Trump impulsa una agenda contra las minorías en EEUU, reforzando el discurso de la extrema derecha y debilitando décadas de lucha por la igualdad.
Por Ana Cristina Bracho
Alma Plus tv1 Mayo - 2025
Foto: AlmaPlus TV
Durante los últimos meses hemos comenzado a transitar un tiempo de caos que parece soplar sobre los cimientos de todo lo que se daba por cierto. En este trance no llegamos todos en las mismas condiciones. Por regla general, estas situaciones comienzan por herir, con especial saña, a las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, y, en este caso, se evidencia la intención de hacer retroceder los derechos de las minorías.
En las pasadas décadas, caracterizadas por la primacía del neoliberalismo, hemos observado cómo las aspiraciones de un mundo más justo suelen sufrir bajo las premisas del neoliberalismo y el posmodernismo, que nos hacen vivir en un mundo donde lo principal son los negocios, la tecnología y el poder militar. Sin embargo, esto convivía con algunos límites, a modo de corrección política, que permitieron que se dictasen algunas garantías jurídicas y principios que buscaban proteger y reivindicar a quienes venían de contextos de opresión histórica y actual, por su origen étnico, religioso, lingüístico, cultural, etc.
Este es uno de los escenarios donde Donald Trump mantiene una abierta confrontación con los demócratas que le precedieron en las funciones ejecutivas. Así, desde el comienzo de su mandato la misma importancia ha tenido para él ir tras los migrantes como perseguir las cuotas de representación de las minorías.
Él ha expresado abiertamente su mirada sobre las acciones anteriores diciendo que constituyen “prácticas impopulares, inflamadas, ilegales y radicales dentro de cada agencia y oficina del Gobierno federal" así como que trabaja en una agenda más amplia que define como de “vuelta a la cordura”.
En esa agenda, están contenidos algunos temas: eliminar la palabra “género” que era una postura que ya había planteado en 2018 ante la ONU; y cuestionar las medidas que se habían dictado en protección contra el racismo para la comunidad negra, hispana, nativa americana y asiática-americana.
¿Discriminación de la población blanca?
El discurso de Trump está centrado en oponer el concepto de inclusión al de competencia. Señalando que las acciones afirmativas -aquellas que generan cupos o cuotas para las poblaciones con menos acceso- generan un escenario donde los méritos y la capacidad no son el elemento central lo que disminuye la competencia de la administración, en su opinión.
Esto forma parte de un elemento que se ha venido haciendo popular en los discursos de la extrema derecha y que es uno que, valiéndose de la crisis socioeconómica que ha generado el neoliberalismo, apela a sentimientos de valía de poblaciones blancas y masculinas empobrecidas.
Para la australiana Pamela Nilan el fenómeno funciona así:
“La propaganda de la extrema derecha promete a los jóvenes blancos que se sienten agraviados una consideración como sujeto superior que restaura la jerarquía patrimonial occidental. Esta retórica sostiene que el feminismo y el orgullo queer no solo han debilitado a los hombres, sino que han debilitado a la sociedad en general, porque los heroicos hombres blancos que construyeron la nación han sido devaluados hasta el punto de quedar sometidos. Ese discurso se encuentra en todas partes en la «manosfera», la red de Internet en la que los hombres se quejan de su situación vital e incitan a otros hombres a llevar a cabo acciones contra las mujeres como trolling, doxing, zoombombing, deepfakes, etc. Tanto la manosfera como los grupos de extrema derecha afirman que la sociedad ha sido «feminizada» por el feminismo, en detrimento de los hombres blancos, que deben por tanto defenderse, lo que da lugar a un discurso de una masculinidad a la vez victimista y heroica.”
Una mirada atenta nos permite ver como todo el discurso, hacia lo interno y lo externo de la actual administración estadounidense es precisamente un péndulo entre sentirse víctimas y héroes, que sólo consigue reparo en una mirada nostálgica de un país que, si alguna vez existió, hace mucho que no es.
¿Son menos capaces las mujeres o los afroamericanos que han beneficiado de políticas de igualdad? Los analistas refieren que no, que son sometidos también a exámenes de competencia y que se trata de derrumbar barreras estructurales.
¿Es real esa discriminación contra la población caucásica que justifica toda esta política racista? Siempre la adquisición de derechos se percibe como una perdida de privilegios. Un tema que se ha estudiado con atención por quienes se dedican a analizar los crímenes de odio pues precisamente en esa especie de duelo lo que genera insensibilidad e incluso rencor y violencia.
¿Con quién nos identificamos? ¿A quién queremos parecernos? Todo proceso de colonización o de discriminación lleva consigo un proceso de desvalorización de la persona que es segregada. Se asocian a ellas características de maldad, torpeza, bestialización que nadie quiere asumir. Por eso, queda en nuestra cultura, por ejemplo, el deseo de no admitir que somos negros o la aspiración de “blanquearnos”, como enseña Memi nos identificamos primero con el conquistador, el capataz con el amo diría Freire que con quien está en una situación igual o inferior.
Mientras eso pasa, esta población blanca que logra inclinar las elecciones en Europa y en Estados Unidos cada vez más a la derecha, va desarrollando más profundos rechazos por la otredad, representada en la mujer, el inmigrante y el no blanco. En conclusión, todos los otros.
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Ana Cristina Bracho. Escritora y columnista venezolana. Abogada egresada de la Universidad del Zulia (2009). Premio Nacional de la Juventud Creadora Aquiles Nazoa (2020) y el Premio Nacional Simón Bolívar en Opinión (2023) por la columna "Mejor ni te cuento", publicada en Épale Ccs. Entre sus libros publicados está 23F: la batalla
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