LA FUNDACION DE LA UNÓN OBRERA Y LA LUCHA POR LA JORNADA DE OCHO HORAS
Renán Vega Cantor
Luz Ángela Núñez Espinel
“El día 6 de los corrientes [1924] salí a visitar los campamentos […]. Había fijado los sitios a donde apostaría otros
retenes de la Policía para concurrir simultáneamente al punto de reunión de los huelguistas y cuando regresaba de
Infantas de conferenciar con el Subgerente fui sorprendido en el campamento 21 por el estado de exaltación en que
se encontraban los trabajadores que hacían flamear una bandera roja con tres ochos. […] [Esa noche] acababa de
llegar y establecer los grupos de defensa cuando se presentó por la carretera un desfile de más de mil quinientas
personas con banderas rojas que pretendían entrar a la Tropical […]”.
Informe del Jefe de Policía de Barrancabermeja sobre la huelga de octubre de 1924, AGN, FMG, S. 1. [Énfasis nuestro].
Este 10 de febrero de 2023 se cumple un siglo de la fundación de la Unión Obrera. Queremos
rendirle un homenaje a los seres humanos que hicieron posible ese acontecimiento
presentando en este ensayo una reflexión sobre la manera como la naciente organización de
trabajadores dio a conocer y puso sobre el tapete de las reivindicaciones sociales la lucha por la
jornada de ocho horas. Esta no es simple curiosidad histórica, ni un tema para arqueólogos, como
diría Eduardo Galeano, quien consideraba que hablar en la actualidad de derechos laborales nos
remitía a períodos que parecieran ser de tiempos antiquísimos, dado que hoy se ha perdido gran
parte de los derechos que en el siglo XX conquistaron los trabajadores. Y si en algún punto se ven los
retrocesos es en la pérdida de una jornada fija, con reconocimiento legal y salarial, y la extensión
interminable de la jornada de trabajo, que se prolonga en casa mediante el uso de la “cadena de
montaje portátil” en lo que se han convertido los teléfonos celulares. Esto, por supuesto, para
quienes tienen el “privilegio” de ser explotados directamente o trabajan en una empresa, porque la
jornada de trabajo es permanente y extendida a los siete días de la semana para los millones de
trabajadores que hacen parte de la denominada “economía informal”, donde predomina el rebusque
del pan de cada día.
Por esta circunstancia de nuestro presente adquiere sentido el rememorar la lucha por los tres ochos
que emprendió la Unión Obrera, bajo la conducción de Raúl Eduardo Mahecha, desde el momento de
su fundación en la clandestinidad aquel sábado 10 de febrero de 1923 en la quebrada La Putana, en
zona rural de la actual Barrancabermeja.
Punto de partida: impactante imagen de la USO en Barrancabermeja [1927]
2
Revista N° 2 Octubre - Diciembre 1993, p. 28
En una impactante imagen de 1927 en Barrancabermeja aparecen Raúl Eduardo Mahecha, Floro
Piedrahita, Julio Buriticá y Ricardo López portando una bandera con tres ochos. Este es un registro
perdurable y un símbolo de la lucha de los trabajadores de Barrancabermeja y de Colombia en la
década de 1920. Esta imagen nos sirve para presentar una visión amplia sobre el trabajo y el tiempo,
o mejor la forma cómo los trabajadores han enfrentado la temporalidad impuesta por el capitalismo,
cuando su hegemonía en el mundo laboral es indiscutible.
Cuando se habla de las ocho horas se establece una relación directa con la celebración del Primero de
Mayo como día internacional de los trabajadores. Ese nexo es evidente, pero además debe
considerarse la prolongada lucha de trabajadores de diversos lugares del mundo que desde
comienzos del siglo XIX afrontaron la reducción de la jornada laboral.
Genealogía histórica de la lucha por la jornada de ocho horas
En aras de hacer una genealogía sobre la reducción de la jornada laboral puede recordarse, como
curiosidad histórica, que durante el reinado de Felipe II en España, se había planteado por primera
vez la jornada de 8 horas. A mediados del siglo XVI un Edicto Real decretó:
Todos los obreros de las fortificaciones y las fábricas trabajarán ocho horas al día, cuatro por la mañana y cuatro por la
tarde; las horas serán distribuidas por los ingenieros según el tiempo más conveniente, para evitar a los obreros el ardor
del sol y permitirles el cuidar de su salud y su conservación, sin que falten a sus deberes .
Esa legislación laboral estaba destinada a los trabajadores que construían El Escorial y se extendió a
los indígenas de las colonias españolas de América. Allí se estableció que los indígenas deberían
trabajar en dos turnos de cuatro horas continuas “para librarse del rigor del sol”. Incluso, se
estableció la jornada de siete horas para los trabajadores de las minas, cuya jornada se extendía
“desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, para que se conserven mejor”. Para evitar el
abuso del indígena-trabajador la ley estipuló que los virreyes, presidentes y gobernadores de las
colonias debían señalar sobre el terreno, de acuerdo a la situación concreta, las horas de trabajo “en
que se hubieren de ocupar [los indios] cada día, con atención a sus pocas fuerzas, débil complexión y
costumbre en todas las repúblicas bien ordenadas” .
Esto se hacía para evitar los abusos físicos de 2
jornadas inagotables y de una explotación intensificada de los trabajadores indígenas.
Estas buenas intenciones de la monarquía ibérica en tiempos de Felipe II en España [1556-1598] (en
cuyo vasto imperio jamás se ponía el sol) quedaron en eso, en buenas intenciones, porque partiendo
del clásico dicho que rezaba “El Rey manda, pero no gobierna” o, en otra variante, “se obedece, pero
no se cumple”, ese edicto real sobre la jornada de ocho horas jamás se llevó a la práctica. En nuestro
continente, esa ley no atenuó la explotación intensificada hasta la muerte de los indígenas en todas
las actividades en que laboraban y mucho menos en la minería, donde la mita arrasó con
comunidades enteras. Esto dio pie, entre otras cosas, a que se expandiera la esclavitud de los
indígenas, cuyo conocimiento ha quedado en gran media sepultada por la esclavitud brutal de la
población negra .
Pero volvamos al asunto de la jornada de trabajo en el capitalismo. Esta reivindicación de una
jornada de ocho horas se convirtió en un elemento central de la lucha de los trabajadores en aquellos
lugares donde se implantaba el capitalismo, empezando por Inglaterra, cuna de la Revolución
Industrial, que se distinguía por la imposición de jornadas prolongadas de trabajo, en la que mujeres,
niños y hombres adultos laboraban quince o más horas diarias. Adicionalmente, para las primeras
generaciones de obreros asalariados las interminables labores diarias los destruían a ellos y a sus
familias en términos físicos y culturales, si tenemos en cuenta que antes tenían horarios de trabajo
flexibles, en los que controlaban su propio tiempo y median sus labores en concordancia con sus
patrones culturales, experiencias y costumbres, que no se basaban en la lógica del capital, “el tiempo
es oro”, medido cuantitativamente en términos de productividad.
La destrucción de la costumbre del “San Lunes” o “Lunes de Zapatero” era necesario para imponer el
nuevo ritmo temporal del capitalismo, en el que se destruía el ritmo laboral de artesanos y
campesinos, y todo giraba en torno al endemoniado ajetreo de las fábricas. El poeta William Blake
hablaba de “oscuras fábricas de Satán” para referirse a este espacio laboral engendrado por el
capitalismo.
La primera lucha contra ese tiempo industrial corrió por cuenta de los trabajadores que huían del
trabajo como si fuera la peste, y dejaban las fábricas. Los capitalistas y el Estado los perseguían
considerándolos como vagabundos, contra los cuales se imponía hasta la pena de muerte. Durante
las primeras generaciones de obreros esta fue la forma original de resistencia, huir del trabajo, pero
al cabo de cierto tiempo, signado por la violencia física y simbólica y la ideología de la resignación y
acoplamiento al nuevo orden, los trabajadores fueron doblegados mediante la imposición de otro
reloj biológico, que estuvo precedido por la introducción del reloj mecánico en el espacio fabril.
Luego de ello, los trabajadores iniciaron un segundo momento de la lucha contra el tiempo del
capital, impulsando la reducción de la jornada de trabajo.
Esa lucha comenzó a finales del siglo XVIII y se extendió durante el siglo XIX y las primeras décadas
del siglo XX. Los primeros logros en Inglaterra consistieron en el establecimiento de la jornada de 10
horas en 1874 y luego prosiguió con la lucha por la disminución a menos horas de trabajo, hasta
establecer la cifra de 8 horas.
En esa dirección, el primer planteamiento sistemático lo efectuó el industrial y pensador socialista
Robert Owen en 1817. En agosto de ese año empezó a hablar de un sistema comunitario ideal, en el
cual se proponía la jornada de 8 horas diarias. En 1833, escribió un Catecismo para el uso de los
trabajadores, en donde propone en forma explícita la jornada de ocho horas y justifica por qué es
importante dicha reducción:
Porque es la duración más larga de trabajo que la especie humana ‒teniendo en cuenta el vigor medio y concediendo el
derecho a la existencia a los débiles tanto como a los fuertes‒ puede soportar manteniéndose en buena salud, inteligente y
feliz.
Porque los modernos descubrimientos químicos y mecánicos suprimen la necesidad de demandar un esfuerzo físico más
largo.
Porque ocho horas de trabajo y una buena organización del mismo pueden crear una superabundancia de riqueza para
todos.
Porque nadie tiene el derecho a exigir de sus semejantes un trabajo más largo de lo que en general es necesario para la
sociedad, simplemente con el fin de enriquecerse empobreciendo a otros.
Porque el verdadero interés de cada uno reside en que todos los seres humanos sean sanos, inteligentes y ricos, y estén
contentos . 4
Luego de la propuesta de Owen, desde 1825 se inicia la lucha práctica por reducir la jornada de
trabajo a ocho horas. En ese año hay una primera huelga en la que se plantea dicha exigencia, que es
continuada con otra en 1833 en la que se postula la reducción de la jornada de trabajo de todos los
obreros y de manera inmediata para los niños.
Los ecos de la denuncia y movilización que se generó en Inglaterra se extendieron a otros países,
como Francia, y al otro lado del mundo, llegan a Australia, una colonia inglesa. Así, en Melbourne
encontramos en 1856 el primer testimonio gráfico de esa lucha, como se registra con la bandera
adjunta.
En esta temprana representación gráfica aparecen los “elementos modernos” de la lucha de los
trabajadores en las décadas siguientes. Su lema 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 para lo demás, son indicativos del ideario que guiaba la acción de los trabajadores organizados, que plantean
una neta separación entre los tiempos y los espacios del trabajo y los otros. En suma, 8 horas para
estar en la fábrica, y otras ocho para la recreación y el resto para descansar y reponer la fuerza de
trabajo desgastada en las 8 horas de la fábrica. Lo que no aparece nítidamente mencionado es lo
correspondiente a ocho horas de educación o instrucción, algo que se perfila con más claridad años
después, como se aprecia en la siguiente ilustración:
La campana de gracia. La cuestion de los 3 8
Aquí ya es nítido el contraste entre el disfrute del tiempo de los capitalistas ‒y las comodidades que
disfrutan‒ y la distribución del tiempo que se avizora con una jornada de tres ochos, en donde
claramente aparece la reivindicación del descanso y el trabajo, no como un complemento de la
jornada de trabajo, reducida a un tercio del día cronológico, sino como una parte sustancial de la vida
del trabajador, que tiene derecho a descansar y a estudiar, para cultivarse como sujeto social y
político.
Eso es parte de la lucha que los trabajadores van a librar en la segunda mitad del siglo XIX y en las
primeras décadas del siglo XX y que tiene como principal logro la conquista de El Primero de Mayo,
una efemérides inventada por los trabajadores al calor de la lucha y que se va a convertir en el
momento simbólica y real (por aquello de quitarle al capital 24 horas al año para disfrute del
trabajador) en que se despliega la reivindicación central de arrebatarle al capital una gran porción
del tiempo en que se apropia de la fuerza de trabajo de hombres y mujeres, para que estos y estas se
dediquen al descanso y al estudio. Por eso vale la pena, recordar algunos aspectos de esa lucha.
Los tres ochos y el Primero de Mayo
Durante la segunda mitad del siglo XIX, en Inglaterra y otros lugares del mundo, entre ellos Estados
Unidos después del fin de la guerra civil (1865), fue calando la propuesta entre los trabajadores
asalariados de organizarse y movilizarse por alcanzar una jornada de ocho horas. Esta meta, por
supuesto, cuenta con la oposición del grueso de los patronos capitalistas, para quienes resulta
inaudito e inconcebible que los trabajadores tengan una jornada laboral más corta, pues, dicen,
drena sus ganancias.
Fue en Estados Unidos donde se dio una lucha más frontal por la jornada de ocho horas. Como parte
de esa reivindicación, el Congreso del Trabajo de Baltimore plantea el 16 de agosto de 1866 que “La
primera y gran necesidad del presente, para liberar al trabajo de este país de la esclavitud capitalista,
5
es la promulgación de una ley por la cual la jornada de trabajo deba componerse de ocho horas en
todo el Estado de la Unión Americana. Estamos decididos a todo para obtener este resultado” . 5
.
Al tiempo con lo que se plantea en Estados Unidos, en Europa, donde tiene su sede, la Internacional
de los trabajadores hace suya la consigna de luchar por una jornada de ocho horas, que se convierte
en uno de los objetivos inmediatos a alcanzar. En ese momento, por lo demás, ya se había aceptado la
jornada de ocho horas en pocos países ‒ o, mejor, en algunas empresas de esos países‒ y en ciertos
sectores económicos. Así, en Australia en 1866 los albañiles de Victoria obtuvieron esa jornada de
ocho horas. Y en Estados Unidos fue aprobada en 1868 la ley de una jornada de ocho horas en las
empresas públicas, pero en las privadas se mantenía una jornada de diez o más horas. De ese
momento en adelante, los trabajadores de las empresas privadas adelantan numerosas huelgas,
siendo su demanda principal la reducción de la jornada de trabajo. Incluso, se presentan huelgas
prolongadas y sangrientas, como la de los ferroviarios de Pittsburg en 1878, cuyo movimiento fue
disuelto en forma brutal por la acción violenta de fuerzas estatales.
En este contexto, se fueron preparando las condiciones para que los trabajadores de los Estados
Unidos, más concretamente los de Chicago, reclamaran no solo por el establecimiento de las ocho
horas en todas las empresas, sino para que se celebrara un día especial en que se dejara de trabajar.
Ese día señalado fue el primero de mayo de 1886.
En 1881 se constituyó la Federación Americana del Trabajo (AFL) y en su cuarto congreso, celebrado
en Chicago en octubre de 1884, fue cuando se propuso la celebración del primero de mayo, como una
jornada que reivindicara la jornada de las ocho horas y que debía darse en 1886.
Se concedía un
amplio plazo, 18 meses, para que los capitalistas de las diversas empresas implementaran la jornada
de ocho horas. En ese tiempo otra organización obrera, Los Caballeros del Trabajo, se sumaron a la
campaña por las ocho horas. Ya en 1885 circulaba de mano en mano una chapola de agitación en la
que se decía:
¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se
moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la
tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar de ocho horas de trabajo, ocho
horas de descanso y ocho horas para lo que nos dé la gana .
Ahora bien, esa fecha se escogió de manera fortuita como el punto de partida que celebraba la
conquista de las ocho horas en las empresas que la habían adoptado y para denunciar y presionar a
las empresas que no lo habían hecho y coincidía con lo que en Estados Unidos se llamaba moving day,
una fecha en la que concluían los contratos de un año y comenzaban los del siguiente, lo que estaba
relacionado con la contratación de personal en las empresas. Cuando llegó ese día, estaban en curso
miles de huelgas con la participación de unos 350 mil trabajadores. Ese día se gritaba en las
manifestaciones una única consigna: ocho horas de trabajo, ocho horas de reposo y ocho horas de
educación. Ese día 125 mil obreros obtuvieron el reconocimiento de las ocho horas y a fines de mayo
la cifra llegó a 200 mil y otro millón de trabajadores vieron disminuir su jornada a diez o nueve
horas. Aparentemente no era un logro extraordinario, lo magnifico radicaba en que se había logrado
agrupar al conjunto de trabajadores bajo una única consigna.
Los días 3 y 4 de mayo se presentaron los hechos que enlutaron la movilización, cuando los
huelguistas fueron brutalmente reprimidos por fuerzas policiales y parapoliciales dejando números
muertos y heridos, en lo que se conoce como la Masacre de Haymarket. Las autoridades culparon a
ocho trabajadores anarquistas de lo sucedido, los juzgaron de manera arbitraria y los ejecutaron
poco tiempo después. Era una típica venganza de clase contra algunos obreros, por las grandes
movilizaciones entorno al Primero de Mayo y a las ocho horas. Pero esa venganza tendría un carácter
de bumerán histórico de largo plazo, porque ese hecho fue el que le dio a esa fecha, el primero de
mayo, el carácter universal que va a tener pocos años después, como la fecha laica más importante y
mundial de todos los tiempos. Los ocho Mártires de Chicago se convirtieron en el símbolo universal
del Primero de Mayo, que como celebración obrera se comenzó a realizar en 1890, y también
universalizaron la consigna de los Tres Ochos en el mundo entero.
En esa perspectiva, años después en Colombia también se asocia el Primero de Mayo a los tres ochos,
como se hizo durante la celebración de ese día en la ciudad de Bogotá en 1922. En esa ocasión desfiló por las calles de la ciudad una bandera con tres ochos, cuyo contenido fue explicado por Leopoldo
Vela Solorzano, un dirigente obrero-artesanal perteneciente al Sindicato Central Obrero, en estos
términos: “Esta bandera del trabajo con sus significativos tres ochos, roja como las mejillas del
trabajador en acción, roja como la sangre de los sacrificados el 16 de marzo por un gobierno
miedoso, es emblema de justicia y progreso” . Interesante y llamativo, además, el intento de 7
“nacionalizar” la celebración, relacionándola con la masacre de artesanos en las calles de Bogotá el
16 de marzo de 1919 por parte de la guardia presidencial del gobierno de Marco Fidel Suarez.
Iconografía de los tres ochos: algunos ejemplos
Determinados registros fotográficos nos ayudan a visualizar la manera cómo se expresó la
reivindicación de los tres ochos. Por ejemplo, en Dinamarca em 1912 se desfilaba con una bandera
con los tres ochos, cada uno de los cuales tenía un mensaje visual muy llamativo:
En estas banderas aparecen claramente diferenciados los tres ochos: en uno se ve a un trabajador
leyendo un periódico (estudio e instrucción), en el segundo se muestra una fábrica humeante
(alusiva al trabajo) y en la tercera aparece un obrero en la cama preparándose para dormir
(descanso y reposición de la fuerza de trabajo).
En las primeras décadas del siglo XX, y dependiendo de las condiciones nacionales y el poder de
lucha de los trabajadores, se fue adoptando la jornada de las ocho horas, que adquirió características
de Ley en gran parte de los países después de 1930. En muchos casos, para lograrlo los trabajadores
realizaron importantes movilizaciones y huelgas, gran parte de las cuales tuvieron un elevado costo
humano por la represión de los Estados y la negativa de los capitalistas a aceptar la petición obrera.
El primer país del mundo donde se aprobó en forma universal la jornada de ocho horas fue en
España, tras una larga huelga en la empresa eléctrica La Canadiense ‒nombre asociado al Canadian
Bank of Commerce of Toronto‒, ubicada en Barcelona. La huelga duró 44 días, fueron encarcelados
3.000 trabajadores y contó con la participación de medio millón de trabajadores de diversos sectores
económicos, que paralizaron el 70% de la economía de Cataluña, porque la huelga en una empresa se
convirtió en huelga general . Lo importante, en términos simbólicos, radicó en que durante esa 8
huelga los trabajadores se movilizaron, como asunto central, por las ocho horas.
Al hablar de la jornada de trabajo propiamente dicha ‒es decir, la que discurre dentro del espacio
fabril o laboral, cualquiera que sea‒ se reivindican de manera explícita o implícita, eso depende, los
otros dos tiempos, los otros dos ochos, y especialmente el derecho a la educación. Esto tenía una
importancia central, porque estaba relacionada con la formación y consolidación de una cultura
obrera, que reivindicaba en una perspectiva ilustrada la prensa y el libro como medio de liberación
de los trabajadores. Por eso, se consolidó una prensa y bibliotecas obreras y populares y en diversos lugares del mundo se formaron equipos de futbol y campeonatos de balompié de los y para los
trabajadores. El énfasis que se le daba al estudio de los obreros se aprecia en la siguiente ilustración:
En cuanto a las ocho horas de descanso era la reivindicación del tiempo libre y festivo de los
trabajadores, que no fueran ni controlados ni hegemonizados por el capital. Y ese mismo sentido
tenía desde sus orígenes el Primero de Mayo, puesto que se trataba de tener 24 horas de libertad
fuera del agobiante lugar del trabajo y que en ese lapso del tiempo los trabajadores marcharan,
gritaran, compartieran con sus familias, amigos y camaradas de trabajo, sin la odiosa tutela y control
de los capitalistas:
Porque abstenerse de trabajar un día laborable era a la vez una afirmación del poder obrero ‒de hecho, la afirmación por
excelencia de dicho poder‒ y la esencia de la libertad, a saber: no verse obligado a trabajar con el sudor de la frente, sino
hacer lo que quisieras en compañía de la familia y sus amigos, Fue, pues, tanto un gesto de afirmación y de lucha de clase
como una fiesta: una especie de avance de la buena vida que llegaría después de la emancipación del trabajo . 9
La lucha por las ocho horas abarcó diversas facetas de la vida de los obreros, convirtiéndose en una
reivindicación de sentido común cotidiano, que se expresaba en la publicación de carteles alusivos,
carnés y propaganda que se encargaba de recordar lo benéfico que resultaba para los trabajadores
una reducción de la jornada de trabajo. Examinemos algunas de esas imágenes.
