El reciente ruido de explosiones escuchado en Venezuela, Palestina, Líbano, Siria, Irán, Somalia, Yemen y Nigeria no son solo los espasmos del imperio estadounidense en declive, sino algo mucho más aterrador:
el amanecer de la era de la impunidad ligada congénitamente al brutal carácter de clase característico del capitalismo histórico y del liberalismo de las clases dominantes occidentales
Un jefe de tripulación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos guía en Ceiba, Puerto Rico, un F-35A Lightning II tras un ataque a gran escala lanzado contra Venezuela, 3 de enero de 2026 - Foto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos
Craig Mokhiber
diario-red.com/13/01/26
El 3 de enero de 2026, sin provocación, causa o justificación legal, Estados Unidos bombardeó Venezuela, invadió su capital, mató a decenas de personas y secuestró violentamente al presidente y a la primera dama del país, esposándolos, vendándoles los ojos y llevándolos a Estados Unidos. Seguramente, una violación tan flagrante de toda una serie de leyes internacionales, que de hecho desafía la esencia misma del marco jurídico vigente después de la Segunda Guerra Mundial, que prohíbe los actos de agresión, debería haber sido condenada universalmente. En cambio, tal violación ha sido seguida por gemidos lastimeros y ambiguos de varios líderes occidentales, por una respuesta hipercautelosa del secretario general de la ONU, por condenas retóricas de los miembros del Consejo de Seguridad, que, sin embargo, no tomado decisión contundente alguna al respecto, y por vítores entusiastas provenientes de los medios de comunicación corporativos estadounidenses y occidentales. ¿Cómo puede ser esto? Dicho de modo sucinto, estamos asistiendo al amanecer de la era de la impunidad.
La bestia repta hacia Belén
El reciente ruido de explosiones escuchado en Venezuela, Palestina, Líbano, Siria, Irán, Iraq, Somalia, Yemen y Nigeria, así como sobre el mar Rojo, el mar Mediterráneo y el mar Caribe, no es solo el crujido provocado por un espasmo imperial momentáneo sufrido por el imperio estadounidense en declive. Anuncia algo mucho más aterrador. Está naciendo un nuevo mundo (o quizá renaciendo, ya que recuerda los horrores de la primera mitad del siglo XX). Un mundo totalmente libre de las restricciones del derecho internacional o incluso de los principios morales más básicos y universales. Un nacimiento, que podría haber sido predicho por cualquiera que hubiera prestado atención a las maquinaciones del imperio y de sus aliados y vasallos entretejidas durante las últimas décadas.
Estas ondas de opresión en constante expansión, desprovistas de control, nos amenazan a todos, porque en un mundo en el que ni siquiera el genocidio constituye una línea roja, no hay líneas rojas
Del encarcelamiento masivo y los excesos policiales ligados a la «guerra contra las drogas» a las entregas extraordinarias, las ejecuciones y la tortura de la «guerra contra el terrorismo», pasando por el empobrecimiento sistemático de las mayorías para consolidar la riqueza y el poder de unos pocos, el imperio estadounidense lleva décadas en pie de guerra, postura que ha culminado con el exterminio del pueblo palestino y el ataque de esta semana contra Venezuela. Estas ondas de opresión en constante expansión, desprovistas de control, nos amenazan a todos, porque en un mundo en el que ni siquiera el genocidio constituye una línea roja, no hay líneas rojas.
Hijo de la impunidad
Este nuevo mundo es hijo de la impunidad. Durante más de dos años, el mundo ha observado pasivamente cómo el eje Estados Unidos-Israel merodeaba criminalmente en Asia occidental, África y América Latina en una sangrienta ola de conquistas y destrucción. La Carta de las Naciones Unidas, el Estatuto de Roma, las leyes de la guerra, las leyes de derechos humanos, el derecho del mar, las leyes sobre el uso de la fuerza, la totalidad de este paquete normativo ha sido pisoteado y arruinado por las acciones y declaraciones del Eje, la complicidad de sus aliados y vasallos, y la complacencia de otros Estados. Por su parte, las instituciones internacionales creadas tras la Segunda Guerra Mundial para prevenir y responder a tales horrores han sido sistemáticamente corrompidas, intimidadas o aplastadas por el Eje. El Tribunal Penal Internacional se encuentra en gran medida paralizado ante las sanciones ilegales impuestas por Estados Unidos. El Tribunal Internacional de Justicia se enfrenta a un acoso y una presión política sin precedentes.
Las relatoras y relatores de derechos humanos de la ONU son objeto de una campaña sostenida de calumnias y sanciones. E incluso el Consejo de Seguridad de la ONU se ha rendido al imperio estadounidense, como lo demuestra su Resolución 2803 de noviembre de 2025, que respalda los planes totalmente ilegales y descaradamente coloniales diseñados por el gobierno de Trump para Gaza. Los Estados del mundo occidental, que durante mucho tiempo se han erigido en defensores de los derechos humanos y del derecho internacional, en lugar de plantar cara a los excesos del Eje, se han apresurado a besar obsequiosamente el anillo del emperador y a inclinarse ante los administradores, cuyas manos están empapadas en sangre, de su proyecto colonial en Palestina. Y la totalidad de los supuestos controles y contrapesos vigentes en el seno de las propias instituciones del imperio han demostrado ser totalmente cómplices, incluidos los tribunales, que están impulsados por motivos políticos y, en general, desprecian el derecho internacional; el Congreso, que se halla totalmente corrompido por los lobbies, las corporaciones y los multimillonarios, que impulsan sin ninguna restricción o tapujo los crímenes de Estados Unidos e Israel; y los medios de comunicación corporativos, que se han dedicado en cuerpo y alma a encubrir las causas imperiales, extractivas, corporativas y sionistas, que se hallan en la raíz de la violencia que envuelve al mundo actual.
Sí, los propios pueblos se han levantado y lo han hecho en cifras récord, para oponerse a los crímenes del Eje, pero se han topado con una represión sistemática y brutal en el seno del imperio y en la totalidad de Occidente, e incluso dentro de los Estados capturados de la primera línea de Asia occidental. Como resultado, el Eje ha disfrutado de una impunidad absoluta, lo que ha fomentado sucesivamente actos cada vez más atroces en un crescendo de violencia, que ha incluido la agresión contra países de Asia occidental y África, una cadena de asesinatos, el ataque a barcos humanitarios en el Mediterráneo, ataques terroristas transnacionales perpetrados mediante buscapersonas manipulados para convertirse en bombas trampa, la ocupación ilegal de varias naciones y la perpetración de un genocidio literalmente interminable en Palestina.
Así es como funciona la impunidad. Cuanto más se la alimenta, más hambrienta se vuelve. Y el mundo ha alimentado esta impunidad durante décadas
En este contexto, a nadie debería sorprender la flagrante criminalidad de Estados Unidos al imponer brutales medidas coercitivas unilaterales diseñadas para someter a la población de Venezuela mediante el hambre, varios intentos de golpe de Estado, una serie de ejecuciones extrajudiciales de marineros en el Caribe y el Pacífico oriental, el pirateo de los petroleros del país y la incautación de su carga, el bombardeo y la invasión de la nación, y el secuestro violento de su presidente y de la primera dama. Así es como funciona la impunidad. Cuanto más se la alimenta, más hambrienta se vuelve. Y el mundo ha alimentado esta impunidad durante décadas.
El monstruoso hijo nacido de esta impunidad trae consigo los peores rasgos genéticos de sus progenitores del siglo XX: racismo, imperialismo, colonialismo, fascismo, sionismo, agresión y genocidio. Pero ahora está armado con las terribles tecnologías del siglo XXI para la vigilancia, el silenciamiento y el asesinato. Los efectos de esta combinación letal se están sintiendo ahora en los tres continentes del Sur global, mientras el resto del mundo se tambalea al borde del abismo.
Crímenes imperiales en Venezuela
Si tu comprensión de los acontecimientos acaecidos en Venezuela proviene de los cómplices medios de comunicación corporativos occidentales, se te puede perdonar por no saber que el ataque de Estados Unidos al país, y sus acciones previas a este, han sido totalmente ilegales. Desde el punto de vista jurídico, esto no puede calificarse de operación policial. Se trata en realidad de una operación criminal, por la que los autores, quienes la ordenaron y quienes acataron esas órdenes ilegales deben rendir cuentas ante la justicia. De hecho, el conjunto de los crímenes internacionales perpetrados por Estados Unidos en Venezuela es asombroso por su alcance.
Las sanciones impuestas a Venezuela por Estados Unidos como medidas coercitivas unilaterales son ilegales a tenor de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional de los derechos humanos. Los intentos de golpe de Estado contra los sucesivos gobiernos venezolanos perpetrados por la derecha venezolana y apoyados por Estados Unidos en 2002, 2019 y 2020 fueron ilegales. Las acciones encubiertas de la CIA en el país han sido ilegales. El asesinato de marineros en el Caribe y el Pacífico es ilegal y constituye una ejecución extrajudicial según el derecho internacional de los derechos humanos. El bloqueo de Estados Unidos a Venezuela es ilegal. La piratería protagonizada por Estados Unidos contra petroleros venezolanos es ilegal, ya que constituye un acto de agresión marítima a tenor de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho del Mar, y una violación de los principios jurídicos de inmunidad soberana e inmunidad estatal. El bombardeo, la invasión y las posteriores amenazas de utilizar ulteriormente otras medidas de fuerza contra Venezuela son ilegales a tenor del Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, un tratado que vincula a Estados Unidos.
