La investigación abordó el impacto del uso y del tiempo dedicado a estas pantallas por parte de niños de 0 a 4 años, de 5 a 12 y de 13 en adelante.
Más que limitar, enseñar
Con el tiempo, los dispositivos digitales pueden «desensibilizar» a los chicos de las sensaciones más simples del mundo real
Los beneficios de limitar el uso de tabletas o celulares en las aulas comienzan a medirse en muchas partes del mundo. Algunos estudios observan que los chicos han mejorado su capacidad de atención, la resolución de problemas y las calificaciones. Podría decirse que es una pequeña batalla ganada entre la distracción y el mejor rendimiento académico.
Pero, más allá de las escuelas, ¿cuál es el impacto en el desarrollo del cerebro de estos niños y jóvenes al pasar horas frente a las pantallas digitales?
Common Sense Media realizó un nuevo informe sobre el uso y la frecuencia que dedican los pequeños a diferentes tipos de medios, como teléfonos inteligentes o computadoras. Y el tiempo que dedican al estilo del contenido, desde videos cortos hasta transmisiones en vivo.

Sorprendentemente se encontró que a los 4 años, más de la mitad de los niños tienen su propia tableta, y que el 36% de los niños de 2 a 4 años ven videos en línea a diario. Michael Rich, profesor asociado de pediatría en la Facultad de Medicina de Harvard, recopiló los datos de la muestra y los consideró ‘profundamente preocupantes’.
Rich se compadece de los padres de estos chiquillos porque seguramente les facilitan estos dispositivos mientras atienden sus múltiples tareas. Sin embargo cree que se está delegando en esos equipos digitales la comprensión del mundo y el desarrollo de sus percepciones a tan corta edad. Lo mejor, dice, es buscar una forma más enriquecedora.
Common Sense Media ayuda a padres, educadores y estudiantes a tomar decisiones informadas sobre el uso de medios por parte de los niños.
Secuelas de la sobreexposición de pantallas en niños
Rich es director de la Clínica de Medios Interactivos y Trastornos de Internet del Hospital Infantil de Boston, afiliado a Harvard, donde trabaja con adolescentes y jóvenes cuyas actividades en línea interfieren con su bienestar. Considera los medios digitales un problema de salud ambiental, como el aire limpio.
“Definitivamente deberíamos pedirles a los dueños de estas plataformas que limpien sus productos, pero también tenemos que ayudar a los niños a respirar ahora mismo”, afirma. “Tenemos que ayudarlos a aprender a prosperar en el entorno que tenemos”.
El estudio se refiere al impacto de estas pantallas digitales en los chiquitos de 2 a 4 años. Si bien las conexiones sinápticas (punto de comunicación entre neuronas) se forman y se perfeccionan a lo largo de la vida, el cerebro de los bebés desarrolla nuevas conexiones con mayor rapidez. Según el Centro para el Desarrollo Infantil de Harvard, durante los primeros años de vida se forman más de un millón de nuevas conexiones neuronales cada segundo, y estas vías neuronales sientan las bases para el desarrollo futuro.
Cuando los bebés y los niños pequeños pasan tiempo frente a las pantallas, sus cerebros se desarrollan en función de una información que es a la vez muy atractiva y ausente de estímulos más ricos y significativos, dice Rich. Como el olor del cuerpo de sus cuidadores o el tacto de su piel.
“El verdadero problema con el tiempo frente a una pantalla a menudo no es lo tóxico que resulta de ella, sino lo que se pierden por estar frente a ella”, comenta a The Harvard Gazette.

Desensibilizar a los niños del futuro
La investigación abordó el impacto del uso y del tiempo dedicado a estas pantallas por parte de niños de 0 a 4 años, de 5 a 12 y de 13 en adelante.
Estos dispositivos no sólo atraen nuestra atención: también moldean la estructura de nuestro cerebro. “Constantemente creamos conexiones sinápticas entre nuestras neuronas”, dice Rich. “Cuando usamos esas conexiones, se refuerzan, pero se crean otras conexiones que luego se eliminan porque no las usamos tanto”.
Con el tiempo, las pantallas pueden «desensibilizar» a los niños a las sensaciones más simples del mundo real. “Cuando se sientan a la mesa y sus padres les preguntan ‘cómo les ha ido en el día’, les resulta que ya no es suficiente”, afirma Rich.
Al experto también le preocupa que gran parte de lo que los niños consumen en las pantallas requiere poca o ninguna interacción. “No les exige que contribuyan en nada”, sostiene. “Así que el otro aspecto es ‘me van a dar estímulos’, en lugar de ‘tengo que salir a buscarlos’. No inhibe la creatividad; simplemente no le da espacio para que surja”.
A los 8 años, casi 1 de cada 4 niños tiene su propio teléfono, según la investigación de Common Sense Media, una estadística que plantea desafíos nuevos y diferentes. “El comedor, el patio de recreo, el pasillo entre clases: estos son los lugares donde los niños se convierten en individuos en una sociedad que ellos mismos construyen. Donde descubren a quién les gusta y a quién no, cómo recuperarse después de los desafíos”.
Precisa que “si ese niño tiene en el bolsillo un teléfono donde su mamá puede preguntar: ‘¿Qué tal te fue en el examen de matemáticas? ¿Necesito hablar con tu profesor?’, nunca tiene la oportunidad de resolver estas cosas por sí mismo”.

Más que limitar, enseñar
Mientras los líderes estatales y locales toman medidas para prohibir o restringir los teléfonos en las escuelas, Rich aboga por un enfoque más matizado del tiempo dedicado por los niños a estas pantallas.
“Creo que deberíamos enseñar a los niños a usar estas herramientas, igual que les enseñamos a usar la computadora o el lápiz y el papel”, resalta. “Si prohibimos los teléfonos en las escuelas, no tendremos tiempo ni espacio para enseñar a los niños a usar estas poderosas herramientas eficazmente. Un aspecto importante de su uso eficaz es saber cuándo no son la mejor herramienta para el trabajo y desactivarlas”.
Al llegar a la preparatoria, algunos jóvenes poseen las habilidades socioemocionales necesarias para regular su propio uso de la tecnología. Para quienes no las poseen, como los pacientes de la clínica de Rich, el uso problemático de internet es casi un síntoma de una afección mental subyacente o neurodivergencia, generalmente depresión, ansiedad social, autismo o TDAH, explicó. Ayudar a los adolescentes a moderar su uso de internet consiste más bien en brindarles herramientas para afrontar esos desafíos subyacentes.
Rich advierte que no se debe considerar el uso problemático de internet como una adicción. “El objetivo terapéutico de la adicción es la abstinencia”, afirma. “Internet es un recurso necesario. Lo necesitamos para aprender, enseñar, comunicarnos y conectar, El uso indebido «se debe a factores psicológicos, no fisiológicos”, añade.

Vale la pena aburrirse
Su receta consiste en acostumbrarse al aburrimiento. Esto también aplica a los adultos. “Somos tan reacios al aburrimiento que no podemos subir a un ascensor sin sacar nuestros teléfonos”. Entonces recomienda que, a cualquier edad, los padres modelen hábitos saludables en el uso de los medios, alienten actividades sin pantallas y tengan conversaciones constantes sobre cómo criticar lo que los niños ven en sus pantallas.
Nuestro objetivo es ayudar a los niños a ser pensadores críticos, a ser alfabetizados digitalmente en lo que reciben y también en lo que crean y publican, ya sea que hablemos de televisión, teléfonos inteligentes o la generación de Inteligencia Artificial.
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