Emancipación N° 1045 –
La segunda semana de junio de 2026 nos enfrenta a una paradoja histórica: mientras la ciencia abre caminos inéditos para la salud, la energía y la comprensión de la vida, el capitalismo global intensifica su lógica de dominación, sacrificando pueblos y ecosistemas en nombre del mercado.
Los titulares revelan esta contradicción. La Inteligencia Artificial, presentada como inmaterial y limpia, se sostiene en un consumo energético descomunal, crisis hídrica y explotación minera en el Sur Global. El Mundial de fútbol, convertido en mercancía, excluye a las mayorías y militariza territorios. La guerra cognitiva manipula conciencias con bots y algoritmos, criminalizando la crítica y anulando la razón. Y en Medio Oriente, la asimetría tecnológica expone la vulnerabilidad del imperialismo frente a la resistencia popular.
En paralelo, la ciencia nos recuerda que otro horizonte es posible: desde la prevención cardiovascular basada en factores simples y tratables, hasta la IA que acelera diagnósticos oncológicos y reduce costos; desde el reciclaje de plásticos convertido en combustible sostenible, hasta la reprogramación celular que desafía el envejecimiento. Estos avances muestran que la inteligencia humana, aplicada con ética, puede regenerar lo que el capital destruye.
Pero el capitalismo imperialista acecha de forma diferente, por un lado, utiliza lacayos que sin sonrojarse atienden sus demandas en casi todos los países, intimida por doquier cuando no miente, utiliza la guerra, el asesinato y opresión; se viste de oveja como siempre, utiliza lo más avanzado de la tecnología igualmente como instrumento de explotación ya sea en la fabricación de armas, artilugios tecnológicos para espiar, para engañar. Ahora, aparece como preocupado por la naturaleza y se vale del ecofascismo para vendernos su ya desprestigiado oropel. Por otro lado, a través de sus organismos internacionales que maneja a su antojo, impone condiciones, sanciones, retiene activos, realiza bloqueos, préstamos leoninos… La acumulación ha superado los límites planetarios y sus élites responden con autoritarismo, racismo y entrega de soberanías, como en Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela, donde la injerencia externa y las reformas neoliberales sean ejecutadas o que se perfilan con horrible pronóstico, buscan desmantelar conquistas sociales. Colombia no es la excepción, y nubarrones se ciernen en el firmamento electoral para engatusar a través de sus conspiretas de derecha al electorado comprando consciencias de falsos salvadores de la patria. La crisis humanitaria en Cuba, producto del bloqueo, y la misoginia como estrategia política del imperio estadounidense, son pruebas de un sistema que degrada la vida para sostener privilegios.
Frente a este panorama, Emancipación tiene el deber de denunciar la entropía civilizatoria del capital y visibilizar las semillas de soberanía que germinan en la ciencia, la cultura y la resistencia popular. Colombia decide sin lugar a dudas a jugársela por la vida y a ello apuntamos: ¡Nos la jugamos por la vida con Iván y con Aida! Porque emanciparse hoy, más que nunca, significa defender la soberanía de los pueblos, rescatar la razón crítica y apostar por una ciencia al servicio de la vida y no del mercado.
La Redacción
GMM
