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EL CLAN DE LOS DOCE APOSTOLES, EL LIBRO DE OLGA BEHAR DE LA VIOLENCIA PARAMILITAR


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El clan de Los Doce Apóstoles
Por: Milton Zambrano Pérez
El clan de Los Doce Apóstoles es el título del libro que publicó recientemente la periodista Olga Behar (Editorial Ícono, Bogotá, 2011), basado en unas conversaciones con el Mayor Juan Carlos Meneses. Esta obra es un testimonio muy elocuente y desgarrador acerca de las profundidades tenebrosas de la violencia en las últimas décadas. 
Lo novedoso del escrito es que expone las denuncias de un miembro de la Policía Nacional que en el año 1994 participó en graves actos delictivos, aliándose con un grupo de paramilitares llamados Los Doce Apóstoles. Los lamentables acontecimientos narrados por Juan Carlos Meneses incluyen asesinatos selectivos, masacres y el contubernio entre la fuerza pública y los grupos de “justicia privada” para la ejecución de delitos horrendos.
El centro geográfico de los eventos fue el Departamento de Antioquia, más exactamente la población de Yarumal. Cerca de ese municipio se localizaba la hacienda que servía de base de operaciones, llamada La Carolina. Desde esta dirigían, según Meneses, a los núcleos de sicarios cuya esfera de influencia era la zona rural y el casco urbano. La Carolina irradiaba las órdenes para ejecutar las masacres o los homicidios selectivos.
En esa hacienda vivía el jefe de la banda Los Doce Apóstoles. Ahí se le pagaba el sueldo al comandante policial (que era a la sazón el Teniente Meneses, quien no había ascendido a Mayor) para que dejara actuar a los paramilitares sin ninguna clase de inconvenientes. En ese lugar hubo campos de entrenamiento para los sicarios y para todos los miembros del grupo de autodefensa.
Lo más sorprendente de la denuncia del Mayor Meneses no es la narración descarnada de la alianza entre la fuerza pública y los civiles armados para asesinar gente; ni siquiera lo es el hecho de que el cura de una de las tres iglesias de Yarumal, Gonzalo Javier Palacio Palacio, integrara el club de matones como informante e ideólogo y fuera el artífice indirecto del sobrenombre que la población le colocó a los delincuentes.
Lo más destacado de la denuncia de Meneses es que el jefe de Los Doce Apóstoles era Santiago Uribe Vélez, hermano del ex-presidente Álvaro Uribe Vélez. Y lo peor sigue después: el Mayor sostiene que todo se hacía bajo las órdenes de Santiago y que este argüía siempre que contaba con mucho apoyo político hasta en Bogotá, gracias a su hermano Álvaro. Quien fuera senador, luego Gobernador de Antioquia y posteriormente primer mandatario de la República.
Es muy grave lo que contiene este libro, aunque en definitiva sea la justicia nacional e internacional la que determine la certeza del testimonio. Sus páginas empañan aún más la imagen de Álvaro Uribe, golpeada por los escándalos de corrupción originados en su gobierno, por los presos parapolíticos que fueron sus aliados, por el hecho de que su primo Mario esté purgando cárcel debido a sus acuerdos con los paramilitares, por las visitas de mafiosos al Palacio de Nariño en los tiempos de su gobierno y por el hecho casi inconcebible de que el primo de Pablo Escobar (José Obdulio Gaviria) fuese su principal asesor.
Se entiende que el cruento conflicto que nos consume haya producido los peores desastres (sobre todo en el campo), a raíz del feroz enfrentamiento entre la guerrilla y el Estado. Y se entiende también que la ausencia o inoperancia del gobierno se convirtiera en uno de los factores que motivaron la creación de grupos de autodefensa en casi todo el territorio nacional, como una salida desesperada para enfrentar el flagelo de la guerrilla. Pero los crímenes atroces (hasta de personas inocentes) nunca encontrarán una justificación válida.
El narcotráfico, el hambre por la tierra y la riqueza y el combate ideológico y político entre bandos que conciben la sociedad de modo diferente crearon un caldo de cultivo que alimentó la más brutal violencia, donde todo se vale y no se respeta ninguna norma civilizatoria. Es la ley de la selva, que aún se mantiene de la mano del radicalismo armado de izquierda y de la ultraderecha ramplona carente de escrúpulos. Es la guerra y en la guerra todo vale, según el criterio de sus principales actores.
El país no ha salido aún del hoyo negro del conflicto, porque sus agentes están ahí dando la pelea en los montes y en las ciudades, en los medios de comunicación y hasta en las escaramuzas de los líderes y de los partidos. No estamos en ningún postconflicto, a pesar de la desmovilización parcial de los paramilitares y de la reculada relativa de la guerrilla.
No es raro que prosigan los atentados y los muertos o las masacres. Porque el enfrentamiento ya no es solo político-militar sino que se volvió legal como consecuencia del incremento de la corrupción (que es una secuela del modelo apoyado en el todo vale) y de la urgencia de producir sanciones por parte de la justicia para desestimular el asalto al Estado por los mafiosos y delincuentes de cuello blanco, evitando de ese modo que prime la impunidad. Esto último motiva un duro pulso donde la ultraderecha delincuencial es capaz de lo que sea para evitar el castigo de alguno de los suyos a manos de los organismos encargados.
En un contexto tan complicado la lucha por la defensa de las instituciones, de la legalidad y del desarrollo de un Estado de derecho que meta en cintura a los violentos y a los corruptos es realmente dura. Sobre todo porque los integrantes de la ultraderecha y de la ultraizquierda no serán vencidos con facilidad y es poco probable que se le midan a la justicia transicional. Al menos por ahora.
Todo ese mundo turbio que es la sociedad colombiana queda radiografiado en el microcosmos de la entrevista realizada por Olga Behar al ex-oficial Juan Carlos Meneses. Cuando la periodista le pregunta que por qué había decidido denunciar a los Uribe ante la fiscalía y ante algunos medios internacionales, este le responde que para proteger su vida y la de la familia. 
“Yo lo que quería era que Álvaro Uribe se diera cuenta de que yo estaba respaldado por personas de talla internacional (…) O sea, amarrar lo mío a que a mí no me puedan matar tan fácilmente. Recuerde que Francisco Villalba y Pedro Juan Moreno se murieron y se murieron, eso se quedó así. Nadie reaccionó ni implicó a los responsables. Si a mí me llegara a pasar algo, el escándalo va a ser hasta en los Estados Unidos, porque elWashington Post está pendiente de mi caso” (p. 314).
Provoca desazón observar hasta dónde han llegado las cosas en este país. Un ex-policía colaborador de Los Doce Apóstoles denunciando a los hermanos Uribe ante personas e instituciones internacionales para que no lo maten. Es decir, sindicando a esos personajes de asesinos y organizadores de grupos fuera de la ley en diversos escenarios para, supuestamente, protegerse. 
El conflicto sigue…aún es la hora de los sepulcros. De las amenazas y atentados contra los jueces. De los montajes o complots. De los magnicidios. Y de la cárcel. El desangre de Colombia no se detendrá si la derecha decente, el centro político y la izquierda democrática no logran construir un ambiente donde dominen la legalidad, la eficiencia y pulcritud del Estado, la resolución pacífica de los conflictos y las reformas para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población. 
Derrotar al monstruo de la descomposición nacional (cuya cabeza bifronte es la violencia y la corrupción desenfrenada) es la tarea más importante que enfrentan todas las fuerzas políticas comprometidas en la superación del conflicto que aún maltrata al país.
Ese es el gran reto de las huestes civilistas que se oponen a los dos extremos del espectro político y a la corrupción alimentada por el todo vale, el narcotráfico y las excrecencias del paramilitarismo. De la valentía y decisión de los demócratas sinceros depende que podamos construir una sociedad viable. Porque el triunfo de las ultras violentas nos conducirá a la hecatombe.  


MILTON ZAMBRANO PÉREZ

 Historiador barranquillero, Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Atlántico y Magister en Historia
http://espanol.groups.yahoo.com/group/abogados_Universidad_Nacional/message/6093 

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