El avance de la ciencia nos sitúa ante nuevos retos éticos. Ahora, se abre la posibilidad de modificarnos, de cambiar aquello que considerábamos dado por "naturaleza"
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Jorge Romero-Castillo
Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva,
nationalgeographic.com.es/03/03/2026
Nietzsche promulgó el nacimiento del übermensch tras el debilitamiento de los valores absolutos en la sociedad diciendo: "Dios ha muerto. Y fue la humanidad quien le dio muerte". Hoy, esta idea podría reescribirse desde una perspectiva transhumanista: "El ser humano morirá. Y será la humanidad quien le dará muerte".
Durante milenios, la aspiración del progreso estuvo asociada a mejorar nuestras condiciones de vida. Hoy, ese ideal parece desplazarse hacia la mejora de nuestra propia biología. La posibilidad de rediseñar rasgos físicos o cognitivos sitúa al ser humano actual ante una decisión inédita: intervenir en aquello que hasta ahora considerábamos imposible de modificar por ser fruto de lo que llamamos naturaleza.
A menudo, las puertas a esta posibilidad se cierran desde estamentos religiosos, ya que la voluntad de autocreación y mejora se percibe como una ofensa a los dogmas impuestos por diversos cultos. (Pero, ¿no se infiere como paradoja el sostener que no debemos intervenir en el cuerpo cuando quizá la capacidad intelectual para transformarnos sea precisamente un medio que se nos ha concedido para evolucionar?)
Resulta entonces que el análisis bioético carece de sentido ante cualquier escudo devoto. Y, para asumir con rigor los retos éticos ante los que nos sitúa el progreso de la ciencia, el debate debe situarse más allá de los prejuicios de las posturas bioconservadoras prohibicionistas. Por tanto, una vez situado el contexto, nacerían las principales incógnitas del debate: ¿quién se beneficiaría de los cambios? ¿Podrían consolidarse nuevas desigualdades si la mejora biológica se convierte en norma?
La ilusión del transhumanismo
«La especie humana puede, si lo desea, trascenderse a sí misma. No solo esporádicamente, un individuo aquí de una forma, otro allí de otra, sino en su totalidad, como humanidad. Necesitamos un nombre para esta nueva creencia. Quizás transhumanismo pueda servir.» Con estas palabras, e impulsado por la eugenesia, el biólogo británico Julian Huxley acuño el término transhumanismo en 1959. Pero la perspectiva transhumanista ha evolucionado desde aquella visión coercitiva de la eugenesia y se está diseñando en positivo... aunque los símiles pueden ser preocupantes.
Una importante advertencia es que la posibilidad de crear una "élite" transhumana que obtenga mayores beneficios frente a quien no pueda acceder a tal condición provocaría que las desigualdades ya presentes se perpetúen
Hoy, el transhumanismo no es un movimiento homogéneo. Podría definirse como la defensa activa de la mejora del ser humano por medio de la aplicación de las nuevas tecnologías: biogenética, computación, nanotecnología, robótica e inteligencia artificial. Unas mejoras que podrían ocurrir a distintos niveles: físico, mental, emocional e incluso moral. Aunque resulte extraño, el transhumanismo ya está aquí. No solo porque la tecnología proporciona drogas y medicamentos artificiales que potencian nuestras capacidades, sino también porque existe el primer cyborg oficialmente reconocido del mundo.
WikipediaNeil Harbisson ha sido reconocido oficialmente (por el Reino Unido) como cyborg: su antena, además de formar parte de su cuerpo, le proporciona nuevos sentidos. Nació con acromatopsia, condición por la cual ve el mundo el blanco y negro. Por ello, se sometió a una cirugía (se desconoce quién la realizó, ya que la operación fue rechazada inicialmente por criterios bioéticos) para recibir por implante la antena que utiliza para percibir la frecuencia de sonido asociada a cada color, incluidos los infrarrojos y ultravioletas, mediante vibraciones audibles transmitidas por conducción ósea desde el hueso occipital. Su órgano cibernético también puede recibir imágenes, datos cromáticos y señales procedentes de fuentes externas, incluida internet. Su conexión a satélites también le permite percibir frecuencias procedentes de fuera de la Tierra.
Además de Harbisson, hay otras personas que también se han transformado en organismos cibernéticos (la palabra cyborg nació en 1960 como contracción de la expresión inglesa «cybernetic organism»). Por ejemplo, el profesor universitario Kevin Warwick, autorreconocido como el primer cíborg científico del mundo: se instaló en su propio cuerpo diversos dispositivos, incluidos un chip en su brazo para controlar aparatos electrónicos. Y la artista Moon Ribas, quien lleva implantados sensores de movimiento y detectores de seísmos.
¿Se podría concluir claramente si Harbisson, Warwick y Ribas han perdido humanidad al redefinir la relación con el entorno tras autocrearse como organismos fusionados con la tecnología?
La creación de un ser superior
Cuando el transhumanismo no se conforma con la mejora del ser humano, sino que busca traspasar sus límites hasta crear algo superior, estamos ante lo que suele designarse como «poshumanismo». Sería un cambio de paradigma, un salto hacia un lugar que resuelva la dicotomización de género que caracteriza a nuestras sociedades. Un lugar sin distinción entre lo natural y lo artificial, o lo animal y lo humano. Aquel donde se rinda un homenaje a la larga tradición filosófica que ha visto en el ser humano un animal enfermo: Arendt, Aurenque, Freud, Gehlen, Haraway, Hegel, Lessing, Nietzsche, Ortega, Rousseau, Schopenhauer, Unamuno.... En definitiva, hacia una nueva especie: homo excelsior.
Ante tal horizonte, se han vertido algunas dudas y críticas: ¿son estas propuestas implausibles fácticamente? ¿Encierran algún tipo de voluntad de constituir una maniobra para obviar los problemas del presente, tales como el deterioro medioambiental, la expoliación de recursos naturales, desigualdades, injusticias, crímenes políticos...? Entonces, las contracríticas serían: ¿es posible que el transhumanismo nos esté enseñando más sobre nuestro presente que sobre el futuro? ¿Y no sería precisamente por ello por lo que es necesaria la evolución?
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