Investigadores descubren que el aburrimiento activa redes cerebrales cruciales para la creatividad, la memoria y el equilibrio emocional, y advierten del riesgo
de una vida sin pausas
Aunque no lo creas, aburrirse es clave para tu salud mental y creatividad. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez
Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
muyinteresante.okdiario.com/Creado: 31.01.2026
En un mundo donde todo compite por nuestra atención —desde TikTok hasta los mensajes que interrumpen el desayuno—, parece impensable detenerse a no hacer nada. Sin embargo, justo ahí, en el vacío de actividad, ocurre uno de los procesos más sofisticados de nuestro cerebro. Así lo explica Marta Trillo en su reciente libro Cómo decide tu cerebro, publicado recientemente por la editorial Pinolia, una obra que explora con humor y rigor cómo funcionamos por dentro cuando amamos, tememos, decidimos… o simplemente nos aburrimos.
Lejos de ser una molestia que conviene eliminar, el aburrimiento es, según la neurociencia actual, una herramienta fundamental para la salud mental. De hecho, investigadores de distintos centros han demostrado que es en esos momentos de “nada” cuando el cerebro despliega uno de sus sistemas más importantes: la red neuronal por defecto, un conjunto de regiones cerebrales que se activa justo cuando dejamos de prestar atención a lo externo y comenzamos a mirar hacia dentro.
Lo que ocurre en tu cerebro cuando estás aburrido
Mientras nuestra atención consciente se apaga por falta de estímulos —durante una reunión larga, una caminata sin rumbo o al esperar el autobús—, zonas profundas del cerebro toman el relevo. Es entonces cuando el cerebro no descansa, sino que cambia de función: organiza recuerdos, procesa emociones pendientes y empieza a resolver problemas de forma silenciosa. Este modo de funcionamiento introspectivo no solo nos ayuda a entender el pasado, sino también a anticipar el futuro.
Lo más curioso es que estas conexiones cerebrales solo se activan cuando dejamos de estar bombardeados por información. El constante consumo de contenidos digitales bloquea esa posibilidad. El “scroll infinito” da placer inmediato, pero impide que la mente haga ese trabajo silencioso que es clave para tomar mejores decisiones, consolidar la memoria y autorregular nuestras emociones.
¿Sabías que tu cerebro necesita aburrirse para no colapsar? Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian PérezEl aburrimiento es la cuna de la creatividad
Desde hace años, distintos estudios han observado que las ideas más brillantes no nacen en el escritorio, sino en la ducha, al pasear por el bosque o mientras se lavan los platos. Actividades mecánicas y repetitivas que no requieren atención plena se convierten en escenarios ideales para que el cerebro entre en este modo introspectivo.
Es lo que explica el auge de la llamada divagación mental, ese deambular mental que no solo es natural, sino necesario. Al permitir que la mente vague sin rumbo aparente, aumentamos la capacidad de hacer conexiones inesperadas, encontrar soluciones originales o tener los famosos “momentos eureka”.
Lo que perdemos al evitar el aburrimiento
Vivimos en una época que glorifica la productividad y la ocupación constante. Lo que antes se llamaba “tiempo muerto” ha sido reemplazado por notificaciones, vídeos cortos y multitarea. Pero esta sobreestimulación tiene un precio: el sistema nervioso se mantiene en un estado de alerta crónica, conocido como sobrecarga alostática. Esto puede conducir a fatiga, ansiedad e incluso problemas de salud más graves.
Los expertos coinciden: al eliminar el aburrimiento, estamos dejando a nuestro cerebro sin uno de sus recursos más valiosos para mantener el equilibrio interno. Es como privarle del sueño, pero en vigilia. Lo que necesita no es más información, sino más pausas.
No se trata solo de neurociencia. Desde el punto de vista psicológico, el aburrimiento también cumple una función educativa. Enseña a tolerar la espera, a convivir con la frustración y a generar respuestas creativas. Por eso es clave durante la infancia. Niños constantemente entretenidos con pantallas desarrollan menor tolerancia a la frustración y muestran dificultades para encontrar placer en actividades no inmediatas.
Aceptar el aburrimiento no significa resignarse a la apatía, sino integrar un espacio mental que permita la exploración personal. En adultos, practicar el arte italiano de disfrutar el no hacer nada mejora la autorregulación emocional, fortalece la autoestima y potencia la autonomía cognitiva.
El cuerpo también se relaja cuando la mente se aburre
La conexión entre aburrimiento y salud va más allá del cerebro. Cuando entramos en modo “pausa”, el sistema nervioso parasimpático —encargado de la relajación— toma el control. Disminuye el ritmo cardíaco, baja la presión arterial y se reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Es un pequeño reset biológico.
Además, al desactivar el sistema de recompensa rápida que se estimula con redes sociales y notificaciones, se equilibra el circuito de la dopamina, evitando esa sensación de vacío que aparece cuando dejamos de recibir estímulos constantes.
Recuperar el aburrimiento como herramienta de bienestar implica un cambio cultural. Significa asumir que no tenemos que estar “haciendo” todo el tiempo. Que parar también es avanzar. Que no responder un mensaje en el acto, mirar por la ventana o pasear sin objetivo no es una pérdida de tiempo, sino una inversión en claridad mental y salud emocional.
Algunas estrategias sencillas pueden ayudarte: dejar el móvil en otra habitación durante un rato, salir a caminar sin música, permitir que los niños jueguen sin instrucciones o simplemente contemplar el cielo. Son prácticas pequeñas que pueden tener un impacto profundo.

El aburrimiento activa redes neuronales que potencian la creatividad, la introspección y el equilibrio emocional. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez
Cómo decide tu cerebro, de Marta Trillo
En este contexto de atención fragmentada y mentes sobreestimuladas, el libro Cómo decide tu cerebro de Marta Trillo es una bocanada de aire fresco. Con un estilo directo, irónico y lleno de referencias pop, Trillo convierte situaciones cotidianas —como una cita de Tinder o el nerviosismo antes de un mensaje sin respuesta— en excusas perfectas para explorar cómo funciona nuestro sistema nervioso, qué papel juegan las hormonas, y por qué nuestras decisiones emocionales tienen tanto de biológico.
Lo brillante de este libro no es solo su contenido, que está lleno de información científica sólida, sino su capacidad para hacer accesible lo complejo sin perder rigor. Cada capítulo entrelaza una anécdota real con una explicación neurobiológica o psicológica, logrando que el lector aprenda sin darse cuenta. Y lo hace con humor, con honestidad y con un enfoque feminista y crítico hacia las dinámicas sociales contemporáneas.
Trillo, investigadora predoctoral y divulgadora científica, demuestra en esta obra que se puede divulgar ciencia desde el entretenimiento sin caer en superficialidades. De hecho, su forma de narrar consigue justo lo que defiende este artículo: que el conocimiento necesita espacio, pausa y curiosidad para florecer. Y que aburrirse, a veces, es solo el primer paso para enamorarse… incluso de uno mismo.

___________
Referencias
Eastwood JD, Frischen A, Fenske MJ, Smilek D. The Unengaged Mind: Defining Boredom in Terms of Attention. Perspect Psychol Sci. 2012;7(5):482-495. doi:10.1177/1745691612456044
Menon V. 20 years of the default mode network: A review and synthesis. Neuron. 2023;111(16):2469-2487. doi:10.1016/j.neuron.2023.04.023
Santamaría-García H, Migeot J, Medel V, et al. Allostatic Interoceptive Overload Across Psychiatric and Neurological Conditions. Biol Psychiatry. 2025;97(1):28-40. doi:10.1016/j.biopsych.2024.06.024
_________
Fuente:
