Mentiras tras mentiras legitimadas por una prensa que durante muchos años se ha vanagloriado de una autoridad moral que nunca tuvo...
El País construyó la imagen de una isla al borde del colapso, narrada desde fuera de su territorio y bajo marcos interpretativos funcionales a la política de presión impulsada por Estados Unidos
1 de mayo en Cuba. ¡La Patria se defiende! Foto: Estanislao Santos vía @lhan55
Editorial
diario-red.com/28/05/26
La cobertura de EL PAÍS sobre Cuba, según el análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate, no se armó desde la observación directa de la vida cotidiana de la isla, sino desde un escenario internacional dominado por la ofensiva estadounidense
La verdad es la primera víctima de una guerra. O, como dice Julian Assange, todas las guerras han iniciado con una mentira. En el siglo de las luces batallamos con la oscuridad. Vivimos en un estado de completa mediatización, pero eso no nos hace estar mejor informados. Por el contrario, estamos tan expuestos a tanta información, que aún quienes tenemos conciencia sobre esto, no alcanzamos a percibir la cotidiana asimilación de mensajes que normalizan la violencia que se ejerce sobre los sectores más vulnerados, se banalizan los problemas, y se nos atizan los miedos y se provocan los odios hacia cualquiera que salga de las normas impuestas por quienes inventaron los juegos. Consumimos la información que nos provoca emociones, no reflexiones.
Y el periodismo, pero sobre todo, la industria mediática, que se ha depositado en las manos de los grandes capitales, es protagonista cómplice de esta historia.
El Observatorio de Medios de Cubadebate examinó 24 artículos sobre Cuba publicados por el diario español EL PAÍS entre el 18 y el 24 de mayo de 2026, una semana crítica para la isla, cuando el gobierno de Trump intensificó su estrategia de "máxima presión" con despliegues militares y la imputación sobre Raúl Castro, líder histórico y símbolo de la revolución cubana.
El análisis muestra cómo El País construyó la imagen de una isla al borde del colapso, narrada desde fuera de su territorio y bajo marcos interpretativos funcionales a la política de presión impulsada por Estados Unidos. El dato es demoledor: ninguna de las 24 notas estudiadas fue elaborada desde Cuba. El 83,3% de la cobertura salió de Estados Unidos y España. Es decir, Miami y la pequeña Miami.
Decenas de funcionarios del gobierno estadounidense, operando como fuentes anónimas, se están encargando de instrumentar una operación psicológica dirigida a la creación de una tensión máxima en el gobierno de La Habana
La cobertura de El País -el diario de habla hispana más importante- no se armó desde la observación directa de la vida cotidiana de la isla, sino desde un escenario internacional dominado por la ofensiva estadounidense. Además, las referencias a fuentes oficiales de Estados Unidos ocupan el primer lugar del corpus, seguidas por el Gobierno cubano, agencias informativas y expertos. Más atrás aparecen ciudadanía, testimonios, fuentes jurídicas, organizaciones y voces sociales.
El País sigue los pasos de la prensa estadounidense. Como nos cuenta Jorge Luis Sierra en las páginas del Diario Red América Latina, el gobierno de Estados Unidos está usando a los medios de su país como parte de una operación comunicacional de presión contra Cuba, en la que decenas de funcionarios del gobierno estadounidense, operando como fuentes anónimas, se están encargando de instrumentar una operación psicológica dirigida a la creación de una tensión máxima en el gobierno de La Habana y, al mismo tiempo, a la medición de las reacciones de la comunidad internacional frente a las posibilidades de una intervención militar.
Todos los mensajes se construyen. Cuando entendemos esa premisa, podemos preguntarnos cuál es la intención de tal mensaje, quién está detrás, qué se busca, por qué lo hace
Las versiones de esas fuentes anónimas parten de la afirmación de que Cuba está armando un arsenal con más de 300 drones militares al estilo de la defensa iraní, en la presunta planeación de un ataque a la base militar de Guantánamo. Así fue con Irak y las armas químicas. Así con Irán y las armas nucleares. Así con Venezuela y el Cartel de los Soles.
Mentiras tras mentiras legitimadas por una prensa que durante muchos años se ha vanagloriado de una autoridad moral que nunca tuvo, pues la historia de la prensa en Estados Unidos, como en la gran mayoría de los países, ha estado íntimamente ligada al poder. Incluso, en el caso de los Estados Unidos, muchos periodistas han estado vinculados a las agencias de inteligencia. El caso más emblemático es el de Bob Woordard, uno de los dos periodistas que develaron en The Washington Post la zaga de espionaje político conocida como Watergate, que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon. Antes de ser periodista, Woodward había trabajado en un área de inteligencia del Pentágono y mantuvo muchas de esas relaciones cuando se volvió periodista.
Otro es el caso de Caspar Weinberger, quien después de ser secretario de la Defensa durante la administración de Ronald Reagan dejó la función pública y asumió la dirección de la revista Forbes.
La primera mentira del periodismo que se ha instituido como un "contrapeso del poder político" es que el periodismo está lejano a la política. Que es un observador imparcial.
La segunda mentira es que las noticias solo reportan hechos, sin ninguna interpretación subjetiva.
Todos los mensajes se construyen. Cuando entendemos esa premisa, podemos preguntarnos y preguntar a los medios cuál es la intención de sus mensajes, quién está detrás, qué se busca, por qué lo hace.
Los medios de comunicación, grandes o pequeños, tenemos valores y puntos de vista con los cuales construyen esos mensajes. Les llaman líneas editoriales. Y son, en cada caso, decisiones políticas, nunca neutrales, derivadas de esos valores.
La industria mediática es un actor político que cada día tiene un mayor peso, ante el norme poder económico que han adquirido usando la información para vender emociones. Por eso es tan necesaria una pedagogía para el consumo de información. Aprender a reflexionar sobre la información, dotarnos de herramientas para identificar las mentiras de los relatos de la guerra.
Esa es la apuesta de Canal Red. Aquí seguiremos dando esta batalla, sin falsas máscaras de neutralidad.
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