La E-cadherina, una proteína esencial para mantener unidos muchos tejidos, también permite a las células epiteliales eliminar las que mueren a su alrededor
El hallazgo, observado en embriones de pez cebra y ratón, podría aportar nuevas claves para comprender la inflamación crónica
Un embrión vivo de pez cebra con actina, el andamiaje interno que da forma a las células y les permite moverse, mostrado en cian y células muertas tragadas en rojo. / Laura F. Bianchi / CRG
S.A.D
saludadiario.es/27 DE AGOSTO DE 2026 0
Se ha descubierto que una proteína encargada de adherir células y tejidos entre sí desempeña una segunda función inesperada: ayudar a que las células agrupadas en una capa continua y sellada, conocidas como células epiteliales, engullan las células muertas cercanas. Los restos de las células agonizantes son una de las principales causas de inflamación, por lo que el hallazgo, realizado por un equipo del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, podría aportar nuevas claves para comprender las enfermedades inflamatorias crónicas.
El estudio, publicado en Nature Communications, se centra en el complejo E-cadherina, formado por la E-cadherina y otras tres proteínas. Actúan de forma conjunta para unir las células que recubren la piel, el intestino y las vías respiratorias, y proporcionan un soporte estructural que evita que los tejidos se desintegren. Cada célula de estos tejidos epiteliales se aferra a la E-cadherina de la superficie de la célula contigua.
Un equipo dirigido por Verena Ruprecht, actualmente en la Universidad de Innsbruck, ha estudiado los epitelios en embriones vivos de pez cebra y de ratón, y ha descubierto que esta maquinaria se ensambla también en el punto exacto en el que una célula muerta entra en contacto con la célula epitelial.
El equipo se planteó si la proteína y sus acompañantes se estaban aferrando a la célula muerta del mismo modo en que se aferran a las células vecinas. Para averiguarlo realizaron dos pruebas. En la primera se ofrecieron al tejido células muertas a las que se había eliminado la E-cadherina, y el tejido las retiró con la misma eficacia que las normales. En la segunda se ofrecieron gotas de grasa que no contenían ninguna proteína, pero que sí portaban una señal que las células muestran en su superficie cuando mueren. También fueron engullidas.
«Nos ha resultado muy llamativo descubrir que las células epiteliales reutilizan su maquinaria molecular de adhesión, el ‘pegamento’ que normalmente las mantiene unidas, para engullir células que mueren», afirma Verena Ruprecht, profesora de investigación ICREA y autora principal del estudio.
La misma célula, otra coreografía
Las células que llevan a cabo esta labor están integradas en una barrera que debe permanecer impermeable, de modo que envolver algo del tamaño de otra célula plantea una dificultad considerable.
Las imágenes han mostrado que lo consiguen porque las superficies superiores e inferior de una misma célula se comportan de forma independiente. La parte inferior de la célula se estira y envuelve la célula muerta, mientras que la cara opuesta, orientada hacia el exterior o hacia un espacio abierto como el interior de un lumen, permanece inmóvil y sigue formando una barrera sellada. Al medir la superficie superior de una célula antes, durante y después de haber engullido algo, se comprobó que el área apenas variaba, mientras que la superficie inferior se deformaba de manera notable durante el proceso.
Ruprecht lo compara con una fila de bailarines con los brazos entrelazados, cuyos torsos permanecen firmes mientras los pies hacen el trabajo, pasando de un paso sencillo a algo mucho más enérgico en cuanto aparece una célula muerta. «Es el mismo bailarín con una coreografía distinta», señala.
Una cuerda y un freno
El estudio ha analizado también los detalles del trabajo mecánico que realizan las células. Una de las proteínas que forman parte del complejo E-cadherina actúa como una cuerda y ancla el conjunto al esqueleto interno de la célula, de manera que la fuerza pueda transmitirse a lo largo de la superficie del objetivo para engullirlo. Las células que carecían de esta proteína de anclaje, o de la parte concreta que se agarra al esqueleto, ya no eran capaces de engullir células muertas.
Otra de ellas funciona como un freno del motor contráctil de la célula. De forma inesperada, cuando se retira este freno la célula puede volverse demasiado rígida para desempeñar su función y no logra eliminar las células que mueren.
El equipo comprobó después si el mecanismo existe también en mamíferos. En embriones tempranos de ratón, el bloqueo de la E-cadherina dejó sin eliminar las células muertas, en coincidencia con lo observado en el pez cebra, lo que indica que el mecanismo es común a los vertebrados.
El estudio da continuidad a una investigación anterior de Ruprecht en la que se demostró que los embriones emplean los epitelios para eliminar de forma cooperativa las células que mueren, un tipo de respuesta inmunitaria innata temprana.
Tanto entonces como ahora se han utilizado embriones por una razón práctica: son transparentes y ofrecen una ventana a la dinámica celular y tisular en vivo con una resolución imposible de alcanzar en el cuerpo humano.
De los embriones al tejido adulto
Aunque el presente estudio avanza en la explicación de cómo los embriones eliminan las células que mueren, queda abierta para futuras investigaciones la cuestión de si el mismo mecanismo opera en peces cebra o ratones adultos, o en algún tipo de tejido humano.
Cabe señalar que ya se sabe que los epitelios del organismo adulto eliminan células muertas en la retina, el colon, las vías respiratorias y la glándula mamaria. La E-cadherina está presente en los epitelios de todo el cuerpo y su estructura apenas ha variado entre especies, lo que la convierte en una firme candidata a formar parte de un mecanismo de uso más generalizado en los epitelios.
Si se confirma, el interés clínico residiría en lo que ocurre cuando esta eliminación falla. Las células muertas que permanecen en el tejido se fragmentan y liberan su contenido, lo que provoca inflamación crónica. Lo que aporta este estudio es que dicha eliminación depende tanto de que la célula reciba las señales químicas adecuadas para engullir los restos apoptóticos como de su capacidad de deformarse físicamente durante ese movimiento sin dañarse a sí misma ni al tejido circundante.
«Estudiar los mecanismos por los que las células que mueren pueden eliminarse de los tejidos de forma eficaz es de gran relevancia para la salud humana», concluye Ruprecht.
El trabajo ha sido liderado por Hanna-Maria Häkkinen, Marta Batet Palau y Laura F. Bianchi, primeras autoras en igualdad de contribución, y supervisado por Verena Ruprecht. Ha contado con financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación, el Human Frontier Science Program, el programa Horizonte Europa de la Unión Europea y la Fundación «la Caixa», con el apoyo adicional del Fondo Social Europeo e ICREA. Se han utilizado los Servicios Científico-Técnicos del CRG de Microscopía Óptica Avanzada, Ingeniería de Tejidos y Tecnologías de Proteínas.
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