Científicos modifican genéticamente plantas de tabaco y logran 5 compuestos psicodélicos de otras plantas, hongos y animales
Un equipo del Instituto Weizmann logró que Nicotiana benthamiana fabrique simultáneamente psilocibina, psilocina, DMT, bufotenina y 5-MeO-DMT, abriendo una vía más sostenible para investigar futuros fármacos y aliviar la presión sobre especies silvestres
Sergio Parra, Periodista científico
muyinteresante.okdiario.com/2.04.2026
Un equipo de científicos ha confirmado que una sola planta de tabaco puede producir cinco compuestos psicodélicos de gran potencia al mismo tiempo, una hazaña biotecnológica que hasta ahora parecía repartida entre reinos biológicos distintos: hongos, plantas e incluso animales. El experimento se realizó con Nicotiana benthamiana, una especie muy usada en biología vegetal, y reunió en una misma hoja rutas químicas que en la naturaleza aparecen separadas por millones de años de evolución.
El hallazgo importa por algo más que su rareza científica. Sus autores sostienen que este sistema podría facilitar una producción más limpia, escalable y controlada de moléculas con interés terapéutico, en un momento en que los psicodélicos vuelven al centro del debate biomédico por su posible utilidad frente a la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático. Además, evitaría depender tanto de fuentes naturales sometidas a sobreexplotación.
Pero hay un detalle que desconcierta y fascina a la vez: la planta no fue modificada de forma permanente. El equipo empleó una técnica de expresión transitoria, de modo que los genes introducidos actúan durante un tiempo limitado y no pasan a las semillas ni a la siguiente generación. Esa decisión no es menor: los investigadores quisieron demostrar el concepto sin abrir la puerta a una difusión heredable de plantas capaces de producir compuestos controlados.
Un laboratorio verde que mezcla hongos, sapos y plantas
La clave del experimento fue ensamblar, como si se tratara de una partitura molecular, genes procedentes de organismos muy distintos. El equipo dirigido por Asaph Aharoni y liderado en parte por Paula Berman reconstruyó rutas biosintéticas para producir psilocina y psilocibina —habituales en ciertos hongos—, DMT —presente en varias plantas—, y bufotenina junto con 5-MeO-DMT, compuestos asociados en la cobertura periodística al sapo del desierto de Sonora o sapo del río Colorado.
Para lograrlo, los investigadores utilizaron agroinfiltración, una técnica en la que una bacteria introduce genes de interés en el tejido vegetal. La planta no “reprograma” su linaje completo: actúa durante un breve intervalo como una biofábrica temporal. Esa es precisamente una de las virtudes del sistema, porque permite ensayar rutas complejas sin crear, al menos en esta fase, variedades estables que pudieran circular fuera del entorno de investigación.
El resultado fue extraordinario: una sola hoja llegó a generar cinco triptaminas psicodélicas procedentes de tres reinos biológicos distintos. No todas aparecieron en cantidades idénticas, porque las rutas compiten por precursores y recursos metabólicos dentro de la planta, pero la producción fue suficiente para demostrar que el enfoque funciona. Y eso, en ciencia, suele ser el verdadero primer umbral de una revolución.
Más aún, el trabajo no se limitó a copiar a la naturaleza. Los investigadores también retocaron enzimas para generar análogos no naturales, es decir, variantes que no existen tal cual en las especies originales y que podrían servir como punto de partida para futuros compuestos con perfiles farmacológicos distintos. Esa posibilidad transforma la planta en algo más ambicioso que una simple sustituta de la síntesis química: la convierte en una plataforma de diseño molecular.
Por qué este avance puede cambiar la investigación farmacéutica
La llamada “pharming” vegetal no es una extravagancia futurista, sino una línea de trabajo con antecedentes regulatorios reales. En 2012, la FDA aprobó taliglucerasa alfa, un fármaco producido en células vegetales de zanahoria, considerado un hito para los medicamentos fabricados en plantas. Esa trayectoria da contexto al nuevo estudio: el tabaco no se propone aquí como curiosidad de laboratorio, sino como un posible sistema de fabricación biotecnológica.

Se ha modificado una planta de tabaco para producir cinco drogas psicodélicas. Crédito: Laboratorio Aharoni, Instituto Weizmann de Ciencias
La apuesta tiene una lógica industrial poderosa. Cultivar plantas en invernadero puede resultar más sencillo y potencialmente más sostenible que sintetizar ciertas moléculas mediante procesos químicos complejos, especialmente cuando estos requieren múltiples etapas, reactivos delicados o generan residuos. La idea es antigua, sí, pero el nuevo trabajo la lleva a un terreno especialmente sensible: el de compuestos psicodélicos con creciente interés médico y gran dificultad de abastecimiento.
Aquí aparece otra capa del hallazgo. Extraer estas moléculas de organismos silvestres puede agravar problemas ecológicos y culturales. La presión sobre especies naturales —incluido el sapo del desierto de Sonora, mencionado en la cobertura del estudio— preocupa tanto por conservación como por el impacto sobre prácticas tradicionales e indígenas ligadas a algunas de estas sustancias. Una producción controlada en plantas podría reducir esa dependencia sin trivializar su origen biocultural.
No es casual que los autores insistan en el uso médico y de investigación. Su objetivo declarado no es alimentar el consumo recreativo, sino facilitar ciencia básica, desarrollo farmacéutico y suministro responsable. De hecho, Aharoni subrayó que una de las razones para no hacer heredable el sistema era evitar que cualquiera pudiera pedir semillas y cultivar estas plantas fuera de contextos controlados. Esa cautela recorre todo el trabajo como una barandilla ética.
El verdadero giro inesperado: una planta que no solo copia, también inventa
Lo más sugerente de este avance quizá no sea que el tabaco produzca moléculas conocidas, sino que permite explorar moléculas nuevas. Cuando los científicos modifican enzimas de una ruta biosintética, pueden empujar a la célula a fabricar variantes inéditas o raras, un territorio crucial para descubrir compuestos con efectos terapéuticos más precisos o con menos efectos adversos.
Eso conecta esta investigación con una tendencia más amplia: las plantas están dejando de verse solo como fuentes pasivas de sustancias naturales para convertirse en plataformas programables de química viva. No se trata únicamente de extraer lo que la naturaleza ya ofrece, sino de comprender sus rutas y recombinarlas con precisión. En ese sentido, este trabajo también demuestra que los científicos entienden cada vez mejor cómo distintas especies fabrican sus alcaloides y triptaminas.
El grupo del Weizmann ya había mostrado esa capacidad en 2024, cuando reconstruyó en tabaco buena parte de la ruta biosintética de la mescalina a partir del peyote. El nuevo estudio parece un salto de escala: de reconstruir una vía concreta a montar una plataforma multitarea capaz de producir varios psicodélicos a la vez. Es el paso que separa la artesanía molecular de una posible ingeniería de producción.
Aun así, conviene no confundir promesa con aplicación inmediata. El sistema es por ahora una prueba de concepto, no una cadena de suministro lista para uso clínico o comercial. Faltan optimización de rendimientos, validaciones regulatorias y, sobre todo, un debate serio sobre límites, acceso y gobernanza. Pero incluso con esas cautelas, la imagen es poderosa: una hoja verde convertida en cruce de caminos entre selvas, hongos y anfibios, como si la evolución hubiera aceptado, por un instante, hablar el idioma de la ingeniería.
Y ahí reside la belleza del hallazgo. No en la extravagancia de reunir cinco psicodélicos en una planta de tabaco, sino en la idea de que la biotecnología pueda aliviar la presión sobre especies frágiles y abrir nuevas rutas para la medicina. A veces, el futuro no llega con acero ni con pantallas: brota en silencio, nervadura a nervadura, dentro de una hoja.
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Referencias
Berman, Paula, et al. “Complete Biosynthesis of Psychedelic Tryptamines from across the Tree of Life in a Single Heterologous Plant Host.” Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeb3034.
Berman, Paula, Luis Alejandro de Haro, Ana-Rita Cavaco, Sayantan Panda, Younghui Dong, Nikolay Kuzmich, Gabriel Lichtenstein, et al. “The Biosynthetic Pathway of the Hallucinogen Mescaline and Its Heterologous Reconstruction.” Molecular Plant 17, no. 7 (2024): 1129–1150.https://doi.org/10.1016/j.molp.2024.05.012. (PubMed)
Mor, Tsafrir S., Jamie A. Sternfeld, Mallory Sullam, y Vidadi E. Arie. “Molecular Pharming’s Foot in the FDA’s Door: Protalix’s Prodigy.” Biotechnology Letters 37 (2015).
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Fuente:
