EL TEÓRICO DE UN "SOCIALISMO" SIN REVOLUCIÓN PARA AMÉRICA LATINA
CRISTÓBAL GARCÍA VERA
canarias-semanal.org/29/07/2026
El creador de la fórmula del "Socialismo del siglo XXI" prometió superar el capitalismo sin expropiar a los capitalistas ni disputarles el poder del Estado
Heinz Dieterich alcanzó notoriedad internacional gracias a la relación que durante cierto tiempo mantuvo con Hugo Chávez y a una fórmula que sedujo a buena parte de la izquierda latinoamericana. Tras su aparente "novedad teórica" se escondía, sin embargo, una vieja utopía reformista: la de sustituir el capitalismo mediante cálculos matemáticos, sin alterar la propiedad de los medios de producción ni arrebatar el poder político a la clase dominante.
El pasado 18 de julio fallecía en Ciudad de México el sociólogo Heinz Dieterich. Durante años, su nombre estuvo asociado a la República Bolivariana de Venezuela y a la fórmula del "Socialismo del siglo XXI", que alcanzó una enorme difusión cuando el comandante Hugo Chávez la incorporó a su discurso político.
Su presunta proximidad al presidente venezolano convirtió a Dieterich en una especie de autoridad indiscutible para determinados sectores de la izquierda. Sin embargo, detrás de una etiqueta publicitariamente brillante se ocultaba una construcción teórica extremadamente pobre: la promesa de superar el capitalismo sin cuestionar la propiedad privada ni enfrentarse al poder del Estado que la protege.
De origen alemán y establecido desde hacía décadas en México, Dieterich fue profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. Publicó numerosos trabajos sobre América Latina, la economía mundial y las alternativas al capitalismo. Pero su notoriedad internacional procedió, sobre todo, de su estrecha relación con el proceso bolivariano y de la identificación de su nombre con una expresión que resumía las esperanzas políticas del comienzo de siglo.
Conviene distinguir, por supuesto, entre el proceso político encabezado por Hugo Chávez —con sus movilizaciones populares y conquistas sociales, sus limitaciones y sus contradicciones internas— y el modelo elaborado por Dieterich.
SU «SOCIALISMO DEL SIGLO XXI» DEJABA INTACTOS LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL PODER DEL ESTADO
Aunque durante algún tiempo ambos aparecieron públicamente vinculados, el proceso bolivariano nunca fue una aplicación de su propuesta. La expresión "Socialismo del siglo XXI" obtuvo proyección mundial después de que Chávez la utilizara en el V Foro Social Mundial de Porto Alegre, en enero de 2005, pero su contenido político fue siempre objeto de disputas y diferentes interpretaciones, al no ser definido ni por el propio Hugo Chávez.
UNA "MERCANCÍA" VENDIDA EN EL MOMENTO ADECUADO
Heinz Dieterich fue, por aquellos años, un hábil publicista de su propia figura y su propuesta política. La popularidad que alcanzó, sin embargo, no puede explicarse únicamente por esa habilidad propagandística.
El profesor alemán cobró relevancia en un contexto histórico especialmente favorable para ello. La desaparición de la Unión Soviética había provocado una profunda derrota política del movimiento obrero internacional que se tradujo en una enorme confusión y desorientación ideológica.
El capitalismo era presentado entonces como el único sistema posible. Sus voceros proclamaban el "fin de la Historia", los partidos socialdemócratas asumieron abiertamente el neoliberalismo y una parte considerable de la izquierda mundial abandonó cualquier perspectiva de transformación de la sociedad. Quienes, como los revolucionarios cubanos, se negaban a arriar las banderas del socialismo eran señalados como una suerte de dinosaurios incapaces de entender que ya había caído el "meteorito" que debía extinguirlos.
América Latina sufría, no obstante, las terribles consecuencias de los programas de ajuste impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: privatizaciones, endeudamiento, destrucción de servicios públicos, reducción de salarios y subordinación creciente al capital extranjero. El Caracazo de 1989 en Venezuela, el levantamiento zapatista de 1994 en México, la rebelión argentina de 2001 y las grandes movilizaciones indígenas y populares de Ecuador y Bolivia mostraban que el orden neoliberal ya estaba generando importantes resistencias.
LA HISTORIA ENSEÑA QUE LAS UTOPÍAS QUE IGNORAN LA LUCHA DE CLASES NO SOLO FRACASAN: DESARMAN POLÍTICAMENTE A LOS TRABAJADORES
La elección de Chávez en 1998, la derrota popular del golpe de Estado que sufrió en 2002 y el posterior ascenso de los llamados “gobiernos progresistas” alimentaron entonces la esperanza de que Latinoamérica podría transitar un camino diferente hacia su liberación. Millones de personas buscaban una alternativa al neoliberalismo pero, sin una explicación coherente desde la izquierda sobre la caída de la URSS, el desprestigio del llamado “socialismo real” seguía pesando enormemente.
En ese contexto, Heinz Dieterich ofreció una fórmula que permitía recuperar la palabra "socialismo", pero añadiéndole una fecha de actualización. No se trataba —decía— de repetir las experiencias del siglo XX, sino de construir algo completamente nuevo, “científico”, "participativo" y adaptado a la revolución tecnológica. El envoltorio podía resultar atractivo. El problema se encontraba en su contenido.
EL PESO DE UNA “AUTORIDAD” PRESTADA

Las relaciones que Dieterich afirmaba mantener con Hugo Chávez – e incluso con el líder de la revolución cubana Fidel Castro- le abrieron numerosas puertas. Su presunta cercanía a ambos dirigentes le granjeó la consideración de amplios sectores de la llamada izquierda alternativa, permitiéndole que sus artículos ocuparan lugares destacados en algunas de sus principales publicaciones digitales. Sus planteamientos fueron difundidos sin ser sometidos a ningún examen crítico: la “autoridad” que se le atribuía bastaba para avalar cuanto escribía.
En nuestro caso, tuvimos la oportunidad de conocerlo y confrontar directamente sus ideas cuando fue invitado a Gran Canaria por una plataforma de solidaridad internacionalista. Ante las objeciones elementales a su modelo que le pudimos plantear, Dieterich no fue capaz de responder con argumentos. Recurrió, en cambio, al cómodo expediente de tratarnos con desdén y presentarnos como posibles "dogmáticos".
CUANDO SE PRETENDE “ESQUIVAR” CON FÓRMULAS MATEMÁTICAS EL PODER DEL ESTADO
Poco después de aquel encuentro, dedicamos un artículo a examinar críticamente la propuesta del profesor. Señalamos entonces, en primer término, que Dieterich desplazaba el centro del problema de todo proyecto político que pretendiera cuestionar el capitalismo: dejaba de situarlo en las relaciones de propiedad y en el poder del Estado, para trasladarlo a los métodos del cálculo económico.
DIETERICH CONFUNDIÓ UNA HERRAMIENTA DE CÁLCULO CON UNA RELACIÓN SOCIAL DE PODER
En su libro "El socialismo del siglo XXI", Dieterich sostenía que, aunque Marx y Engels habían descubierto que el valor de una mercancía depende del trabajo social necesario para producirla, ni ellos ni sus sucesores habían podido construir el socialismo porque “en su época no existían computadoras ni conocimientos matemáticos suficientemente avanzados”.
Esa "carencia tecnológica" habría impedido también, según Dieterich, que las economías socialistas del siglo XX sustituyeran realmente los precios por un sistema de intercambio basado en cantidades de trabajo.
Partiendo de este estrecho determinismo cientificista (*), Heinz Dieterich sostenía que todas las experiencias socialistas ensayadas hasta ese momento habían estado condenadas al fracaso y atribuía la desaparición de la Unión Soviética a la ausencia del instrumento matemático necesario para completar el "salto cuántico" hacia el socialismo.
El profesor prometía, sin embargo, que esta traba tecnológica para llegar al socialismo ya se había superado, gracias a una matriz desarrollada por el economista Arno Peters, capaz de "calcular el trabajo contenido en cada producto".
Un instrumento matemático que, junto a sus propios desarrollos teóricos, permitiría sustituir “progresivamente” los precios por valores objetivos y construir una "economía de equivalencias" sin necesidad de expropiar a los capitalistas.
Dieterich “confundía” así una herramienta con una relación social. La planificación económica, por supuesto, necesita información y capacidad técnica, pero antes requiere poder político. Si los medios de producción continúan perteneciendo a la burguesía, la tecnología seguirá funcionando bajo los objetivos impuestos por esos propietarios: acumulación, rentabilidad y competencia.
“LA PROPIEDAD PRIVADA DESPARECERÁ POR SÍ SOLA”
El carácter profundamente idealista de la propuesta de Dieterich se manifestaba de forma evidente, en efecto, cuando abordaba la cuestión esencial de la propiedad de los medios de producción.
Según el profesor alemán, la forma de propiedad "no tendría mayor importancia" durante una primera fase de la transición a su “Socialismo del siglo XXI”.
A medida que “la economía de equivalencias vaya venciendo a la economía de mercado -sostenía - desaparecerán las ganancias y la propiedad privada perderá su base hasta eliminarse por sí sola".
Esta era la pieza decisiva de toda la construcción especulativa y quimérica de Heinz Dieterich. El socialismo -según el profesor - ya no surgiría de la expropiación de los grandes propietarios y de la sustitución de su poder por el de los trabajadores organizados. La propiedad capitalista iría extinguiéndose gradualmente, desplazada por la superior racionalidad del nuevo sistema de cálculo.
Dieterich presentaba el “intercambio equivalente” como su particular “tercera vía”, supuestamente diferente tanto de la redistribución socialdemócrata como de la estatización de los medios de producción realizada por las revoluciones del siglo XX.
Pero la propiedad privada no es un simple título jurídico que pueda desaparecer porque alguien demuestre que existe un método económico más eficiente. Es la expresión de un poder al que ninguna clase dominante ha renunciado pacíficamente a lo largo de la historia. La propiedad de una gran multinacional proporciona el control sobre la inversión, la producción, el empleo, los medios de comunicación y, en buena medida, sobre las decisiones estatales. Los propietarios no renuncian a ese poder porque una matriz matemática “pruebe” que sus beneficios carecen de justificación social.
TRANSNACIONALES PARA TRANSITAR HACIA EL LLAMADO “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”
La verdadera naturaleza de la propuesta de Dieterich se hacía aún más evidente en el programa de “desarrollo” que proponía para América Latina: un bloque regional basado en lo que denominaba "capitalismo proteccionista de Estado".
Dentro de ese proyecto atribuía un papel central a las "corporaciones transnacionales". Sostenía que estas eran los vehículos necesarios para acceder al excedente mundial y competir con las grandes compañías estadounidenses, europeas y japonesas.
El objetivo dejaba de ser, por tanto, superar las relaciones capitalistas y pasaba a consistir en construir grandes empresas latinoamericanas capaces de competir dentro del mercado mundial. El bloque regional debía emular la fuerza económica de Estados Unidos, Japón o la Unión Europea.
Esto podría constituir un programa de desarrollo capitalista relativamente autónomo, pero huelga decir que sustituir una transnacional estadounidense por otra latinoamericana no suprime la explotación de los trabajadores y reforzar el poder de las burguesías autóctonas haría cualquier cosa menos favorecer la emancipación de los asalariados.
El nombre de "socialismo" servía así, en la propuesta de Dieterich, para presentar como transformación poscapitalista lo que no pasaba de ser un proyecto de capitalismo regional regulado por el Estado.
UTOPÍAS REACCIONARIAS QUE DESARMAN A LOS TRABAJADORES
Cualquiera que se anime a leer el libro "El socialismo del siglo XXI", del autor ahora fallecido, podrá constatar la abrumadora desproporción que existe entre sus pretensiones y la mediocridad de su contenido.
Dieterich comparaba su propuesta con la revolución científica que separó a Einstein de Newton. Pero detrás de aquella grandilocuencia aparecía una idea extraordinariamente idealista: la sociedad podría superar el capitalismo mediante la combinación de computadoras, “intercambio equivalente”, "democracia participativa" y racionalidad científica, sin resolver previamente el problema de la propiedad privada de los medios de produccion y del poder.
La realidad es que el prestigio de Dieterich nunca tuvo un sustento en la calidad de su producción teórica, sino en su supuesta proximidad política a Hugo Chávez. Por eso, cuando esa relación se quebró también comenzó a desvanecerse la autoridad que había adquirido en amplios sectores de la izquierda alternativa. La ruptura se hizo definitiva en 2007, cuando Dieterich apoyó al general Raúl Isaías Baduel, antiguo ministro de Defensa que llamó a votar contra la reforma constitucional promovida por Chávez. A partir de entonces, el sociólogo alemán perdió el lugar privilegiado que había ocupado en numerosas publicaciones alternativas. No desapareció por completo, pero dejó de recibir la consideración casi reverencial de los años en que se le atribuía una notable influencia sobre Chávez.
En 2013, Dieterich reconoció que su propuesta no había llegado a aplicarse "en Venezuela ni en ninguna parte del mundo". No obstante, lejos de revisar las inconsistencias de su construcción teórica, responsabilizó del desenlace a la "ceguera e ineptitud de la dirección" y a la "incompetente gestión económica del equipo gubernamental".
Tras perder su antigua centralidad en el debate latinoamericano, Dieterich desplazó progresivamente sus expectativas hacia China. El viraje resultaba especialmente significativo: en 2008 había definido el sistema chino como un desarrollismo integrado en el mercado capitalista, para poco después comenzar a presentarlo como una vía hacia el "Socialismo del siglo XXI".
Con el paso de los años terminó convertido en un entusiasta propagandista del modelo chino. Su operación intelectual tenía una significativa lógica interna: primero había prometido superar el capitalismo latinoamericano sin expropiar a los capitalistas; después presentó como socialista a una gran potencia cuya economía se basa en la explotación del trabajo asalariado, la acumulación de capital y una competencia feroz por el dominio de los mercados mundiales.
Más allá del personaje, la trayectoria de Heinz Dieterich nos deja una enseñanza plenamente actual. La tendencia a aceptar acríticamente teorías o interpretaciones de la realidad por la supuesta autoridad atribuida a quienes las formulan continúa sustituyendo, con harta frecuencia, al examen riguroso. Reaparece hoy, por ejemplo, en las múltiples variantes de un progresismo reformista que comparte con el proyecto de Dieterich el terror a cuestionar los fundamentos del sistema.
Afrontamos, sin embargo, una crisis demasiado grave como para seguir confiando en fórmulas que prometen cambiar el mundo dejando intactas las bases del poder capitalista. Hoy, cuando el tiempo corre ya en contra la propia humanidad, las utopías que apartan de su horizonte la propiedad de los medios de producción, la lucha de clases y el problema central del poder no solo fracasan como explicaciones de la realidad: desarman políticamente a los trabajadores que confían en ellas y son, por ello, profundamente reaccionarias.
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Fuentes consultadas y referencias:
- Heinz Dieterich Steffan, El socialismo del siglo XXI. Apartados «Imposibilidad histórica del proyecto», «La economía planificada de equivalencias» y «Estrategia del Bloque Regional de Poder».
- Cristóbal García Vera, «El “socialismo del siglo XXI” de Heinz Dieterich: ¿un manifiesto comunista contemporáneo?», Canarias-semanal, 31 de julio de 2007.
- Heinz Dieterich, «Chávez-Baduel y el “falso remedio”», Rebelión, 20 de noviembre de 2007.
- AFP, «Dieterich-Chávez: una amistad que acabó en distancia», Milenio, 22 de noviembre de 2013. Fuente de la declaración: «Nada de esto se hizo en Venezuela ni en ninguna parte del mundo».
- Heinz Dieterich, «Venezuela cerca de la conmoción social», Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Federal de Santa Catarina, 11 de noviembre de 2013. Fuente de «la ceguera e ineptitud de la dirección».
- Heinz Dieterich, «La caída de Giordani y el futuro de Venezuela», Aporrea, 25 de junio de 2014. Fuente de «la incompetente gestión económica del equipo gubernamental».
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(*) La obra «El socialismo del S.XXI» reproduce – de manera especialmente ingenua – la vieja creencia de que el desarrollo científico-técnico, por sí sólo, podrá resolver todos los problemas y contradicciones de nuestro tiempo. Utilizamos el término ‘cientificismo’ para referirnos a esta fe en la fuerza milagrosa de la ciencia, que trata de convertirla en un nuevo fetiche capaz de proporcionar el mismo tipo de seguridad «espiritual» que las religiones o las grandes construcciones metafísicas. No debe leerse en nuestra alusión, pues, ningún menosprecio irracionalista al conocimiento aportado por las ciencias positivas, en el que debe fundarse cualquier proyecto político que se pretenda revolucionario.
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Fuente:
