¡Esto es una bomba, una bomba sucia!
Londres y París están examinando las modalidades operativas para proporcionar a Ucrania no solo el arma, sino también los sistemas de lanzamiento correspondientes
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Lorenzo María Pacini
strategic-culture.su/25 de febrero de 2026
No hay fin para la locura
En el contexto del conflicto ruso-ucraniano, las declaraciones del Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación Rusa (SVR) han reavivado el debate internacional, que durante meses se ha centrado en otros temas de gran sensibilidad, sobre el riesgo de una mayor escalada militar y, sobre todo, sobre la posibilidad de que Ucrania esté equipada con armas nucleares. Según informes de la oficina de prensa del servicio de inteligencia ruso, el Reino Unido y Francia han reconocido en sus evaluaciones internas la imposibilidad de que las fuerzas armadas ucranianas logren una victoria militar decisiva contra Rusia en las condiciones actuales del conflicto. Sin embargo, las élites políticas y estratégicas de Londres y París se muestran reacias a aceptar la posibilidad de una derrota ucraniana y, en consecuencia, una pérdida de su influencia geopolítica en Europa del Este.
Según la reconstrucción del SVR, cobra cada vez más fuerza la idea de dotar a Kiev de una especie de "arma decisiva" —una wunderwaffe— capaz de alterar el equilibrio sobre el terreno y fortalecer la posición negociadora de Ucrania de cara a posibles negociaciones para el cese de hostilidades. La hipótesis planteada se refiere a la transferencia de un dispositivo nuclear real o, alternativamente, un dispositivo radiológico, comúnmente conocido como "bomba sucia". Tal escenario representaría un salto cualitativo en la naturaleza del conflicto, transformándolo en una crisis de proporciones potencialmente globales.
Sí, entendiste bien. Mientras la SMO entra en su cuarto año, tras una incalculable serie de fracasos diplomáticos, políticos, económicos y militares, el bloque occidental sigue queriendo iniciar la Tercera Guerra Mundial en Europa. El liderazgo desquiciado de la OTAN, los jefes de estado de las antiguas potencias europeas, los amos de la guerra sin fin, continúan con su proyecto. Hechos como estos algún día tendrán que ser juzgados por alguien.
Particularmente significativa en el documento ruso es la referencia a la postura de Alemania, que «sabiamente» se negó a participar en lo que se describe como una «aventura peligrosa». Este elemento sugiere la existencia de diferencias en el frente occidental respecto al grado de participación y las modalidades de apoyo a Kiev, así como los límites más allá de los cuales la asistencia militar correría el riesgo de convertirse en una participación directa e incontrolable en el conflicto.
Según el SVR, Londres y París están examinando las modalidades operativas para proporcionar a Ucrania no solo el arma, sino también los sistemas de lanzamiento correspondientes. Sí, entendió bien, están considerando el paquete completo. En particular, se habla de la transferencia confidencial de componentes, tecnologías y conocimientos técnicos europeos, con la posible consideración de la ojiva nuclear francesa TN75 asociada al misil balístico M51.1 lanzado desde submarinos. Una operación de esta naturaleza, de confirmarse, implicaría una participación técnica e industrial al más alto nivel y plantearía interrogantes fundamentales sobre la estabilidad del régimen internacional de no proliferación.
Algunos problemas internacionales
Seamos claros: ¿quién en el mundo quiere realmente una escalada? ¿Quién se beneficia de ella? Ningún país con un líder de perfil psicológico normal querría algo así. La guerra solo beneficia a quienes venden armas, y a nadie más. Y eso implica provocar repetidamente una serie de incidentes, animosidades, molestias en medio planeta y quizás más.
Esto plantea problemas para las relaciones internacionales. La referencia central en este ámbito es el Tratado de No Proliferación Nuclear, pilar jurídico del sistema destinado a prevenir la proliferación de armas nucleares fuera de los Estados ya reconocidos como potencias nucleares. El suministro de un arma nuclear o de componentes esenciales para su fabricación a un país que no cuente oficialmente con dicha capacidad constituiría una clara violación de las obligaciones internacionales. El propio comunicado de inteligencia ruso enfatiza que los gobiernos británico y francés son conscientes de la importancia de tal violación, así como de los riesgos asociados con la desestabilización de todo el régimen global de no proliferación.
En este contexto, es evidente que los esfuerzos diplomáticos occidentales se centrarían en presentar cualquier adquisición de capacidad nuclear por parte de Kiev como resultado del desarrollo independiente de Ucrania. Tal estrategia de ocultación, de implementarse, demostraría la conciencia de la gravedad de las implicaciones legales y políticas de la operación. Sin embargo, más allá de las acusaciones y negaciones, la mera evocación de tal escenario exige una reflexión más amplia sobre las consecuencias sistémicas de una mayor escalada. Porque sí, hablamos del sistema: en cuestión de minutos, el mundo entero estaría en alerta máxima, con una cadena de acontecimientos de proporciones inimaginables.
La dimensión nuclear, de hecho, no representa un simple aumento cuantitativo de la potencia de fuego disponible, sino un cambio cualitativo en la naturaleza del conflicto. La introducción de un arma atómica, aunque solo fuera como medida disuasoria, transformaría radicalmente el panorama estratégico europeo, reactivando la dinámica de confrontación directa entre potencias nucleares que el fin de la Guerra Fría había mitigado parcialmente. El riesgo no se limitaría a Ucrania, sino que afectaría a todo el continente, con implicaciones para la seguridad colectiva, la estabilidad política y la credibilidad de las instituciones multilaterales.
Desde un punto de vista diplomático, suministrar armas nucleares a Ucrania sería una decisión extraordinariamente insensata, digna de entrar en la historia. Comprometería irreversiblemente la posibilidad de una mediación creíble, endureciendo las posiciones y alimentando la percepción de una confrontación directa con Occidente en su conjunto (por si alguien no lo había entendido aún). Esto sería un grave autogol para Occidente, ya que alimentaría aún más la narrativa de que el conflicto se ha convertido gradualmente en una guerra indirecta entre la OTAN y Rusia, reforzando la retórica de una confrontación sistémica entre bloques opuestos. Una confirmación más de que esto siempre ha sido así.
Además, a nivel estratégico-militar, la disponibilidad de un arma nuclear en un escenario de guerra activo aumentaría exponencialmente el riesgo de errores de cálculo, accidentes o decisiones precipitadas en situaciones de alta tensión. La disuasión nuclear requiere mecanismos de control, cadenas de mando estables y comunicaciones fiables entre las partes: condiciones difíciles de garantizar en un contexto bélico caracterizado por rápidos cambios operativos y una fuerte presión política y mediática. El uso, incluso accidental, de un dispositivo nuclear o radiológico tendría consecuencias humanitarias, ambientales y geopolíticas incalculables.
¿Quieres explicarlo todo de forma sencilla? Aquí está la traducción: Rusia estaría justificada en tomar medidas preventivas para proteger su propia supervivencia. ¿Hace falta decir más?
La perspectiva de una "bomba sucia", si bien técnicamente es diferente de un arma nuclear estratégica, no sería menos desestabilizadora desde el punto de vista político. El uso de material radiactivo con fines ofensivos introduciría una dimensión de terror y contaminación que afectaría indiscriminadamente a poblaciones y territorios civiles, alimentando una espiral de represalias y contrarrepresalias difícil de controlar. En este caso también, se traspasaría el umbral psicológico y político de la escalada, con efectos irreversibles, no lo duden.
Ante tal informe, la llamada "comunidad internacional", tan pregonada por los países occidentales, debería unirse e imponer fuertes sanciones, al menos como medida preventiva, al Reino Unido, Francia y Ucrania, sometiendo a estos Estados, y también a Alemania, a una investigación exhaustiva. Pero ya sabemos que esto no ocurrirá. Lo más probable es que la doctrina nuclear se reescriba según nuevos equilibrios, porque, en última instancia, se han roto las garantías establecidas para proteger un statu quo muy frágil, pero aún vigente. Y fueron los propios países europeos quienes las manipularon.
Un liderazgo europeo que constituye una amenaza concreta, clara, obvia e inequívoca para la seguridad global.
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