Este cartel de Francia de 1906 representa los tres ochos con unas figuras femeninas, retomando las
representaciones clásicas de la Revolución Francesa, que identificaba a la Libertad como una mujer,
la famosa Marianne. La única que porta algún artefacto es la primera, que toma en sus manos una
pica, típico instrumento laboral. Las otras no llevan nada en sus manos, para significar que están
liberadas del trabajo manual y durante las otras 16 horas los operarios manuales deberían olvidarse
del agobiante esfuerzo laboral.
Este carné de un militante sindicalista de Inglaterra en 1889, con bastantes elementos decorativos se
centra en exaltar el trabajo, pero recalca de entrada la importancia de las 8 horas, como puede verse
en el notorio encabezado.
Otra propaganda francesa sobre las 8 horas se encargó de enfatizar el efecto negativo que sobre el
organismo humano tiene el exceso de trabajo, esto es, una jornada de más de 8 horas de actividad
laboral diaria.
El contraste es notable desde el punto de vista gráfico: a un lado se ve a un joven
9
decaído, contrahecho, con síntomas de agotamiento y enfermedad y encima se lee 10 horas, mientras
que a la derecha aparece un joven rozagante, lleno de vida, corpulento, y arriba la divisa 8 horas.
En este caso, se quiere enfatizar la idea sobre el carácter destructor del trabajo, que aniquila a los
seres humanos, mina sus energías físicas y mentales y hace envejecer prematuramente al joven. Esta
es quizá la principal razón que puede aducirse, cargada de lógica y fundamento, para exigir la
disminución de la jornada laboral, porque literalmente, el exceso de trabajo enferma y mata.
De vuelta a la Colombia de la década de 1920
En Colombia no sabemos con precisión cuando se hizo la primera marcha o manifestación con la
exigencia de una jornada de ocho horas. Tenemos noticias de que, en diciembre de 1917, los
trabajadores del ferrocarril de La Dorada reclamaban esa jornada de ocho horas, asunto que se agitó
en la corta huelga que realizaron, y en cuya petición se decía: “La distribución de los trabajos será la
que rija en Inglaterra, ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho para dormir; las horas
extras por exigencia de servicios, se considerarán las que no sean las ocho horas de trabajo y se
pagarán dobles” . Este breve enunciado era extraordinario. Constituye, hasta donde sabemos, la 10
primera formulación hecha en Colombia de esta índole, en donde de manera explícita se nombran los
tres ochos. Es una formulación “moderna” del movimiento obrero internacional. Aunque no se pueda
decir con precisión la forma cómo ese ideario llegó al nuestro país, si podemos indicar que está
relacionado con la agitación que circuló por el Río Magdalena tras la Revolución Rusa. También es
posible intuir que tras esa consigna se encontraba un personaje: Raúl Eduardo Mahecha, quien
recorría ese Río, al que conocía como la palma de su mano. No sorprende que los tres ochos se
replicaran en Barrancabermeja durante las huelgas de 1924 y 1927 y tras ellos estaba Mahecha,
porque en el Río Magdalena de la década de 1920 lo que se respiraba era “Mahechismo”, y una de sus
expresiones era la lucha por los tres ochos.
Otra extraordinaria fotografía se publicó en Medellín en 1920. Es en verdad una alegoría a los tres
ochos y está representada por tres mujeres jóvenes, cada una de las cuales parecería simbolizar el
trabajo, el descanso y el estudio. Significativo que eso se haga en Medellín, una ciudad muy
conservadora, donde habían surgido modernas industrias textiles y cuya fuerza de trabajo
fundamental eran jóvenes mujeres, como las que aparecen en la fotografía. Aunque no tenemos
elementos documentales que lo confirmen, podemos suponer que de alguna forma eso está
relacionado con la campaña de educación y agitación impulsara el periódico El Luchador, dirigido por Escolástico Álvarez, y en el cual escribía y colaborara Raúl Eduardo Mahecha, con lo cual se
confirma la forma cómo circulaban los símbolos y las ideas revolucionarias en un contexto tan
represivo, conservador, clerical y antidemocrático como era la Colombia de la década de 1920.