Los secuestros de Nicolás Maduro y Cilia Flores son ilegales en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, del derecho internacional de los derechos humanos, que prohíbe los arrestos y detenciones arbitrarios, así como del principio internacionalmente reconocido de inmunidad de los jefes de Estado. La violencia utilizada durante el secuestro, basada en la detención ilegal y que provocó lesiones importantes a Flores, ha sido ilegal. El desfile público y la difusión de fotos de Maduro atado fue ilegal según el derecho internacional humanitario. La privación sensorial impuesta a Maduro (con vendas en los ojos y tapones en los oídos) ha sido ilegal. Y, dado que su detención (secuestro) fue ilegal, su detención continuada también es ilegal, de acuerdo con el derecho internacional de los derechos humanos.
En su primera declaración pública efectuada desde los ataques estadounidenses, la vicepresidenta venezolana (y ahora presidenta interina) Delcy Rodríguez declaró que el ataque al país tenía «matices sionistas»
Estados Unidos no tiene una defensa legal creíble para los crímenes internacionales que ha cometido en Venezuela. Sus violaciones son evidentes y su culpabilidad es clara. Sin duda consciente de ello, el gobierno estadounidense está tratando de sustituir el derecho internacional por su propio derecho interno y de aplicar ese derecho extraterritorialmente, lo que constituye en sí mismo un acto descarado de imperialismo. El gobierno de Trump lo hace, porque sabe que la legislación estadounidense a menudo entra en conflicto con las normas internacionales y que los tribunales estadounidenses son notoriamente chovinistas y extremadamente deferentes con el gobierno en asuntos internacionales, mostrándose dispuestos a permitir una amplia discrecionalidad al mismo, cuando este alega cuestiones de «seguridad nacional», y habitualmente luciendo un contundente desdén hacia el derecho internacional (al que a menudo se refieren, de forma despectiva e incorrecta, como «derecho extranjero») y, porque sabe igualmente que cuenta con jueces nombrados políticamente, que se hallan sujetos a diversos tipos de influencia política. El gobierno de Trump también basa su comportamiento en el uso de diversas «palabras mágicas», porque sabe igualmente que la mera enunciación de términos como «terrorismo» y «narcoterrorismo», su nuevo primo espurio, crea una sensación de excepcionalidad, inspirando por igual el consentimiento de la opinión pública y de la ciudadanía, así como de una parte del poder judicial. En tales circunstancias, aunque el resultado no está garantizado, las posibilidades de un juicio justo para Maduro y Flores son, en el mejor de los casos, limitadas.
La conexión israelí
En su primera declaración pública efectuada desde los ataques estadounidenses, la vicepresidenta venezolana (y ahora presidenta interina) Delcy Rodríguez declaró que el ataque al país tenía «matices sionistas». Aunque no dio más detalles, la mano del régimen israelí en el apoyo a las fuerzas de derecha y la desestabilización de los gobiernos progresistas de la región es ya bien conocida. Las armas, la tecnología de vigilancia, la inteligencia, el entrenamiento y la influencia israelíes a través de sus representantes en la región han sido una constante en América Latina durante décadas. Por su parte, los líderes del régimen israelí se han mostrado eufóricos en su celebración de los ataques y del secuestro del presidente venezolano (y han expresado su esperanza de que los próximos ataques sean dirigidos contra Irán). Y ello no es ninguna sorpresa. Desde la elección de Hugo Chávez y el inicio de la Revolución Bolivariana hace más de un cuarto de siglo, Venezuela ha afirmado su independencia, se ha resistido a la hegemonía estadounidense, ha destinado su riqueza petrolera y mineral a mejorar las condiciones de vida dentro del país y se ha solidarizado con la lucha palestina por los derechos humanos. Al igual que ha sucedido con Irán, Iraq y Libia previamente, esta combinación de factores ha asegurado a Venezuela un lugar en el punto de mira del eje Estados Unidos-Israel.
Al mismo tiempo, la oposición al régimen israelí mostrada por Venezuela, que además posee las mayores reservas de petróleo del mundo, es contemplada por el eje Estados Unidos-Israel como un obstáculo potencial para sus nefastos planes de guerra contra Irán
En realidad, el régimen israelí tiene en su haber una larga historia de ataques dirigidos contra las fuerzas progresistas, de apoyo a los regímenes de derecha, los escuadrones de la muerte y un sinfín de dictadores, así como de sembrar el conflicto en toda América Latina. Durante décadas, sus huellas manchadas de sangre han sido reveladas en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela. Esto, junto con los instintos anticolonialistas imperantes en la región, explica el rechazo con el que los gobiernos latinoamericanos de izquierda contemplan al régimen israelí. Y también explica por qué los movimientos y líderes de extrema derecha de la región declaran habitualmente su apoyo fanático al régimen y al proyecto sionista, incluso en medio de la perpetración del genocidio en Palestina. Mientras que los gobiernos progresistas de la región han condenado el genocidio, se han sumado a la demanda por genocidio presentada ante el Tribunal Internacional de Justicia contra Israel y han roto relaciones diplomáticas con el régimen sionista, los gobiernos de derecha, así como los líderes de la oposición de derecha de Venezuela, han elogiado al régimen israelí y se han comprometido servilmente a una cooperación aún más estrecha. El régimen sionista, como siempre, está profundamente interesado en derribar a los gobiernos de izquierda en América Latina y apoyar a la derecha.
Al mismo tiempo, la oposición al régimen israelí mostrada por Venezuela, que además posee las mayores reservas de petróleo del mundo, es contemplada por el eje Estados Unidos-Israel como un obstáculo potencial para sus nefastos planes de guerra contra Irán. La propia capacidad petrolera de Irán, y especialmente su control efectivo sobre el estrecho de Ormuz (y, por lo tanto, sobre los mercados energéticos mundiales), hacen que el control del petróleo venezolano resulte especialmente atractivo para el Eje, que se prepara para renovar sus ataques contra Irán. Así pues, los principales motivos de la agresión estadounidense contra los países del Sur global son la posesión de riquezas minerales codiciadas por las empresas estadounidenses, la negativa a someterse a la hegemonía estadounidense y la oposición a los crímenes del régimen israelí. Venezuela es culpable de los tres cargos. Y estos son los verdaderos «crímenes» por los que está siendo procesada.
Vida después de la ley
El incipiente proyecto de derecho internacional siempre ha sido débil e incompleto, pero las barreras de protección establecidas desde 1945 ofrecían cierta esperanza de un mundo gobernado, al menos en parte, por el imperio de la ley en vez de solo por la fuerza. Y se había establecido un consenso global a tenor del cual se había acordado que los peores crímenes –la agresión y el genocidio– eran inaceptables. El Eje estadounidense-israelí, tan a menudo acusado de violar el derecho internacional, ha perdido la paciencia con la totalidad de este proyecto y de la mano del genocidio perpetrado en Palestina, de la lluvia de bombas arrojadas por el Eje sobre innumerables países y ahora de la agresión cometida contra Venezuela, ha declarado al mundo que ha nacido un nuevo orden. Un orden en el que todos deben doblegarse ante el imperio o perecer.
No es demasiado tarde para que el mundo se levante y detenga el surgimiento de este nuevo orden bestial. Los movimientos populares activos dentro y fuera del imperio pueden desafiarlo con la urgencia y la unidad de propósito que se requiere. La mayoría global, liderada por las naciones libres del Sur, podría unirse como lo hizo durante las décadas de 1960 y 1970 para desafiar al imperio y trazar una línea de principio centrada en la acción colectiva por la paz, la seguridad, la autodeterminación y los derechos humanos de los pueblos de todo el mundo. Lamentablemente, hasta la fecha, hay pocos indicios de que ello esté sucediendo.
Mientras tanto, el mensaje inequívoco e inconfundible que el régimen imperial estadounidense, su perro de presa israelí y sus legiones de sumisos vasallos occidentales están enviando al mundo, a los Estados-nación colocados en su punto de mira y a la totalidad de los pueblos que se resisten a la ocupación extranjera, la dominación colonial y los regímenes racistas es el siguiente: la diplomacia no os salvará; el derecho internacional no os salvará; las Naciones Unidas no os salvarán. Y vamos a por vosotros.
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Recomendamos leer Craig Mokhiber, «Cómo el mundo puede enfrentarse al mandato colonial inaceptable en Gaza del Consejo de Seguridad de la ONU» y «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza»; Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Michael Arria, «Veinte años de BDS: entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento» y Frédric Lordon, «El sionismo y su destino», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024) y «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025).
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Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.
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Fuente:
