Hoy Colombia es tendencia mundial no por su tragedia sino por su posibilidad
El reto ahora es no retroceder. Blindar la transformación de la corrupción, ampliar la participación ciudadana y fortalecer una democracia que no sea solo electoral sino también social y económica
POR OMAR ROMERO DÍAZ /
cronicom.net
Hasta hace poco, Colombia parecía condenada a un destino inamovible. Durante décadas, los colombianos vivimos atrapados en un ciclo oscuro de violencia, narcotráfico, asesinatos de jóvenes, corrupción en la salud y la educación, una justicia elitista y derechos laborales desmantelados uno a uno. Un Congreso en su mayoría corrupto, dirigido por la ultraderecha, la oligarquía, empresarios y medios de comunicación vendidos al mejor postor completaban el cuadro. En ese país de tesitura neoliberal, las personas eran vistas como mercancía, no como seres humanos.
Sin embargo, en 2022 se abrió un giro inesperado. La elección de un “Gobierno del Cambio” con un Presidente que coloca la dignidad humana en el centro no fue producto de la casualidad sino de una decisión colectiva. Por primera vez, se apostó por un proyecto político que piensa en la gente antes que en el mercado.
Ese cambio se expresa en hechos concretos: una salud enfocada en la prevención y el acceso real, una educación que busca incluir a los jóvenes históricamente marginados, un mundo laboral en el que se empieza a reconstruir lo que décadas de reformas regresivas habían erosionado: estabilidad, negociación colectiva y formalización del empleo.
Este proceso ha permitido que Colombia gire su imagen internacional. Ya no es sinónimo de guerra interna, sino mediador en conflictos y defensor de la Amazonía como patrimonio de la humanidad. En lo económico, mientras el mundo atraviesa inflación y tensiones geopolíticas, Colombia sorprende con cifras positivas: inversión extranjera orientada a sectores sostenibles, impulso a energías renovables y minería responsable, tratados comerciales que no sacrifican soberanía ni derechos.
También en lo cultural el cambio se siente: música, cine, literatura y gastronomía se han convertido en exportaciones simbólicas de un país que ahora se muestra como diverso, creativo y vivo. El turismo, más que cifras, refleja un orgullo renovado por el territorio, la paz como experiencia y la reapropiación del paisaje por sus comunidades.
Nada de esto ha sido sencillo. Los intereses que dominaron las instituciones no ceden fácilmente y buscan frenar los avances. Pero la fortaleza del proyecto radica en su legitimidad popular, en su coherencia ética y en su capacidad de mostrar resultados tangibles.
Hoy Colombia es tendencia mundial no por su tragedia sino por su posibilidad. Es un espejo incómodo y fascinante para América Latina y el mundo: un país que pasó de ser laboratorio de políticas neoliberales a laboratorio de dignidad humana.
No retroceder
El reto ahora es no retroceder. Blindar la transformación de la corrupción, ampliar la participación ciudadana y fortalecer una democracia que no sea solo electoral sino también social y económica. Porque un cambio verdadero no se agota en un gobierno: empieza con una sociedad que se reconoce como protagonista de su destino.
Colombia, del despojo a la dignidad, nos recuerda que un país no está condenado a repetir su historia cuando su gente decide escribirla de nuevo.
21 septiembre, 2025
________
Fuente:
