El cerebro no va a la oscuridad al morir: un estudio redefine el proceso y
abre nuevas vías médicas
Investigadores han descubierto, gracias a registros electroencefalográficos, que el cerebro se hiperactiva antes de la muerte, liberando sustancias que generan paz y serenidad
Visualización de la actividad neuronal durante los últimos momentos de vida, cuando el cerebro libera una cascada de neurotransmisores que generan sensaciones de paz y recuerdos intensos. / IA/T21
Redacción T21
epe.es/Madrid/29 DIC 2025
No podemos preguntar a los muertos qué sintieron en sus últimos segundos. Pero, gracias a registros electroencefalográficos de pacientes terminales, los investigadores tienen ahora respuestas que desafían siglos de creencias sobre el fin de la vida.
La muerte es un proceso, algo que durante siglos hemos malinterpretado. Steve Jobs, el fundador de Apple, pronunció sus últimas palabras con una cadencia que sigue intrigando: Oh wow, oh wow, oh wow. ¿Qué vio en aquellos momentos finales? Nunca lo sabremos. Pero lo que la ciencia está descubriendo ahora sobre lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos acercamos a la muerte sugiere que Jobs no experimentaba el vacío que imaginamos, sino algo profundamente distinto.
Durante décadas, los científicos evitaron estudiar la muerte porque resultaba incómodo y éticamente cuestionable. No podemos preguntar a los muertos qué sintieron en sus últimos segundos. Pero hoy contamos con un método novedoso: gracias a los registros electroencefalográficos (EEG) de pacientes en estado terminal, los investigadores pueden observar en tiempo real cómo cambia la actividad cerebral mientras el cuerpo se apaga. De acuerdo con una investigación publicada en BBC Science Focus Magazine, lo que los científicos están encontrando desafía nuestra comprensión convencional de la muerte misma.
Cascada neurológica
Cuando el corazón se detiene, el cerebro no muere inmediatamente. Las células nerviosas poseen reservas de energía que las mantienen funcionando durante un corto período sin oxígeno, un estado llamado hipoxia. Es entonces cuando comienza una cascada neurológica extraordinaria. Los investigadores de la Universidad de Michigan, liderados por la neurocientífica Jimo Borjigin, citados por la BBC, documentaron que en algunos pacientes moribundos se producen ráfagas masivas de ondas gamma, las de frecuencia más alta y típicamente asociadas con procesos conscientes complejos. Estos brotes ocurren precisamente en regiones del cerebro vinculadas con la consciencia, la memoria y la percepción visual.
Lo contradictorio es que esto debería ser imposible. El consenso científico sostenía que un cerebro sin oxígeno simplemente "se rendía". Pero Borjigin encontró lo opuesto: el cerebro se hiperactiva antes de desvanecerse. Es como si el órgano más complejo de nuestro cuerpo ejecutara un último acto coordinado, una orquestación neuronal final. Los neurocientíficos denominan esto la "onda trifásica de la muerte": neuronas despolarizándose descontroladamente, como el equivalente neural de fuegos artificiales.
Experiencias cercanas a la muerte
Este descubrimiento ofrece una explicación biológica para las experiencias cercanas a la muerte que miles de personas han experimentado. Los sobrevivientes de paros cardíacos reviven recuerdos vívidos, sienten paz absoluta, perciben luces brillantes y, sorprendentemente, a menudo relatan encuentros con personas fallecidas.
Charlotte Martial, neurocientífica en la Universidad de Lieja, citada también por la BBC, considera que este fenómeno resulta de una combinación perfecta de neurotransmisores liberados durante la hipoxia: serotonina para intensificar imágenes visuales, endorfinas para generar sensaciones de serenidad, noradrenalina para grabar la experiencia en la memoria. El cerebro, en sus últimos momentos, no entra en pánico, sino en un estado de defensa química.
Existe una hipótesis evolutiva para explicarlo. Martial sugiere que las experiencias cercanas a la muerte podrían ser una versión sofisticada del "tanatosis", ese mecanismo de supervivencia que observamos en animales como las zarigüeyas, que simulan la muerte ante una amenaza. El cerebro humano, enfrentado a una situación de riesgo existencial, se retira a un lugar neurológico seguro, inundándose de sustancias que alivian el sufrimiento.
La última muerte
Lo más profundo de estos hallazgos es que redefinen qué significa morir. No existe un único "momento de la muerte", como hemos creído. La muerte es un proceso gradual durante el cual el cerebro permanece activo, posiblemente consciente, incluso después de que el corazón deja de latir. Según la BBC, Ajmal Zemmar, neurocirujano investigador, enfatiza que el cerebro real muere más de un minuto después del paro cardíaco, cuando el EEG finalmente se aplana.
Estos descubrimientos tienen implicaciones prácticas inmediatas. Si el cerebro puede suprimir activamente el ritmo cardíaco durante la hipoxia, como sugieren estudios en roedores, entonces los médicos podrían disponer de más tiempo para salvar a un paciente en paro cardíaco.
Pero hay algo más tranquilizador en esto para quienes enfrentan la muerte propia o la de sus seres queridos: el cerebro, aparentemente, no lleva al cuerpo a la oscuridad, sino a un lugar de paz, posiblemente de encuentro con los momentos que definieron nuestras vidas.
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Referencia
This is what happens when you die. Nate Scharping. BBC Science Focus Magazine, december 2025, págs. 70-74.
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Fuente:
