Científicos desarrollan ropa morada que libera calor al espacio y mantiene su capacidad de enfriamiento tras 50 lavados
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ecoinventos.com
25 agosto, 2026
🟣 Tejido morado con refrigeración pasiva, sin electricidad.
☀️ 87,6 % de la radiación solar reflejada.
🌡️ Hasta 6,2 °C menos que un algodón morado convencional.
👕 Hasta 4,2 °C menos que un algodón blanco comercial.
🌌 96,4 % de emisividad infrarroja, facilitando la pérdida de calor.
💧 Material transpirable, flexible y repelente al agua.
🧺 Rendimiento conservado tras 50 ciclos de lavado.
🎨 Una posible vía hacia ropa refrigerante que no tenga que ser blanca.
Un tejido morado logra mantenerse hasta 6,2 °C más frío al Sol sin gastar electricidad
¿Por qué importa?
El calor extremo está convirtiendo la refrigeración en una necesidad creciente, especialmente para quienes trabajan o pasan muchas horas al aire libre. Un tejido capaz de reducir la carga térmica sobre el cuerpo sin baterías, ventiladores ni electricidad abre una vía diferente: actuar directamente sobre la ropa antes de tener que enfriar todo el espacio que rodea a una persona.
El avance tiene además una particularidad importante. El material es morado. Hasta ahora, conseguir colores intensos y mantener un buen comportamiento frente al Sol era uno de los grandes obstáculos de los textiles de refrigeración radiativa.
El problema de vestir de oscuro cuando aprieta el calor
La recomendación de utilizar prendas claras durante los días más calurosos tiene una explicación física sencilla. Una superficie blanca devuelve al ambiente una parte considerable de la radiación solar incidente. Los colores oscuros absorben más energía y terminan calentándose.
Crear un tejido refrigerante blanco, por tanto, resulta relativamente favorable. Hacer lo mismo con un tejido de color es bastante más complicado.
El morado plantea un reto especialmente interesante porque para que el ojo perciba ese color el material debe absorber determinadas longitudes de onda, incluida parte de la región verde del espectro visible. Y justo ahí la irradiancia solar es elevada.
Investigadores de Zhengzhou University, con participación de científicos de Adelaide University, han intentado resolver esa contradicción: fabricar una superficie que absorba la luz necesaria para conservar un color morado reconocible y, al mismo tiempo, rechace suficiente energía solar para evitar un calentamiento excesivo.
El resultado, publicado en julio de 2026 en la revista científica Small, demuestra que ambas propiedades pueden coexistir.
Un tejido que controla qué radiación absorbe y cuál devuelve
La clave está en que el material no se comporta igual frente a todas las longitudes de onda.
El tejido se fabrica mediante electrohilado, una técnica que utiliza un campo eléctrico para producir fibras extremadamente finas. En este caso, los investigadores integraron en poliuretano termoplástico un material metal-orgánico, conocido como MOF, junto con nanopartículas de óxido de zinc (ZnO).
Los MOF son estructuras porosas construidas mediante la combinación de iones o agrupaciones metálicas con moléculas orgánicas. Su composición puede ajustarse para conseguir propiedades ópticas muy específicas.
Aquí cumplen una doble función especialmente interesante: contribuyen al color morado y favorecen la emisión de radiación térmica en el infrarrojo medio.
Las nanopartículas de óxido de zinc, por su parte, aumentan la dispersión de la radiación solar.
El resultado es una especie de gestión selectiva de la luz. El tejido absorbe determinadas longitudes de onda necesarias para producir el color, mientras refleja gran parte del resto de la energía que llega del Sol.
Refleja el 87,6 % de la energía solar
Las mediciones muestran una reflectancia solar media del 87,6 %. En la región visible alcanza aproximadamente el 90,1 %, mientras que en el infrarrojo cercano llega al 90,7 %.
Son cifras llamativas para un material que visualmente sigue siendo morado.
Pero reflejar el Sol constituye solamente una mitad del mecanismo.
El tejido presenta también una emisividad del 96,4 % en el infrarrojo medio. En términos prácticos, significa que puede desprenderse con mucha eficacia de parte de su energía en forma de radiación térmica.
Ahí entra en juego el principio conocido como refrigeración radiativa pasiva.
El cielo funciona como una enorme vía de escape para el calor
Todos los objetos que tienen una temperatura superior al cero absoluto emiten radiación térmica. La Tierra también.
Existe una región del espectro infrarrojo, aproximadamente entre 8 y 13 micrómetros, en la que la atmósfera terrestre es relativamente transparente. Parte de la radiación térmica emitida dentro de esa denominada ventana atmosférica puede atravesar la atmósfera y dirigirse hacia el espacio.
Los materiales de refrigeración radiativa aprovechan precisamente ese fenómeno.
Su objetivo es doble: absorber poca energía procedente del Sol y emitir eficazmente calor en longitudes de onda capaces de atravesar la atmósfera.
No hay un pequeño aparato de aire acondicionado escondido en las fibras. Tampoco se genera frío. El material simplemente modifica el balance energético para ganar menos calor y facilitar su evacuación.
Hasta 6,2 °C menos que el algodón morado convencional
La diferencia dejó de ser únicamente una medición de laboratorio cuando los investigadores llevaron los materiales al exterior.
Bajo exposición directa al Sol, el nuevo tejido morado alcanzó temperaturas hasta 6,2 °C inferiores a las de un algodón morado comercial.
Más sorprendente todavía: quedó hasta 4,2 °C por debajo de un algodón blanco comercial.
Es un resultado relevante porque el blanco suele ser precisamente la referencia utilizada cuando se intenta minimizar la absorción solar mediante ropa convencional.
Los investigadores también realizaron experimentos utilizando una superficie que simulaba la piel humana. Cuando quedó cubierta con el nuevo material, su temperatura llegó a situarse hasta 8 °C por debajo de la superficie simulada sin cubrir durante las pruebas diurnas.
Con algodón blanco, la reducción máxima fue de 4,6 °C. Con algodón morado convencional, de 2,8 °C.
Estas diferencias corresponden a las condiciones concretas del experimento y no significan que una persona vaya a experimentar automáticamente una reducción de 8 °C en su temperatura corporal. La termorregulación humana depende de muchas otras variables: temperatura y humedad ambiental, viento, actividad física, sudoración, ajuste de la ropa y radiación procedente del entorno.
Ese matiz es importante.
No basta con enfriar: una prenda tiene que poder utilizarse
Uno de los problemas habituales de los materiales térmicos experimentales aparece cuando abandonan el laboratorio. Una reflectancia extraordinaria sirve de poco si la prenda resulta rígida, incómoda, impermeable al sudor o pierde sus propiedades después de varios lavados.
El equipo ha intentado abordar parte de esas limitaciones.
El tejido desarrollado es ligero, flexible y capaz de soportar deformaciones importantes. También permite el paso del vapor de agua, una característica esencial para que el sudor pueda abandonar la superficie corporal.
Además, presenta una elevada repelencia al agua.
En los ensayos realizados, el material mantuvo su capacidad de refrigeración después de 50 ciclos de lavado. Las pruebas aceleradas de envejecimiento ultravioleta indicaron también que conservaba sus propiedades ópticas después de una exposición equivalente a aproximadamente 108 días al aire libre.
Son señales prometedoras, aunque todavía queda una distancia considerable entre demostrar durabilidad experimental y fabricar una camiseta capaz de soportar años de uso, detergentes diferentes, abrasión, manchas, secadoras y miles de movimientos cotidianos.
El sudor es uno de los próximos grandes retos
La transpirabilidad merece especial atención. En 2026 otros grupos de investigación han mostrado que el sudor puede modificar las propiedades ópticas de los textiles de refrigeración radiativa.
El agua absorbe y emite radiación infrarroja, de modo que una prenda mojada puede comportarse de manera distinta a una seca. Por eso algunas líneas de investigación ya combinan refrigeración radiativa con estructuras capaces de transportar rápidamente la humedad desde la piel hacia la superficie exterior.
El desafío real ya no consiste únicamente en fabricar el material más reflectante posible. La siguiente generación de tejidos tendrá que controlar simultáneamente radiación solar, calor corporal, humedad y evaporación.
Y hacerlo mientras sigue pareciendo ropa normal.
La gran novedad puede estar precisamente en el color
Durante años, buena parte de los sistemas de refrigeración radiativa se han asociado a superficies blancas o extremadamente claras.
Funciona desde el punto de vista energético, pero limita considerablemente su utilización cotidiana.
Uniformes laborales, ropa deportiva, prendas urbanas, equipamiento militar, mochilas, toldos o textiles arquitectónicos no pueden depender siempre del blanco. Existen cuestiones estéticas, culturales, corporativas e incluso de seguridad que obligan a utilizar otros colores.
La estrategia basada en MOF con propiedades ópticas ajustables abre una posibilidad más amplia. Los investigadores consideran que diferentes materiales metal-orgánicos podrían utilizarse para conseguir otros colores conservando parte de la capacidad de refrigeración.
Si esa aproximación funciona, el avance más importante no sería únicamente una camiseta morada más fresca. Sería disponer de una paleta de colores térmicamente diseñada.
Una carrera tecnológica que se está acelerando
El trabajo encaja en un campo científico que está avanzando rápidamente.
Durante 2026 se han presentado textiles de refrigeración radiativa fabricados mediante recubrimientos, hilado húmedo, electrohilado y fibras con estructuras microscópicas diseñadas para dispersar la radiación.
Algunos prototipos experimentales ya superan el 90 % de reflectancia solar y combinan esta propiedad con elevada emisividad infrarroja. Otros incorporan transporte unidireccional del sudor o están diseñados para convivir con electrónica flexible integrada en la ropa.
Esto indica hacia dónde se dirige el sector: no tanto hacia una única fibra milagrosa, como hacia textiles multifuncionales capaces de gestionar el microclima alrededor del cuerpo.
La ropa dejaría de ser una barrera pasiva frente al ambiente para convertirse, poco a poco, en una superficie que administra energía.
Trabajadores al aire libre: probablemente uno de los primeros usos con sentido
Agricultura, construcción, mantenimiento urbano, logística, deporte o servicios de emergencia aparecen entre las aplicaciones más evidentes.
En estos ámbitos, unos grados de diferencia en la superficie de una prenda pueden ayudar a reducir la carga térmica recibida bajo radiación solar intensa.
Además, la tecnología no requiere baterías. Esa característica elimina peso, recargas, mantenimiento eléctrico y autonomía limitada.
En regiones mediterráneas, donde las olas de calor coinciden frecuentemente con trabajos agrícolas y de construcción realizados bajo el Sol, este tipo de materiales podría terminar teniendo una utilidad que va bastante más allá de la ropa deportiva de gama alta.
Aun así, antes de hablar de protección frente al estrés térmico serán necesarios ensayos con personas, protocolos estandarizados y pruebas prolongadas en condiciones reales. Una diferencia de temperatura medida sobre una muestra no equivale por sí sola a una reducción demostrada del riesgo sanitario.
Del laboratorio a una camiseta asequible queda bastante camino
El electrohilado permite fabricar fibras con dimensiones y estructuras difíciles de conseguir mediante procesos textiles convencionales. Esa precisión tiene una contrapartida: llevar la técnica a producción industrial de gran volumen y bajo coste sigue siendo un desafío para muchas aplicaciones.
La investigación futura tendrá que resolver cuestiones muy prácticas.
Cuánto costaría producir metros cuadrados de tejido, qué velocidad podrían alcanzar las líneas industriales, cómo se integrarían estas fibras en prendas convencionales, qué ocurriría después de cientos de lavados y qué impacto tendría su fabricación a gran escala.
También será necesario comparar el material con alternativas mucho más sencillas. En sostenibilidad, una tecnología sofisticada necesita aportar una ventaja suficientemente grande para justificar materiales y procesos adicionales.
Potencial
El valor de estos textiles podría estar en enfriar a la persona antes que enfriar indiscriminadamente todo su entorno.
En edificios, podrían complementar estrategias pasivas como sombreado, ventilación natural, aislamiento y cubiertas frías. En exteriores, ofrecerían protección térmica sin conexión a la red eléctrica. En ropa laboral, podrían convertirse en una medida adicional frente a jornadas cada vez más expuestas al calor.
También existe potencial fuera del vestuario. El mismo principio óptico podría trasladarse a toldos, tiendas de campaña, cubiertas textiles, mobiliario exterior o protecciones para equipos sensibles al calor.
Pero probablemente el avance más sugerente sea otro: demostrar que la eficiencia térmica no obliga necesariamente a renunciar al diseño.
Durante mucho tiempo, la refrigeración radiativa ha estado dominada por superficies blancas. Conseguir un tejido morado que refleje el 87,6 % de la radiación solar y emita con una eficiencia del 96,4 % en el infrarrojo medio demuestra que el color también puede diseñarse desde la física.
Todavía no sustituirá al aire acondicionado ni convertirá una ola de calor en un día fresco. Pero apunta hacia algo bastante más práctico: prendas capaces de gestionar mejor el calor que recibe el cuerpo, sin enchufes, sin baterías y sin obligar a todo el mundo a vestir de blanco.
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