Bajo la dictadura del capital, la naturaleza es reducida a una mercancía y la vida a un costo de producción
Revolución Obrera
marzo 3, 2026
Mientras las cifras del colapso climático alcanzan puntos de no retorno, la clase obrera colombiana se enfrenta a un dilema histórico, permitir que la burguesía hunda al planeta en la barbarie o tomar las riendas de la producción para salvar la existencia misma. No es «cambio climático» abstracto, es la lógica extractivista de un sistema que agota la tierra y la sangre de quienes la trabajan.
El termómetro global no miente, y sus fluctuaciones son el pulso de una crisis civilizatoria. Según los registros más recientes, la temperatura media mundial supera ya el umbral crítico de los 1,5°C por encima de los niveles preindustriales en meses consecutivos. Este no es un dato meteorológico menor; es el combustible de una catástrofe que en Colombia se manifiesta con una violencia sin precedentes.
Los incendios masivos devoraron solo en el último año más de 100 000 hectáreas de ecosistemas estratégicos en el país. Estos fuegos no son siempre «accidentales» son, en su mayoría, la avanzada de la frontera agrícola y el acaparamiento de tierras. De forma dialéctica, el calor extremo es sucedido por inundaciones catastróficas. La falta de planeación urbana proletaria y la destrucción de las rondas hídricas han dejado a más de 1,2 millones de colombianos damnificados por desbordamientos en la última década.
Este caos climático genera un fenómeno silencioso pero masivo, la migración por eventos climáticos. Se estima que para mediados de siglo, si la tendencia persiste, el desplazamiento forzado por razones ambientales superará al desplazamiento por el conflicto armado, creando un ejército de reserva de trabajadores desposeídos, sin tierra y sin techo, lanzados a la miseria de las periferias urbanas.
La triple tenaza del ecocidio, deforestación y extractivismo
La selva amazónica y los bosques andinos no están muriendo; los están asesinando. La deforestación en Colombia, que oscila entre las 150 000 y 180 000 hectáreas anuales, tiene responsables con nombres y apellidos, la gran propiedad latifundista y el capital transnacional.
Ganadería Extensiva. Principal motor de la pérdida de bosque. El modelo de «vacas por hectárea» es una forma de blanqueo de tierras y una ineficiencia productiva criminal que prioriza la renta del suelo sobre la seguridad alimentaria.
Minería de Socavón y a Cielo Abierto. Tanto la gran minería legal como la descontrolada, inyectan cianuro y mercurio en las arterias del país. Solo en la región del Chocó y el Bajo Cauca, la degradación del suelo es irreversible para las próximas cinco generaciones.
Narcotráfico. El negocio de la coca, funcional al sistema financiero global, utiliza la selva como escudo y laboratorio. El uso de precursores químicos sin control y la apertura de pistas clandestinas son cicatrices profundas en el patrimonio natural del pueblo.
Este sistema depredador del hombre y naturaleza no busca el desarrollo, sino la extracción rápida de plusvalía a costa de la base material de la vida.
La sed de los pueblos y la crisis del agua
El agua, de ser un derecho natural, ha pasado a ser un botín de guerra. La imagen de ríos secos que antes eran arterias de transporte y sustento hoy es una realidad en el Caribe y el Magdalena Medio. Pero la escasez no es solo por falta de lluvia; es por el acaparamiento de las aguas para el riego industrial y el enfriamiento de maquinaria pesada.
La contaminación de acuíferos es la otra cara de la moneda. El fracking y la disposición irresponsable de desechos industriales han hecho que el agua subterránea, nuestra reserva estratégica, sea hoy un cóctel tóxico. A esto se suman los racionamientos que ya golpean a capitales como Bogotá, donde la infraestructura no da abasto ante la degradación de los páramos.
A nivel global, la crisis llega al océano. Cada minuto el equivalente a un camión de basura lleno de plástico, se vierte en el mar. Los microplásticos ya están en la cadena alimenticia de los trabajadores; los estamos respirando y bebiendo. Los desechos tóxicos de las potencias imperialistas terminan en las costas del «sur global», convirtiendo nuestros mares en vertederos de la opulencia ajena.
El programa de la Unión Obrera Comunista (mlm): una respuesta de clase
Frente a este panorama, las soluciones tibias de la «economía verde» propuesta por el Banco Mundial y las cumbres de la ONU son apenas pañitos de agua tibia. El capitalismo no puede ser verde porque su esencia es el crecimiento infinito en un planeta finito.
La Unión Obrera Comunista de Colombia sostiene que la crisis climática, de la naturaleza, etc., el problema de la naturaleza es la crisis del sistema capitalista que sólo puede vivir a costa de depredarla.
El programa obrero propone:
Socialización de los medios de producción y la tierra: Solo una reforma agraria integral y popular puede detener la deforestación. Si la tierra es de quien la trabaja para el sustento del pueblo, y no para el mercado internacional, la ganadería extensiva retrocederá frente a la agroecología.
Planificación Democrática de la Economía: No más producción para el desperdicio. La clase obrera debe decidir qué, cómo, cuando, para que, y para quién producir, priorizando las capacidades, necesidades humanas y la restauración de los ciclos ambientales y ecológicos.
Nacionalización y Control Obrero de la Energía: Transitar de los combustibles fósiles a energías limpias no como un negocio de empresas españolas, rusas o chinas, sino como un servicio público gestionado por los trabajadores para descarbonizar la industria.
Defensa del Agua como Bien Común: Prohibición total de la minería en zonas de recarga hídrica y saneamiento básico financiado con el no pago de la deuda externa.
¡Por un programa obrero que detenga el ecocidio!
¡Trabajadores del mundo, uníos por la salvación del planeta!
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Fuente:
https://revolucionobrera.com/medio-ambiente/el-ocaso-del-capital-y-la-ruta-de-salvacion-proletaria/
