DOSSIER:
1. La calle desafía al Gobierno de Iván Duque en Colombia
La Plaza de Bolívar de Bogotá, este miércoles durante una nueva jornada de paro nacional. CARLOS ORTEGA / EFE
La movilización pacífica, precedida por la llegada de 8.000 indígenas a Bogotá, desarmó los argumentos de las autoridades sobre infiltración de grupos armados
CATALINA OQUENDO
La protesta de este miércoles en Bogotá.LUISA GONZÁLEZ / REUTERS
La negativa del presidente Iván Duque a reunirse personalmente con la minga indígena, que viajó durante una semana para tener una audiencia con él, fue el preámbulo de una nueva jornada de movilización social en Colombia promovida por las centrales obreras y sindicales del país. La marcha fue pacífica y ordenada. Las masacres, la violencia de las Fuerzas Armadas, los problemas de seguridad que sufren los líderes sociales en distintas regiones y una serie de reclamos económicos fueron el centro del paro nacional, criticado por el Gobierno por hacerse en medio de la pandemia de coronavirus.
Los más de 8.000 indígenas que llegaron el domingo a Bogotá comenzaron a retornar al Cauca, en el suroeste de Colombia. Pero antes de hacerlo se desplazaron con sus chivas- buses tradicionales de colores- hasta la plaza de Bolívar para acompañar la manifestación. En Bogotá quedó solo una comisión que aún espera ser recibida por el presidente. El Gobierno, por su parte, ha dicho que no habrá encuentro porque “la minga tiene objetivos políticos” y, según esa versión, se planteó dar un ultimátum a Duque y hacer un juicio político. Mientras tanto, altos funcionarios viajaron al departamento Cauca para buscar reunirse con otras comunidades indígenas aunque la mayoría de sus representantes estaban en la capital.
La visita pacífica de la minga indígena, que no llegaba a Bogotá hace una década porque los expresidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos los atendieron en sus territorios, desbarató los argumentos del Gobierno y de dirigentes del partido Centro Democrático que en días previos dijeron que la minga estaba infiltrada por grupos armados y disidencias de la guerrilla y que causarían destrozos en la capital.
Este miércoles, mientras avanzaba la movilización, el secretario de Gobierno de Bogotá, Luis Ernesto Gómez mostró en redes sociales que los indígenas dejaron en perfectas condiciones el Palacio de los Deportes, donde la alcaldía recibió la movilización indígena. La limpieza y el riesgo de contagio de coronavirus era otra de las razones que esgrimía el partido de derecha para evitar la movilización. La alcaldesa de la capital, Claudia López, también le agradeció a la minga “por el gran ejemplo que le dio a la ciudad y a las organizaciones sociales que lo han seguido”.
Reclamos en aumento
Tras la parálisis de la pandemia, Colombia ya había reactivado las manifestaciones en las calles. En septiembre, después de una serie de protestas contra la violencia policial que dejó 13 muertos, las centrales obreras convocaron a una movilización que no fue multitudinaria, pero funcionó como preámbulo del paro de este miércoles. La presencia de la minga parecía el impulso a esta nueva jornada. Esta, sin embargo, tampoco logró el tamaño de las manifestaciones de noviembre de 2019 que pusieron al Gobierno de Duque contra las cuerdas durante varios días y lo obligaron a crear un espacio de concertación que llamó la Conversación Nacional.
La Plaza de Bolívar de Bogotá, este miércoles durante una nueva jornada de paro nacional. CARLOS ORTEGA / EFE
Durante esas jornadas, el Gobierno respondió con fuerte represión policial que dejó 36 manifestantes heridos y un muerto. Recientemente, la Corte Suprema de Justicia ordenó al Estado pedir perdón a los ciudadanos por la represión, no estigmatizar la protesta social y suspender el uso de la escopeta de calibre 12 que usa el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). La de este miércoles representaba entonces una suerte de examen a la respuesta de la policía a la protesta y a la puesta en marcha de un protocolo que diseñó el Gobierno junto a la alcaldía de Bogotá, no sin diferencias. En la mañana, antes de las movilizaciones, la Defensoría del Pueblo hizo una inspección a las armas del Esmad.
Con respecto al paro nacional, el Gobierno asegura que sí ha escuchado las exigencias que plantearon en 2019 trabajadores y estudiantes y que “aceleró” un plan de auxilios educativos para 120.000 jóvenes- los que más marcharon el año pasado- que dispuso dinero para mejorar las vías en el campo. También argumenta que firmó el llamado Tratado de Escazú, que promueve la protección de los líderes ambientales, aunque este se encuentra estancado en el Congreso, justamente por dudas de la coalición que apoya al Ejecutivo. Sin embargo, con el deterioro de la violencia política en el país y la crisis económica tras la emergencia sanitaria, las reivindicaciones son aún más fuertes y prometen volver a expresarse en las calles.
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2. Reivindicación de la marcha pacífica
El Comité del Paro calificó de exitosa la jornada de manifestaciones que en Bogotá terminó con un concierto. En los próximos días continuarán las protestas, a la espera de nuevos diálogos con el Gobierno. Los retos: mantener el interés de la ciudadanía y alejar a los infiltrados.
Esta jornada estuvo protagonizada por escenas llenas de calma y armonía. / Óscar Pérez
La nueva jornada de protestas en el país se destacó, en su mayoría, por ser pacífica. Tanto en Bogotá como en las demás ciudades las manifestaciones, caravanas y plantones se desarrollaron desde la mañana y terminaron con la exposición, en las principales plazas y puntos de llegada, del pliego de emergencia que el Comité Nacional del Paro presentó al Gobierno. Si bien anunciaron nuevas marchas de cara al primer año de protestas, los organizadores tienen como retos la reivindicación de la protesta pacífica (como la de ayer) y mantener el interés de la ciudadanía en salir a expresarse en las calles.
En Medellín, la jornada inició con música en el plantón, que se hizo en el Parque de las Luces. En el transcurso de las marchas se destacaron, junto a los carteles en contra del asesinato de líderes sociales, las personas que promovían el distanciamiento entre los participantes. En Cali, a las movilizaciones y plantones se unieron volqueteros, y a las de Barranquilla llegaron alrededor de 600 vehículos de La Guajira, Sucre, Córdoba, Bolívar y Magdalena, para acompañar la caravana hasta el Paseo de Bolívar.
Por su parte, en Bogotá, a las organizaciones sindicales y estudiantiles, que recorrieron las principales vías de la capital, se sumó la minga indígena, que estaba en la ciudad desde el pasado domingo y que marchó el lunes en completa calma. En esta oportunidad, antes de dejar la ciudad y volver a sus territorios, los indígenas lideraron parte de la movilización, que comenzó en el Parque Nacional.
Junto a sus peticiones se sumaron las de las agremiaciones, que piden fortalecer lo servicios de salud, la renta básica, las condiciones de los campesinos, la protección para las pequeñas y medianas empresas, así como el respeto por el derecho de las mujeres, las políticas de empleo y la protección de la comunidad educativa.

La plaza de Bolívar albergo una multitud en completa calma. / Óscar Pérez
“El balance es positivo, porque salió el pueblo colombiano que está inconforme con el Gobierno, que no escucha a los indígenas, a los afros o a los maestros. Ha sido pacífico y democrático, y eso siempre lo reivindicaremos, porque el Gobierno lo que ha hecho es estigmatizar”, aseguró Néstor Alarcón, presidente de Fecode.
En este mismo sentido, Fabio Arias, fiscal de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), indicó que “el regreso de las manifestaciones es una forma contundente de decirle al Gobierno Nacional que hay un inconformismo y que se tiene que sentar a negociar”, por eso desde ya el Comité del Paro se refiere a nuevas movilizaciones, antes de la que se tiene prevista para el 21 de noviembre. “Lo único que nos detendría es un rebrote del COVID-19 muy grande”.
La respuesta del establecimiento fue variada. Mientras la Alcaldía de Bogotá destacó el cuidado y el orden con que los indígenas entregaron el Palacio de los Deportes y lo pacífico de las manifestaciones, el Gobierno Nacional insistió en la entrada en vigencia del nuevo protocolo para las manifestaciones y reiteró que sí ha escuchado tanto a la minga como al Comité del Paro. “El Gobierno estableció desde el año pasado la conversación nacional con todos los colombianos y no solo los escuchamos, sino que hemos venido cumpliendo, pero hay sectores que nunca van a estar de acuerdo con este Gobierno”, aseguró Daniel Palacios, viceministro del Interior.
Para la profesora y analista política de la Universidad Javeriana Patricia Muñoz, “es importante reconocer que las manifestaciones son un camino para llamar la atención a la sociedad, sobre la falta de garantías por sus derechos sociales, por lo que en el transcurso de los días otros grupos, como los estudiantiles, se irán uniendo a las marchas”. Asimismo, señala que la pandemia cumple un doble papel: “Es un inhibidor, que puede desestimular la salida de quienes se sienten vulnerables por el virus, pero también puede ser un mecanismo para desencantar y desincentivar las protestas”.
En cuanto a la reivindicación de la protesta, Muñoz dice que es un factor común entre los actores, ya que después de las manifestaciones del 9 y 10 de septiembre se evidencia un rechazo a la violencia en medio de las marchas. “Los consecuentes actos violentos al caso de Javier Ordóñez no solo hicieron que se desligitimara el proceso ante algunos sectores, sino que además se consideraron espacios propicios para que se infiltraran grupos violentos y con otros intereses. Por ello el rechazo a los encapuchados y el uso de los actos pacíficos, para ganar el respaldo de la ciudadanía”.
Por lo pronto, el Comité Nacional del Paro indicó que se reunirá para definir la ruta que seguirán en los próximos días. Lo cierto es que con el precedente de ayer buscarán mantener las protestas pacíficas y con ello tendrán que crear nuevas estrategias no solo para agrupar nuevamente la indignación ciudadana, sino para volver a sentarse con el Gobierno Nacional a dialogar sobre sus reclamos en una nueva mesa nacional.
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