El mundo se ha visto estremecido por dramáticos eventos en las últimas dos semanas.
Miguel Tinker Salas* y Victor Silverman*
jornada.com.mx 25/01/2026
La invasión de Venezuela, el secuestro de su presidente y su pareja, el bombardeo de Nigeria, las amenazas militares contra Irán y más reciente el ultimato de Trump de anexar a Groenlandia rechazado por sus aliados y una huelga general en la ciudad de Mineápolis en defensa de los inmigrantes. Estos acontecimientos nos recuerdan la vieja canción de los mineros de Kentucky, ¿De qué lado estás?
Muchos insisten que las caóticas acciones de Trump son inéditas y ponen en riesgo el “orden mundial” basado en reglas que se establecieron después de la Segunda Guerra Mundial. Otros alegan que Trump se contradice, ya que durante la campaña presidencial criticó a los demócratas por participar en guerras prolongadas. Aun otros citan el documento de Estrategia de Seguridad Nacional publicado en noviembre 2025 para indicar que Estados Unidos reduciría su presencia internacional para enfocarse en el hemisferio occidental donde China es el principal socio económico de Sudamérica. El imperio no depondrá su papel como policía internacional: la realidad es que las fuerzas militares de Estados Unidos siguen desplazadas en todo el mundo. Ninguna base militar ha sido abandonada ni un tratado de defensa abrogado.
El error fundamental de estas posturas es asumir que Trump se rige por algún tipo de principios o que respeta leyes internacionales o nacionales. Más allá de sus severos límites cognitivos, lo único que el magnate ha dejado claro es que es un presidente transaccional, su único instinto político es su ego y su enriquecimiento personal. Las personas con más influencia en su ámbito político son sus asesores y los billonarios que contribuyeron a su campaña y que se benefician económicamente de sus decisiones. La primera venta de petróleo venezolana beneficio a un mega donante de Trump y algunos de los fondos fueron depositadas en una cuenta bancaria en Qatar que el mandatario dice controlar.
La movilización de soldados europeos a Groenlandia, junto con la articulación de una nueva forma de relaciones mundial por el primer ministro de Canadá, Mark Carney, indican un nuevo momento simbólico en las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados. No obstante, permanecen aliados y los vínculos económicos siguen siendo inmensos entre Estados Unidos, Canadá, Europa y México –de hecho, son centrales a la economía y la política de ambos hemisferios–. El resultado de la conferencia de Davos, donde Trump abandonó su ambición de anexar Groenlandia, subraya que, al fin y al cabo, no tiene la intención ni la capacidad de reconfigurar las estructuras del poder en el mundo, sólo domina el ciclo de noticias y busca enriquecerse.
El caos que se expresa a nivel internacional también se refleja lo que ocurre en Estados Unidos, pero con resultados inesperados. La ciudad de Mineápolis en el estado de Minesota, se ha convertido en el epicentro de la política fascista impulsada por Trump. Mineápolis atrajo la ira de Trump porque su gobernador fue candidato a la vicepresidencia en las elecciones anteriores y por ser sede de la población somalí más grande en aquel país, a quien le acusa de cometer fraude. La política de Trump en Mineápolis expresa su odio hacia personas de África y su deseo de venganza política.
Desde diciembre de 2025 la ciudad se encuentra asediada por las fuerzas de ICE, la policía federal que Trump utiliza como sus gendarmes para efectuar redadas y asaltar a la población que resiste. ICE no discrimina, sus acciones se han convertido en una cacería humana; asesinaron a Renee Good, madre de tres hijos, mientras se retiraba de un evento, mataron al enfermero Alex Pretti, disparan perdigones a manifestantes en la cara, arrestan a personas con o sin documentos, incluyendo a ciudadanos. ICE ha arrestado a varios niños, que utilizan como rehenes para luego deportar a sus familiares.
Lo que Trump no esperaba es que Mineápolis se convertiría en el epicentro de la resistencia hacia sus políticas xenofóbicas. Se han organizados grupos que con silbidos alertan sobre la presencia de ICE en una comunidad mientras otros filman sus acciones. Aun otros organizan transporte para personas sin documentos, se han creado bancos de alimentos y se ofrece ayuda legal. El viernes una huelga general paralizó la ciudad y miles de personas salieron a las calles a pesar del frío glacial. Debido a la resistencia de múltiples sectores en la ciudad, Trump amenaza con enviar mil 500 tropas federales para apoyar las acciones de ICE.
Trump usa el caos como cortina de humo para distraer la atención de los problemas que enfrenta Estados Unidos, los precios siguen subiendo, las viviendas y los costos de salud son inalcanzables. Una encuesta reciente demuestra que solo 32 por ciento de la población piensa que su vida ha mejorado bajo su mandato. Aún peor, sus esfuerzos por anexar a Groenlandia cuentan únicamente con el apoyo de 17 por ciento de la población. Su política internacional, el rechazo universal a su anexión de Groenlandia y su llamada “Junta de Paz” y la resistencia a sus acciones en Mineápolis lo dejan aislado.
Trump busca suplantar los principios de justicia, solidaridad e igualdad ganados después de siglos de sangre y sacrificio. Aunque son violados por los hipócritas en el poder, estos ideales continúan inspirando a la mayoría de la humanidad. Estos valores expresan la esencia de una comunidad; no vienen desde lo alto, sino que, en contraste con el caos de Trump, surgen dentro de nosotros.
Lo que los manifestantes proclaman en las calles son los valores humanos que Trump y la derecha mundial intentan borrar. Lo que sucederá todavía no se determina, pero sabemos de qué lado estamos.
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*Profesores eméritos, Pomona College
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