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LOS CUATRO PELIGROS

El Miedo, La Claridad, El Hastío, El Poder son los cuatro peligros que evitar. El inventario es de Gilles Deleuze. 

La guerra en clave de destrucción, el poder de destrucción, la furia catastrófica, es el trazo de la línea de abolición, es solo el residuo de la perdición cuando no se ve un horizonte de esperanza. Condición suicida, nihilismo realizado.


Mauricio Castaño H.
Historiador – Colombiakrítica

El primero de ellos, es el miedo. Es común, todo el tiempo tememos perder nuestro empleo, nuestras rentas, nuestra casa, el ser más querido. Todo se paraliza en el cuerpo. La noticia lo dejó sin fuerzas y se desplomó. Todo se afecta, la manera de percibir, la manera de caminar. No hay ninguna emoción interna, todo sale, todo se manifiesta en lo que hacemos y como nos movemos, todo se va agenciando de pequeños trozos de la existencia. Por eso todo el tiempo estamos evitando tener miedo y por eso esquivamos las arenas movedizas y nos aseguramos la tierra firme. La seguridad tiene muchos adeptos. Amamos la seguridad, nos hacemos los locos con lo imprevisible y lo caótico de la vida. Desoímos a la gruñona pacha mama que nos regaña y nos pone en alerta: La crecida del río, los vendavales se llevan toda la vida, la casa, los cultivos, todo es arrasado.

Segundo peligro, La Claridad. La visión microscópica que nos da toda la seguridad. Todos tenemos micro percepciones que revelan agujeros y espacios en lo que vemos y escuchamos. “Eso es precisamente la claridad: esas distinciones que se establecen en lo que nos parecía lleno, esos agujeros en lo compacto; y a la inversa, donde hace un momento veíamos terminaciones de segmentos bien delimitados, ahora hay más bien franjas imprecisas, intrusiones, imbricaciones, migraciones, actos de segmentación que ya no coinciden con la segmentaridad dura. Todo ha devenido flexibilidad aparente, vacíos en lo lleno, nebulosas en las formas, imprecisión en los trazos. Todo ha adquirido la claridad del microscopio. Creemos haberlo comprendido todo, y sacar las consecuencias. Somos una nueva raza de caballeros, hasta tenemos una misión”. (Deleuze, Mil Mesetas. p. 377).

Es una especie de metamorfosis. La familia deviene grupos, ghettos. Doy la vida por la madre patria. Cada ser se adapta a nuevas situaciones como los virus que se adaptan a las situaciones más diversas. Mi rabia, mi microfascismo. Vadeamos pequeños miedos que salen de nuestros poros de la piel, del agujero negro, pequeñas inseguridades, pequeñas manías que se adueña de nosotros. Reñí con el almacenista porque en su atención fue grosero. El miedo paranoico. Ese jefe tirano me paraliza, lo veo hasta en la sopa. Quiero enfrentarlo, quiero volverme justiciero, tomar la justicia por mis propias manos. El fascismo del alto funcionario que reproduce en sus empleados, todos ellos están dispuestos a seguirlo por el despeñadero de la muerte.

El tercero es el hastío. No hay mucho que decir. Quiero dejar todo, acabar con todo. Ojalá estuviera muerto.

El cuarto peligro tiene olor a muerte, a inmolación. Si muero, otros morirán conmigo, es morir matando. Toda sociedad son flujos de deseos y creencias, y como tales cuantificables, verdaderas cantidades sociales. Todo confluye, todas las líneas de fuerza apuntan a una acción, flujos mutantes, deseos desterritorializados, mi amor vuelto odio, se sabe con quién se contrae matrimonio, pero se desconoce de quién se divorcia, todo se agencia, se ensambla para la ocasión, se hacen alianzas hasta con el propio demonio si es necesario, lo importante es acumular el poder necesario para hacerse lo suficientemente fuerte como para ser invencible. La guerra en clave de destrucción, el poder de destrucción, la furia catastrófica, es el trazo de la línea de abolición, es solo el residuo de la perdición cuando no se ve un horizonte de esperanza. Condición suicida, nihilismo realizado. Con los nazis se ofrecía éxtasis y muerte, la propia y la de los otros, el festín de la destrucción apuesta por la muerte, relación especial con el abismo y las tinieblas, ríos de sangre os esperan. Adelante: “Nuestro amado Führer nos arrastra a las tinieblas y a la nada”… El Estado suicida, el grito estúpido y repugnante de los nazis: viva la muerte. (Klaus Mann. Citado por Deleuze). No sobra la diferencia entre Estado Totalitario y Estado Fascista. El Totalitario todo lo controla, es vertical. El fascismo opera por células, el Fascista que cada uno lleva por dentro y que se une al festín de la guerra. Todos son peligrosos, pero el más peligroso es el Poder por la capacidad de destrucción que tiene.

Edición 818 – Semana del 25 al 31 de marzo de 2023

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