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¿QUÉ ESPERAR DEL ENCUENTRO TRUMP- XI JINPING?

La relación entre Trump y Xi, vista en conjunto, no ha sido una historia de amistad ni de ruptura definitiva
Ha sido más bien una sucesión de encuentros que bajan la temperatura momentáneamente mientras la rivalidad estructural sigue avanzando

Imagen de un encuentro de 2025 entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping en Corea del Sur. Foto: @EmbChinaMex

Diario Red / AL
13/05/26 |10:00

La visita de Donald Trump a China para reunirse con Xi Jinping no marca el inicio de una nueva relación entre Washington y Pekín, sino otro capítulo de una secuencia larga de encuentros cargados de ceremonia, promesas de distensión y choques de fondo que nunca terminan de resolverse. Esta vez, además, la cita llega con un elemento extra de tensión: la guerra contra Irán, aliado estratégico de China, se ha convertido en telón de fondo de una cumbre en la que también pesan los aranceles, Taiwán, las tierras raras, la inteligencia artificial y la disputa tecnológica entre las dos mayores potencias del planeta.

El viaje tiene una carga simbólica fuerte. Trump será recibido en Pekín con una puesta en escena diseñada para proyectar continuidad histórica, estabilidad y poder chino. Pero detrás de la pompa, la relación bilateral sigue definida por una competencia abierta en comercio, industria, seguridad y geopolítica. Washington llega necesitado de anuncios concretos; Pekín llega con margen para explotar esa urgencia y convertir la necesidad política del visitante en ventaja negociadora. La superficie puede ser cortés, pero debajo persiste una disputa mucho más áspera.

De la “química” personal a la guerra comercial permanente

La relación entre Trump y Xi siempre ha oscilado entre los elogios personales y la confrontación estructural. En abril de 2017, apenas iniciado el primer mandato de Trump, ambos se reunieron en Mar-a-Lago, donde el estadounidense buscó presentarse como un negociador capaz de reconducir la relación con China sin romperla.

Meses después, en noviembre de 2017, Trump visitó Pekín y recibió una bienvenida fastuosa que ya anticipaba una de las constantes del vínculo: a Trump le atraía la dimensión ceremonial del poder chino, mientras Xi aprovechaba esa inclinación para envolver en cortesía una relación cada vez más competitiva.

Sin embargo, la cordialidad no duró mucho. En 2018 estalló la primera gran guerra comercial entre ambos gobiernos. Trump convirtió los aranceles en su instrumento favorito de presión sobre China, convencido de que podía forzar concesiones amplias en comercio, propiedad intelectual, manufactura y acceso al mercado.

Xi respondió con represalias y con una estrategia más paciente, apostando a resistir la presión y a esperar que la volatilidad estadounidense le generara costos a la propia Casa Blanca. En Buenos Aires, a fines de 2018, ambos pactaron una tregua temporal, y en Osaka, en 2019, intentaron reencauzar el vínculo. Pero lo que aquellas citas dejaron claro fue que las reuniones personales podían enfriar la coyuntura, aunque no modificar la rivalidad de fondo.

Ese patrón volvió a repetirse en el segundo mandato de Trump. En octubre de 2025, ambos se reunieron en Busan, Corea del Sur, en medio de una nueva escalada arancelaria que había llevado las tarifas a niveles extremos. El encuentro produjo una tregua táctica, no un reinicio estratégico.

Después de años de presentar la confrontación con China como muestra de fortaleza, Trump vuelve a Pekín necesitado de resultados visibles, buscando contratos, compras agrícolas, alivio económico y una gran imagen diplomática que pueda vender como victoria

Trump la vendió como un éxito personal y habló de una reunión “increíble”, pero la pausa dejó intactas las disputas centrales: exportaciones tecnológicas, control de insumos críticos, chips avanzados, Taiwán, seguridad y liderazgo global. La reunión actual en Pekín nace justamente de esa tregua frágil. No es la salida de la guerra comercial, sino una pausa más en una pelea que sigue viva.

Aquí aparece uno de los enfoques más útiles para leer la visita de forma ligeramente crítica hacia Trump: después de años de presentar la confrontación con China como muestra de fortaleza, vuelve a Pekín necesitado de resultados visibles, buscando contratos, compras agrícolas, alivio económico y una gran imagen diplomática que pueda vender como victoria. Es decir, el dirigente que convirtió la presión comercial en sello político llega ahora a China con la necesidad de exhibir que esa presión no fue estéril.

Trump, debilitado por la guerra y las tensiones geopolíticas

En una conversación de Marco Fernandes, miembro del Consejo Civil del BRICS, con el medio ruso con RT, el analista geopolítico del medio Brasil de Fato destacó el carácter de la reunión para las relaciones entre China y EEUU.

"Al menos en un aspecto, esta reunión entre Trump y Xi será histórica: nunca antes, en una cumbre entre China y Estados Unidos, un presidente estadounidense se había mostrado tan debilitado frente a un presidente chino", afirmó el experto.

Según Fernandes, Pekín ha acabado siendo uno de los principales beneficiarios de la guerra en torno a Irán. "Trump puede incluso lograr eventuales acuerdos comerciales (como la venta de aviones de Boeing o productos agrícolas), o alguna alianza en la lucha contra el tráfico de drogas, pero la verdad es que, en este momento, China es una de las mayores beneficiarias de la derrota estratégica de EE.UU. en Irán, y tal vez Xi Jinping aproveche su posición para obtener alguna ventaja con respecto a Taiwán, como la reducción de la venta de armas", indicó.

La gran novedad de esta visita es que ya no se explica solo por el comercio. Irán ha irrumpido como un factor central. Trump llega a China con la guerra contra Teherán como problema abierto, aunque insiste en que no necesita la ayuda de Xi para resolverla. Esa frase, más que mostrar seguridad, deja ver una contradicción: si el tema no importara tanto, no estaría en la agenda de la cumbre.

China mantiene vínculos estrechos con Irán y depende de manera importante de su petróleo, por lo que la guerra y la amenaza sobre el estrecho de Ormuz golpean directamente sus intereses energéticos. Esto convierte la visita en algo más que una cita bilateral: es también una negociación atravesada por Oriente Medio y por el intento de Washington de gestionar un conflicto que se ha vuelto más costoso y complejo de lo que Trump anticipó.

Otro punto de tensión es Taiwán. Aunque el tema pueda quedar parcialmente opacado por Irán, sigue siendo el punto más explosivo de la relación entre ambas potencias. Las ventas de armas de Estados Unidos a la isla, el respaldo político de Washington y la insistencia china en que Taiwán forma parte de su territorio mantienen una fricción permanente que ningún encuentro entre Trump y Xi ha logrado desactivar. Si en la superficie la cumbre puede aparecer como un intento de entendimiento, el expediente taiwanés recuerda que se trata de dos potencias que no discuten solo tarifas, sino líneas rojas militares y estratégicas.

La visita es algo más que una cita bilateral: es también una negociación atravesada por Oriente Medio y por el intento de Washington de gestionar un conflicto que se ha vuelto más costoso y complejo de lo que anticipó Trump

Taiwán también se vio entre las partes perdedoras del conflicto, que agotó considerablemente las reservas de armamento estadounidenses y envió señales de alarma a los aliados de Washington.

"De hecho, Taiwán es también uno de los grandes perdedores de la guerra en Asia occidental: según estimaciones de estudios estadounidenses, tras gastar una parte considerable de sus reservas militares, EE.UU. tardará unos seis años en reponerlas al nivel necesario para defender a Taiwán en un eventual conflicto con China", opina Fernandes.

Las tierras raras

La disputa por las tierras raras, los chips y el control de cadenas de suministro críticas son claves en esta ecuación. China ha ampliado sus herramientas de presión económica desde la tregua de 2025 y conserva una posición central en minerales e insumos indispensables para la industria tecnológica y militar global. Estados Unidos, por su parte, sigue apostando por restricciones a la exportación de tecnología avanzada y por reducir su dependencia de los nodos de producción y refinamiento chinos. Esta cumbre, por tanto, no trata solo de bajar tensiones: trata de cómo cada lado intenta asegurar ventaja en una rivalidad tecnológica e industrial de largo plazo.

Pekín ocupa posiciones clave en las cadenas de suministro de elementos de tierras raras. Según datos de Bloomberg, alrededor del 4 % del PIB de EE.UU. —aproximadamente 1,2 billones de dólares— corresponde a sectores que dependen directamente de estos recursos.

Si bien es posible que algunas industrias estadounidenses puedan sortear cualquier interrupción en el suministro, la mayoría de ellas no cuenta con buenos sustitutos y algunas tendrían que cerrar si se detuviera el suministro.

"Recordemos que EE.UU. ya recibió un duro revés de China cuando intentó imponer el 'tarifazo' a Pekín el año pasado. Tras un tira y afloja de aumentos arancelarios, China apretó el 'botón nuclear' y restringió la exportación a EE.UU. de ocho elementos de tierras raras chinas, algo que significaría un golpe mortal para la industria de alta tecnología en EE.UU., sobre todo en el sector militar", indica Fernandes, agregando que las exportaciones de China se han diversificado aún más y siguen creciendo, mientras que los ciudadanos estadounidenses siguen pagando más caro por los productos chinos.

Las ventas de armas de EEUU a Taiwán, el respaldo político de Washington y la insistencia china en que la isla forma parte de su territorio mantienen una fricción permanente que ningún encuentro entre Trump y Xi ha logrado desactivar

Una visita cargada de pompa, pero también de necesidad política

Trump no llega a Pekín desde una posición de comodidad. Arriba golpeado por la inflación, por el desgaste político de la guerra con Irán y por la necesidad de mostrar beneficios concretos al empresariado y a sectores productivos de Estados Unidos.

Por eso viaja acompañado por una delegación empresarial de alto perfil y por eso busca anuncios tangibles en agricultura, carne, granos, soja y Boeing. El problema es que esa necesidad interna le da a Xi una oportunidad clara: recibirlo con magnificencia, ofrecer gestos limitados y convertir la escenografía del encuentro en una demostración de que es Washington, y no Pekín, quien hoy necesita más una imagen de éxito.

Ese ángulo permite una crítica bastante sólida a Trump sin necesidad de exagerar. Durante años elevó la confrontación con China como prueba de dureza, intensificó la guerra comercial y convirtió la presión arancelaria en lenguaje político habitual.

Ahora vuelve a China buscando alivio, contratos y una foto de estadista global en medio de un contexto internacional y doméstico adverso. Xi, en cambio, puede presentarse como el anfitrión estable, paciente y ceremonioso, incluso si su economía también atraviesa dificultades. La asimetría no está solo en los intereses, sino en el momento político en que cada uno llega a la mesa.

¿Se puede esperar algún acuerdo?

Según el análisis de Stanislav Tkachenko, doctor en Ciencias Económicas y profesor de la Universidad Estatal de San Petersburgo en declaraciones al medio ruso RT, las dos partes llegan a las negociaciones con posiciones relativamente equilibradas. Sin embargo, a corto plazo Washington se encuentra claramente debilitado.

"A corto plazo, Estados Unidos se encuentra claramente debilitado por la situación de crisis en el golfo Pérsico, la ausencia casi total de aliados y la falta de disposición en el mundo a aceptar el uso a gran escala y extralegal de la violencia (coacción) en los asuntos internacionales. China, en comparación, se ve más sólida; sus llamados a la paz y a desbloquear el estrecho de Ormuz, combinados con su capacidad única para hacer pasar sus petroleros incluso bajo bloqueo, muestran a China como líder táctico en vísperas de la cumbre", afirmó el experto.

Según el profesor, Trump intentará mostrar que Estados Unidos "se ha enfrentado a dificultades temporales en la arena internacional" de las que podrá recuperarse, pero los problemas clave seguirán sin resolverse.

"Creo que las cuestiones clave de la economía mundial (el uso de sanciones ilegales por parte de EE.UU. y la piratería 'de facto' en las vías marítimas) seguirán sin resolverse. Donald Trump intentará mantener el actual régimen comercial, en el que los productos chinos están sujetos a aranceles elevados en el mercado estadounidense, pero aun así aceptables para las empresas chinas", señaló.

La relación entre Trump y Xi, vista en conjunto, no ha sido una historia de amistad ni de ruptura definitiva. Ha sido más bien una sucesión de encuentros que bajan la temperatura momentáneamente mientras la rivalidad estructural sigue avanzando

Tkachenko considera que la principal incógnita de la cumbre es si los líderes de ambos países lograrán resolver la crisis en el golfo Pérsico "sin que Washington pierda prestigio" y sin un enfrentamiento militar directo, "en el marco de la garantía (o la violación) del principio de libertad de navegación". "No me atrevo a hacer conjeturas al respecto; el misterio se mantendrá hasta el último momento de las negociaciones. Las partes intentarán, sin duda, evitar una escalada. Sin embargo, lograr una distensión entre ellas es una tarea prácticamente imposible en la situación actual", concluyó Tkachenko, de acuerdo con lo publicado por RT.

En resumen, la relación entre Trump y Xi, vista en conjunto, no ha sido una historia de amistad ni de ruptura definitiva. Ha sido más bien una sucesión de encuentros que bajan la temperatura momentáneamente mientras la rivalidad estructural sigue avanzando. Mar-a-Lago, Pekín, Buenos Aires, Osaka, Busan y ahora otra vez Pekín muestran el mismo patrón: mucha escenografía, expectativas elevadas y conflictos de fondo que reaparecen una y otra vez.

La visita actual no rompe esa lógica. Solo la actualiza con nuevos ingredientes —Irán, tierras raras, inteligencia artificial y Taiwán— y con un dato político importante: Trump vuelve a China necesitando más de lo que probablemente está dispuesto a admitir.

Con información de elciudadano.mx/ y de esrt.space/actualidad/

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