DOSSIER:
1. Venezuela gana simplemente por celebrar elecciones
Por Vijay Prashad, Carlos Ron

Fuentes: Counterpunch [Foto: Eneas De Troya – CC BY 2.0]
Traducido del inglés para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
El domingo 6 de diciembre el pueblo venezolano votará la nueva Asamblea Nacional. Normalmente este hecho no tendría nada de especial, ni merecería salir en las noticias fuera de Venezuela. Desde la elección de Hugo Chávez a la presidencia en 1998, el pueblo venezolano está acostumbrado a más de una elección nacional al año (esta elección legislativa hace la número 25 en 21 años); ha habido elecciones presidenciales, elecciones legislativas y referendos para fortalecer la Constitución de 1999. En apariencia, se trata tan solo de una de esas elecciones que han servido para profundizar en el sentido de la democracia en Venezuela.
Pero en estos días, incluso la celebración de una elección es un pulso entre el pueblo venezolano y el gobierno de Estados Unidos. Desde que Chávez se convirtió en presidente, el gobierno de Estados Unidos y sus aliados han intentado desestabilizar al gobierno venezolano, entre otras formas dirigiendo iniciativas directas para cambiar el régimen. Cuando resultó evidente que Chávez y la Revolución Bolivariana que dirigía contaban con un fuerte respaldo popular y no podían derrotarse en las urnas, Estados Unidos y sus aliados presionaron para deslegitimar la soberanía política venezolana.
El ruedo político venezolano está marcado por fuertes discrepancias y la oligarquía venezolana mantiene sus propias plataformas políticas y continúa intentando socavar y derrotar a la Revolución Bolivariana. Estas fuerzas –ahora denominadas la oposición– han participado en elecciones desde 1998 y, sin duda, han tenido ciertos avances, pero no han sido capaces de imponerse. En 2015, por ejemplo, la oposición consiguió una mayoría en la votación para la Asamblea Nacional y ha controlado la Asamblea los pasados cinco años. El mero hecho de que la oposición ganara en 2015 demuestra la existencia de un sistema electoral robusto en el país. En esa ocasión no hubo quejas por fraude.
Una oposición made in Washington
En lugar de asumir su deber constitucional de gobernar mano a mano con el presidente Nicolás Maduro, sectores de la oposición decidieron actuar como un ramal de la embajada de EE.UU. en Caracas. Uno de los parlamentarios, Juan Guaidó (que había ganado su escaño por el estado de Vargas), permitió que le utilizaran como instrumento de un golpe de Estado propiciado por Washington tras la elección presidencial de 2018. La oposición a la Revolución Bolivariana siempre ha estado dividida y no ha sido capaz de actuar con unidad de propósito. Una de las diferencias más importantes se relaciona con la subordinación o no al gobierno de EE.UU. Personas como Guaidó están encantadas de ser un instrumento de Donald Trump y Mike Pompeo, mientras que otras han expresado claramente que tal actitud era antipatriótica e incluso toda una traición. Desde 2015 la oposición ha tenido que hacer frente a una crisis existencial sobre cuánto apoyo de Estados Unidos debería aceptar para avanzar su proceso político; toda la influencia de Guaidó se ha basado en el apoyo que le proporcionó Washington, y no en el de sus propios votantes o en el del resto de la oposición.
La Constitución de Venezuela marca que debe celebrarse una elección para la Asamblea Nacional antes del 5 de enero de 2021, día en que los nuevos parlamentarios deben jurar su cargo. Esa es la razón por la cual la elección ha sido programada para el 6 de diciembre. Algunos sectores de la oposición cuyo poder deriva de Washington –como el grupo de Guaidó– decidieron desde el principio boicotear estos comicios alegando que serían fraudulentos. No han aportado, sin embargo, ninguna prueba que sostenga dicha acusación. Tampoco los medios de comunicación del Atlántico Norte exigieron ninguna prueba para reproducir dicha acusación, ni se molestaron en comentar que las elecciones legislativas de 2015 habían favorecido, de hecho, a la oposición. En lugar de disputar el poder a través de medios democráticos como las elecciones o de la proposición de leyes, la oposición encabezada por Guaidó pretende conseguir el poder mediante medios no democráticos. Parece que ganar la elección tiene menos importancia que deslegitimar el proceso electoral y el democrático.
Interferencia de EE.UU. en las elecciones
El gobierno de Estados Unidos –con el apoyo tanto de republicanos como de demócratas– ha intervenido activamente en las elecciones venezolanas de 2020 a la Asamblea Nacional. El pasado mes de septiembre, el Departamento del Tesoro de EE.UU. sancionó a cuatro funcionarios del gobierno venezolano: Reinaldo Enrique Muñoz Pedroza (fiscal general), David Eugenio de Lima Salas (un antiguo gobernador), y dos funcionarios del Consejo Nacional Electoral, Indira Maira Alfonzo Izaguirre y José Luis Gutiérrez Parra. Alfonzo es la presidenta del Consejo Nacional Electoral y una respetada exmagistrada con antiguos lazos con la oposición. El gobierno estadounidense declaró (sin proporciona pruebas que lo sostuvieran) que estos funcionarios formaban parte de un “plan para interferir en las elecciones de diciembre de 2020 y evitar que estas fueran libres y justas”. La interferencia del gobierno de EE.UU. continuó ese mismo mes con las sanciones posteriores a cinco líderes de la oposición que decidieron participar en los comicios: el Departamento de Estado afirmó hacerlo por su “complicidad” en las elecciones.
Los políticos opositores que se enfrentan a estas presiones por parte de Washington también se enfrentan a unas bases descontentas en Venezuela que han estado luchando contra esta política de abstención y boicot. Muchos de los afiliados a estos grupos opositores han denunciado a sus líderes, exigiéndoles participar en la elección. Están hartos de la estrategia de desgaste de Guaidó y de la sumisión de este al Departamento de Estados de EE.UU.
Esa es la razón por la que en los comicios del domingo hay más de 14.000 candidatos de 107 organizaciones políticas, de las cuales 98 se identifican como partidos de la oposición. Competirán por los 277 escaños (aumentados desde 165 para acomodarse al crecimiento de la población y tener mayor representatividad democrática).
La Asamblea Nacional de Venezuela ha estado paralizada desde que se convirtió en un instrumento al servicio del cambio de régimen propiciado por Washington. Ahora, con esta elección, hay esperanzas de que el proceso legislativo pueda seguir su curso. Una nueva Asamblea Nacional tendría capacidad para nombrar puestos clave en la administración y aprobar leyes para abordar la pandemia; debería convertirse en un escenario para el diálogo saludable entre gobierno y oposición, entorpecido por Washington y por Guaidó. Y, más que nada, esta Asamblea Nacional debería suponer un desafío legal para los gobiernos y bancos de Estados Unidos y de Europa que han congelado al menos 6.000 millones de dólares de fondos venezolanos y confiscado activos como Citgo; ya no podrán utilizar el supuesto gobierno interino de Guaidó como excusa para sus actos.
En resumidas cuentas: Venezuela gana simplemente por celebrar elecciones.
Este artículo ha sido producido por Globettroter.
Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio, corresponsal habitual de Globetrotter. Es también editor de LeftWord Books y director de Tricontinental: Institute for Social Research. Autor de más de 20 libros, el último de ellos Washington Bullets prologado por Evo Morales.
______________
Fuentes:
2. Tres claves sobre las elecciones en Venezuela

El número de cargos a elegir se incrementó en un 66 por ciento respecto a las elecciones anteriores, pasando así de 167 diputados y diputadas a 277. | Foto: CNE Venezuela
Más de 100 partidos y 20.000.000 de votantes están llamados al sufragio en las parlamentarias de este 6 de diciembre.
Este domingo 6 de diciembre los venezolanos concurren a las urnas para elegira la nueva Asamblea Nacional (AN) tras la culminación de su mandato correspondiente al periodo 2015-2020. ¿Cuál es el abecé de estas elecciones?
¿Qué cargos se eligen?
El número de cargos a elegir se incrementó en un 66 por ciento respecto a las elecciones anteriores, pasando así de 167 diputados y diputadas a 277. Los mismos estarán distribuidos de la siguiente manera: 144 de una lista por la modalidad lista y 133 por la modalidad nominal. De esta forma se promueve el equilibrio entre la proporcionalidad y la nominalidad, por lo que el 52 por cientos de diputados de la Asamblea Nacional serán elegidos bajo el método proporcional y el otro 48 por ciento bajo el método nominal.
