Lo que está ocurriendo en Colombia es parte de la estrategia regional que busca desestabilizar gobiernos populares
Las tensiones políticas en Colombia no han cedido tras el reciente proceso electoral. Y la injerencia en América Latina, como siempre, sigue siendo el pan de cada día.
De la Espriella y Cepeda finalistas para la segunda vuelta de las elecciones en Colombia. Foto: @IvanCepedaCast - @ByKatgirl
Editorial
diario-red.com/08/07/26
Las elecciones, disputadas con menos del 1% de diferencia, prácticamente un empate técnico, dejaron un escenario de alta conflictividad. El oficialismo salió a denunciar una serie de inconsistencias y malversación del voto, tanto dentro del país como en el exterior.
El presidente Gustavo Petro declaró que Abelardo de la Espriella "no ganó" legítimamente y que las elecciones fueron tan manipuladas que representarían un fraude contra Iván Cepeda, pues los algoritmos de seguridad habrían sido viciados y sujetos a manipulación para favorecer a De la Espriella.
Desde el Pacto Histórico, Cepeda puso condiciones claras para reconocer una eventual posesión de De la Espriella: renunciar a la ciudadanía estadounidense, aclarar cualquier vínculo con agencias de seguridad de ese país, como la DEA o la CIA, garantizar el respeto a la soberanía nacional y cesar toda acción orientada a promover investigaciones contra opositores en jurisdicciones extranjeras.
Pero la injerencia no solo llega desde Washington, también opera a través de empresas privadas, del poder económico y de cómo estas, por las secuelas del neoliberalismo, condicionan las instituciones del Estado. En el caso colombiano, la empresa que se encargó de la logística integral de las jornadas electorales fue Thomas Greg & Sons, cuyos principales dueños son los hermanos Bautista, quienes tenido vínculos con el gobierno colombiano durante más de una década, con adquisiciones directas en la Cancillería que fueron removidas por Gustavo Petro. La misma empresa que presentó un juicio contra Colombia. Su base está en Estados Unidos y maniobra desde Miami, ciudad que desde hace años se ha consolidado como el bastión de la oposición latinoamericana que cree que, por permanecer más tiempo en tierra gringa, logrará el reconocimiento de los yanquis.
La respuesta de De la Espriella no se hizo esperar. Sin ser aún posicionado como presidente, ha instigado a la sedición y rebelión por parte de los militares para desconocer las órdenes del presidente constitucional. Eso es, lisa y llanamente, un llamado a un golpe de Estado contra un mandatario elegido democráticamente en 2018.
Además, De la Espriella anunció que firmará un decreto para crear el Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana, lo que en la práctica significa la toma paramilitar de las ciudades. El último capítulo de ese tipo de acciones se vivió durante el Paro Nacional de 2021, cuando alrededor de 400 personas fueron desaparecidas en menos de dos semanas. Estamos, una vez más, ante un shock militar.
Lo que está ocurriendo en Colombia es parte de la estrategia regional que busca desestabilizar gobiernos populares, imponer candidatos alineados con los intereses de Washington y someter a los pueblos latinoamericanos a la lógica del imperio. La injerencia es el método. El saqueo, el objetivo. Una veez más
Y mientras los reflectores apuntan a las irregularidades electorales, la amenaza real se cierne sobre la democracia colombiana: un golpe con ropaje militar, validado por medios hegemónicos y financiado desde el extranjero. Colombia no puede permitir que su futuro se decida en Miami ni que sus calles sean tomadas por paramilitares.
La resistencia, como siempre, estará en el pueblo. Pero también necesita voces que denuncien, que desenmascaren, que no se callen ante el avance del fascismo en América Latina.
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