Debe recalcarse que en los casos mencionados aparece en el trasfondo una figura: Mahecha, el
luchador popular que conecta la agitación en el Río Magdalena, la publicación de un periódico en
Medellín en donde se difunde la buena nueva de los tres ochos ‒algo que se liga al ser social femenino
de la fuerza de trabajo en las fábricas textiles de la ciudad‒ y las movilizaciones de los trabajadores
petroleros en Barrancabermeja, que adquieren relieve organizativo tras la fundación de la Unión
Obrera el 10 de febrero de 1923.
En Barrancabermeja, como ya se ha visto en la fotografía con la que abrimos este escrito, adquiere un
claro sentido esa reivindicación, a lo cual se le agrega su expresión universal de los tres ochos.
Aunque no se cuenta con la documentación que lo demuestre, puede presumirse que esa consigna
del movimiento obrero llegó a través del Río Magdalena y desde los puertos del caribe colombiano,
dado que por allí se introdujeron importantes ideas movilizadoras y transformadoras tras la
Revolución Rusa de octubre de 1917. Marinos, trabajadores, algunos extranjeros venidos de Europa
trajeron consigo buenas nuevas que dinamizaron la enmohecida estructura conservadora y clerical
de Colombia, y entre ellas portaban la reivindicación de los tres ochos.
Como en otros casos del mundo (Estados Unidos, España, Inglaterra…) este símbolo emerge con
fuerza en momentos de efervescencia obrera, como son las huelgas. Y, justamente, en nuestro país la
huelga de comienzos de 1927 en el enclave de la Tropical se convirtió en un momento visible de
agitación sobre la reducción de la jornada laboral, aunque en la huelga de 1924 ya los trabajadores
petroleros la habían presentado como una de las reivindicaciones de su pliego de peticiones. E
incluso sobre la misma también existen dos fotos.
Una primera que se difundió por la prensa de Bogotá y una segunda, una ligera variación de la
anterior, que encontramos en el único ejemplar que se ha conservado del periódico Germinal,
dirigido por Raúl Eduardo Mahecha.
En el fondo de las fotografías se encuentra la bandera de los tres ochos, lo que quería dar a entender
que este era un asunto central en las reivindicaciones de los trabajadores petroleros, que es visible a
primera vista por parte de cualquier observador.
Sobre las banderas de los tres ochos que ondearon en la huelga de 1927 ha quedado el vivo
testimonio de Isaac Gutiérrez, uno de los dirigentes de esa huelga:
Como la Tropical Oil se había negado a recibir la delegación obrera, y a discutir el pliego de peticiones la huelga continuó
con más ahínco y entusiasmo, y nos conseguimos unas cuantas banderas rojas, a las que en el centro se les pintaron tres
ochos, y los cuales quieren decir: ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de instrucción. ¡Qué bello símbolo es para los trabajadores eso de la bandera de los tres ochos! […] Con esa bandera de los tres ochos, recorríamos
diariamente todas las calles de Barrancabermeja, dándole con todo el entusiasmo vivas a la huelga. Una de esas banderas la
destrozó la policía […] Otra de las banderas de los tres ochos, fue destrozada por el gerente de la Tropical Oil Company en
las petroleras de “El Centro”, y según dijeron estuvo a punto de ser linchado por los obreros colombianos por tal hecho .
Esas banderas se hicieron comunes durante la huelga de los trabajadores de la Tropical en enero de
1927, sobre lo cual quedaron testimonios gráficos, como el de la fotografía adjunta. En ella puede
captarse, en el lado derecho, una bandera con los tres ochos, que es agitada por un huelguista.
En cuanto a las ocho horas de estudio, esta reivindicación se plasma de una manera singular en
Barrancabermeja en el pliego de 1924, en el cual una de las exigencias consistía en solicitar que se
permitiera la lectura de periódicos nacionales en los campamentos del enclave de la Tropical Oil
Company. Solicitud de un gran significado, y donde se nota claramente la influencia de Mahecha,
puesto que este era un periodista empírico que llevaba varios años publicando periódicos en su
imprenta portátil o colaborando en otros que se editaban en diversos lugares del país. Para Mahecha,
en la perspectiva de la ilustración, la imprenta y la palabra escrita eran un instrumento de redención
de los trabajadores.
Conclusión: la actualidad de la lucha por la reducción de la jornada laboral
Podemos concluir, señalando que la imagen de los tres ochos expresa lo universal en lo local
(Barrancabermeja), pero lo local enriquece lo universal, porque la imagen de Barrancabermeja de los
dirigentes de una huelga con una nítida bandera de tres ochos forma parte de la iconografía mundial
generada sobre esa prolongada, y siempre actual, lucha de los trabajadores contra el capitalismo.
Un siglo después es necesario recordar como desde un lugar perdido de Colombia, Barrancabermeja,
un aguerrido grupo de trabajadores que había fundado a la Unión Obrera [Actual USO] se atrevió a
desafiar el orden imperante y el dominio extranjero de la Tropical Oil Company de los Rockefeller,
haciendo suya la bandera de los Tres Ochos, como la principal reivindicación de los trabajadores en
ese momento, luchando contra viento y marea por otro tipo de temporalidad que agrietara el rígido
control monolítico del reloj capitalista, que se había incrustado en los campos petroleros en el
Magdalena Medio. Esa lucha conecta el pasado con el presente y el futuro, porque como lo dice el
proverbio maorí: “Retrocedo hacia el futuro con los ojos clavados en el pasado” . 12
Esa conexión nos plantea en el presente la actualidad de la lucha por la reducción de la jornada de
trabajo, en un momento en que, a nivel mundial, y Colombia no es la excepción, el tiempo de trabajo
se ha ampliado de manera brutal. También está sobre el tapete la necesidad de recuperar el tiempo
de la vida (planteado en la consigna de ocho horas de descanso y ocho horas de estudio), puesto que
hoy es universal la colonización del tiempo personal por el ritmo infernal del capital a través de los
aparatos microelectrónicos, pero en forma enfermiza con el Smartphone. Con este aparato se perdió
el tiempo propio, además de la autoestima y la dignidad, y por eso adquiere sentido recuperar la
consigna de los tres ochos, para luchar por un tiempo en que los trabajadores tengan tiempo para sí y
para sus familias, y puedan liberarse de los nuevos artefactos técnicos con los que el capital nos
oprime, nos destruye y nos aplasta, como sucede con el insoportable teléfono celular, que no nos deja
ni pensar ni respirar y hace que nuestras vidas se dilapiden en cosas vacuas y superficiales,
olvidándonos de los grandes problemas de injusticia, explotación y desigualdad que caracterizan,
hoy como hace un siglo ‒cuando fue fundada la USO‒ al capitalismo realmente existente.
NOTAS
.
Antonio Romeu de Armas, Código del Trabajo del Indígena americano, Ediciones de Cultura Hispana, Madrid, 1953.
2
. Ibid
Andrés Resendez, La otra esclavitud. Historia oculta del esclavismo indígena, Grano de Sal, México, 2019, pp. 55 y ss. 3
. Citado en Maurice Dommanget, Historia del 1o. de Mayo, Editorial Laia, Barcelona, 1976, pp. 11-12. 4
. Citado en M. Dommanget, op. cit., p. 24. 5
. José Babiano Mora, 1o de Mayo. Historia y significado, Ediciones Altabán, Albacete, 2006, pp. 12-13. 6
. El Tiempo, mayo 1 de 1922. 7
. Ferran Aisa, La huelga de la Canadiense. La conquista de las ocho horas, Entreambos, Barcelona, 2019. 8
. Eric Hobsbawm, “El nacimiento de una fiesta: el Primero de Mayo”, en Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz, 9
Editorial Crítica, Barcelona, 1999, pp. 136-137.
. Tomas Restrepo, Impresiones y recuerdos. Compilación de episodios vinculados a Honda desde su fundación hasta hoy, 10
Imprenta Tipografía Salesiana, Bogotá, 1922, p. 344; Renán Vega Cantor, Gente muy Rebelde. Tomo 1. Enclaves, transportes y
protestas obreras, Ediciones Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002, pp. 403 y ss.
. Isaac Gutiérrez, La luz de una vida, Editorial ABC, Bogotá, 1949, pp. 207-208. 11
. Proverbio maorí, citado en Román Krznaric, El buen antepasado. Como pensar el largo plazo en un mundo cortoplacista, 12
Capitán Swing, Madrid, 2022, p. 82.
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Fuente:
https://rebelion.org/wp-content/uploads/2023/02/La-fundacion-de-la-USO.pdf




