Entender el comportamiento electoral clasemediero es clave para situar el momento histórico que vivimos
1 de marzo de 2026, Sao Paulo, Sao Paulo, Brasil: " Manifestación de Bolsonaro en la Avenida Paulista. Foto: Arthur Lamonier/Thenews2/Zumapress
Elvin Calcaño*
diario-red.com/12/07/2026
Algunos politólogos hablan de la “fascistización” de las clases medias debido a que en ese sector social es que encuentran su mayor caudal de votos las ultraderechas. Entender el comportamiento electoral clasemediero es clave para situar el momento histórico que vivimos. Así como para saber cómo contrarrestar el actual avance ultraderechista en estos tiempos de algoritmos, IA y manipulación cognitiva en tiempo real.
En primer lugar, debemos aclarar que el fenómeno de la derechización creciente de una parte considerable de las clases medias no solo ocurre en países centrales de Europa y en Estados Unidos. En América Latina es, incluso, aún más significativo este proceso de reconfiguración sociopolítica. Antaño las clases medias constituyeron una vanguardia que sostuvo, a nivel ideológico y político (como matriz de cuadros dirigentes), la socialdemocracia. Donde vía un pacto entre el capital y trabajo el Estado equilibró relaciones entre el 10% más rico y el resto. Eso fue así en el Norte global –esencialmente– y tuvo sus expresiones en América Latina.
Sin embargo, en los últimos 30 años lo que se verifica son clases medias que, al calor de su precarización, se han ido derechizando en medio de un creciente cinismo (desconfianza hacia lo público y la acción colectiva) y primacía de una ideología individualista (racionalidad neoliberal). Y esto se explica por dos factores: uno estructural y otro subjetivo (ideológico). En el primer caso debemos considerar que el Estado de bienestar del pacto capital-trabajo se basaba en un capitalismo productivo donde las élites ricas tenían un vínculo necesario con sus trabajadores. Estamos hablando del capitalismo socialmente anclado que nos habla David Harvey. En cambio, con la financiarización neoliberal, viabilizada por el modelo de desregulación reganniano-thatcheriano, se rompió ese vínculo con la irrupción de un esquema de acumulación basado en las finanzas y especulación donde la riqueza del percentil más rico (1%) no depende de la producción.
Esto constituyó una nueva hegemonía que cristalizó en el paradigma actual que es un Estado que, vía la gobernanza neoliberal, cede buena parte de sus antiguas responsabilidades sociales al mercado inclinando las correlaciones de fuerzas muy a favor de las élites financieras y tecnológicas. Esto es, un Estado que tiende, de manera creciente, a desanclarse de la sociedad. Otros cambios de orden tecnológico (orientados por la misma lógica neoliberal como explica Shoshana Zuboff) se conjugaron con aquello y así se pasó a un proceso hoy en auge de desindustrialización –en el mundo desarrollado y en países del sur global– que precariza grandemente el trabajo.
En los últimos 30 años lo que se verifica son clases medias que, al calor de su precarización, se han ido derechizando en medio de un creciente cinismo (desconfianza hacia lo público y la acción colectiva) y primacía de una ideología individualista (racionalidad neoliberal)
Las clases medias, así, quedaron entrampadas en un mundo en el que el ideal aspiracional clasemediero tuvo que buscar refugio en la racionalidad individualista basada en la lógica del “empresario de sí”. Donde supuestamente todo está en uno y lo público no dice nada; esto es, no produce placer. Llegamos, pues, al individuo actual que solo encuentra goce compitiendo en el mercado y que entiende la libertad únicamente en términos de economía. Así pues, se dio un cambio estructural e ideológico que empujó las clases medias a una desconfianza hacia lo público que se hizo sentido común. En ese contexto, las derechas y ultraderechas quedaron en mucho mejor posición para convencerlas con sus mensajes, símbolos y propuestas.
En América Latina lo que llaman fascistización de las clases medias tiene que ver con eso –en países como Argentina y Brasil el factor desindustrialización es decisivo–, pero también con algo más reciente que fueron los años de hegemonía progresista de 1998 a 2015. Buena parte de las clases medias regionales, si bien objetivamente beneficiadas por aquellos gobiernos de izquierda desarrollista, sintieron que su ideal aspiracional, donde asumen el marco identitario de los ricos, era amenazado por esos gobiernos plebeyos. Así, hoy es en clases medias despolitizadas y aspiracionales donde más cala el discurso de odio contra el progresismo en países como Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Colombia. Un discurso timoneado por élites económicas y mediáticas que esos gobiernos progresistas hicieron pagar impuestos. Pero que asumen las clases medias que fueron beneficiadas por las gestiones de Correa, Evo, Lula, Cristina y recientemente Petro. Todo un cóctel de manipulación y despolitización en el fondo muy cruel.
Las clases medias, así, quedaron entrampadas en un mundo en el que el ideal aspiracional clasemediero tuvo que buscar refugio en la racionalidad individualista basada en la lógica del “empresario de sí”
Dicho lo anterior, es especialmente clave entender el proceso histórico, estructural e ideológico que fundamenta la transformación de las clases medias con sus nuevas tendencias electorales en América Latina. En unos países más que en otros se manifiesta lo explicado. Pero está en todos en distintos grados. Con unas ultraderechas cuya fascistización no hace sino crecer al amparo de un gobierno estadounidense desprendido de toda mascarada humanitaria y “democrática” en lo que respecta a retomar el control sobre lo que considera es su patio trasero. El cual entiende debe garantizar a toda costa frente a China en un contexto de fuertes crisis y rupturas internas.
Corresponde a los progresismos interpretar esto con análisis de largo alcance y menos mediocridad electorera. Porque con configuraciones sociopolíticas como las actuales ganar elecciones no necesariamente implica llegar al poder. Hay que construir poder popular, disputar los sentidos comunes y hacer acuerdos políticos complejos pero necesarios porque las disputas políticas serán cada vez más difíciles y, lamentablemente, turbias. Sobre todo, conforme se siga normalizando el estilo comunicacional que imponen las redes sociales y las élites vean en las ultraderechas su única garantía para sostener el poder simbólico y material. Lo cual siempre han poseído como patrimonio en esta América Latina de los 100 años de soledad.
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*Politólogo dominicano latinoamericanista. Máster en Teoría Política por la Universidad Complutense de Madrid. Formación en Ciencias Políticas en Puerto Rico y México. Investigador, docente universitario y consultor electoral con experiencia de estudios y trabajo en cinco países de América Latina. https://www.youtube.com/@ElvinCalcañoTV
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