¿Cómo sabe nuestro cerebro que una taza se utiliza para beber o que una llave encaja en una cerradura?
27 de octubre de 2025
El cerebro humano organiza la información en mapas topográficos continuos, proporcionando así lecturas fáciles de una región cerebral a otra, promoviendo así la eficiencia cognitiva.
Un nuevo estudio , coordinado por la Universidad de Coimbra, revela nuevos datos sobre la organización cerebral de los objetos que manipulamos a diario.
El análisis presenta mapas de contenido-tema . Se trata de un concepto novedoso: mapas cerebrales que demuestran cómo se organizan espacialmente las diferentes categorías de información en el cerebro.
Estos mapas “revelan cómo el cerebro codifica espacialmente la información —por ejemplo, cómo agarramos y manipulamos herramientas— y organiza el conocimiento sobre los objetos en patrones continuos, similares a mapas geográficos, a lo largo de la corteza cerebral”, revela el coordinador de la investigación, Jorge Almeida.
El neurocientífico aclara que descubrieron que “la información relacionada con los objetos no se distribuye aleatoriamente, sino que se organiza en mapas estructurados –los llamados mapas de contenido-tema–, donde regiones vecinas de la corteza representan objetos con propiedades similares”.
“A medida que nos movemos por la superficie del cerebro, podemos observar una transición suave y continua en la forma en que se representan los diferentes aspectos de las propiedades de estos objetos”, añade el profesor.
La pregunta central
Hubo una pregunta que provocó este descubrimiento: ¿cómo sabe nuestro cerebro que una taza se usa para beber, que un martillo es para martillar y que una llave encaja en una cerradura?
El cerebro humano necesita procesar información diferente: la forma del objeto, el material del objeto y la función del objeto, por ejemplo.
Para desentrañar este proceso, el equipo de investigación utilizó la resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica que permite recolectar imágenes precisas del cerebro, buscando "entender cómo los cerebros de los participantes en este estudio procesaron una secuencia de objetos manipulables, presentados visualmente y ordenados según dimensiones definidas en estudios previos que nuestro equipo realizó", explica Jorge Almeida.
Después de este paso, el equipo de investigación utilizó técnicas avanzadas de análisis de datos para detectar cómo la actividad cerebral cambiaba sistemáticamente con diferentes niveles de estas dimensiones relacionadas con los objetos.
Este trabajo con participantes logró demostrar que “los mapas de contenido-tema son continuos, siendo consistentes entre los participantes, ya que los mapas de un individuo pueden predecirse a partir de los mapas de otros”, destaca Jorge Almeida.
Estos mapas "son independientes para cada dimensión, lo que significa que hay mapas distintos para diferentes propiedades de los objetos; y también son independientes de las características sensoriales simples, ya que los mapas puramente sensoriales no pueden explicar completamente estos mapas relacionados con los objetos que utilizamos", continúa el experto.
En otras palabras, continúa Jorge, “el cerebro prefiere organizar la información de una manera que aumente la eficiencia neuronal”.
"Así como los mapas geográficos transmiten eficientemente información compleja sobre el entorno, estos mapas topográficos del cerebro proporcionan lecturas rápidas y efectivas del procesamiento de la información en cada área cerebral", añade, en un comunicado enviado a ZAP.
Jorge Almeida también destaca la relevancia de estos mapas para la flexibilidad cognitiva, ya que “permiten al cerebro distinguir entre objetos y generalizar a objetos similares, una característica fundamental de la inteligencia humana”.
Para el neurocientífico, que se ha dedicado a estudiar el cerebro durante casi dos décadas, "estos resultados arrojan nueva luz sobre cómo la arquitectura interna del cerebro transforma nuestra experiencia en conocimiento, revelando que los mismos principios de mapeo que dan forma a la manera en que vemos el mundo también pueden sustentar la manera en que lo entendemos".
Jorge Almeida también destaca la importancia de los descubrimientos de la ciencia fundamental para el avance del conocimiento: “Sin ciencia fundamental, es imposible avanzar a la ciencia aplicable; primero necesitamos saber cómo funciona el cerebro antes de poder avanzar a cualquier abordaje terapéutico”.
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