Frente a un sostenido genocidio de 78 años (y que ahora continúa en Líbano), crecen las voces que proponen la intervención militar de la comunidad internacional en la entidad llamada Israel
Todo lo relativo a Israel se cocina en Estados Unidos, potencia sin la cual se caería a pedazos. Foto Ap
José Steinsleger
jornada.com.mx/15 de abril de 2026
Uno. Los optimistas creen que es posible alcanzar la paz entre los pueblos, y los pesimistas no. Trastornos del ánimo que se calman con expresiones manidas (“es tu opinión…”, “todo depende del cristal…”, “quien sabe…” etcétera).
Dos. Mi bando es el de los optimistas (no necesariamente el de los ingenuos), aunque a veces, por causas zodiacales, de tanto mirar las estrellas me tropiezo con las piedras del camino. Bueno… casi siempre.
Tres. Otro optimista, el prusiano Immanuel Kant, publicó en 1795 Sobre la paz perpetua, ensayo político que pensadores encumbrados aún toman en serio. Kant proponía encontrar una “…estructura mundial y una perspectiva de gobierno para cada uno de los estados en particular, que favorezca la paz”, y “los pasos que se deberían tomar de inmediato, o lo antes posible” (sic). Así nos fue.
Cuatro. 150 años y 150 millones de muertos después, el 26 de junio de 1945, en San Francisco, nació la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y en el numeral uno de sus propósitos, principios, y artículo primero, se acordó “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin, tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz…”.
Cinco. La Carta de la ONU fue suscrita por representantes de 50 países soberanos (hoy 193, más dos observadores: la Santa Sede y el Estado de Palestina). Pero como el diablo está en los detalles, inventaron el “Consejo de Seguridad”, órgano responsable de mantener “la paz y seguridad internacionales” (sic), compuesto por 15 miembros y cinco permanentes con veto (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China), y 10 electos. O sea que si uno de los miembros vota en contra, a otra cosa mariposa.
Seis. El documento fundacional consta de 19 capítulos y 111 artículos, siendo el seis el más justo y desconcertante: “Todo miembro de Naciones Unidas que haya violado repetidamente los principios contenidos en esta Carta podrá ser expulsado de la organización por la Asamblea General, a recomendación del Consejo de Seguridad”.
Siete. Dos años más tarde, la ONU aprobó la partición de Palestina (29 de noviembre de 1947, resolución 181), proponiendo la creación de dos estados: uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo control internacional. Pero lo que nunca alcanzó a debatirse fue la “independencia de Israel”, causa que bandas paramilitares sionistas convirtieron en hecho consumado el 14 de mayo de 1948.
Ocho. Así, de menos a más, y con el larvado y culposo consentimiento de la “civilización occidental y cristiana”, empezó el genocidio palestino, contraviniendo el referido artículo seis de la Carta. A pesar de ello, el 11 de mayo de 1949, Israel fue admitido como miembro de la ONU y, a la fecha, Palestina continúa siendo “país observador” (sic).
Nueve. Frente a un sostenido genocidio de 78 años (y que ahora continúa en Líbano), crecen las voces que proponen la intervención militar de la comunidad internacional en la entidad llamada Israel. Una entidad ilegal, enemiga de la paz, hostil al derecho internacional y que nunca tuvo una constitución formal ni fronteras reconocidas. Así como el juicio de sus criminales de guerra, y la disolución de una entidad violatoria de más de mil 400 resoluciones de la Asamblea General.
Diez. Para ello, ponen de ejemplo la disolución de la Alemania nazi tras su rendición incondicional (9 de mayo de 1945), seguida de los juicios de Nuremberg (1945/46), y la creación de dos estados germanos, el uno federal, y el otro democrático (RFA y RDA, 1949), reunificados en 1990.
Once. Jurídica y humanitariamente, tales sugerencias suenan razonables, pero… ingenuas. Además de inviables, pues todo lo relativo a Israel se cocina en Estados Unidos, potencia sin la cual se caería a pedazos.
Doce. No se trata de “negar la existencia de Israel”, hecho consumado. Es cuestión de que el mundo, y muy en particular el mundo judío, alce la voz para que lo mejor de la sociedad israelí deje de sostener a un régimen de asesinos, apoyado por lo peor de Estados Unidos.
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