Descubren cómo funciona el mayor engaño de nuestro cerebro
Un grupo de investigadores ha identificado una de las claves que nos ayudan a trazar la ilusoria frontera entre nuestro cuerpo y el mundo
Una electroencefalografía, pero llevada a cabo por lo que parece una actriz de un banco de fotos o, simplemente, una científica atípicamente seriaFreepik
Ignacio Crespo
larazon.es/Madrid Creada: 12.01.2026
Vivimos una mentira. Bueno, según cómo nos lo tomemos, en realidad vivimos muchas. Ahí afuera hay un mundo al que solo podemos acceder a través de nuestros sentidos y, aunque no nos guste escucharlo, nuestros sentidos no son perfectos. Generación tras generación, no han sobrevivido los individuos más capaces de acceder a LA VERDAD, sino aquellos que lograban protegerse del peligro, fuera con verdades o con mentirijillas. Si hacemos creer a un niño que los monstruos viven en el hornillo de la cocina, le alejaremos de una potencial fuente de quemaduras y, salvando las distancias, eso es lo que nuestro cerebro hace para “protegernos”. Ahora, un grupo de investigadores del Instituto Karolinska y la Universidad de Aix-Marsella han logrado desentrañar una de las triquiñuelas más turbadoras de la neurociencia: nuestra identidad.
Piénsalo por un momento. ¿Quién eres tú? Tus ojos forman parte de ti, igual que tus manos. ¿Y tu pelo? En rigor, está muerto, como tu ropa. ¿Y la ropa forma parte de ti? Estas preguntas son relativamente banales, pero empiezan a sugerir que la frontera no está tan clara como pensamos. Un límite que termina de difuminarse cuando hablamos de pacientes con el síndrome del miembro fantasma, que sienten sus extremidades como algo ajeno. Otros sujetos acaban percibiendo las prótesis como parte de su propio cuerpo e, incluso, existe un “truco de magia”, para que tu cerebro aprenda a reconocer la mano de un maniquí como tuya. Y, sin embargo, en la práctica todos tenemos bastante claro dónde está el límite entre nuestro cuerpo y el mundo porque al instinto no le interesan los problemas mereológicos, sino acotar qué es lo que has de proteger.
El truco de magia
Hace unas líneas, pasábamos de puntillas sobre un truco de magia capaz de redefinir las fronteras de nuestra identidad y hacernos encarnar la mano de un maniquí. Un truco que ha sido clave en la investigación que acaba de publicar la revista Nature Communications. El juego consiste en sentar a una persona y pedirle que coloque sus antebrazos sobre la mesa, con las palmas hacia abajo. A continuación, ocultamos su mano izquierda con una caja y, al lado, situamos al descubierto el brazo de un maniquí en la misma postura que está el brazo real. Todavía no habremos engañado a nadie, pero, si empezamos a acariciar con dos brochas la mano real y la falsa a la vez, la identidad empezará a difuminarse.
El sujeto, que puede ver cómo pasas la brocha sobre la mano de plástico, está notando eso mismo en su mano real, pero, como no puede verla, empiezan a ocurrir cosas extrañas. Este es el momento ideal para sacar un martillo y golpear la mano falsa. Si todo ha salido como debe, el sujeto dará un respingo, puede que incluso retire su mano y exprese haber sentido algo similar a dolor y preocupación, como si el maniquí fuera parte de él. El instinto de preservación (si queremos verlo así), ha actuado sobre la mano extraña porque nuestro cerebro ha recibido información acerca de ella que solo suele recibir de su propio cuerpo. Aunque, para ser sincero, este truco no funciona igual de bien con todo el mundo, y entender por qué puede ayudarnos a comprender qué atajos sigue el cerebro para determinar los límites de nuestro cuerpo.
No está en la onda
Así que, para descubrir por qué no todas las personas acaban adoptando la mano de maniquí como propia, los investigadores del estudio de Nature Communications estudiaron las ondas cerebrales de 106 sujetos mientras les hacían el anterior truco de magia. Esas ondas son, en realidad, la frecuencia con la que se activan las células que forman su cerebro. Concretamente las neuronas, que cuando se estimulan pueden transmitir electricidad a lo largo de ellas. Si se activan más rápido, la “onda” tendrá una mayor frecuencia (picos y valles más pegados entre sí) y viceversa. Así es como descubrieron que la clave estaba en las ondas alfa (aquellas que tienen una frecuencia de 8 o 13 hercios) en el lóbulo parietal (la zona alta del cerebro donde se encuentran las principales estructuras para procesar el sentido del tacto).
Al parecer, los individuos con unas onda alfa de mayor frecuencia eran más inmunes al truco de la mano de goma. Según los investigadores: para adoptar la mano como propia necesitaban que las dos brochas estuvieran mucho más sincronizadas. Aquellos con ondas alfa de menor frecuencia podían ser “engañados” con más facilidad, incluso cuando hubiera cierto desfase entre la broca que acariciaba su mano y la que veían sobre el maniquí. Estos resultados ya son bastante esclarecedores, pero los investigadores decidieron ponerlos a prueba. Si esta relación no es solo casual, sino que efectivamente la frecuencia de las ondas alfa del lóbulo parietal es responsable de esta “alucinación”, deberíamos poder jugar con ellas.
Tocando los mandos
Para ello, estimularon eléctricamente el lóbulo parietal de algunos sujetos con la intención de acelerar o ralentizar sus ondas alfa y… bingo. Al ralentizar las ondas, los pacientes se volvían más tolerantes a que las dos brochas no se movieran al unísono y, al acelerar la frecuencia, su capacidad para discriminar la diferencia temporal aumentaba.“Nuestros hallazgos ayudan a explicar cómo el cerebro resuelve el desafío de integrar señales del cuerpo para crear un sentido coherente del yo”, afirmó Henrik Ehrsson, profesor del Departamento de Neurociencia del Instituto Karolinska y último autor del estudio.
Si otras investigaciones confirman estos hallazgos, podrían empezar a resolver el complejo mapa de carreteras que es nuestra cognición, llena de atajos que nos llevan a donde queremos, pero por caminos inesperados y, con frecuencia, tan imperfectos y funcionales como nuestros sentidos.
QUE NO TE LA CUELEN: Aunque el valor de esta investigación no radica en sus aplicaciones, sino en ahondar en los mecanismos neurológicos que sostienen el “yo”, lo cierto es que abre las puertas a usos interesantes. Con tiempo e inversión, el desarrollo de prótesis, el tratamiento del dolor producido por miembros fantasma o el abordaje de algunos síntomas de la esquizofrenia podrían verse beneficiados por este descubrimiento.
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REFERENCIAS (MLA):
“Parietal alpha frequency shapes own-body perception by modulating the temporal integration of bodily signals”, Mariano D’Angelo, Renzo C. Lanfranco, Marie Chancel, H. Henrik Ehrsson, Nature Communications, online 12 January 2026, doi: 10.1038/s41467-025-67657-w
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Fuente:
