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LOS PRIMEROS PERROS SEGÚN ESTUDIO FUERON DOMESTICADOS HACE APROXIMADAMENTE 15.800 AÑOS

Llevan con nosotros desde la Edad de Hielo: un estudio con ADN antiguo sitúa la domesticación del perro miles de años antes de lo que se creía

Reconstrucción artística de Pınarbaşı hace unos 15 800 años, basada en los hallazgos de las excavaciones arqueológicas realizadas por la Universidad de Liverpool. La ilustración muestra perros, el entierro de cachorros y el paisaje de humedales de la zona, junto con adornos personales, diversos alimentos —entre ellos pescado (consumido por los perros)—, cestería y prácticas rituales. Crédito: Kathryn Killackey

Guillermo Carvajal
labrujulaverde.com/26 Mar, 2026

Una investigación internacional ha conseguido establecer la evidencia genética más antigua documentada hasta la fecha sobre la existencia de perros domésticos, lo que retrotrae la presencia confirmada de estos animales junto a los humanos a un periodo comprendido entre hace 16.000 y 14.000 años, durante el Paleolítico Superior Final, según publica la revista Nature.

El hallazgo supone un adelanto de más de cinco milenios con respecto al registro genético previo, que situaba la domesticación canina en torno a los 10.900 años atrás, y redefine por completo los términos de una relación que los propios investigadores califican como la más duradera de la naturaleza.

El equipo de trabajo, compuesto por expertos procedentes de 17 instituciones internacionales, logró recuperar genomas completos a partir de restos arqueológicos excavados en yacimientos del Paleolítico Superior, una hazaña técnica que ha permitido superar las limitaciones de los estudios anteriores, que solían basarse en secuencias de ADN muy cortas y en mediciones esqueléticas para evaluar la presencia más temprana de los perros.

Los perros más antiguos datados directamente, procedentes de yacimientos arqueológicos del Paleolítico Superior tardío en toda Eurasia occidental, según datos tanto mitocondriales (círculo) como nucleares (estrella). Crédito: W.A. Marsh et al. 2026

Entre los especímenes analizados destacan una mandíbula hallada en la cueva de Gough, en el Reino Unido, con una antigüedad de aproximadamente 14.300 años, y restos del yacimiento de Pınarbaşı, en Turquía, que datan de hace unos 15.800 años. A estos se sumaron muestras de dos yacimientos mesolíticos en Serbia, con fechas que abarcan desde los 11.500 hasta los 7.900 años antes del presente.

Los resultados de los análisis genómicos confirmaron de manera inequívoca que estos huesos pertenecían a perros domésticos y, al comparar sus genomas con más de mil genomas de cánidos modernos y antiguos procedentes de todo el mundo, los investigadores pudieron constatar que estos animales ya se encontraban ampliamente distribuidos por toda Eurasia occidental al menos desde hace 14.300 años.

En aquella época, todos los humanos eran cazadores-recolectores y la agricultura no había hecho aún su aparición, lo que subraya el carácter pionero de esta domesticación en relación con la de otros animales y plantas, que no aparecerían hasta más de diez milenios después.

El estudio también ha logrado esclarecer las relaciones genéticas entre aquellos primeros perros. A pesar de estar separados por más de cuatro mil kilómetros de distancia, los cánidos domésticos del Paleolítico mostraban una sorprendente similitud genética entre sí, formando parte de una población que se expandió por la región entre los 18.500 y los 14.000 años atrás.

Una mandíbula de perro de 14 300 años de antigüedad hallada en la cueva de Gough, en el Reino Unido. Crédito: The Trustees of the Natural History Museum, London

Nos sorprendió ver lo estrechamente relacionados que estaban los primeros perros a pesar de vivir a más de 4.000 km de distancia, señaló el profesor Greger Larson, de la Escuela de Arqueología de la Universidad de Oxford y autor correspondiente del trabajo, quien añadió que esto sugiere que los primeros perros cambiaron las reglas del juego y se extendieron rápidamente por Europa.

Estos perros paleolíticos estaban más emparentados con los ancestros de las razas modernas europeas y de Oriente Medio, como los boxers o los salukis, que con las razas árticas como el husky siberiano, lo que indica que los principales linajes genéticos caninos ya estaban establecidos en el Paleolítico Superior.

Uno de los aspectos más reveladores de la investigación ha sido la combinación del análisis genético con el estudio de isótopos dietéticos, un trabajo liderado por investigadores de la Universidad de York y el Museo de Historia Natural de Londres. Al medir las firmas químicas de isótopos de carbono y nitrógeno preservados en el colágeno de los huesos, los científicos pudieron reconstruir la dieta de estos animales y compararla con la de los humanos contemporáneos.

Los resultados obtenidos en Pınarbaşı mostraron que los perros domésticos consumían una dieta rica en pescado, que coincidía estrechamente con la de los humanos locales. Es poco probable que los perros capturaran cantidades significativas de pescado por sí mismos, lo que sugiere que eran alimentados activamente por las personas, explicó Lizzie Hodgson, estudiante de doctorado del Departamento de Arqueología de la Universidad de York.


Esta evidencia, junto con el hallazgo de enterramientos intencionados de estos animales en varios yacimientos, apunta a una interacción estrecha y cooperativa, e incluso a un posible significado cultural de los perros en las comunidades de cazadores-recolectores paleolíticos, como las epigravetienses y magdalenienses.

El hallazgo también ha permitido precisar la cronología de la separación evolutiva entre perros y lobos. Tal como señaló el doctor Lachie Scarsbrook, coautor principal del estudio e investigador de la Escuela de Arqueología de la Universidad de Oxford, este descubrimiento no solo ha retrasado la evidencia directa más temprana de perros en 5.000 años, sino que también nos mostró que los perros y los lobos estaban claramente separados, tanto biológicamente como en la forma en que los humanos interactuaban con ellos, al menos desde hace 16.000 años. Este dato sugiere que el proceso de domesticación canina probablemente tuvo lugar en algún momento durante la última glaciación, mucho antes de la aparición de cualquier otro animal o planta doméstica.

El equipo de investigación insiste en que el papel exacto que desempeñaban estos perros en las comunidades paleolíticas aún no está completamente claro, ya que sus restos aparecieron asociados a poblaciones humanas cazadoras-recolectoras que eran genética y culturalmente diferentes.

Sin embargo, la amplia distribución geográfica de estos cánidos en contextos tan tempranos, así como las pruebas de alimentación y enterramiento, apuntan a que la expansión de los perros pudo estar vinculada a la migración y a la interacción entre distintos grupos humanos. El estudio sitúa el origen del vínculo humano-canino en un momento mucho más remoto de lo que se creía, transformando la comprensión científica sobre cómo arraigó una relación que, según los autores, se extiende hasta nuestros días como uno de los vínculos más perdurables de la historia natural.

FUENTES

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REFERENCIAS:

Marsh, W.A., Scarsbrook, L., Yüncü, E. et al. Dogs were widely distributed across western Eurasia during the Palaeolithic. Nature 651, 995–1003 (2026). doi.org/10.1038/s41586-026-10170-x

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