Los científicos revelan el uso ritual de plantas alucinógenas en Chavín de Huántar hace 3.000 años y lo conectan con una historia del consumo de sustancias que se remonta a 25.000 años
Un friso encontrado en Chavín de Huántar en Perú representa a una persona sosteniendo una rama del cactus psicoactivo San Pedro. / Crédito: CONSTANTINO TORRES.
Pablo Javier Piacente / T21
12 SEPT 2026 9:03Actualizada 12 SEPT 2026
Mucho antes de las primeras ciudades, los seres humanos ya experimentaban con plantas capaces de alterar la percepción. Nuevas evidencias arqueológicas sugieren que las sustancias psicoactivas formaron parte de los rituales que contribuyeron a consolidar el poder de Chavín, mientras otros hallazgos llevan el uso humano de plantas neuroactivas hasta hace 25.000 años.
Según un artículo publicado en la revista Science, un nuevo estudio sobre Chavín de Huántar, uno de los grandes centros ceremoniales de los Andes prehispánicos, aporta evidencias que refuerzan una hipótesis que durante décadas se había apoyado sobre todo en la iconografía y en los restos arquitectónicos: las sustancias psicoactivas ocuparon un lugar importante en los rituales de esta sociedad.
Evidencias materiales y una cultura en torno a la alteración de la consciencia
Chavín floreció hace unos 3.000 años en los Andes centrales, en el actual Perú. Su extraordinaria arquitectura estaba formada por plazas, templos y una compleja red de galerías subterráneas. Allí, la experiencia religiosa no parecía limitarse a contemplar imágenes o participar en ceremonias colectivas. El espacio estaba concebido para modificar la percepción mediante una combinación de oscuridad, sonidos, agua, luz, movimiento y, posiblemente, sustancias capaces de provocar estados alterados de consciencia.
La nueva evidencia proporciona algo que hasta ahora faltaba: la huella material del consumo. Los investigadores analizaron 23 objetos hallados en una galería subterránea del complejo, entre ellos tubos fabricados con huesos de animales. En seis aparecieron restos químicos y botánicos compatibles con el consumo de tabaco y de vilca.
La vilca tenía un valor clave: sus semillas contienen compuestos como la bufotenina y DMT, capaces de producir alteraciones intensas de la percepción. Su presencia en Chavín también apunta a la existencia de redes de intercambio a larga distancia, ya que la planta procede de regiones situadas al este de los Andes. Es decir, las sustancias psicoactivas no solo modificaban la experiencia individual: podían formar parte de sistemas económicos, religiosos y políticos más amplios.
Sistemas rituales y drogas psicoactivas
En Chavín, el consumo parece haber estado integrado en un sistema ritual cuidadosamente organizado. Las galerías eran espacios de acceso restringido y concentraban actividades ceremoniales. La arquitectura monumental, la iconografía de seres humanos transformándose en animales y la utilización de elementos y climas audiovisuales sugieren que la experiencia religiosa se construía mediante una combinación deliberada de estímulos.
Esto sugiere que los estados y centros ceremoniales andinos pudieron utilizar las experiencias alteradas de conciencia como una herramienta de autoridad. Si determinados especialistas religiosos eran capaces de acceder a un mundo sobrenatural y regresar del mismo con mensajes, visiones o conocimientos que el resto de la comunidad no podía experimentar, el control de esas ceremonias podía convertirse también en una fuente de poder social.

Se utilizaron bandejas y tubos de rapé, como los encontrados en San Pedro de Atacama en Chile, para ingerir semillas trituradas de la planta psicoactiva vilca. / Créditodms: CONSTANTINO TORRES./INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS Y MUSEO/UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL NORTE
También en antiguas sociedades de cazadores-recolectores
Al mismo tiempo, otro estudio publicado en la revista Science Advances enlaza esta historia con un pasado mucho más remoto. Investigadores han encontrado en la isla de Sulawesi, en Indonesia, indicios de consumo habitual de nuez de areca hace entre 25.000 y 16.000 años. El hallazgo procede de restos de cazadores-recolectores cuyos dientes presentan unas características marcas de desgaste. Los análisis detectaron además arecolina, el principal compuesto neuroactivo de la planta.
La nuez de areca contiene una sustancia estimulante que todavía hoy se consume ampliamente en Asia y Oceanía. Los investigadores creen que aquellos humanos prehistóricos no necesariamente buscaban experimentar un estado de intoxicación tal como lo entendemos actualmente.
En contextos históricos diferentes
Una posibilidad es que utilizaran la planta por sus propiedades analgésicas, quizá para aliviar el dolor de muelas. El problema es que la práctica prolongada podía desgastar gravemente los dientes, agravando precisamente los problemas que pretendía aliviar.
La conexión entre ambos descubrimientos resulta reveladora. En Sulawesi, el uso de una planta neuroactiva aparece en un contexto de cazadores-recolectores, más de diez mil años antes del nacimiento de las primeras grandes sociedades agrícolas. En Chavín, miles de años después, esas sustancias forman parte de ceremonias institucionalizadas dentro de una sociedad capaz de levantar una arquitectura monumental.
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