Sunita Sah, psicóloga organizaciones y escritora, afirma que la educación tiene una incidencia en ese comportamiento, pero puede revertirse
cambio16.com
16/11/2025
La educación en casa deja una huella profunda en la conducta de los niños, que se mantiene a lo largo de sus vidas. Padres, abuelos, tíos y el entorno que acompaña durante la infancia moldea la forma de actuar, responder e incluso pensar en sociedad. Muchas veces queremos decir ‘no’ y decimos ‘si’. ¿Por qué nos cuesta tanto decir no? ¿Miedo, inseguridad, deseos de no entrar en controversia?
Sunita Sah es profesora de administración y organizaciones en la Universidad de Cornell y autora de ‘Defy: El poder del no en un mundo que exige sí’ (Penguin Random House, 2025). Cuenta que en una oportunidad, siendo pequeña, le preguntó a su padre, qué significaba su nombre. “Él me dijo que Sunita significaba ‘buena’ en sánscrito, y en general estuve a la altura de eso: era obediente en casa. Era complaciente en la escuela. Hacía todas mis tareas. Iba a la escuela a tiempo. Incluso me cortaba el pelo como mis padres querían”, comenta la psicóloga organizacional.
Recuerda en una entrevista con Rachel Feltman de Scientific American que “estos fueron los mensajes que recibí no solo de mis padres, sino también de los maestros y la comunidad: ser bueno. ¿Qué significa eso realmente? Significa hacer lo que te dicen, obedecer, ser obediente, ser sumiso. Y realmente interioricé muchos de esos mensajes, y creo que a menudo son mensajes que les damos a los niños. Ya sabes, nos gusta cuando son obedientes, y entonces llamamos a eso ser muy buenos”.

Cómo decir no sin problema
Sunita Sah sostiene que hay tres razones principales para evitar decir no. En primer lugar, dice, “sentimos una enorme presión para seguir a los demás, esta presión social. Es un proceso psicológico que llamo ‘ansiedad por insinuación’, y va de la mano con eso”.
La segunda razón es que en realidad no entendemos qué son la conformidad, la rebeldía y el consentimiento. Es decir, detalla en la entrevista, “confundimos la conformidad con el consentimiento; pensamos que son lo mismo. Y no lo son. En realidad no entendemos qué es la rebeldía; creemos en ella como algo negativo y en la conformidad como algo positivo. Y luego, la tercera es que una vez que decidimos rebelarnos, o pensamos que deberíamos rebelarnos, en realidad no sabemos cómo porque nos han entrenado tanto desde pequeños para ser obedientes que no tenemos las habilidades para ser rebeldes. No sabemos cómo decir que no. Sentimos que eso es demasiado confrontativo”.
Considera la experta y escritora que “hay muchas razones por las que nos sentimos presionados a complacer a otras personas. Podríamos pensar que vamos a dañar una relación o perder nuestro trabajo. Pero una de las razones que encontré se debe a esta poderosa fuerza psicológica que llamo ansiedad por insinuación. Y este es un tipo distinto de ansiedad que tenemos cuando nos preocupa que rechazar la orden o sugerencia de otra persona le dé una señal de que no confiamos en ella”.
/galiciabusinessschool.esUn toque de rebeldía
Decirle a tu jefe que no crees que este sea el camino correcto suele ser muy difícil para la gente, resalta. Incluso decirle a alguien con quien tienes una relación, a un familiar o a un buen amigo que se equivoca, que es incompetente o que no es de fiar es realmente difícil. Así que “a menudo experimentamos esto en muchas situaciones diferentes, desde el médico hasta compañeros de trabajo, amigos íntimos e incluso desconocidos, según he comprobado en mis experimentos”, señala.
¿Entonces, qué hacer? Una de las primeras cosas es cambiar la mentalidad sobre lo que realmente significa la rebeldía, apunta Sah a Scientific American. “El Diccionario Oxford de Inglés define la rebeldía como desafiar el poder de otra persona de forma abierta y audaz. Pero creo que esa definición es demasiado estrecha y no honra realmente nuestra capacidad de decisión. Mi definición de rebeldía es simplemente actuar de acuerdo con tus verdaderos valores, especialmente cuando hay presión para hacer lo contrario. Así que no tiene por qué ser dramático o confrontativo; se trata simplemente de actuar de una manera que esté alineada con quien quieres ser”.
Si redefinimos la rebeldía de esta manera, la convertimos de algo negativo, raro y arriesgado a algo positivo, más accesible, significativo e incluso prosocial. Así que la rebeldía no es solo para los valientes o los extraordinarios. No se trata de ser ruidoso, audaz, violento o agresivo. No es nada de eso. Se trata de actuar en consonancia con tus verdaderos valores, y está disponible y es necesaria para todos nosotros.

Entrenamiento progresivo
Después de intentar hacer lo que pensamos y creemos, “es conveniente empezar a practicar con pequeños actos de rebeldía: corregir un pedido de café equivocado, ¿sabes?” (Risas). “Muchos de nosotros no haríamos eso. O decirle a tu peluquero que pare cuando te dice que confíes en él para un nuevo corte, ¿verdad? Así que podemos empezar en estas situaciones de poco riesgo para desarrollar este conjunto de habilidades”, reseña la publicación científica.
Pero realmente “necesitamos convertir esta rebeldía en una práctica y verla no como un rasgo de personalidad”, insiste la psicóloga y conferencista. “Esa práctica comienza mucho antes de un momento de crisis, cuando realmente desearías haber hecho o dicho lo correcto. Y para hacer eso, necesitamos anticipar esas situaciones, visualizarlas. Incluso ensayar un guión para que nuestros oídos se acostumbren a escuchar palabras desafiantes, nuestra boca se acostumbre a decirlas, especialmente si has sido socializado para ser complaciente”.
Sah destaca “una cita maravillosa que a menudo se atribuye a Bruce Lee, en realidad proviene de un poeta griego, que es realmente útil aquí: ‘bajo presión no nos elevamos al nivel de nuestras expectativas; caemos al nivel de nuestro entrenamiento’”. También necesitamos “educar a nuestros hijos para que sean rebeldes. Es decir, necesitamos educarlos no solo para que obedezcan, sino también para que sean rebeldes. Y si fuimos socializados para ser obedientes, necesitamos empezar a practicar”.
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