Nuestra tarea es doble, desenmascarar las políticas y medidas ultraconservadoras y neofascistas como agendas de dominación imperial que se presentan como inevitables y construir alternativas críticas…
29/08/2026
Un arranque
verdaderamente turbulento y altamente polémico ha venido teniendo el nuevo
gobierno del comodín del imperio en Colombia.
Desde el
momento mismo de la posesión, luego de retar a los grupos armados ilegales para
presumir de fuerza y abrir la contra parte
a la paz total del gobierno anterior, la respuesta era de esperarse, incremento de acciones armadas contra la
fuerza pública y poblaciones civiles tales como: emboscadas a patrullas
policiales y militares, hostigamientos a puestos de control, atentados a
instalaciones rurales y urbanas con un saldo de más de 20 bajas entre muertos y
heridos en la Fuerza Pública, 10 civiles lesionados, y 550 desplazados y
confinados principalmente en el Cauca: Cajibío y Buenos Aires, dejando un clima
de mayor vulnerabilidad a comunidades sin presencia institucional. Enfrenta inesperadamente debates de control político en el Congreso sobre las
respuestas ineficientes al terremoto del 10 de agosto e incendios forestales,
presencia de tropas estadounidenses e Israelíes sin permiso del órgano
legislativo como expresa la constitución, aumento exagerado del presupuesto, cierre de 14 embajadas y 15 consulados, polémicos
despidos de delegados del gobierno en las cámaras de comercio, reactivación de
exportaciones de carbón al régimen genocida de Israel (suspendidas desde 2024),
derogación de 11 circulares que garantizaban: estabilidad laboral, libertad
sindical, pagos de horas extras y protección de trabajadoras domésticas, de
plataformas digitales, de equidad de género y negociación colectiva creando un
clima de zozobra. No obstante, la Corte constitucional abrió un compás de
esperanza para los más desposeídos, en medio de estas tesituras, con el aval a
la reforma pensional.
Ante el
anterior panorama, múltiples sectores de trabajadores, centrales obreras,
organizaciones campesinas, movimientos estudiantiles y juveniles, trabajadores
de plataformas digitales, sectores informales, indígenas, docentes, defensores
de derechos humanos vienen haciendo un llamado para dar una respuesta
articulada frente a lo que se percibe como una agenda antiderechos del actual
gobierno, visibilizar el retroceso a las libertades sindicales, precarización
laboral, militarización de la vida social, recorte al gasto social, al SENA, al
sector educativo en lo concerniente a recursos para infraestructura, programas
de bienestar docente, atentados a la libre cátedra, políticas de género, lineamientos que según el Ministerio a la
usanza de la edad media, limitan la enseñanza de temas considerados “ideológicos”
en disciplinas como historia, política, derechos humanos, diversidad sexual,
entre otros. El retroceso es evidente porque las medidas cercenan la libertad
pedagógica, convierten la enseñanza en un espacio carcelario, vigilado, con
riesgo de sanciones por abordar temas críticos.
El impulso
a la contratación con entidades particulares, entes religiosos para “coadyuvar”
al sector educativo con dineros públicos, es sin lugar a dudas, el salto a la
privatización de la educación pública. La “batalla cultural” emprendida por los
sectores más reaccionarios no es nueva y tiene sus raíces igualmente, en la
penetración y avance del neopentecostalismo en Colombia y América Latina desde hace
varias décadas. Comunidades evangélicas y neoevangélicas han irrumpido no solo
en el plano religioso, sino electoral con fines de adoctrinamiento, control
religioso, educativo y gubernamental. Es de conocimiento que, a través de
alianzas con pastores de estas tendencias, provenientes y financiados desde Estados
Unidos, respaldaron abiertamente a De La Espriella, e incluso participan de ministros
en su gobierno, consolidando un bloque dogmático religioso conservador con
sectores del catolicismo.
Es
necesario, ser conscientes que se hace prioritario, dar una verdadera batalla
cultural contra la actual arremetida contra cultural educativa de los sectores
fundamentalistas de la avanzada imperial en las universidades, escuelas, colegios,
medios públicos, plazas y sobre todo, en el ámbito pedagógico educativo del
país. El imperio no se limita sólo a los campos de batalla económicos,
financieros, por recursos energéticos, mineros u estratégicos, sino igualmente,
lo hace en el campo de la política, religión, cultura, ciencia y la semiótica. La
legitimación de agendas ultraconservadoras demostradas desde la ceremonia de
posesión que incluyó oraciones de un rabino, un pastor evangélico y sacerdotes
católicos, llevó, incluso por flagrante irrespeto a la Constitución, que un
juez le ordenara al bufón de Washingtong, pedir disculpas en una fecha y horas
determinadas, al vulnerar la neutralidad religiosa del Estado Colombiano. El
retiro “espiritual del pre-gabinete, representó de por sí, un desafío y reto al
laicismo, un encuentro religioso con cánticos, oración, entrega de Biblias
personalizadas, refuerzan la impronta confesional del nuevo gobierno y la
demostración de lo que le espera a la educación y al país.
El
nombramiento de Bibian Morales como ministra de Educación no es casual,
pertenece a iglesias evangélicas neopentecostales alineadas con sectores como
Colombia Justa y Libres y redes de pastores acreditados, igual que el defenestrado
por la opinión pública Ministro de Vivienda, ciudad y territorio, Jaime Andrés
Beltrán ante la falta de humanidad, liderazgo y atención en los momentos
críticos del terremoto prefiriendo sus fastuosas vacaciones de recién posesionado
y la ministra de Trabajo Natalia López, vinculada también a sectores
evangélicos conservadores, quienes promueven una agenda pública para la
eliminación de programas como equidad de género, diversidad sexual, derechos
humanos y cuestionamientos a la libre cátedra respaldando sin ambages políticas
de “seguridad” y un pretendido preconcebido “orden moral”.
Nuestra
tarea es doble, desenmascarar las políticas y medidas ultraconservadoras y
neofascistas como agendas de dominación imperial que se
presentan como inevitables y construir alternativas críticas que devuelvan
a los niños, jóvenes y en fin a toda la sociedad colombiana capacidades para su
propia autodeterminación y consciencia de vivir en un mundo diverso, multiétnico,
multicultural, con estricta separación entre la iglesia y el Estado,
neutralidad institucional como deber, de modo que no se puede admitir cofinanciar,
favorecer ni mucho menos adoptar dogmas de ninguna índole religiosa como
política oficial. La autonomía también es legislativa, en el sentido que las
leyes que nos rijan deben fundamentarse en la constitución, la ciencia, los
derechos humanos y NO en textos sagrados o mandatos divinos. Defender los
derechos humanos en su integridad con las minorías frente a las agendas
neopentecostales a favor de los derechos de la comunidad LGTBIQ+ y a los
derechos sexuales, reproductivos.
Es necesario
dar la batalla por aclarar que el laicismo no es ateísmo de Estado, es el
marco que garantiza a creyentes o no creyentes los mismos derechos. Por tanto,
el muy extendido falso criterio de que “los derechos civiles dependen de la
aprobación de una fe mayoritaria”, es no solo inconstitucional, sino borra de
tajo los derechos humanos, son independientes de las creencias mayoritarias, son
inherentes, universales, no son ningún regalo, ni necesitan un permiso, pertenecen
a todas las personas por su dignidad humana. Impulsar y aplicar currículos
basados en la evidencia, el conocimiento científico, el pensamiento crítico, la
diversidad y la educación sexual integral contribuyen a frenar todo
adoctrinamiento, evitando que las aulas sean espacios de evangelización o
reemplacen la ciencia por visiones creacionistas. El laicismo es la defensa de
que la religión pertenece estrictamente al ámbito de lo privado y voluntario.
La
emancipación es, en última instancia, una vía compartida entre pueblos, generaciones,
vidas, luchas con el convencimiento de que la resistencia cultural, semiótica, política
y social no es solo posible, sino indispensable.
La
redacción
GMM
