Un fragmento de su cuerpo amputado sobrevive durante tres años en agua de mar
Un pepino de mar (psolus fabricii). Crédito: Julien Savoie / Wikimedia Commons
Guillermo Carvajal
labrujulaverde.com/28 May, 2026
Investigadores documentan por primera vez la viabilidad prolongada de un fragmento corporal fuera de condiciones de laboratorio estériles, un hallazgo que desafía las concepciones sobre la inmortalidad tisular.
Desde el cadáver reanimado del monstruo de Frankenstein hasta la mano desprendida conocida como Cosa en la familia Addams, el tejido reanimado constituye una de las imágenes más perdurables dentro de la ciencia ficción. Ese arquetipo de lo vivo que persiste más allá de su integridad original resulta tener, según una reciente investigación, un fundamento concreto en la naturaleza: un grupo de científicos ha identificado una criatura que habita en el lecho marino y a la que ya denominan zombi real.
En un trabajo publicado en la revista Science Advances, investigadores de la Memorial University of Newfoundland, con la participación de Rachel Sipler, investigadora senior del Laboratorio de Ciencias Oceánicas Bigelow, han documentado la viabilidad continuada de tejido amputado procedente de un pepino de mar durante más de tres años en agua de mar natural.
Se trata del primer informe conocido sobre la supervivencia prolongada –y el crecimiento sostenido– de un fragmento corporal desechado fuera de un entorno altamente controlado y esterilizado.
El hallazgo pone en tela de juicio las suposiciones previas sobre los límites de la inmortalidad celular en tejidos desconectados del organismo original y abre posibilidades prometedoras en el campo de la biomedicina.
Evolución del tejido del pie tubular un año frente a varios años después de la extirpación, que muestra un cierre y una cicatrización progresivos de la herida con el paso del tiempo. El cambio de color, del rojo a tonos más claros de blanco y rosa, refleja la formación de células pigmentadas que consolidan los agregados de tejido sano y la progresión del tejido conectivo transparente. Crédito: Sara JobsonAdemás, los autores señalan que este sistema podría emplearse como modelo experimental en investigación biológica de acceso más amplio, al evitar los desafíos éticos y logísticos que acompañan a muchas de las líneas celulares existentes.
Sipler explicó que, si bien aún no han logrado desarrollar un pepino de mar completo a partir de estos fragmentos, los resultados observados superan cualquier expectativa inicial. No hemos cultivado un pepino de mar entero nuevo todavía, pero estamos viendo un crecimiento y una diversificación celular bastante sorprendentes literalmente años después de que este tejido fuera extraído, afirmó la investigadora. Es como un lagarto que pierde su cola. Sabemos que algunos lagartos pueden hacer crecer una cola nueva; nosotros estamos hablando de si la cola puede generar un lagarto nuevo.
Desde mediados del siglo XX, los científicos han logrado avances significativos con las denominadas líneas celulares inmortales, como las famosas células HeLa, que pueden cultivarse en laboratorio y proliferar indefinidamente para investigaciones a largo plazo. No obstante, en estudios anteriores los cultivos de tejido solo se habían mantenido en condiciones axénicas, es decir, entornos estrictamente controlados, rigurosamente mantenidos y carentes de cualquier bacteria u otro organismo.
Incluso en esos casos privilegiados, los tejidos no habían demostrado signos de cicatrización efectiva ni crecimiento, ni habían conservado la capacidad de movimiento autónomo.
Imagen microscópica de un pie tubular extirpado y teñido con 5-bromo-2′-desoxiuridina, en la que se observa la diferenciación celular; la coloración verde más intensa refleja las zonas donde los procesos celulares son más activos. Crédito: Sara JobsonMuchos equinodermos, el filo al que pertenecen los pepinos de mar, presentan notables capacidades de regeneración y un envejecimiento celular insignificante. Sin embargo, se asumía que cualquier tejido desprendido terminaría por descomponerse o morir.
Frente a esta creencia establecida, Sipler califica el origen del hallazgo como producto de una observación aguda: los investigadores notaron que cierto tejido descartado procedente de un pie tubular de un pepino de mar no se había descompuesto después de varias semanas. Más aún, parecía estar creciendo.
Los experimentos se realizaron con tejido extraído de los pies, el cuerpo principal y los tentáculos de tres individuos de Psolus fabricii, una especie de pepino de mar de aguas frías. Los investigadores sometieron las muestras a agua de mar en flujo continuo y encontraron evidencias de diversificación celular, actividad inmunitaria y reorganización tisular en los fragmentos explantados.
En ausencia de boca, las células parecían obtener nutrientes mediante la absorción de aminoácidos disueltos en el agua de mar. Transcurridos tres años, cuando el equipo decidió detener los experimentos para proceder a la publicación, el tejido seguía activo.
Sipler subraya que esta capacidad de sobrevivir en un entorno complejo y estresante hace que esta línea celular sea única en comparación con otros cultivos tisulares. El agua de mar natural es el enfoque experimental menos limpio y con mayor diversidad microbiana que podríamos haber elegido, declaró. Sin embargo, ese ambiente rico en bacterias y toda esa materia orgánica estaba alimentando a las células y permitiendo que este tejido cicatrizara y creciera.
Las implicaciones para las ciencias biomédicas y la ingeniería, según los autores del estudio, resultan profundas, con aplicaciones potenciales que abarcan desde la regeneración de tejidos hasta la cicatrización antimicrobiana.
El hallazgo ofrece asimismo nuevas oportunidades para la investigación biológica y la educación en un sentido más amplio. El tejido preservado no solo muestra una capacidad sin precedentes para mantener su integridad estructural y complejidad en cultivo, sino que puede cultivarse con mayor facilidad en el laboratorio y, al tratarse de un invertebrado, no está sujeto a tantas restricciones normativas como las líneas celulares humanas o de otros vertebrados.
Esta característica lo convierte en una herramienta útil en contextos donde existen obstáculos legales o infraestructuras de bioseguridad limitadas.
Andrea Bodnar, directora científica del Instituto de Genómica Marina de Gloucester, que no participó en el estudio, añadió: Este descubrimiento subraya que el océano alberga innovaciones biológicas profundamente inesperadas. El hecho de que explantes de tejido de un pepino de mar puedan cicatrizar, reorganizarse y sobrevivir de forma independiente durante años en agua de mar natural sugiere un modelo completamente nuevo de resiliencia biológica y regeneración tisular.
Para Sipler, que trabaja como oceanógrafa, el hallazgo refuerza la convicción sobre el potencial inexplorado de la vida marina. Los mejores avances en ciencia se producen cuando encuentras un análogo natural de lo que estás estudiando, afirmó. Aquí tenemos esta especie que posee esta capacidad innovadora, y no teníamos ni idea. Es un recordatorio de cuánto queda por descubrir en el medio marino y de lo importante que es proteger estos recursos que pueden albergar conocimientos realmente valiosos para nosotros.
FUENTES
Sara Jobson et al., Natural tissue immortality: Indefinite survival of sea cucumber explants. Sci. Adv. 12, eaeb1394(2026). DOI:10.1126/sciadv.aeb1394
_______
Fuente:
