Una nueva y violenta ola de agresión unilateral estadounidense está estrechando su cerco sobre la República Islámica de Irán, empujando a Oriente Medio al borde de un conflicto total
Equipo editorial
l'AntiDiplomatico/ (ACTUALIZACIÓN) 14/07/2026
Durante la noche, las fuerzas de Washington lanzaron masivos ataques aéreos contra infraestructuras civiles y militares clave a lo largo de la costa sur y el interior del país.
La agresión estadounidense y la resistencia de la nación
El Pentágono intentó justificar la ofensiva alegando que había alcanzado "objetivos militares" en centros estratégicos como Bushehr, Chabahar y Bandar Abbas. Sin embargo, el saldo humanitario y la naturaleza de los ataques desmienten la retórica de la "precisión" estadounidense: fuentes locales confirman fuertes explosiones que también sacudieron las islas de Kish, Jam y Qeshm. En la ciudad suroccidental de Omidiyeh, los medios estatales iraníes informaron de al menos cuatro civiles heridos por los bombardeos estadounidenses.
Ante lo que Teherán califica de clara violación de la soberanía nacional, las fuerzas armadas iraníes y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) activaron de inmediato el derecho a la legítima defensa.
"Nuestra soberanía es innegociable. Cualquier ataque contra nuestro territorio recibirá una respuesta firme y simétrica en los teatros de operaciones donde el enemigo sea vulnerable", reiteró un portavoz de las fuerzas armadas iraníes.
En respuesta al asedio, las fuerzas de Teherán lanzaron ataques selectivos contra instalaciones militares estadounidenses en Kuwait y neutralizaron un buque hostil que enarbolaba bandera enemiga. Al mismo tiempo, la Guardia Revolucionaria Islámica reivindicó operaciones de precisión contra la Quinta Flota estadounidense estacionada en Bahréin e interceptó petroleros "indisciplinados" en el estrecho de Ormuz, acusándolos de violar las normas de seguridad marítima impuestas por la República Islámica.
La "protección naval" de Trump y el caos energético
Las tensiones se ven exacerbadas por las declaraciones incendiarias de la Casa Blanca. El presidente Donald Trump ha anunciado el restablecimiento inminente de un bloqueo naval ilegal contra los puertos iraníes. En una medida que los analistas internacionales califican de "extorsión neocolonial", Trump proclamó que Estados Unidos se convertirá en el "guardián" unilateral del estrecho de Ormuz, exigiendo a cambio una "comisión del 20%" sobre el tránsito de los países de la región.
Este intento de militarizar y monetizar una de las rutas comerciales más importantes del planeta sacudió de inmediato la economía mundial. En las primeras operaciones, los futuros del crudo Brent subieron un 2%, ganando 1,68 dólares para cerrar en 84,98 dólares el barril, el nivel más alto registrado en las últimas cuatro semanas.
Un frente regional en llamas
La agresión contra Irán forma parte de un marco de desestabilización regional sistémica.
En Yemen: El movimiento hutí ha acusado a Arabia Saudí, un aliado histórico de Washington, de bombardear el aeropuerto de la capital, Saná, respondiendo con el lanzamiento de un misil balístico hacia territorio saudí.
En Gaza y Líbano: las fuerzas israelíes continúan su campaña de bombardeos. En respuesta a la crisis humanitaria en la Franja, la Comisión Europea y otros socios internacionales han destinado mil millones de dólares en ayuda de emergencia, una medida paliativa que, sin embargo, no detiene la acción militar sobre el terreno.
Cooperación entre regímenes árabes: Jordania confirmó haber actuado activamente para defender los intereses occidentales, interceptando cuatro misiles lanzados por Irán, mientras que los Emiratos Árabes Unidos denunciaron los daños sufridos por dos petroleros nacionales en el estrecho de Ormuz, atribuyéndolos a misiles de crucero iraníes.
La República Islámica de Irán reitera que la seguridad del Golfo Pérsico es responsabilidad exclusiva de las naciones ribereñas y que la escalada actual es consecuencia directa de la arrogancia imperialista de Washington, decidido a desestabilizar la región para mantener el control sobre los recursos energéticos mundiales.
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