Estudio realizado en Canadá
Las parejas suelen ser una ayuda clave de la recuperación, al preparar comidas cardiosaludables o fomentar la actividad física regular, mejorando el estilo de vida
(Fernando Sánchez / Europa Press)
Javier Granda Revilla
elconfidencial.com/02/01/2026 - 05:00
Las enfermedades cardíacas siguen siendo la principal causa de muerte en todo el mundo. Y cada vez se reconoce más que la recuperación tras una de ellas no es solo física, sino también emocional y social. Así lo demuestra un nuevo estudio, que señala que las relaciones sólidas y de apoyo pueden mejorar la salud cardíaca de las personas con enfermedades cardiovasculares. El trabajo, que acaba de publicarse en la revista Canadian Journal of Cardiology recomienda incluir a las parejas en programas de rehabilitación cardíaca para promover la salud cardíaca a largo plazo y la calidad de vida de ambos miembros de la relación.
En el estudio se ha realizado una evaluación de la efectividad de las intervenciones basadas en parejas sobre factores de riesgo cardiovascular modificables, analizando resultados cardíacos, salud mental y calidad de la relación en adultos con enfermedad cardíaca diagnosticada y sus parejas. La principal conclusión es que el 77% de los estudios revisados muestran mejoras tanto para resultados de salud cardíaca como mental.
“Considerando la cantidad de literatura científica consolidada que destaca que la calidad de la relación impacta la salud cardíaca, es sorprendente que tan pocos estudios se hayan centrado en la calidad de la relación en sus intervenciones”, ha advertido la investigadora Heather E. Tulloch, del Instituto de Cardiología de la Universidad de Ottawa, en Canadá.
“A veces, las enfermedades cardíacas unen a las parejas, pero a menudo representan un desafío para la relación y para ambos miembros. Con los años, hemos aprendido que los eventos cardíacos no solo le ocurren al paciente, sino también a la pareja”, recuerda.
Cuidados más allá del individuo
En la Unión Europea, las enfermedades cardiovasculares son responsables de un tercio de todas las muertes y del 20 % de todas las muertes antes de los 65 años. En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, supone el 27% de la mortalidad total.
A pesar de estas cifras, la mayor parte de la atención cardíaca se centra únicamente en el paciente individual. Los programas para parejas, analizados en el artículo, buscan cambiar esta situación involucrando a ambos en la recuperación y en los cambios de estilo de vida. Este enfoque reconoce que las parejas suelen ser facilitadoras clave de la recuperación, por ejemplo, al preparar comidas cardiosaludables, fomentar la actividad física regular y garantizar que la medicación se tome correctamente.
Si bien existe una creciente evidencia de que estas intervenciones pueden mejorar los hábitos de salud, se sabe menos sobre cómo afectan el ajuste emocional o la calidad de la relación en sí. Los autores instan a que futuras investigaciones se centren más en los factores emocionales y relacionales para fortalecer la recuperación y el bienestar de ambos miembros de la pareja.
Este es uno de los motivos por los que los sistemas de salud priorizan cada vez más la atención centrada en el paciente y la familia. Los enfoques basados en la pareja podrían ayudar a los profesionales de la salud a brindar un mejor apoyo tanto a los pacientes como a sus parejas durante la rehabilitación cardíaca. Así, no solo los pacientes recibirán indicaciones importantes para mejorar su salud, sino que sus parejas, que pueden tener factores de riesgo cardiovascular similares, también podrían beneficiarse.
La doctora Tulloch ha recalcado que es necesario “desarrollar y probar intervenciones que incluyan a la pareja como participante activo y aborden significativamente la situación en las relaciones de los pacientes, con el objetivo de ayudar a las parejas a afrontar mejor las enfermedades cardíacas, mejorando su salud mental y física, así como la salud de su relación”.
Los autores proponen un modelo de atención escalonada dentro de la rehabilitación cardíaca como una vía viable para la detección sistemática y la derivación a los servicios adecuados para ayudar a las parejas a afrontar la angustia. Para abordar las lagunas de conocimiento actuales, los estudios futuros deberían incluir poblaciones más diversas y medir los resultados tanto de los pacientes como de sus parejas.
“Necesitamos tratar el corazón y fomentar las relaciones para mejorar los hábitos saludables, la salud mental y, posiblemente, los resultados cardiovasculares en las personas con cardiopatías", concluye la doctora Tulloch. “Esto podría conducir a una mayor adaptación emocional y social durante la recuperación de los pacientes y, en última instancia, a mejores hábitos saludables”, sentencia.
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