Un centro de datos utiliza 16 millones de neuronas humanas vivas para procesar información
Una instalación experimental en Singapur combina neuronas cultivadas en laboratorio y chips de silicio para explorar una nueva forma de computación más eficiente
Prototipo del Centro de Datos Biológicos DayOne y Cortical Labs. / Crédito: Universidad Nacional de Singapur.
Redacción T21
elperiodico.com/25 AGO 2026
Un centro de datos de Singapur ha comenzado a utilizar unos 16 millones de neuronas humanas vivas como parte de un sistema de computación biológica. La instalación combina células cerebrales cultivadas con chips de silicio para estudiar una alternativa a la informática convencional, que podría reducir el consumo energético y aprender con menos datos.
La imagen parece salida de una película de ciencia ficción: un bastidor de servidores instalado en un centro de investigación, pero en lugar de estar compuesto únicamente por chips, contiene millones de neuronas humanas vivas. Es la propuesta que se está probando en Singapur, donde la Universidad Nacional de Singapur (NUS), la empresa de infraestructuras digitales DayOne y la compañía australiana Cortical Labs han presentado un prototipo de centro de datos biológico.
La instalación, ubicada en el Life Sciences Institute de la NUS, integra 20 unidades CL1 de Cortical Labs. Cada una incorpora una red de neuronas humanas cultivadas en laboratorio sobre un chip de silicio equipado con electrodos. Las cifras difundidas sitúan en unos 800.000 el número de neuronas por unidad, lo que eleva a aproximadamente 16 millones en el total del bastidor, de acuerdo a una nota de prensa y a un artículo publicado en Interesting Engineering.
Una nueva perspectiva
El principio de funcionamiento es radicalmente distinto al de un servidor convencional, aunque no prescinde del silicio. Los electrodos envían señales eléctricas a las neuronas y registran su actividad. Esa interacción permite utilizar las respuestas de la red neuronal biológica para procesar información dentro de un sistema híbrido que combina células vivas, electrónica y software. Cortical Labs denomina a su plataforma CL1 el primer ordenador biológico programable mediante código.
El proyecto de Singapur no surge de la nada. En 2021, Cortical Labs demostró que neuronas cultivadas sobre un chip podían aprender a jugar al Pong al recibir información del entorno y utilizar su actividad para controlar una pala virtual. Aquel experimento, conocido como DishBrain, ayudó a consolidar la idea de que las redes neuronales vivas pueden adaptarse a estímulos y retroalimentación dentro de un entorno informático.
Ahorro y eficiencia energética
La gran promesa de esta tecnología es energética. Las neuronas consumen muy poca energía y, al menos en el caso del CL1, no necesitan los sistemas de refrigeración asociados a los servidores de alta potencia. Según datos de Cortical Labs, cada unidad consume alrededor de 30 vatios, incluidos sus sistemas de soporte vital, frente a hasta 700 vatios de un acelerador Nvidia H100 en determinadas cargas de trabajo. Un servidor equipado con ocho H100 puede alcanzar unos 10.200 vatios al sumar el resto de componentes.
Sin embargo, los chips de silicio siguen siendo muy superiores para realizar cálculos rápidos, precisos y repetibles, esenciales para modelos de lenguaje de gran tamaño. El atractivo del enfoque biológico está en otro terreno: aprender y adaptarse potencialmente con cantidades menores de datos.

Los investigadores informaron sobre las aplicaciones científicas y comerciales del prototipo. / Crédito: Universidad Nacional de Singapur.
Procesadores con necesidades biológicas
Esa capacidad podría resultar especialmente interesante en campos como la robótica humanoide, la ciberseguridad o la detección de fraude, donde las situaciones reales pueden ser imprevisibles y resulta difícil reunir todos los datos necesarios para entrenar un sistema convencional. Los promotores del proyecto consideran que una red biológica podría aprender de menos ejemplos y generalizar mejor ante cambios en el entorno.
Pero existe una cuestión práctica que ningún centro de datos tradicional debe afrontar: mantener con vida a sus procesadores. Los técnicos alimentan las neuronas cada tres días con una mezcla de azúcares, micronutrientes y reguladores del pH, mientras un sistema de gases aporta oxígeno, dióxido de carbono y nitrógeno. Las células también tienen una vida útil limitada y requieren condiciones controladas de cultivo.
Un salto conceptual en marcha
Por ahora, este avance debe entenderse como un prototipo experimental y no como una alternativa ya preparada para competir a gran escala con los centros de datos de inteligencia artificial. La NUS y sus socios quieren utilizar esta instalación para estudiar cómo escalar la computación biológica, qué tipos de células funcionan mejor y qué aplicaciones pueden beneficiarse realmente de ellas.
A pesar de esto, el salto conceptual ya se ha producido. Los ordenadores han dejado de limitarse a imitar la estructura del cerebro mediante algoritmos o circuitos neuromórficos: ahora algunos sistemas incorporan neuronas humanas reales como parte de su mecanismo de procesamiento.
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Fuente: Levante - EMV, en:
