Editorial
– Revista Emancipación 18/07/2026
Imagen E.O Co Copilot
I. Democracia sitiada
Las elecciones recientes en Colombia y la confirmación de la injerencia extranjera por parte de misiones de observación electoral revelan una verdad incómoda: la soberanía política no solo sigue siendo frágil sino ha sido arrebatada fraudulentamente. La opacidad electoral y la omisión institucional no son meros accidentes, son síntomas fehacientes de un sistema corrupto hasta los tuétanos, donde el fraude y la manipulación se convierten en herramientas de poder e injerencia. El caso de firmas privadas de origen israelí como Black Cube, señaladas por intervenir en procesos electorales, muestra que lo que llaman democracia es fácilmente vulnerada desde dentro y desde fuera, consecuencias del poder neocolonial burgués terrateniente, que no admite retrocesos y está dispuesto a valerse de todo para recuperar, así sea la fachada de Estado.
El panorama poselectoral en Colombia se inscribe en esta tensión: un país que busca autonomía, estabilidad, desarrollo se enfrente a la más grande aberración, un “presidente con ciudadanía yanqui” y una política de arrasamiento a todos los derechos y a la dignidad nacional. Lo que enfrentamos es ahora la arremetida imperial y sionista bajo el espectro del neo paramilitarismo, la derechización de las clases medias, la instrumentalización como nunca de los medios de comunicación, redes sociales, las iglesias evangélicas, congregaciones religiosas, corporaciones bancarias, financieras y estamentos cooptados, en fin, toda la vida de la nación, bajo el auspicio de organismos de guerra híbrida, no convencional, sus fines apropiarse de recursos, de la fe, el trabajo, pero venden el odio contra el otro y la divergencia. Busca desestabilizar, derrocar, judicializar, quebrar la voluntad de su población sin recurrir a un conflicto militar directo. Su pretendida seguridad y paz son una farsa, una estrategia más. La política, lejos de ser un espacio de deliberación, se convierte en un campo de batalla donde actores externos y locales disputan el control del futuro.
II. Tecnología y soberanía
La pregunta “¿tenemos que nacionalizar la inteligencia artificial?” no es retórica. La apropiación del conocimiento humano para beneficio del capital además de colocar en desventaja a las naciones, sus recursos, instituciones e individuos, nos conduce a nuevas formas de opresión y explotación capitalista. El estado deja de ser el instrumento que frenaba así sea en apariencia lo más cruento de la acumulación y el despojo, para ser el instrumento esencial del capitalismo imperialista. Silicon Valley redefine cómo la Reserva Federal interpreta la realidad y cómo le abre nuevas perspectivas de mercado y ganancias a los señores de la voracidad, la guerra y el usufructo. Mientras la IA va copando todos los espacios del espectro económico, político, militar, espacial, social, empresarial, ambiental, curativo, se prepara para revolucionar hasta el diagnóstico mismo de los trastornos mentales. Si estas herramientas permanecen bajo control corporativo, los países del Sur Global quedarán subordinados a agendas e intereses ajenos. Nacionalizar la IA no significa aislarla, sino garantizar que su desarrollo responda a necesidades nacionales, sociales universales y no solo a intereses de mercado.
La militarización del sistema financiero internacional y la lógica de la OTAN 3.0, convertida en un negocio de cinco billones, muestran que la tecnología y la seguridad se han fundido en un mismo engranaje. La “seguridad” antes prioridad del Estado ya no es protección, sino mercancía y su abuso deja ya negras historias en la culturas y sociedades humanas.
III. Ciencia, salud y contradicciones
La ciencia contemporánea nos ofrece hallazgos y descubrimientos esperanzadores, pero también alarmantes a la vez. Por ejemplo, un nuevo tratamiento con células modificadas logra frenar el cáncer de vejiga, mientras la finerenona ralentiza el deterioro renal y reduce riesgos cardiovasculares. La OMS advierte sobre el aumento global de la incidencia del cáncer, y los micro plásticos aparecen incluso ya, en corazones de pacientes infartados. Las bacterias comunes de la boca pueden provocar acumulaciones peligrosas de calcio en el corazón, los edulcorantes de uso común alteran la microbiota intestinal, pero al mismo tiempo, algunas bacterias transforman metales pesados y hasta uranio tóxico en compuestos más estables que permiten visualizar nuevas tecnologías. Revelaciones de que la biología rompe sus propias leyes: los genes no siempre se heredan solo de padres a hijos revolucionan lo que hasta ahora teníamos como cierto. La frontera entre amenaza y esperanza se vuelve difusa. Esta es la dinámica creciente de nuestro mundo.
