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EL MITO NATURALEZA Y CREATIVIDAD HA SIDO DESVIRTUADO

Sentirte más creativo en la naturaleza no significa que lo seas: la ciencia desmonta un mito muy extendido
Pasar tiempo en entornos verdes cambia cómo se siente la mente, pero ¿qué ocurre realmente con las ideas? Un nuevo estudio cuestiona una creencia muy extendida y apunta a una diferencia clave que suele pasarse por alto.

Fuente: ChatGPT

Eugenio M. Fernández Aguilar, Físico, escritor y divulgador científico
muyinteresante.okdiario.com/24.03.2026 

Salir a caminar por un parque, rodearse de árboles o trabajar cerca de una ventana con vistas verdes suele asociarse con una sensación inmediata de claridad mental. Muchas personas aseguran que en esos momentos las ideas fluyen mejor, que los problemas parecen más manejables o que la inspiración llega con más facilidad. Esa percepción ha alimentado durante años una idea muy extendida: que la naturaleza no solo relaja, sino que también potencia la creatividad.

Un nuevo estudio científico pone a prueba esa creencia con un enfoque poco habitual: comparar directamente entornos naturales con otros no naturales en condiciones controladas. El trabajo, firmado por Amy J. Lim y su equipo, analiza de forma experimental cómo distintos ambientes influyen tanto en la creatividad como en variables psicológicas relacionadas, como el estrés o el estado de ánimo. La pregunta no es trivial, porque tiene implicaciones para el diseño de oficinas, ciudades y espacios de trabajo en un mundo cada vez más urbano.

Por qué asociamos naturaleza y creatividad

La conexión entre naturaleza y creatividad no surge de la nada. Durante décadas, diferentes teorías psicológicas han intentado explicar por qué los entornos naturales podrían favorecer procesos mentales complejos. Una de las más conocidas es la hipótesis de la biofilia, que plantea que los seres humanos tienen una afinidad innata por los paisajes naturales debido a su historia evolutiva.

A esto se suma la llamada teoría de la restauración de la atención, que propone que la naturaleza permite que la mente descanse de tareas exigentes. En estos entornos, la atención se dirige de forma más suave y automática, lo que libera recursos cognitivos. Como explica el propio artículo, estos escenarios facilitan que la mente “descanse y se recupere, y que la atención dirigida se reponga”. En principio, ese descanso debería favorecer procesos como el pensamiento creativo.

También existe la teoría de la reducción del estrés, según la cual los paisajes naturales transmiten señales de seguridad y abundancia. Esto reduce la activación fisiológica asociada al estrés y mejora el estado emocional. Dado que el estrés y las emociones influyen en cómo pensamos, parecía lógico asumir que la naturaleza también tendría un efecto positivo en la creatividad.

Sin embargo, estas explicaciones parten en gran medida de inferencias indirectas. Muchas investigaciones previas no comparaban la naturaleza con otros entornos, sino que analizaban cambios antes y después de la exposición a espacios naturales. Eso dejaba abierta una pregunta clave: ¿es la naturaleza especial o cualquier cambio de entorno puede producir efectos similares?

Fuente: ChatGPT

Tres experimentos para poner a prueba una intuición

Para responder a esa pregunta, el estudio diseñó tres experimentos diferentes que combinan laboratorio, trabajo de campo y entornos reales de trabajo. Esta variedad metodológica es importante porque permite observar el fenómeno desde distintos ángulos y evitar conclusiones basadas en un único contexto.

En el primer experimento, los participantes trabajaban en salas con tres tipos de estímulos: imágenes de naturaleza, imágenes urbanas o un entorno neutro sin decoración. Se evaluaba su creatividad mediante tareas específicas y se medían indicadores fisiológicos como la presión arterial. En el segundo, los participantes caminaban por un parque o por una zona urbana antes de realizar pruebas de creatividad más complejas, incluyendo tareas de pensamiento divergente y convergente.

El tercer experimento trasladó el análisis a un entorno real: una fábrica. Allí, los espacios de trabajo se decoraron durante semanas con imágenes de naturaleza o con arte abstracto, permitiendo observar cambios en la creatividad en condiciones cotidianas. Este diseño longitudinal añade un elemento clave: el efecto del entorno no solo a corto plazo, sino también sostenido en el tiempo.

En conjunto, los tres estudios buscaban algo muy concreto: comprobar si la naturaleza tiene un efecto específico y único sobre la creatividad, o si sus beneficios pueden explicarse por factores más generales.

Lo que ocurre realmente con la creatividad

Los resultados apuntan en una dirección menos intuitiva de lo esperado. El propio artículo lo resume de forma clara: “nuestros hallazgos muestran que la exposición a la naturaleza no tuvo un efecto único sobre la creatividad . Es decir, las personas no fueron más creativas en entornos naturales que en otros tipos de ambientes.