¿Cómo se conformó el nuevo CNE?
El 12 de junio último fueron juramentados por el Tribunal Supremo de Justicia (debido a que la Asamblea Nacional, quien debía nombrarlos se encuentra en desacato judicial, por lo cual sus actos serían nulos) los rectores principales y suplentes del Consejo Nacional Electoral, de manera que la directiva quedó conformada por Indira Maira Alfonzo Izaguirre (presidenta), Rafael Simón Jiménez Meleán (sustituido luego por Leonardo Morales Poleo, como vicepresidente), Tania D' Amelio Cardiet, Gladys María Gutiérrez Alvarado y José Luis Gutiérrez Parra como rectoras principales.
¿Cuál es el padrón electoral?
Un total de 20.710.421 electores podrán ejercer su derecho al voto en las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre. Este padrón electoral es el resultado de la Jornada Especial de Registro realizada por el CNE desde el 13 hasta el 29 de julio, luego de lo cual se hizo un corte para la generación del Registro Electoral Preliminar, el cual fue publicado el pasado 8 de agosto para dar inicio al proceso de impugnaciones, reclamos y observaciones desde el 9 hasta el 23 de agosto, y una vez concluido ese lapso se procedió a generar el Registro Electoral Definitivo.
Podrán ejercer el voto en 381 centros de votación dispuestos en los 23 estados del país.
¿Quiénes participan?
El 26 de junio el ente rector del Poder Electoral en sesión permanente aprobó, por votación unánime, invitar a más de 100 organizaciones con fines políticos nacionales, regionales y a las organizaciones de pueblos y comunidades indígenas.
Unos 14.400 aspirantes se disputan 277 escaños, 110 más que en las últimas parlamentarias. Un total de 107 formaciones postularon candidatos, 36 de las cuales son organizaciones políticas nacionales (6 indígenas) y el resto, partidos locales, regionales o con representación, solo, en una zona determinada (incluyendo unos 18 indígenas).
Si bien algunos candidatos se están presentando como independientes, la mayoría están afiliados o bien con la alianza oficialista conocida como el Gran Polo Patriótico (GPP), cuyo miembro más importante es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), o con la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la cual está compuesta de dos docenas de partidos, de todos los matices ideológicos.
____________
Fuente:
teleSUR - drl - JCM
3. La elección venezolana, entre la flexibilidad decembrina y el fantasma del abstencionismo
Arturo Cano, enviado .
Seguidores del gobierno de Nicolás Maduro. Foto Ap
Caracas. Diez elecciones atrás, un político venezolano dijo una gran verdad: “No ganamos nosotros, perdió Chávez”.
El político era Felipe Mújica, del Movimiento al Socialismo, y se refería a una de las dos únicas batallas que el imbatible Hugo Chávez perdió en las urnas: el referéndum de 2007, cuando sus asesores lo convencieron de una reforma constitucional que el pueblo chavista no entendió –o que entendió como una peligrosa concentración de poder.
Chávez intentó esa reforma en su plenitud. Un año antes se había reelecto con cierta comodidad, pero en el referéndum tres millones de chavistas decidieron quedarse en sus casas.
Chavistas, escuálidos o decepcionados de todo (una categoría que crece en Venezuela), los caraqueños no se quedaron este sábado en sus casas. La estrategia del gobierno contra el coronavirus ha consistido, entre otras cosas, en una semana de confinamiento estricto por una de “flexibilidad”.
Pero se atravesaron elecciones y el gobierno de Nicolás Maduro decidió que todo el mes de diciembre va a ser de “flexibilización”.
Los primeros días de tal relajamiento coinciden con el tradicional relajo decembrino, pletórico de aguinaldos, hallacas y güisquis. Así que muchos caraqueños se echan a la calle a comprar ropa y regalos.
Las filas son enormes. El proceso se complica por las modalidades de pago y las cifras enormes que trajeron el bloqueo y la hiperinflación.
En La Hoyada, una suerte de mini Tepito en el centro de la ciudad, los autobuses desembuchan gente uno tras otro. Un par de jóvenes madres miran juguetes de plástico, se acercan a los precios en dólares y prosiguen su camino.
En una tienda se piden, por ejemplo, dos baratijas: un encendedor y un rastrillo.
—¿Cuánto es?
—830 mil.
—¿Y en divisa?
—Menos de un dólar.
Se paga con un billete de un dólar. El cambio, en bolívares, tres billetes que suman 110 mil.
Los taxis aceptan tres formas de pago: tarjeta de débito, transferencia o divisa, y en varios negocios hay letreros que anuncian el tipo de cambio del día: 1 dólar por un millón cien mil bolívares.
La gestión económica del gobierno de Maduro no ha sido, por supuesto, ejemplar. Pero esto que se ve se explica en buena medida por el bloqueo económico estadunidense y el robo en despoblado que Donald Trump practicó al quedarse con Citgo, la filial de Petróleos de Venezuela que funcionaba en Estados Unidos. O el robo de los británicos, que se quedaron con millones en oro, propiedad de la nación venezolana, con el argumento de que no sabían si el presidente era Maduro o Juan Guaidó, el joven derechista que suplicó todas las opciones contra su propio país (incluyendo la intervención militar extranjera), que se autoproclamó presidente y cuyo funeral político se celebra este domingo.
Sobre despojos imperiales y episodios electorales hablo con William Castillo, quien ocupa una posición de reciente creación en el gabinete de Maduro: es viceministro de Políticas Antibloqueo.
El cargo no tiene nada de extraño en un país donde hay tres órganos legislativos que difícilmente legislan: uno que preside un opositor desconocido por otros opositores; la Asamblea constituyente creada por el madurismo como contrapeso tras su aplastante derrota en 2015; y el congreso de Guaidó, que sesiona en la sede del diario El Nacional.
La elección de este día (6D, le llaman aquí) es justo para renovar el órgano legislativo unicameral, la Asamblea Legislativa, que Guaidó presidía cuando —con el decidido apoyo de una parte de la oposición de derecha y de EU— dijo al mundo que en adelante él sería el presidente de Venezuela.
Tras unos nueve meses de arrastre popular, comenzó la deriva que tendrá su punto culminante con estos comicios, aunque es probable que la figura política del autoproclamado tarde en consumirse unos cuantos meses más.
Es sabido que las intermedias no despiertan el entusiasmo que suele gestar una elección presidencial. Si a ese hecho se suman años de polarización, el llamado de la oposición más fuerte a no participar y la pandemia, el resultado puede ser uno que teme sobre todo el gobierno de Maduro: el triunfo del abstencionismo.
A principios de noviembre, Datanálisis, una casa encuestadora que generalmente se acerca a los resultados reales, anticipó que la participación rondará 30 por ciento. Un ex funcionario chavista asegura que los cálculos del partido en el gobierno (PSUV) van de 50 a 80 por ciento de abstención.
El viceministro Castillo reconoce que una de las preocupaciones del gobierno de Maduro es el peso de la abstención. Entre los factores, menciona la pandemia, los problemas “de distribución de combustibles por el bloqueo” (el desabasto de gasolina, pues) y “que la gente ha sido golpeada por la situación económica y eso la puede alejar de las urnas”.
El salario que hoy reciben los trabajadores, admite el viceministro, “es ínfimo”, porque “nos han arrebatado las empresas petroleras, los buques están parados y no nos permiten vender petróleo”.
—¿Las enormes filas del sábado se repetirán el domingo frente a las urnas?
—Toda esta afectación a la economía tendrá mañana una expresión política, vamos a ver cuál es”, admite el viceministro.
“El madurismo tiene un voto duro, que puede movilizar, de entre 15 y 20 por ciento. Con eso le alcanza para lograr la mayoría en la Asamblea”, me dice el ex funcionario chavista.
Por supuesto, el Partido Socialista Unificado de Venezuela y sus aliados no se han cruzado de brazos a la espera de lo que ocurra.
El gobierno alimentó la legendaria costumbre venezolana de crear partidos como se crean clubes de niños exploradores, de modo que en estos comicios concurren 107 fuerzas políticas, muchas de ellas bajo el paraguas de la organización más grande.
Pero esa peculiaridad no es la que marca el 6D.
Primera, que los partidos opositores más importantes decidieron no participar. El bloque conocido como G4, de los partidos de derecha, decidió no participar, amarrado a una lógica diseñada en Washington. Guardando distancias, en México sería como ir a una elección sin el PAN.
Segunda, entre las fuerzas que decidieron participar se cuentan un partido evangélico que ha obtenido votaciones nada despreciables y disidencias de partidos tradicionales, como una escisión de Acción Democrática (el PRI venezolano, para decirlo rápido), dirigida por el sindicalista Claudio Fermín,
Pero quizá la novedad mayor sea que, por vez primera, hay una opción todavía minoritaria pero que se reclama heredera del chavismo. “Va a haber una opción más de izquierda, y eso es sano para el país”, dice William Castillo.
Hugo Chávez intentó crear un partido único y al final desistió por resistencias como la del Partido Comunista, una fuerza ortodoxa, olorosa a naftalina, pero que ahora ha logrado reunir a grupos sociales y políticos que ya no se ven representados en el gobierno de Maduro.
Por lo demás, y para hacer contrapeso a la elección, Guaidó y los suyos han llamado a una consulta popular la semana próxima, pero aún entre sus bases, cada vez más menguadas, hay dudas sobre participar en un ejercicio que no tendría ninguna consecuencia práctica.
Ya sin quien le escriba los tuits, Juan Guaidó publica unas horas antes de unas elecciones equivalentes a las que ganó hace un lustro: “El fraude del 6D está derrotado diplomáticamente e internacionalmente”.
_______________
Fuente:
4. En las elecciones legislativas del domingo se ponen en juego las 277 bancas de la Asamblea
Elecciones en Venezuela: escenario de calma política
En esta elección estará en juego más que el poder legislativo, sino la posibilidad de asentar la reconfiguración del tablero nacional, con sus consecuencias internacionales y económicas.
Por Marco Teruggi
Página12
Desde Caracas.Todo está en su lugar para una elección legislativa determinante en Venezuela. El Consejo Nacional Electoral (CNE) realizó las auditorías de las nuevas máquinas de votación, la instalación de las mesas electorales, ya se encuentran los veedores electorales internacionales, invitados especiales, como Evo Morales y Rafael Correa. En total son 277 diputados y diputadas a ser electos, ampliando los 167 actuales, para lo cual participan 107 partidos.
El país llega a la jornada electoral en un escenario de calma política en superficie. Era un objetivo difícil de lograr, en un año marcado por la pandemia, una cuarentena en una economía en recesión y bajo bloqueo, el intento de un desembarco en mayo de mercenarios en la denominada Operación Gedeón, y elecciones en Estados Unidos, con la necesidad de Donald Trump de consolidar el voto en Florida, lo que significaba un aumento de presión sobre Venezuela.
Durante el año tuvo lugar el avance de la reconfiguración del tablero político, con el incremento de una oposición heterogénea dispuesta a participar electoralmente, consolidando un bloque de partidos que se formó en cuatro tiempos, alejándose de la estrategia golpista: primero fueron quienes participaron en las presidenciales del 2018, luego aquellos que formaron la Mesa Nacional de Diálogo en septiembre del 2019, en tercer lugar, quienes protagonizaron la disputa en la Asamblea Nacional en enero del 2020, y, finalmente, las diferentes rupturas que se sucedieron en estos últimos meses.
Así tomó forma lo que pasó a denominarse la oposición democrática, o, la oposición colaboracionista, visto desde lado de quienes sostienen la estrategia golpista del gobierno paralelo. Este sector, por su parte, encabezado formalmente por Juan Guaidó, quedó desplazado del centro político nacional, sin capacidad de reconstrucción de expectativa, con una reducción marcada de su base social. Su última carta, para este año, y tal vez en perspectiva, es la denominada “consulta popular” que será realizada, según los anuncios, de manera virtual del 7 al 12 de diciembre y, ese día, también será presencial.
La “consulta” será un mecanismo para buscar refrendar la “presidencia interina” en manos de Juan Guaidó o de algún posible recambio en su lugar. Si bien dentro del país el llamado no parece haber tenido eco, tiene el respaldo público del gobierno estadounidense que, en días recientes, ha vuelto a condenar la elección legislativa y ratificar su respaldo a Guaidó.
Pero, se sabe, se trata de los últimos meses de la administración de Trump, quien condujo una estrategia contra el gobierno de Maduro a través de una combinación de bloqueo económico, cerco diplomático, intentos de acciones de fuerza, puesta de precio a la cabeza de la dirección del chavismo, y un constante error de cálculo sobre la correlación de fuerzas interno, cuyo mayor exponente fue Guaidó.
La fallida estrategia de Trump ha dado como resultado una serie de cuestionamientos en Estados Unidos, que podría llevar a la administración de Joe Biden a cambiar de forma de abordaje, siempre con el mismo objetivo: un cambio de gobierno. Es entonces probable que, aunque exista un sostenimiento de la figura del “gobierno interino”, haya una modificación que permita un diálogo al cual no solamente está dispuesto el chavismo, sino también la oposición política y empresarial, que condena el bloqueo.
Por el momento el foco central está puesto en la contienda del 6. Maduro repitió en tres oportunidades que, en caso de perder, dejaría la presidencia. Su anuncio puede ser interpretado como un llamado al voto, tanto para la oposición como para el chavismo, en un contexto donde uno de los debates centrales es cuál será la tasa de participación. En la elección presidencial de mayo del 2018 la tasa fue de 46,1 por ciento, con 6.245.862 votos para el chavismo, en un escenario marcado por el llamado a no participar por parte de una oposición mayoritaria.
Las elecciones legislativas en Venezuela tienen, por lo general, una tasa de participación más baja que las presidenciales. La última contienda, del 2015, ganada por la oposición, había sido atípica, con 73,1por ciento de participación. La derecha estaba entonces unificada en la Mesa de la Unidad Democrática, la situación económica marcada por el desabastecimiento de productos de primera necesidad, el salario para diciembre de ese año era alrededor de 18 dólares, y se trataba, en general, de una sociedad mayormente movilizada.
Los cinco años transcurridos desde entonces fueron profundamente complejos, con la acusación de “abandono de cargo” hecha a Maduro desde la Asamblea Nacional desde el 2016, el intento de asalto al poder en el 2017, la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, operaciones armadas, un bloqueo en escalada sobre áreas estratégicas de la economía, inflación seguida de hiperinflación e inflación alta, creación de una ficción de gobierno paralelo, dolarización de facto de amplios sectores de la economía, migración masiva con las consecuentes remesas, descenso del salario a dos dólares, hasta llegar a este diciembre, con esos cinco años marcados sobre el cuerpo social.
Pero también en esos años el chavismo realizó un proceso de consolidación de lo que se conoce como maquinaria del Partido Socialista Unido de Venezuela, que, articulada a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, así como un conjunto de políticas sociales, afianzó su presencia en los territorios del país, en particular en zonas populares donde la oposición no suele tener presencia.
Esa maquinaria será clave durante estas elecciones del domingo donde estará en juego más que el poder legislativo, sino la posibilidad de asentar la reconfiguración del tablero nacional, con sus consecuencias internacionales y económicas.
______________
Fuente:
5. Inician elecciones parlamentarias en Venezuela
Desde el viernes Venezuela entró en etapa de veda electoral con lapso previsto de dos días antes de los comicios. | Foto: Twitter @LeonelTeleSUR
Con anterioridad, el CNE calificó como "exitoso" los simulacros electorales realizados antes de esta fecha.
Venezuela inicia este domingo las elecciones parlamentarias para la constitución de la Asamblea Nacional, proceso donde un total de 14.400 candidatos de 107 organizaciones políticas han inscrito sus postulaciones
El padrón electoral prevé la participación de 20.710.421 personas que deberán elegir a 277 parlamentarios para integrar la nueva Asamblea Nacional durante los próximos cinco años.
Los escaños del Parlamento Nacional en disputa se distribuyen de la siguiente manera: 144 diputados por sistema proporcional (52 por ciento) y 133 diputados por sistema nominal (48 por ciento), además de incrementarse el número de diputados a elegir por el pueblo de 167 a 277, un 66 por ciento más, con base en el crecimiento de la densidad de población.
A las 06H00 horas locales comenzó la votación, que se mantiene activa hasta las 18H00 horas o hasta que no quede nadie en la fila.
Este ejercicio cuenta con las medidas sanitarias adecuadas en el contexto de la pandemia del nuevo coronavirus, mientras la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ha sido desplegada para proteger todo el proceso en paz en forma democrática, transparente y segura.
Para este domingo ya se encuentran higienizados todos los centros de votación, de igual forma, los funcionarios, miembros de mesa y testigos no tendrán contacto alguno con el elector, además de que los portacédulas, los bolígrafos serán higienizados constantemente.
_____________
Por: teleSUR - sar - JCVM - JCM