IV. Trabajo, sociedad y alienación
“Trabajar hasta morir” no es una metáfora, sino una realidad para millones de trabajadores bajo la égida del neoliberalismo. El negocio de las redes sociales pasa factura: uno de cada cinco menores sufre ansiedad o depresión. El fútbol profesional corroído por la más burda injerencia trumpista, revela lo que todo el mundo sabe, desde mucho, que es una muy buena cortina de humo para esconder indignidades, oprobios, desencantos, “jugadotas al margen” y varios de sus protagonistas públicos convertidos en meros peones de sus explotadores, mientras clubes y corporaciones, entre otras, Silicon Valley y Wall Street dictan las reglas del juego económico.
La socialdemocracia latinoamericana, es criticada con razón por “dejar intacto el capitalismo”, muestra los límites del reformismo. La explotación laboral, la crisis ambiental y la mercantilización de la vida no se resuelven con ajustes superficiales. El capitalismo se reinventa, pero mantiene intacta su lógica de acumulación.
V. Naturaleza y colapso ambiental
Son múltiples y variados ejemplos del desastre ambiental que vivimos, no obstante, una noticia que recorre el mundo ambiental ha sido el peligro para las campanillas debido al desequilibrio ambiental generado por el cambio climático, las olas de calor frenan la fotosíntesis en los bosques tropicales y la pérdida de oxígeno explica la mayor extinción masiva de la historia. El reciclaje orgánico aparece como clave para reducir el calentamiento global, pero la amenaza climática oculta sigue creciendo.
Hormuz, “el peaje del apocalipsis”, recuerda que la geografía puede ser más poderosa que la ficción imperial. La ficción de control se estrella contra la realidad física: rutas marítimas, recursos energéticos y ecosistemas se convierten en escenarios de disputa al imperio.
VI. Filosofía, historia y futuro
Ante la perspectiva del panorama global imaginar una nueva teoría del desarrollo desde el Sur Global es una tarea urgente. La historia del concepto de política, sus teorías y perspectivas, nos recuerda que las ideas no son neutrales: moldean siempre instituciones y prácticas. Conocer que la lógica y el pensamiento abstracto activan redes cerebrales distintas al habla, nos indican que la capacidad de imaginar alternativas es tan biológica e histórica como cultural.
La derechización de las clases medias latinoamericanas, el paramilitarismo como espectro y la militarización financiera son señales de un mundo que se endurece. Pero también hay esperanza, noticias sobre prácticas ya vividas que valida la ciencia, como que tan solo dos minutos al día resolviendo rompecabezas pueden mejorar la salud cerebral, y el timo, ese órgano olvidado, que podría esconder claves de longevidad, nos alientan ver que en el mundo que compartimos siempre hay esperanza.
VII. Conclusión: entre el colapso y la esperanza
El mundo que se dibuja en estas páginas de Emancipación es contradictorio: avances científicos que prometen curas, descubrimientos que desafían la biología, pero también crisis políticas, injerencias extranjeras y colapsos ambientales. La Tierra retuerce el espacio‑tiempo como predijo Einstein, mientras la humanidad retuerce sus propias posibilidades de supervivencia.
La pregunta no es si habrá colapso, sino qué tipo de sociedad queremos construir en medio de él. La esperanza no está en un De la Espriella, Milei…, ni Trump, ni Silicon Valley ni en la OTAN, sino en la capacidad de los pueblos de imaginar y practicar alternativas. Porque aún tenemos esperanza, y esa esperanza se convierte en resistencia.
La injerencia es un desafío permanente, pero no insuperable, no solo afecta un solo país, sino a toda la región y al planeta, es necesario crear mecanismos de cooperación para defender verdaderos procesos democráticos desde la base, así lo reafirma la historia: poder popular, integración, autonomía, no injerencia, respeto mutuo, soberanía son herramientas eficaces contra las presiones e intervenciones externas. La democracia como conquista social histórica de la humanidad es clasista y tiene sus propias reglas. La soberanía recae en el poder de las masas y son ellas conscientes y apertrechadas de la ciencia del marxismo las que la convierten en arma letal contra el autoritarismo, la autocracia y la tiranía. ¡Persistamos en la educación, formación y politización clasista del pueblo!
La Redacción
GMM