En el primer estudio, por ejemplo, la creatividad fue similar en la sala con naturaleza y en la sala neutra, mientras que el entorno urbano sí mostró un ligero efecto negativo. En el segundo, caminar por un parque no mejoró el rendimiento creativo respecto a caminar por la ciudad. Y en el tercero, tanto la naturaleza como el arte abstracto aumentaron la creatividad en comparación con un entorno sin estímulos, pero sin diferencias entre ellos.

Este patrón se repite en distintas medidas de creatividad: originalidad, fluidez de ideas o capacidad para resolver problemas. Incluso cuando se analizan diferentes tipos de pensamiento creativo, como el divergente o el convergente, los resultados siguen la misma línea. Las diferencias entre entornos son pequeñas o inexistentes en términos de rendimiento real.

En otras palabras, la naturaleza no parece tener ese efecto especial que muchas veces se le atribuye. Puede haber cambios, pero no son exclusivos ni sistemáticamente superiores a los de otros estímulos.

Fuente: ChatGPT

Sentirse creativo no es lo mismo que serlo

Donde sí aparecen diferencias claras es en la percepción subjetiva. Las personas tienden a sentirse más creativas en entornos naturales, aunque su desempeño no mejore. Este punto es clave para entender por qué el mito sigue siendo tan persistente.

El estudio señala que la naturaleza puede influir en cómo las personas evalúan sus propias capacidades. Como recoge el trabajo, “la exposición a estímulos basados en la naturaleza podría influir en cómo las personas perciben su nivel de creatividad, pero no se traduce necesariamente en un mejor rendimiento creativo”. Es una diferencia sutil pero fundamental.

Este efecto puede explicarse por asociaciones culturales. La naturaleza se vincula con ideas de calma, claridad y libertad, lo que puede generar una sensación de mayor creatividad. Sin embargo, esa sensación no implica necesariamente que se produzcan ideas más originales o soluciones más eficaces.

Además, otros factores como la motivación, la confianza o el contexto social pueden influir más en la creatividad real que el entorno físico por sí solo. La naturaleza puede mejorar el estado de ánimo, pero eso no garantiza un aumento directo en el rendimiento creativo.

El papel del estrés y los entornos urbanos

Otro hallazgo interesante del estudio es que los entornos urbanos generan más estrés que los naturales, algo que ya sugerían investigaciones anteriores. En los experimentos, se observaron niveles más altos de presión arterial y estrés percibido en ambientes construidos.

Sin embargo, ese aumento del estrés no siempre reduce la creatividad. En algunos casos, puede incluso estimularla. El artículo plantea que el estrés puede activar mecanismos de resolución de problemas, ya que obliga a las personas a enfrentarse a desafíos. Es decir, el estrés no es necesariamente un enemigo de la creatividad, sino un factor complejo.

Esto encaja con teorías evolutivas que sugieren que las emociones negativas pueden tener una función adaptativa. Ante situaciones exigentes, la mente puede volverse más persistente o enfocada, lo que favorece ciertos tipos de pensamiento creativo, especialmente el orientado a encontrar soluciones concretas.

Así, el contraste entre naturaleza y ciudad no es tan simple como “uno favorece y el otro perjudica”. Ambos entornos pueden influir en la mente de formas distintas, y sus efectos dependen del tipo de tarea y del contexto.

Más allá del mito: una visión más compleja

El estudio invita a replantear una idea muy arraigada. La naturaleza tiene efectos claros sobre el bienestar, el estrés y el estado emocional, pero su impacto en la creatividad es más limitado y menos específico de lo que se suele pensar.

De hecho, los resultados sugieren que no existe una única fórmula para estimular la creatividad. Factores como la autonomía en el trabajo, el entorno social, la educación o la motivación personal pueden ser más determinantes. El entorno físico es solo una pieza más dentro de un sistema mucho más amplio.

También abre la puerta a considerar otros estímulos, como el arte abstracto, que en este estudio mostró efectos similares a los de la naturaleza. Esto sugiere que lo importante podría no ser tanto el tipo de entorno, sino la capacidad de generar nuevas asociaciones mentales o romper patrones habituales.

En definitiva, la sensación de creatividad en la naturaleza puede ser real, pero no necesariamente refleja un aumento objetivo en la capacidad creativa. Comprender esa diferencia es clave para evitar conclusiones simplistas y diseñar entornos realmente eficaces.

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Referencias
Lim, A. J., Colarelli, S. M., Li, N. P., Wei, L., Tsai, M.-H., Liu, X.-x., & van Vugt, M. (2026). Nature versus non-natural environments: Effects on stress and creativity. Journal of Environmental Psychology, 110, 102929. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2026.102929.

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