Los analistas de inteligencia chinos consideran que el violento ataque contra los intereses de la República Popular China, llevado a cabo por Estados Unidos con el objetivo de reprimir el ascenso del dragón en la arena mundial, ha fracasado definitivamente
José Masala
Lantidiplomatico.it/dettnews/15/06/2026
Los medios occidentales han ignorado en gran medida la publicación de un documento chino clave. Se trata de un informe elaborado por el CICIR (Instituto Chino de Relaciones Internacionales Contemporáneas), el instituto de investigación del poderoso Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) de China, esencialmente una especie de superministerio que combina los servicios de inteligencia exterior y nacional en una sola entidad, como si Estados Unidos tuviera la CIA y el FBI unidos bajo un único control centralizado.
El título del documento es "La Gran Transformación Global y el Camino hacia la Coexistencia entre Estados Unidos y China", lo cual ya sugiere su importancia. El MSS chino busca, como indica el título, enmarcar y describir el equilibrio de poder entre las dos superpotencias y cómo este influirá en el equilibrio global. El título define el equilibrio global como un proceso de "gran transformación", una transición desde la era unipolar posterior a la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y Occidente gozaban de una hegemonía global absoluta, hacia una realidad cada vez más actual donde emerge un equilibrio de poder diferente.
Cabe destacar que la perspectiva desde la que el Ministerio de Seguridad del Estado chino (MSS) analiza esta fase histórica de las relaciones internacionales es la de la "guerra prolongada" teorizada por Mao Zedong en el texto que escribió en 1938 para describir la guerra con Japón. En esta obra, el padre de la República Popular China teoriza tres fases diferentes en los conflictos prolongados: la primera, denominada "Defensa Estratégica ", en la que el bando más débil absorbe el ataque del bando más fuerte; la segunda, denominada "Estancamiento Estratégico ", en la que el equilibrio de poder se desplaza hacia la estabilidad entre las dos partes beligerantes; y la tercera, que Mao definió como "Contraofensiva Estratégica", en la que el bando previamente más débil —invirtiendo el equilibrio de poder original— toma la iniciativa y vence.
Cabe señalar también que, según Mao, la fase de estancamiento debe considerarse el "punto de inflexión de toda la guerra", pues es el momento en que el bando más débil "pasa de débil a fuerte". Es, según Mao, la fase más difícil y prolongada, en la que el bando más débil acumula silenciosamente la fuerza que, en última instancia, resultará decisiva.
El uso de la visión de Mao para enmarcar las relaciones entre China y Rusia no es la primera vez que el Ministerio de Seguridad del Estado chino publica este documento; de hecho, es una visión ampliamente utilizada en los escritos estratégicos chinos; por ejemplo, el CISS (Centro de Seguridad y Estrategia Internacional) de la Universidad de Tsinghua publicó en 2022 un artículo del académico Huang Renwei en el que argumentaba que "el estancamiento estratégico entre Estados Unidos y China podría durar hasta 30 años".
Curiosamente, aunque quizás no del todo por casualidad, cabe destacar que el analista ruso y ex oficial de inteligencia Andrey Bezrukov declaró en el reciente Foro Económico de San Petersburgo, celebrado hace apenas diez días, que Rusia permanecerá en guerra durante los próximos 20 o 30 años. Huelga decir que Rusia y China son aliados, y que los adversarios de ambos países son Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. A la luz de estas declaraciones, parece razonable afirmar que tanto Moscú como Pekín conciben la confrontación con Occidente como un proceso a largo plazo, donde la resiliencia, el pensamiento estratégico y la capacidad de innovación tecnológica serán cruciales.
Lo que hace que el documento redactado por el Ministerio de Seguridad del Estado chino (MSS) sea particularmente importante, más allá de los formalismos teóricos, es que afirma que "la competencia entre Estados Unidos y China ha pasado del estancamiento preliminar del primer mandato de Trump a una nueva fase de estancamiento global". En resumen, la evaluación de la inteligencia china es que la primera fase descrita por Mao —la de la defensa estratégica— debe considerarse definitivamente concluida después de años de ofensiva estadounidense: la guerra comercial del primer mandato de Trump, el embargo tecnológico y la creación de alianzas de Biden (una fase que aún continúa durante el mandato actual de Trump), y los aranceles del 145% anunciados por el magnate neoyorquino en 2025 tras su regreso a la Casa Blanca, no han doblegado a la República Popular China, que, por el contrario, ha absorbido los ataques de Washington, saliendo de la fase de Defensa Estratégica y entrando en la fase de Estancamiento Estratégico, es decir, la fase en la que los contendientes en conflicto se enfrentan en igualdad de condiciones.
Esta visión coincide, de hecho, con la estadounidense, dado que la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. define la relación entre ambos países como "casi igualitaria", y el propio Trump se refiere a las relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington como "G2", sin mencionar al secretario de Estado estadounidense, Rubio, quien declaró que el equilibrio de poder entre las dos superpotencias ha alcanzado el "punto de estabilidad estratégica ". Es evidente que tal resultado, ahora aceptado por ambas partes, debe considerarse un gran logro para Pekín y una seria derrota para Washington, independientemente de cómo se disimule.
En definitiva, la noticia sensacional es que los analistas de inteligencia chinos consideran que el violento ataque contra los intereses de la República Popular China, llevado a cabo por Estados Unidos con el objetivo de reprimir el ascenso del dragón en la arena mundial, ha fracasado definitivamente.
Según el Ministerio de Estrategia de Beijing, en esta segunda fase de estancamiento estratégico, donde los dos contendientes son esencialmente iguales y cada uno puede infligir daño al otro, pero es incapaz de someterlo definitivamente, es necesario encontrar un estándar de coexistencia para mitigar los riesgos de un conflicto abierto y destructivo para ambos. Los analistas chinos identifican seis pasos diferentes para lograr este resultado, que se pueden resumir de la siguiente manera:
a) Un nuevo posicionamiento para las relaciones entre Estados Unidos y China en el que ambas partes deben aclarar sus líneas rojas a la otra y, dentro de estas, buscar la cooperación;
b) Lograr nuevos avances entre Beijing y Washington en la cuestión de Taiwán sobre la base de la premisa de que para China la reunificación de ambos lados del estrecho de Taiwán es una inevitabilidad histórica;
c) Estados Unidos y China deben mantener abiertos los canales de comunicación y la “infraestructura” para gestionar las relaciones entre los dos países debe enriquecerse aún más con nuevos canales estandarizados que sean igualmente accesibles para ambas partes;
d) Ampliar los ámbitos de cooperación “práctica” que, más allá de las declaraciones superficiales, permitan que ambas partes se beneficien;
e) Crear un marco para la prevención de riesgos de manera que estos se mantengan dentro del ámbito de lo manejable y predecible;
f) Consolidar nuevos cimientos de amistad entre los pueblos. Según el MSS, la base de las relaciones entre Estados Unidos y China reside en su gente. Por consiguiente, ambos países deben ampliar los intercambios y la cooperación en educación, cultura y deportes, eliminando los obstáculos prácticos a la circulación de personas, como las restricciones de visado y de vuelos, y creando plataformas más institucionalizadas para los intercambios entre personas.
Conclusiones
En realidad, este marco desarrollado por analistas del Ministerio de Seguridad del Estado chino (MSS), que esperan utilizar para gestionar la nueva fase de estancamiento estratégico, parece más una agenda de buenas intenciones que una vía viable en la práctica, si no directamente una utopía. Lo cierto es que el rearme de Japón, Taiwán y Filipinas, y la alianza estratégica entre Malasia y Estados Unidos anunciada el año pasado , junto con las continuas escaramuzas por disputas territoriales entre estos países y China, demuestran de forma concluyente que el horizonte de la guerra mundial fragmentada se está desplazando cada vez más hacia el Lejano Oriente.
Todavía queda mucho tiempo para las buenas intenciones, y las relaciones entre Estados Unidos y China se medirán durante los próximos años por el peso de las armas.
JOSÉ MASALA
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