Un estudio en Science demuestra que percepción e imaginación comparten el mismo lenguaje neuronal en el córtex temporal ventral, una clave que podría cambiar la comprensión del trauma, las alucinaciones y la memoria visual.
Sergio Parra, Periodista científico
muyinteresante.okdiario.com/10.04.2026
Un equipo de científicos ha confirmado que imaginar un objeto activa parte de las mismas neuronas que se encendieron al verlo por primera vez, y que alrededor del 40% de esas células reanudan el mismo “código” visual durante la evocación mental. La demostración, publicada en Science, aporta una de las pruebas más sólidas hasta ahora de que la imaginación visual no es una simple metáfora poética, sino una reconstrucción biológica muy concreta.
El hallazgo ayuda a explicar por qué ciertos recuerdos pueden sentirse casi tangibles, como si regresaran con la textura de una visión real. Para llegar a esa conclusión, el equipo registró la actividad de neuronas individuales en 16 adultos con epilepsia a quienes ya se les habían implantado electrodos con fines clínicos. Primero observaron rostros y objetos; después, algunos de ellos tuvieron que imaginarlos desde la memoria.
El resultado fue revelador: ver e imaginar no son procesos idénticos, pero sí comparten una maquinaria neuronal sorprendentemente superpuesta.
Lo verdaderamente fascinante es que el estudio no se limitó a detectar activación cerebral: logró descifrar parte del lenguaje que usan esas neuronas para representar objetos. Y ahí asoma una consecuencia enorme: comprender cómo el cerebro “reproyecta” imágenes internas podría abrir nuevas vías para investigar trastornos marcados por imágenes intrusivas, desde el estrés postraumático hasta ciertas alteraciones de la realidad mental.
El cerebro no inventa desde cero: vuelve a encender su archivo visual
La idea central del trabajo es tan elegante como perturbadora: cuando recordamos visualmente algo, el cerebro no dibuja una copia nueva, sino que vuelve a activar parte del circuito original con el que lo percibió. Los investigadores centraron su análisis en el córtex temporal ventral, una región esencial para representar objetos visuales complejos y especialmente relevante en el reconocimiento de caras. Allí observaron cómo ciertas neuronas respondían a rasgos específicos de las imágenes presentadas.
En aproximadamente el 80% de las neuronas visualmente sensibles que registraron, los autores pudieron identificar qué aspectos de las imágenes estaban codificando. No se trataba solo de saber que una neurona “respondía”, sino de entender a qué dimensiones del objeto era sensible y cómo se organizaba esa respuesta. Ese paso es crucial, porque transforma una observación general en algo mucho más preciso: un mapa funcional del lenguaje neuronal de la percepción.
Pero hay un detalle que desconcierta incluso más: al pedir a los participantes que imaginaran esas imágenes desde la memoria, cerca del 40% de esas mismas neuronas reanudaron el mismo patrón de codificación. Es decir, la imaginación no encendía una red cualquiera, sino una fracción muy concreta del conjunto que ya había participado en la experiencia visual original. La mente, en cierto modo, vuelve sobre sus propios pasos.
Ese hallazgo respalda una vieja intuición de la neurociencia con una fineza inédita en humanos: ver y evocar comparten un código común. Ya existían trabajos en primates no humanos que sugerían algo parecido, especialmente a partir de las investigaciones de Doris Y. Tsao sobre el reconocimiento de objetos. La novedad aquí es que el mismo principio aparece ahora documentado en el cerebro humano a nivel de neuronas individuales.
16 pacientes, cientos de neuronas y una pregunta antigua: por qué la memoria puede parecer una visión
Para responder a esa pregunta, los autores aprovecharon una oportunidad clínica excepcional. Los 16 participantes del estudio eran pacientes con epilepsia sometidos a monitorización intracraneal para localizar el origen de sus crisis; esa circunstancia permitió registrar la actividad eléctrica de cientos de neuronas individuales con un nivel de resolución extraordinario. En neurociencia humana, pocas ventanas son tan directas.
Primero, los pacientes observaron una serie de imágenes de caras y objetos; después, una parte del grupo tuvo que reconstruir mentalmente esas mismas escenas. Ese diseño permitió comparar, casi fotograma a fotograma neuronal, lo que ocurre cuando la imagen entra por los ojos y lo que sucede cuando regresa desde la memoria. El resultado no fue una coincidencia vaga, sino una correspondencia estructurada entre percepción e imaginación.
Aquí entra en juego otro protagonista inesperado: la inteligencia artificial. Los investigadores usaron redes neuronales visuales profundas para traducir los objetos a descripciones numéricas y así inferir el “código” de las neuronas humanas. Después emplearon IA generativa para crear imágenes completamente nuevas y comprobar si las respuestas cerebrales podían predecirse a partir de ese código. Según el equipo, las predicciones fueron correctas, lo que refuerza la solidez del modelo.
No es un matiz menor: cuando un modelo predice cómo reaccionará el cerebro ante imágenes nunca vistas, deja de ser una simple interpretación y empieza a comportarse como una teoría comprobable. Esa combinación entre registro neuronal directo y herramientas computacionales avanzadas convierte el estudio en algo más que una curiosidad sobre la imaginación: lo sitúa en el corazón del debate sobre cómo el cerebro representa el mundo.
Crédito: Sergio Parra / ChatGPTDel arte al trauma: por qué este descubrimiento podría importar mucho más de lo que parece
Las implicaciones del trabajo van más allá de explicar por qué una manzana recordada puede parecer casi visible detrás de los párpados. Los autores y fuentes asociadas al estudio señalan que entender este mecanismo podría resultar útil para investigar trastornos donde aparecen imágenes mentales intrusivas o una mala discriminación entre lo imaginado y lo percibido. Entre ellos figuran el trastorno por estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo y otros cuadros vinculados a imaginería vívida descontrolada.
También hay una lectura más luminosa: la imaginación visual, tan decisiva en el arte, el diseño o la invención científica, gana aquí una base biológica mucho más nítida. No sería una niebla subjetiva difícil de atrapar, sino una reactivación organizada de patrones neuronales ya establecidos. La creatividad visual, vista así, se parecería menos a un hechizo y más a una coreografía precisa entre memoria, percepción y recombinación.
Aun así, el trabajo deja preguntas abiertas que son casi tan interesantes como sus respuestas. Los investigadores admiten que todavía no está claro qué desencadena exactamente esa reactivación ni cómo el cerebro selecciona el subconjunto correcto de neuronas para reconstruir una imagen concreta y no otra. En otras palabras, sabemos mejor cómo se reenciende el escenario, pero no del todo quién baja la palanca.
Y ahí reside la belleza profunda del hallazgo: la mente empieza a perder algo de su bruma, pero no su misterio. Cada recuerdo visual parece ahora menos un fantasma y más una chispa antigua que vuelve a prender en el tejido del cerebro. Como si la memoria, lejos de archivar el mundo en silencio, guardara pequeñas constelaciones listas para volver a iluminarse cuando cerramos los ojos.
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Referencias
Wadia, V. S., C. M. Reed, J. Chung, L. Bateman, A. Mamelak, D. Y. Tsao, U. Rutishauser, et al. “A Shared Code for Perceiving and Imagining Objects in Human Ventral Temporal Cortex.” Science (2026).https://doi.org/10.1126/science.adt8343.
Cedars-Sinai. “How the Brain Recreates Images From Memory.” Cedars-Sinai Newsroom, 9 de abril de 2026.
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Fuente:
