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BRICS ¿FARO EN LA NOCHE O NUEVO ESPEJISMO?

BRICS: CAMINO AL SOCIALISMO 
¿SÍ O NO?
“El contenido político de las declaraciones emitidas por los países miembros del BRICS es claro: proponen salidas colectivas y pacíficas a los dilemas globales, con énfasis en las cuestiones económicas y sociales, en detrimento de intereses belicistas y geopolíticos..."
Hoy los BRICS no presentan discursos de izquierda.
Los BRICS, hoy en proceso de crecimiento, ya ampliados, con alrededor de 20 miembros y una larga lista de espera para sumarse. ¿Constituye eso una alternativa para el campo popular?


Marcelo Colussi
23/07/2025 

Seamos absolutamente francos: en la izquierda hoy no sabemos cómo avanzar con firmeza hacia un verdadero horizonte post capitalista. Años atrás, quizá cinco décadas, o durante toda la primera mitad del siglo pasado, había certezas al respecto. De hecho, en varias partes del mundo ya se había concretado ese paso, y se estaban solidificando alternativas: Unión Soviética, China, Vietnam, Norcorea, Cuba, Nicaragua, Burkina Faso. El campo popular de todo el planeta tenía allí un referente al cual acercarse, un espejo donde verse reflejado. Ello inspiraba luchas por los cinco continentes, con desigualdades, con estilos, tiempos y proyectos distintos, pero siempre en búsqueda de la superación del modelo capitalista. Todas esas experiencias, por diversos motivos -pero poniendo siempre como factor clave el ataque feroz de las potencias capitalistas- hacia fines del siglo XX fueron revertidas.

Ello trajo como consecuencia inmediata el enfriamiento de todas las luchas en el campo popular. Esta reversión no significó el final de las contradicciones de clase, de la explotación, de las injusticias monumentales que siguen existiendo en el mundo. Pero sí significó la pérdida de brújula de hacia dónde dirigirnos, en cómo hacerlo. Está claro que las grandes masas planetarias continúan viviendo mal; la diferencia estriba en que años atrás el ideario socialista mostraba un camino a seguir. Hoy, y desde hace varias décadas con las políticas neoliberales que se fueron imponiendo, nadie tiene clara la senda a caminar. Junto a ello, el discurso de la derecha se fue entronizando. Hasta incluso mucha gente en la izquierda perdió las esperanzas, cayó en el derrotismo y bajó los brazos. En esa lógica, grandes mayorías empobrecidas eligen alegres, obviamente sin saberlo, a sus propios verdugos en las elecciones. ¿Síndrome de Estocolmo?

Es cierto, y eso no se puede negar, que en estos momentos la perspectiva capitalista se ha impuesto con muchísima fuerza, no dejando resquicio para el cambio. O, al menos, esa es la pretensión. Las contradicciones permanecen, la explotación sigue, diversas odiosas asimetrías continúan dibujando el panorama global. Pero el capitalismo ha sabido muy bien cómo neutralizar toda la protesta. La tremenda guerra mediático-cultural en que vivimos, los lavados de cerebro, la estupidización universal hacia la que nos fueron llevando, han logrado que hoy las izquierdas estemos huérfanas, fragmentadas, sin proyectos creíbles, mientras que las grandes masas votan en las elecciones, sin ningún espíritu crítico, por personajes que creíamos impresentables, eligiendo candidatos neofascistas. O consumen su tiempo -bastante lastimosamente- “obligados” a ver interminables cantidades de partidos de fútbol, memes bastante insustanciales (¿dónde quedó el pensamiento crítico?) o series televisivas que ensalzan el individualismo, la violencia y el consumismo voraz.

¿Qué hacemos ante todo ello desde el campo de la izquierda? Lo que podemos…. En realidad, no mucho. Denunciar la situación, lo cual no está mal, pero sin una clara perspectiva de transformación. ¿Por dónde ir? Nadie lo tiene claro: las insurgencias armadas hoy día son imposibles -más allá de algunos grupos que persisten, sin posibilidades ciertas de tomar el poder-, los otrora sindicatos combativos fueron repugnantemente copados, la organización popular se esfumó, las democracias formales en el marco de la institucionalidad capitalista tienen un límite muy cercano -si se intenta ir más lejos de lo que el sistema tolera, viene el golpe mortal (“Ciertos temas son demasiado importantes para dejarlos a los votantes”, afirmó el Premio Nobel de la Paz -sic-Henry Kissinger)-, mucha de la energía de protesta terminó encaminada al movimiento oenegeista, con agendas que son muy correctas -siempre financiadas por el Norte capitalista, lo cual ya dice todo- pero que no tocan el corazón del sistema. Se permite hablar de ciertos temas, importantísimos sin dudas, y que las izquierdas han incluido hoy en sus agendas: lucha contra el patriarcado, contra el racismo, a favor de la diversidad sexual, contra el ecocidio, pero ya salió de circulación lo de lucha de clases. ¿Acaso eso terminó? Levantar un discurso con los ideales socialistas clásicos -que continúan siendo los únicos que buscan ir más allá del capitalismo- está, en el momento actual, condenado al silencio.

En medio de ese paisaje un tanto desolador, por el que mucha gente progresista optó por encogerse de hombros y resignarse, y que a la derecha la hace sentir victoriosamente triunfal, aparece un mecanismo que abre expectativas: los BRICS, hoy en proceso de crecimiento, ya ampliados, con alrededor de 20 miembros y una larga lista de espera para sumarse. ¿Constituye eso una alternativa para el campo popular?

En la izquierda está abierto el debate al respecto. Ya se ha escrito más que suficientemente analizando la situación; hay quien los apoya sin reticencias y hay quien ve ahí solo más de lo mismo: un lenguaje pretendidamente a la izquierda y un accionar a la derecha. Estas breves letras sin dudas no aportan nada nuevo, pero sí intentar mostrar que ante la noche oscura en que estamos, una mínima luz -muy mínima en este momento- puede considerarse como la claridad más meridiana. Así como se vieron un gran paso adelante los progresismos latinoamericanos surgidos a principios de siglo, luego de las sangrientas dictaduras que dieron paso a las políticas neoliberales. Progresismos, hay que decirlo, que no pudieron tocar el corazón del sistema, y que más allá de ciertos cambios -importantes sin dudas, pero insuficientes- no cambiaron la situación real de las extendidas masas empobrecidas.

“El contenido político de las declaraciones emitidas por los países miembros del BRICS es claro: proponen salidas colectivas y pacíficas a los dilemas globales, con énfasis en las cuestiones económicas y sociales, en detrimento de intereses belicistas y geopolíticos. No por casualidad, logran sentar en una misma mesa a países con gobernantes de perspectivas políticas e ideológicas diversas, pero unidos por preocupaciones similares en la búsqueda de caminos convergentes para el desarrollo de sus países y la cooperación entre sus pueblos. Al no dirigir sus iniciativas contra ningún bloque o país específico, el BRICS rompe con la narrativa dicotómica que pretende resucitar el paradigma bipolar de la Guerra Fría, y afirma su plena complementariedad con los demás mecanismos de mayor alcance en el escenario multilateral global. Por lo tanto, el BRICS no se presenta como un contrapunto a la ONU, al FMI o al Banco Mundial, sino como una plataforma desde la cual los países en desarrollo cooperan entre sí y buscan posiciones comunes a favor del fortalecimiento del conjunto del sistema multilateral global”, analiza Tiago Nogara. Estamos ante acuerdos comerciales, lo que no es poca cosa; pero no hay planteos de transformaciones radicales. Comercio en mejores condiciones para los históricamente perjudicados no significa fin del capitalismo.

Este bloque, hoy sin dudas en crecimiento y que ya preocupa a la hegemonía capitalista global, fundamentalmente a su país conductor: Estados Unidos, no tiene un claro discurso de clase. Es, ante todo -y habrá que ver si se puede transformar en una verdadera opción política alternativa- un acuerdo económico, centrado en sus dos principales cabezas: China y Rusia. La una, por su enorme poderío económico -y también militar-, la otra, por su fenomenal fuerza militar; y ambas, por la inconmensurable cantidad de recursos naturales que atesoran, lo cual les permite sentirse de igual a igual con cualquier potencia occidental, o más aún. Su objetivo principal en este momento es ir abriendo un campo económico desmarcado de la hegemonía del dólar, que pueda funcionar independientemente del capitalismo occidental.

Cuando surgió el Movimiento de Países No Alineados -MNOAL- en la histórica Conferencia de Bandung (Indonesia) en 1955, había un ideario que, si bien no hablaba en términos socialistas puros, se acercaba más a ello: una ideología crítica hacia los países centrales con compromisos políticos de igualdad solidaria en las relaciones Sur-Sur. En ese orden, rechazaban toda forma de colonialismo, cuestionaban las injusticias socioeconómicas, promovían modelos alternativos de desarrollo distintos al capitalismo que los había aplastado por siglos, pidiendo nacionalización de los recursos, regulación de las empresas multinacionales que operaban en sus territorios, exigían la condonación de las deudas externas contraídas con los pulpos de Bretton Woods, demandaban una real transferencia de tecnología desde los países ricos. Y, entre otras cosas, denunciaban con fuerza la ocupación israelí de Palestina y el por entonces bochornoso apartheid en Sudáfrica.

Hoy los BRICS no presentan discursos de izquierda. Si bien en su composición hay países que adscriben al ideario socialista (China, por ejemplo, con su tan peculiar “socialismo de mercado”, Cuba, Vietnam, como país asociado al grupo), esa ideología no está presente en las declaraciones del bloque. De hecho, a partir del modelo capitalista en el que se inscriben cuatro de sus socios fundadores -salvo China-, las desigualdades económico-sociales que atraviesan sus sociedades no son punto de discusión. El preconizado “ganar-ganar” que levanta la Nueva Ruta de la Seda no queda claro cómo haría “ganar” a las grandes masas populares de los Estados que abarca. ¿Ganarán los pobres realmente, o las élites de esos países? En una acertada visión de la situación, Laurent Decourt afirma que “Aunque los BRICS+ forman parte del necesario reequilibrio de la balanza de poder mundial, dista mucho de ser una alternativa saludable para los países del Sur. Tras la retórica de la solidaridad Sur-Sur, su cooperación refuerza el modelo extractivista y amplifica las asimetrías. En lugar de una interpretación binaria de las relaciones internacionales, las fuerzas progresistas deberían sentar las bases de un nuevo internacionalismo”.

De hecho en la dinámica de los BRICS la República Popular China -a quien en lo interno sin la menor duda le está funcionando su modelo, pues ha elevado espectacularmente la calidad de vida de su población sacando de la pobreza rural a 400 millones de personas- actúa como polo principal de la iniciativa. Su PBI representa el 60% de todo el bloque, por lo que su peso no es similar al de otros socios. Dicho de otro modo: los BRICS, en muy buena medida, existen porque ahí está China impulsándolos, aportando, manteniendo el esfuerzo. La Nueva Ruta de la Seda que propicia Pekín, pasando por más de 120 países, no necesariamente trae el desarrollo para esos sitios, y menos aún, para las clases trabajadoras y pueblos en general de los lugares que toca. A diferencia de la política solidaria que impulsó la Unión Soviética apoyando diversos movimientos y partidos de izquierda y revolucionarios durante décadas -eso fue la Guerra Fría, respondida militarmente por Estados Unidos-, China no hace lo mismo; su apoyo es al comercio, siendo ella misma la principal beneficiaria de esa relación. Como se ha señalado reiteradas veces, la misma, aunque no está expresada de esa manera explícita, tiende a reproducir el tradicional vínculo de metrópoli que se aprovecha, y periferia desprotegida que queda subordinada, aportando solo bienes primarios. Eso sucede en el vínculo de Pekín con África y Latinoamérica -comercio y préstamos-, donde desde la “periferia” solo llegan productos no elaborados como alimentos, petróleo y minerales, recibiendo, por el contrario, una catarata interminable de productos industriales chinos.

Es cierto que la relación de China con los países donde llega no es similar a la de las potencias capitalistas; por lo pronto, no hay un ominoso pasado colonial, y muchas veces condona deudas, cosa que jamás hacen ni el Banco Mundial ni el FMI. No es imperialista al modo de Estados Unidos; por el contrario, muy lejos de ello. La lista de países invadidos por Washington en sus políticas imperiales es interminable; la Ruta de la Seda no instala bases militares. Pero no hay que olvidar que las inversiones del gigante asiático apuntan a desarrollar grandes infraestructuras -puertos, carreteras, vías férreas, aeropuertos- que facilitan su comercio. Por allí no se ve atisbo alguno de socialismo ni de beneficio para las siempre olvidadas masas empobrecidas.

Está claro que el grupo BRICS+ representa una amenaza para el capitalismo occidental, es decir: para el G7, la OTAN y los organismos crediticios como el BM y el FMI. Básicamente, es una afrenta al dólar, el símbolo del poder económico de ese mundo, encabezado por Estados Unidos. Está claro, igualmente, que el bloque no desarrolla una política guerrerista como la OTAN, que hace de la guerra un más que lucrativo negocio (matando seres humanos de manera impiadosa en nombre de la libertad y la democracia -recontra sic-). Pero su opción por el socialismo no aparece por ningún lado. De hecho, el bloque nunca levantó un ideario desde el materialismo histórico, hablando de lucha de clases ni de antiimperialismo. Habla de un bloque antioccidental, que no es lo mismo. ¿Habrá que pensar en todo caso, como menciona Boaventura de Sousa Santos, en la posibilidad de un “capitalismo no colonial”, una alternativa “tal vez más radical que la alternativa entre socialismo y capitalismo”?

La relación Sur-Sur propuesta acerca países tan disímiles en su perspectiva política e ideológica que no deja de abrir preguntas: ¿cómo relacionar el socialismo cubano, por ejemplo, con países regidos por la ley islámica? ¿Cómo amalgamar propuestas de descolonización del Sur global con el fundamentalismo quasi fascista del presidente de la India, que busca exterminar a las minorías no hindúes? En esta vinculación, capitaneada en lo fundamental por China y Rusia, ¿se trata de acuerdos cupulares, o participan los pueblos de a pie? En realidad, no queda claro cómo lo hacen: ¿hay asambleas populares al modo de los gobiernos locales zapatistas en Chiapas para decidir, democráticamente, estas vías? No parece…, y en eso radica justamente la democracia socialista. ¿Y qué decir de los paraísos fiscales, donde se ocultan alrededor de 7,8 billones de dólares (el 8% de la riqueza mundial, 40% de los beneficios de las empresas multinacionales), que constituyen uno de los principales medios de captación de los recursos del Sur? En resumen: “Los países BRICS están tan implicados en el mundo offshore como las economías occidentales que denuncian. La realidad es que sus gobiernos y élites políticas se benefician de este mundo financiero y lo necesitan”, afirman Andrea Binder y Ricardo Soares de Oliveira.

Analizado meticulosamente el proyecto y la actuación de los BRICS+, se ven tanto luces como sombras. Israel es un muy importante socio comercial de China, aunque el papel del Estado judío sea impresentable, bochornoso. Pekín destina mayores esfuerzos económicos para Israel que para Cuba. También impresentable es el actual gobierno talibán de Afganistán, fundamentalistas de ultraderecha que sirvieron -entre otras cosas- para fomentar el colapso soviético; pero hoy Rusia -ya país capitalista- es el primero y único en el mundo en reconocerlo oficialmente como gobierno legítimo. Venezuela está ahogada por el bloqueo estadounidense, y su entrada en los BRICS+ sería un madero salvador; pero Brasil -principal economía en el subcontinente latinoamericano- le veta la entrada por presiones de su clase dirigente. ¿Dónde está el espíritu solidario de la cooperación Sur-Sur?

Estados Unidos y las potencias capitalistas europeas -básicamente el primero- dan créditos -a través del FMI y el BM- para envenenar a los países deudores; China no lo hace así, y en muchos casos, condona esas deudas. Ambos países imperialistas cierran las puertas a los inmigrantes, dejando que los de África se ahoguen en el Mediterráneo, o devolviéndolos encadenados y tratados como delincuentes a los de Latinoamérica. China no hace nada de esto. La OTAN no para de invadir países, justificando las guerras con argumentos injustificables; ningún país de los BRICS+ invadió a otro (la guerra de Ucrania, criticable como toda guerra, tiene como causa la agresión occidental a Rusia, para destruirla e indirectamente empantanar a China. Lo de Moscú debe entenderse como reacción a una agresión). Ningún país BRICS+ impulsa guerras; en sus principios fundacionales está el rechazo al recurso bélico, mientras los países de la OTAN y del G7 arrasan el mundo con sus acciones militares. Irán tiene una infinitamente cuestionable policía de la moral -oficialmente en persa: Patrulla de Guía o de Orientación-, compuesta exclusivamente por hombres, encargada de hacer cumplir las normas sobre vestimenta modesta y conducta casta a las mujeres -criticable patriarcado misógino al grado sumo-, pero al mismo tiempo Teherán es atacada por Israel (léase Estados Unidos) el mismo día que recibe el primer tren de la Ruta de la Seda, como forma de enviar un mensaje al bloque emergente. La misoginia patriarcal es indefendible, tanto como lo es el ataque de Israel contra la Revolución Islámica. Pese a esa cuestionable “moralidad interna”, otros países de los BRICS+ mostraron su apoyo a Teherán luego del bombardeo estadounidense-israelí. Sin dudas, esto muestra lo intricado que es el bloque, y el entrecruzamiento de elementos que se da a su interior. Arabia Saudita, la más represora petromonarquía medieval de Medio Oriente, se sumó al grupo en principio -quedando ahora en suspenso su incorporación- con valores que no tienen nada que ver con países que admiten el matrimonio igualitario y cuya presidenta es una mujer, como México, que está buscando su ingreso. ¿Torre de Babel a la vista?

Los países africanos han sido históricamente víctimas del despiadado colonialismo capitalista occidental (recuérdese, como repugnante ícono de ello, la infame Conferencia de Berlín, de fines del siglo XIX, donde las potencias, sobre un mapa, se repartieron el continente). Por eso en sus procesos de liberación nacional de décadas pasadas -cosa que hoy se está repitiendo en el Sahel- buscaron ayuda en la socialista Unión Soviética, y hoy en su heredera Rusia, así como en la solidaridad china. Por el contrario, los países centrales del imperialismo capitalista son aborrecidos, quemándose banderas de Estados Unidos como señal de repudio, o expulsando a las tropas francesas en algunos puntos de África.

Conclusión de todo lo anterior: el mundo actual, tal como va, es un desastre para el 85% de la humanidad, que vive con grandes niveles de precariedad. El bloque alternativo que está surgiendo, aunque no habla un vocabulario comunista, se ve como una alternativa. Como declaró el entonces ministro de Asuntos Exteriores brasileño Celso Amorim durante la primera presidencia de Lula en 2004, durante una conferencia en Naciones Unidas: el objetivo es “reorganizar el mundo en la dirección esperada y deseada por la inmensa mayoría de los seres humanos”. Ahora bien: ¿cuál es esa dirección? Está claro que los pueblos del mundo esperan -¡y necesitan (necesitamos) imperiosamente!- otro mundo más equitativo. Los BRICS+ ¿constituyen un camino para ello?

Es evidente que el grupo se presenta como una instancia económica ante todo, con perspectiva geopolítica. Su influencia está en abrir una brecha al hasta ahora dominante capitalismo occidental, en el que también debe incluirse a Japón. “Lo que está en juego, es si los BRICS podrían contribuir a contrapesar el destructivo belicismo de la OTAN. También correspondería esclarecer, si esa acción facilitaría la batalla contra la opresión capitalista que desenvuelve la izquierda”, se pregunta con pertinencia Claudio Katz. Hagamos nuestra esta pregunta: ¿son un camino hacia el socialismo, contribuyen realmente a un horizonte post capitalista? Como decíamos al inicio de la presente nota: en la izquierda estamos tan faltos de salidas que esto de los BRICS+ pueden verse como un faro en la noche oscura. Pero nadie aclara cómo conduciría al socialismo. Salir del dominio del dólar es importante, aunque eso no augura un beneficio inmediato para la amplísima mayoría planetaria. Un comercio con mejores condiciones, no las leoninas impuestas por el imperio, con aranceles desorbitantes, propician más comodidad para los negocios. Ahora bien: ¿quién se beneficia de ello: las oligarquías exportadoras de materias primas o las clases desposeídas?

Es difícil dar una respuesta terminante al papel actual del grupo. Colocados en una posición crítica, podría decirse que es más de lo mismo, presentado con otro envoltorio, pero nada especialmente nuevo. Con una posición optimista, pueden verse como un camino a transitar que no sabemos bien a dónde puede llevarnos, pero que vale la pena investigar. La historia no está escrita: hay que seguir escribiéndola. No perdamos las esperanzas en un mundo post capitalista, dado que lo actual no tiene solución, es un total desastre, por lo que, ante la coyuntura actual, es recomendable la frase de Gramsci: “Actuar con el pesimismo de la razón y con el optimismo del corazón”.

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REFERENCIAS

Delcourt, L. (2024). BRICS+: una perspectiva crítica. Disponible en: https://www.cetri.be/BRICS-una-perspectiva-critica?lang=fr

Dista, J. (2024). ¿Por qué los BRICS no representan el multipolarismo? Disponible en: https://acento.com.do/opinion/por-que-los-brics-no-representan-el-multipolarismo-9414296.html

Garcés, H. (2024). Los BRICS y la vigencia del orden capitalista. Disponible en: https://rebelion.org/los-brics-y-la-vigencia-del-orden-capitalista/

Katz, C. (2025). BRICS V: controversias en la izquierda. Disponible en: https://www.lahaine.org/mundo.php/brics-v-controversias-en-la

Mazzei, U. (2025). La Revolución del Grupo BRICS. Disponible en: https://www.aporrea.org/economia/a342797.html

Medina, M. (2023). La evanescente ilusión de un mundo multipolar, capitalista, pacífico y de cooperación. Disponible en: https://kaosenlared.net/la-evanescente-ilusion-de-un-mundo-multipolar-capitalista-pacifico-y-de-cooperacion/

Nogara, T. (2025). La ofensiva de Trump y la fuerza del BRICS. Disponible en: https://rebelion.org/la-ofensiva-de-trump-y-la-fuerza-del-brics/

Ríos, X. (2025). China y el marxismo. Disponible en: https://rebelion.org/844518-2/

Ruiz, J. (2025). China, ruta imperial. Las contradicciones de la política exterior bajo la lupa de la izquierda crítica. Disponible en: https://mail.google.com/mail/u/0/?pli=1#trash/FMfcgzQbgJGVCwZHTLSrzfzlvzNkSsNv


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