Hoy más que nunca, frente a la barbarie imperialista, la explotación asalariada, la destrucción de la naturaleza y las crisis crónicas del sistema capitalista actual, la vigencia del pensamiento de Mao Tse-tung es absoluta y se erige como un faro para los explotados y oprimidos de todo el mundo
Revolución Obrera
Mayo 18/2026
Camaradas, obreros, campesinos y proletarios de todos los países:
En este 2026, al conmemorar el 60 aniversario de aquel glorioso 16 de mayo de 1966, la clase obrera mundial debe detenerse a estudiar, asimilar y reivindicar el significado histórico de la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP). Desde nuestro portal consideramos fundamental elevar la conciencia de nuestra clase recordando lo que, sin lugar a dudas, constituye una de las hazañas más grandes de la clase obrera en el proceso de construcción del Socialismo.
No es casualidad que este majestuoso levantamiento de millones sea constantemente atacado por la academia burguesa y los medios al servicio del imperialismo. Debido a sus profundos logros en favor de los explotados, la GRCP ha sido sistemáticamente objeto de odio y de las más viles calumnias por parte de capitalistas e imperialistas. Le temen porque demostró que las masas pueden gobernar sus propios destinos. Esta fue una verdadera gesta emancipadora, liderada activamente por obreros y campesinos bajo la firme dirección del Partido Comunista de China (PCCh) y la guía inquebrantable del Presidente Mao.
Para comprender la necesidad histórica de esta revolución, debemos adentrarnos en los aportes teóricos de Mao Tse-Tung. La toma del poder en 1949 no significó el fin de la lucha de clases, pues la burguesía no fue eliminada mágicamente; por el contrario, fue incorporada al desarrollo económico e intelectual del nuevo Estado. Con el paso del tiempo, aprovechando sus conocimientos técnicos y administrativos, estos elementos burgueses se enquistaron en el aparato estatal y, lo que es más grave, adquirieron un inmenso poder dentro del mismo Partido Comunista.
El Presidente Mao, con aguda visión, análisis y previsión marxista advirtió sobre el inminente peligro de la restauración capitalista: si esta nueva burguesía burocrática lograba corromper al proletariado terminaría tomando el poder escudándose bajo una falsa bandera comunista. Fue así como nació el trascendental concepto teórico de la «continuación de la revolución bajo la Dictadura del Proletariado», una estrategia que planteaba iniciar el combate en el ámbito cultural e intelectual, para posteriormente avanzar a limpiar de revisionistas el terreno político, económico y militar.
El Comité Central del PCCh impulsado por la línea revolucionaria de Mao trazó objetivos diáfanos y contundentes para este movimiento de masas. Se trataba de una lucha a muerte contra los rezagos del viejo mundo y los defensores de la explotación:
- Aplastamiento de la vía capitalista: El objetivo primordial era golpear el cuartel general del revisionismo destituyendo, de forma fulminante, a todos aquellos dirigentes que, ocupando altos puestos de poder seguían el «camino capitalista» y pretendían devolver a China a las cadenas de la esclavitud asalariada.
- Repudio a la ideología burguesa: La revolución exigía criticar implacablemente y rechazar de tajo a las autoridades académicas e intelectuales reaccionarias, quienes desde las universidades y los medios de propaganda intentaban envenenar la mente de las nuevas generaciones.
- Transformación educativa profunda: Se planteó cambiar radicalmente el sistema educativo clasista; el objetivo era forjar a un nuevo ser humano garantizando que los estudiantes no solo se dedicaran a leer libros en torres de marfil, sino, que se integraran a la producción y aprendieran de primera mano el trabajo industrial, agrícola y militar junto a las masas.
El aspecto más deslumbrante de la GRCP y el que más aterroriza a la burguesía hoy en día, fue el método empleado. No fue una purga burocrática de palacio, sino, una explosión de participación democrática sin precedentes. Se adoptó como principio rector la autoeducación de las masas, dejando que cientos de millones de personas se liberaran a sí mismas mediante la acción directa. La orden del Partido fue clara: había que confiar plenamente en las masas, respetar su iniciativa creadora y, sobre todo, «no temer al desorden» revolucionario.
Tanto en los inmensos campos agrícolas como en las zonas urbanas industriales, se ejerció una estricta vigilancia popular; el pueblo tomó el control efectivo de sus lugares de trabajo y denunció públicamente a aquellos administradores que defendían intereses individualistas y mezquinos. En la vanguardia de este asalto a los cielos, se ubicaron los famosos Guardias Rojos integrando los comités revolucionarios en los centros docentes compuestos, en su inmensa mayoría, por valerosos estudiantes revolucionarios dispuestos a dar la vida por el Socialismo.
Como marxistas-leninistas-maoístas, nuestro deber no es solo celebrar las victorias, sino analizar con rigor científico las derrotas para no repetir los errores. Uno de los análisis más importantes y autocríticos que ofrecemos desde Revolución Obrera atañe al papel del Ejército y el control de los fusiles.
El gran error táctico y estratégico consistió en que, a pesar de la movilización masiva de millones de obreros, campesinos y estudiantes, el monopolio de las armas siempre recayó de manera exclusiva en el Ejército Popular de Liberación (EPL). Los «guardias rojos», así como los destacamentos de obreros y campesinos que defendían la línea de Mao, se encontraban desarmados frente al aparato militar.
Esta situación constituía una grave contradicción teórica con las bases sentadas por Marx y Lenin respecto al Estado proletario; la Comuna de París y la Revolución de Octubre enseñaron que no debía existir un ejército profesional separado del pueblo, sino, que el Estado debía basarse en las ¡Masas Armadas!
El precio de esta desviación fue altísimo. Esta trágica falta de armas en manos del pueblo organizado fue la condición que permitió que, tras la muerte de Mao en octubre de 1976, la derecha «revisionista» (los furibundos seguidores del camino capitalista liderados por Deng Xiaoping y sus cómplices) asestara un golpe de Estado y tomara el poder definitivo. Fue, dolorosamente, el propio ejército profesional e institucionalizado el que reprimió a sangre y fuego a los verdaderos maoístas, encarceló a sus líderes y ahogó en sangre las valientes insurrecciones populares, como la heroica resistencia de la Comuna de Shanghái.
Camaradas, la derrota temporal en China no apaga la luz de esta experiencia colosal. Para nosotros, la Revolución Cultural dejó un inmenso caudal de enseñanzas invaluables para el Movimiento Comunista Internacional. Hoy más que nunca, frente a la barbarie imperialista, la explotación asalariada, la destrucción de la naturaleza y las crisis crónicas del sistema capitalista actual, la vigencia del pensamiento de Mao Tse-tung es absoluta y se erige como un faro para los explotados y oprimidos de todo el mundo.
A 60 años de su inicio, el mejor homenaje que podemos rendir a los millones de obreros, campesinos y estudiantes que se alzaron en la Gran Revolución Cultural Proletaria no es la nostalgia paralizante, sino la acción organizada. Llamamos a todos los revolucionarios a estudiar a fondo estas experiencias para practicar un verdadero y activo internacionalismo proletario, a unir férreamente las luchas de la clase obrera en todos los países y a brindar nuestro apoyo incondicional a las revoluciones antiimperialistas que se gestan en todo el mundo.
¡Viva la Gran Revolución Cultural Proletaria!
¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!
Proletarios de todos los países, ¡uníos!
mayo 16, 2026
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