Mientras tres personas han fallecido por hantavirus en un barco que se dirigía a Europa, África Central batalla contra un brote de ébola que ha causado más de 130 muertes sospechosas y los países ricos bloquean un acuerdo para redistribuir vacunas y conocimientos
Centro de tratamiento del ébola en Bulape, provincia de Kasai, República Democrática del Congo, el 19 de octubre de 2025. ©Unicef
Sara Plaza Casares
elsaltodiario.com/20 may 2026
Mientras un crucero de lujo que cruzaba el Atlántico se dirigía hacia las costas de Tenerife con un brote de hantavirus que había producido la muerte de tres personas, en otro lugar del mundo, República Democrática del Congo (RDC) se desataba un brote de ébola que a día de hoy ha ocasionado más de 500 casos y 130 muertes sospechosas. Mientras el barco se metía en nuestros hogares con información al minuto sobre el estado de los contagios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba este domingo la emergencia de salud pública a nivel internacional por el brote de ébola en RDC que ya ha cruzado la frontera hacia Uganda, donde se han confirmado hasta el momento dos casos.
“El ébola tiene una letalidad muy alta, entre un 30-40%, sobre todo si afecta a zonas rurales con infraestructuras limitadas”, explica Joan Caylà, presidente de la Fundación de la Unidad de Investigación de Tuberculosis en Barcelona (UITB). La cepa implicada es la Bundibugyo, diferente a la cepa Zaire que es la que ha ocasionado brotes en otras ocasiones en esta zona, y para la que no existen vacunas aprobadas ni tratamientos específicos. “Ante la ausencia de una vacuna existen muchos otros mecanismos que los países pueden adoptar para detener la propagación de este virus y salvar vidas”, entre ellas “la comunicación de riesgos y la participación comunitaria”, expresaba este martes el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Disminuir la desigualdad con el Tratado de Pandemias
Lo hacía en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud que se está celebrando en estos momentos en Ginebra. Una asamblea donde duerme la prometida clave para desatascar la inequidad norte-sur a la hora de tratar enfermedades infecciosas: el Tratado de Pandemias, un acuerdo que se firmó en 2025 para “fortalecer la prevención, la preparación y la respuesta frente a las pandemias”, tras el covid-19. Los países tienen aún que pactar un anexo, relacionado con el reparto de beneficios derivados del intercambio de información sobre patógenos utilizada para desarrollar productos farmacéuticos. El mandato era llegar a esta asamblea con el texto pactado y esto no ha sido posible.
Adrián Alonso Ruiz, responsable de incidencia e investigación en Salud por Derecho, lo explica así: “El anexo es el mecanismo de acceso a información genética y muestras biológicas y el reparto de vacunas. En muchos casos los patógenos que tienen potencial para generar emergencias se encuentran en países del sur global, como el ébola. Los datos de los patógenos son considerados de soberanía nacional. Los países del sur llevan mucho tiempo quejándose de que ellos comparten estos datos. Por ejemplo, RPD y Uganda han mandado secuencias y muestras biológicas para que se puedan empezar a desarrollar vacunas. Sin embargo, no reciben los beneficios que se los quedan las compañías farmacéuticas para hacer esas vacunas y luego ellos no tienen acceso”.
“Es fundamental entender que la salud es global. Las narrativas securitarias, de ”yo solo quiero proteger lo mío“ son un error porque los determinantes de las enfermedades son transnacionales, como el cambio climático”, Adrián Alonso Ruíz, Salud por Derecho
Las negociaciones están paralizadas porque no se llega a un acuerdo de cómo se deben compartir estos materiales y los beneficios que deben obtener por ello. “Muchos países del sur están pidiendo acceso a los beneficios de una manera clara y vinculante, pero otros países como la UE, Japón y Australia opinan de otra manera. Ellos optan por mecanismos voluntarios que funcionan mejor, según su criterio, para las industrias farmacéuticas”, explica Alonso Ruíz, mientras añade que durante la pandemia se vio todo lo contrario: los mecanismos voluntarios no funcionan cuando tienes una pandemia con la que las farmacéuticas ganaron 90.000 millones de euros al año.
Las farmacéuticas ganaron 90.000 millones de dólares al año con las vacunas covid financiadas con dinero público.
Desequilibrio en investigación y falta de redistribución
Según los datos de Salud por Derecho, entre 2015 y 2024 se invirtieron globalmente alrededor de 33,4 millones de dólares anuales en investigación y desarrollo de nuevos tratamientos, vacunas y diagnósticos para los Bunyaviricetes, la familia de virus que incluye hantavirus, el virus de Crimea-Congo o el de la fiebre del Valle del Rift. El 60% de esa financiación procedió de los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos y un 17% de la Comisión Europea. “Estos datos muestran hasta qué punto la investigación y la capacidad de producción de vacunas y otras tecnologías sanitarias siguen concentradas en un número reducido de países”, aseguran, quienes advierte de la baja inversión global en vacunas y tratamientos frente a patógenos.
Alonso Ruíz explica que las capacidades de investigación y desarrollo de vacunas han estado basadas en instituciones públicas y compañías privadas situadas en occidente, principalmente EEUU, Unión Europea y Japón, pero no se redistribuyen ni se comparten los recursos tecnológicos para que las respuestas sean equitativas.
“Estados Unidos y Gran Bretaña han recortado al 100% las ayudas a países del sur global y en los próximos años incrementará la mortalidad por infecciones como sida o tuberculosis”, Joan Caylà, (UITB)
Lejos de esto, Joan Caylà señala que la tendencia es otra: a recortar en cooperación. “Estados Unidos y Gran Bretaña han recortado al 100% las ayudas a países del sur global y en los próximos años incrementará la mortalidad por infecciones como sida o tuberculosis. Hay que revertir estas situaciones”, alerta. Un estudio publicado en The Lancet en julio de 2025 pone cifras: Los recortes realizados al inicio de 2025 por la Administración del presidente Donald Trump sobre la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), así como su posible desmantelamiento total, causarán más de 14 millones de muertes adicionales de cara a 2030.
Salud global y narrativas securitarias
“Es fundamental entender que la salud es global. Las narrativas securitizadoras, de ”yo solo quiero proteger lo mío“ son un error porque los determinantes que influyen en la presencia de enfermedades son transnacionales, como el cambio climático. Para tener un mundo más sano tienes que tener en cuenta que todo es internacional hoy en día”, zanja Alonso Ruíz.
Visión parecida comparte Pilar Serrano, presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Pública (Amasap) y aporta otro factor: el escándalo generado por la alarma con la que los medios comunican la información. ¿Hay posibilidad de que el brote de ébola llegue a España como en 2014? ¿Es realmente peligroso?, titula El Debate en una pieza de este lunes.
“Le damos la dimensión de que el virus podría cruzar fronteras y llegar a nuestras casas y surge el miedo al contagio. Pero falta entender la salud como salud global o salud planetaria. Todos los ecosistemas se comunican y hay que mantener el equilibrio entre nosotros, eso sí que lo tenemos que mirar ya”.
“Me preocupa la letalidad del brote de ébola, pero también el cortoplacismo y la visión reducida. Parece que lo único que nos importa es a ver qué hacemos para que el brote no llegue hasta nosotros”, explica Pilar Serrano, de Amasap
Serrano señala también otro factor: el cortoplacismo, mientras destaca que este brote de ébola es el número 17 y que cada día mueren 1.000 niños por enfermedades diarreicas asociadas con agua potable contaminada. “Me preocupa la letalidad del brote de ébola, pero también el cortoplacismo y la visión reducida. Parece que lo único que nos importa es a ver qué hacemos para que el brote no llegue hasta nosotros. Las desigualdades están servidas con este enfoque, una desigualdad estructural que es insoportable”, explica.
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