimentaria a futuro. Circunstancia que a menudo queda eclipsada por el debate sobre la expansión demográfica, por demás, desigual y desequilibrada.
Un análisis profundo de esta realidad revela que el aumento de la biomasa humana, a escala mundial, está redefiniendo las necesidades energéticas de nuestra especie. Unos cuerpos más grandes y pesados requieren inevitablemente una mayor ingesta calórica para mantenerse y desplazarse.
Este cambio antropométrico significa que, incluso si la población mundial se estabilizara, la demanda total de alimentos seguiría aumentando debido a que el «gasto metabólico» de la humanidad es ahora significativamente mayor que hace unas décadas.

El impacto ambiental de este excedente de peso es comparable al de añadir cientos de millones de personas adicionales a la Tierra. Lo que intensifica la presión sobre los sistemas agrícolas, el uso del agua y las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta situación agrandará nuestra huella ambiental.
Un estudio reciente sobre sostenibilidad, publicado en MPDI, reveló que entre 1975 y 2014, la masa corporal del ser humano en todo el planeta se incrementó un 146 %. En promedio, cada persona aumentó un 14 % de peso y un 1,3 % de altura. En general, el crecimiento de la población mundial y la escalada de su masa durante este período de 40 años resultaron en un alza del 129 % en la demanda mundial de alimentos.
La población está en crecimiento
En el estudio se aplica un modelo de stock de tipo-cohorte-tiempo para analizar el efecto combinado de los cambios biofísicos y el crecimiento de la población adulta de 186 países entre 1975 y 2014. El adulto promedio mundial en 2014 era un 14 % más pesado, un 1,3 % más alto, un 6,2 % mayor, reitera la investigación. Y tenía una demanda energética un 6,1 % mayor que el adulto promedio en 1975.
En todos los países, el aumento de peso de los individuos osciló entre el 6 % y el 33 %, y las necesidades energéticas aumentaron entre el 0,9 % y el 16 %. Revela que algunos de los mayores y menores aumentos coexisten en África y Asia, lo que evidencia las disparidades entre los países de estas regiones. A nivel mundial, la energía alimentaria aumentó 129% durante el período estudiado. El crecimiento demográfico contribuyó con 116%; el aumento de peso y estatura representó un 15%.

Mientras tanto, el envejecimiento de la población contrarrestó el aumento de las necesidades energéticas en -2%. Esta demanda neta adicional del 13% correspondió a las necesidades de 286 millones de adultos. Dado que los cambios biodemográficos son acumulativos, se espera que la inercia observada se extienda en el futuro.
Señalan los investigadores que “desde una perspectiva global, el efecto de esta demanda adicional equivale a las necesidades energéticas alimentarias de 286 millones de adultos en la actualidad”. Para dimensionarlo, este aumento repentino del consumo equivale a la cantidad de alimentos que se necesitarían para alimentar al doble de la población actual de Brasil, reseña Anthropocene Magazine.
Biomasa humana empuja demanda de alimentos
La mayor parte de este aumento del 129% podría explicarse simplemente por el efecto de una mayor población mundial, indica el estudio. Sin embargo, al aislar el impacto de características físicas como el peso y la estatura, descubrieron que estas representaban un 15% de la subida en la demanda de alimentos desde 1975.
Este aumento se vio ligeramente compensado por el envejecimiento de la población mundial. Dado que las personas mayores tienden a consumir menos alimentos, la demanda se redujo, pero solo en un 2%. Por lo tanto, en última instancia, el 13% del aumento en la demanda de alimentos durante las últimas cuatro décadas se atribuye exclusivamente al aumento de la estatura y el peso de la humanidad.

Lo que resulta especialmente sorprendente es la rapidez con la que se ha producido este cambio. Se estima que el peso global ha aumentado un 146 % desde 1975, lo que equivale a 39,68 toneladas métricas, el doble de la masa de todos los adultos en Estados Unidos. A nivel mundial, el peso promedio máximo ha pasado de 57 a 65 kg en 40 años.
Además, se estima que la estatura ha aumentado 20 cm en algunas partes del mundo en tan solo cuatro generaciones. El aumento de talla se corresponde con una mayor disponibilidad de nutrientes. El estudio reveló que el ser humano promedio ahora consume 15 % más de alimentos que en 1975.
Según los investigadores, esta tendencia de 40 años probablemente continuará en el futuro. Estiman que alimentar a los 9.700 millones de personas que habitarán el planeta en 2050 requerirá más calorías que las necesarias para alimentar a la misma cantidad de personas en la actualidad. Simplemente por el peso y la estatura de los seres humanos seguirán aumentando en el futuro, y con ello, la demanda de alimentos.
Indicadores a ritmos diferentes
En 2014, la población mundial era de 4980 millones de personas, pesaba 322 Mton y requería 13 Tkcal/día. La mitad de la población residía en solo cinco países: China, India, Estados Unidos, Indonesia y Brasil. Estos países, junto con Rusia, representaban el 50 % de la masa humana mundial y las necesidades energéticas alimentarias. El adulto promedio mundial pesaba 64,7 kg, medía 163 cm, tenía 42 años y requería 2615 kcal/día, asumiendo un estilo de vida modero-activo.
La población, la masa humana y la energía alimentaria crecieron a ritmos diferentes. La relación no lineal entre el peso y los cambios en la energía alimentaria explica el desacoplamiento continuo entre el aumento de peso y el aumento de energía. La demanda de energía alimentaria por kilogramo de peso corporal (es decir, la relación energía-masa) disminuyó casi un 7%, de 43,4 kcal/kg a 40,4 kcal/kg.

Esto implica una tendencia de rendimientos decrecientes, es decir, por cada kilogramo de aumento de peso corporal, hubo una reducción de 70 a 91 calorías necesarias por cada kilogramo adicional.
Las tasas de crecimiento de masa y energía totales disminuyeron entre 1986-1998 y 2006-2014, siguiendo generalmente la tendencia demográfica. Además, estos períodos se caracterizaron por desaceleraciones en el aumento de peso y aceleraciones en el envejecimiento, lo que incrementó el desacoplamiento entre peso y energía. Dado que los requerimientos energéticos tienden a disminuir en las últimas etapas de la vida, el envejecimiento mitigó el aumento global de los requerimientos alimentarios.
Peso de la humanidad en el planeta
Para obtener sus resultados, los expertos modelaron el uso de recursos por parte de la humanidad según múltiples variables cambiantes: estatura, peso, edad y sexo. información que se aplicó a las poblaciones de 186 países a lo largo del tiempo. Y para recoger datos sobre el consumo de alimentos, utilizaron cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El artículo no ofrece recomendaciones dietéticas para salvar el planeta ni para alimentar a más personas. Más bien, los autores enfatizan que su punto clave es que la seguridad alimentaria y las estimaciones de impacto están muy lejos de lo que deberían ser.
Por lo tanto, comprender de forma realista las necesidades alimentarias futuras, implica tener en cuenta el efecto sorprendentemente grande que la forma corporal, en constante cambio, de la humanidad ejerce sobre el planeta del que depende.
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