La soberanía no se negocia. La dignidad no se entrega. Y la historia… no se olvida
Es preciso no bajar la guardia: cuando el imperio sonríe, hay que mirar con cuidado... Dialogar no está mal. Al contrario, hablar es mejor que la guerra. Pero el problema es confiar ciegamente
Apoyar el diálogo, sí. Pero sin entregar la dignidad nacional. Sin aceptar tutelajes. Sin permitir que se trate al país como colonia.
Los mandatarios de Colombia, Gustavo Petro y de EE.UU., Donald Trump sostuvieron una dilatada conversación telefónica el pasado miércoles 7 de enero de 2026.
POR OMAR ROMERO DÍAZ /
cronicon.net/ 9 enero, 2026
“No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así, nada”.
– Ernesto Che Guevara, Santiago de Cuba, 30 de noviembre de 1964.
En Colombia, muchos escucharon con alivio que el presidente Gustavo Petro llamó telefónicamente a Donald Trump el pasado miércoles 7 de enero y éste le atendió con atención y hasta dicen, con cierta amabilidad. Algunos pensaron: “Bueno, se calmó la cosa”. Otros incluso hablaron de respeto, de diálogo, de nuevas relaciones. Pero la historia nos enseña algo muy claro: cuando se trata de Estados Unidos, nunca hay que ser ingenuos.
Una llamada no borra amenazas. Una conversación no cambia décadas de intervención. Y una sonrisa diplomática no garantiza buenas intenciones.
Una llamada no es amistad
Trump no es un político cualquiera. Es un hombre arrogante, de tintes fascistas, que ha amenazado países, que ha mentido sin pruebas, que ha usado el poder como garrote. Lo hizo con Venezuela. Primero habló, luego presionó, después vino el ataque político, económico, mediático y militar.
Por eso, la llamada de Petro no debe verse como un gesto de cariño, sino como un movimiento calculado. Trump llama o atiende llamadas cuando le conviene. Habla cuando necesita ganar tiempo. Dialoga cuando quiere desactivar tensiones… no cuando respeta la soberanía de los pueblos.
Estados Unidos no ha cambiado su forma de actuar en América Latina. Sigue viendo la región como su patio trasero. Sigue decidiendo quién es “bueno” y quién es “enemigo”. Sigue usando el narcotráfico como excusa para intervenir.
Hoy es Colombia la que fue atendida en Washington vía telefónica. Ayer fue Venezuela la que recibió promesas. Mañana puede ser cualquier país que no se arrodille. Por eso, no se puede bajar la guardia.
El diálogo también puede ser una trampa
Dialogar no está mal. Al contrario, hablar es mejor que la guerra. Pero el problema es confiar ciegamente. El imperialismo no actúa con sentimientos, actúa con intereses y prepotencia.
Cuando Trump atiende una llamada, no lo hace pensando en el bienestar del pueblo colombiano. Lo hace pensando en control, en recursos, en poder, en geopolítica.
La historia está llena de ejemplos: primero el saludo, luego la presión; primero el diálogo, después la imposición.
El mensaje al pueblo colombiano
Colombia necesita paz, dignidad y soberanía. Necesita relaciones internacionales basadas en el respeto, no en la amenaza. Por eso, como pueblo, debemos estar atentos, críticos y unidos. Apoyar el diálogo, sí. Pero sin entregar la dignidad nacional. Sin aceptar tutelajes. Sin permitir que se trate al país como colonia.
Que nadie se confunda: la llamada no es el final del problema. Es apenas un capítulo más.
Hoy más que nunca, Colombia, el pueblo debe no bajar la guardia. Porque cuando el poder imperial sonríe, muchas veces lo hace antes de volver a golpear.
La soberanía no se negocia. La dignidad no se entrega. Y la historia… no se olvida.
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