La propuesta abre nuevas rutas para fortalecer las defensas del cuerpo frente a la expansión de tumores
Por Consuelo Doddoli, Ciencia UNAM-DGDC
26-01-2026
El cáncer de mama triple negativo es una de las variantes más agresivas y con menos opciones de tratamiento. Aunque en las últimas décadas se han logrado avances, en algunos casos los tumores desarrollan resistencia a las terapias disponibles o presentan mutaciones que los vuelven más difíciles de atacar.
Una ruta alentadora es fortalecer las defensas del cuerpo frente a los mecanismos detonadores de este cáncer agresivo. Un grupo de investigación mexicano del Instituto de Investigaciones Biomédicas ha alcanzado resultados alentadores en modelos experimentales con el uso de una molécula llamada GK-1, desarrollada en laboratorio.
Expansión del cáncer
El cáncer se origina cuando ciertas células del cuerpo pierden el control de su crecimiento y división. En condiciones normales, las células se multiplican, cumplen su función y al envejecer o dañarse mueren de manera programada. Pero si ocurren mutaciones genéticas que alteran este equilibrio, algunas células pueden evadir los mecanismos de control y comenzar a multiplicarse sin límite, formando tumores.
Cuando las células malignas se desprenden y se trasladan por el cuerpo a través de la sangre o la linfa —líquido del sistema linfático que transporta células del sistema inmunitario—, pueden llegar a otros órganos, “anidarse” en nuevos tejidos y formar metástasis.
Además, “los tumores pueden inducir un proceso conocido como angiogénesis, que consiste en la formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de los ya existentes. Gracias a esta red, el tumor obtiene oxígeno y nutrientes que le permiten seguir creciendo. Al mismo tiempo, estos vasos se convierten en una vía de escape para las células cancerosas, que pueden viajar por el organismo y originar metástasis en otros órganos”
“El sistema inmunitario actúa como una red de vigilancia que identifica y destruye células anormales antes de que se transformen en cancerosas. Sin embargo, algunos tumores logran burlar esta defensa natural: se camuflan, inhiben las respuestas inmunológicas o generan un entorno que impide la acción de las células defensoras”, agrega la doctora Gladis Fragoso, también del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

La molécula GK-1
En la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas, las investigadoras Edda Sciutto y Gladis Fragoso desarrollaron en laboratorio una molécula llamada GK-1. Los resultados han sido alentadores en modelos experimentales de cáncer de mama triple negativo, llamado así porque sus células no contienen receptores de estrógeno, progesterona y no generan exceso de la proteína HER2.
Durante más de dos décadas de investigación, las científicas han caracterizado a GK-1, un péptido —pequeña cadena de aminoácidos, los “ladrillos” de las proteínas— que identificaron originalmente mientras desarrollaban una vacuna contra la cisticercosis.
Con el tiempo, descubrieron que esta molécula poseía propiedades inmunoestimulantes, capaces de activar al sistema inmune contra distintos tipos de células dañinas, incluidas las cancerosas.
En estudios con ratones con cáncer de mama triple negativo, la aplicación de GK-1 redujo significativamente el tamaño de los tumores y el número de metástasis en diversos órganos del cuerpo —de decenas de lesiones a ninguna o muy pocas en algunos casos—.
A la vez que incrementó la actividad de los linfocitos citotóxicos (CD8+), un tipo de células del sistema inmunitario especializadas en destruir tejidos cancerosos, y modificó el microambiente tumoral, es decir, el conjunto de vasos sanguíneos, células inmunitarias y moléculas que rodean al tumor, favoreciendo una respuesta inmunitaria más eficaz.
Los resultados obtenidos en estos experimentos permiten sostener que GK-1 podría ofrecer resultados favorables en humanos, particularmente en casos de cáncer de mama triple negativo. Las investigadoras destacan que además de evaluar su eficacia en modelos animales, han trabajado para preparar las condiciones que permitan probar el biológico en humanos y eventualmente obtener su aprobación por la COFEPRIS.
Su propósito, explican, es evaluar GK-1 en ensayos clínicos y determinar si esta propuesta de tratamiento podría superar a las terapias que actualmente se utilizan para combatir este tipo de cáncer.
En caso de que la molécula no resultara eficaz, se plantea la posibilidad de combinarla con terapias existentes, con el fin de reducir las dosis de tratamientos que suelen ser muy agresivos y, en algunos casos, costosos.

¿Cómo actúa?
La forma en que actúa GK-1 es similar a la de las terapias inmunológicas basadas en anticuerpos monoclonales, ya que ambas buscan estimular y dirigir la respuesta del sistema inmune para que reconozca y elimine con mayor precisión a las células cancerosas.
Las investigadoras han observado que este biológico inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), un proceso clave en el desarrollo tumoral. Este efecto es fundamental en el tratamiento del cáncer, ya que frena el crecimiento del tumor al impedir que se nutra de oxígeno y nutrientes, y limita la posibilidad de metástasis, y por la tanto, la dispersión del cáncer en el organismo.
Además de estimular al sistema inmunitario, los estudios del grupo del Instituto de Investigaciones Biomédicas indican que GK-1 también afecta directamente el metabolismo de las células cancerosas. Al alterar el funcionamiento de sus mitocondrias, la molécula reduce la producción de energía que las células malignas necesitan para multiplicarse, debilitando al tumor desde su interior.
Hacia la aplicación clínica
La siguiente etapa para el desarrollo de este tratamiento se realizará en colaboración con el Instituto Nacional de Cancerología (INCan). Las científicas relatan que ya terminaron el proceso de formulación para definir cómo presentarán a la molécula GK-1 para inyectarla vía subcutánea a una persona.
Para poder utilizar este biológico en personas, es necesario realizar estudios de estabilidad del péptido, que actualmente están siendo desarrollados por una empresa en la India, con apoyo económico de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti). Se espera que los resultados estén disponibles en 2026.
Asimismo, el grupo de investigación busca nuevos fondos por parte de esta Secretaría para llevar a cabo los ensayos para evaluar la seguridad del medicamento en humanos. Estos estudios suelen tener costos relativamente altos, pero son indispensables para que la molécula pueda avanzar hacia su uso clínico y, eventualmente, llegar a los pacientes.
La doctora Gladis Fragoso agrega que, a iniciativa de un grupo de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, se organizó un estudio para analizar la capacidad antitumoral de este péptido en perros con cáncer oral, muchos de ellos en estado avanzado y sin opciones terapéuticas.
En este estudio se observó que la aplicación de GK-1 no produce reacciones adversas, lo que confirma su inocuidad. Además, en dos de los animales el tumor desapareció completamente, y en varios otros la expectativa de vida se prolongó por más de un año.
“Este mismo efecto antitumoral y la seguridad observada en los animales es lo que esperamos lograr en humanos, y tenemos mucha confianza en que así será”, concluyen las investigadoras.
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