JUSTICIA. EL SOFISMA DE LA VENDA Y LA BALANZA
Balanza‑de‑la‑Justicia.jpg. ciberdroide.com
En parte alguna del planeta se lleva a la práctica la insignia de la llamada “justicia”.
Por Ulises Casas Jerez
Esa figura que destacan los despachos judiciales, de una mujer vendada con una balanza en la mano en la cual los dos platos se encuentran en equilibrio, es la mayor farsa de la imaginería de la especulación del llamado “Poder Judicial”.
Los jueces son individuos que han obtenido el título de abogados y quienes, supuestamente, llegan a su ejercicio profesional, como jueces, escogidos por otros abogados que han llegado primero y en similares condiciones y que ya fungen de Magistrados en las altas Cortes del mismo poder. El poder judicial, en cualquier país del mundo, forma parte de los tres poderes del Estado, establecidos cuando la Revolución Francesa, expresión ideológica e histórica del triunfo de la burguesía, liquidó el poder feudal de las monarquías teocráticas. Montesquieu fue su mejor teórico.
El Derecho que esos personajes han estudiado, es una materia en evolución que expresa las condiciones materiales e institucionales de la sociedad en donde se sistematiza. Es por ello que el Derecho es una disciplina de interpretación, en su esencia. Un fallo es la respuesta a una conducta individual de un miembro de la comunidad. En estas condiciones, se sustenta en elementos de la vida real. El juez interpreta esos elementos dentro de la tipificación de la norma jurídica. Como ese juez es una persona de esa vida real, puede equivocarse o acertar. En consecuencia, el fallo puede ser interpretado por otro individuo de la misma rama judicial, en diferente forma
porque, siendo también miembro de la sociedad, puede poseer otro criterio sobre esa realidad que se le coloca para su fallo: él también puede ser objeto de otra realidad en la que ambos viven.
Todo lo anterior es contemplado por la normatividad y se concreta en las instancias judiciales dentro de las cuales, varios jueces, valoran los mismos hechos pero la interpretación de su valoración jurídica es diferente. Así, un fallo puede ser revocado, confirmado, reformado, etc.; el actual sistema penal acusatorio se presta para toda clase de interpretaciones; y en ese campo, entra a mediar la ideología de quienes administran la justicia en lo concreto. En el caso colombiano ha sucedido un hecho muy especial: el poder judicial se
sindicalizó, algo que estaba asignado, particularmente, a los trabajadores u obreros. Esto se llevó a cabo bajo la dirección del Partido Comunista colombiano y su ejecutor fue el abogado, juez y miembro de ese Partido, Jaime Pardo Leal, quien, posteriormente pasó a ser dirigente del Partido denominado “Unión Patriótica” y asesinado por las mafias del narcotráfico.
La sindicalización de los jueces en la Asociación Nacional del Poder Judicial- ASONAL- llevó a que la jerarquización de la Rama Judicial perdiera esa reverencia que los jueces poseían respecto de sus superiores jerárquicos de quienes dependía su nombramiento y estabilidad laboral. Al mismo tiempo, los “igualó” en una supuesta sapiencia jurídica echando abajo la denominada “jurisprudencia”, conjunto de fallos de las Altas Cortes, fallos que se consideraban “dogmas jurídicos” a los cuales debían someter sus fallos los jueces de inferiores instancias.
Ahora, cada juez, cada fiscal, se considera “sabio” y falla de acuerdo a sus propios criterios. Pero la sindicalización de los jueces llevaba elementos ideológicos de naturaleza política partidista. Eso explica los fallos de las Cortes, Fiscales y Jueces en los cuales se encuentran esos elementos. En consecuencia, el poder judicial actual colombiano, falla ideológica y partidistamente. Esa situación lleva a la arbitrariedad y a la perversión de la “justicia” y su símbolo de imparcialidad absoluta. Y esto mismo permite la corrupción en las instancias judiciales. Un Fiscal, en el sistema actual, puede esconder las pruebas que establecen la responsabilidad del acusado para eximirlo de la sanción penal; o puede, ese fiscal, tergiversar los hechos y así orientar la impunidad; muchas otras circunstancias se pueden dar y se dan. A
la vez, el juez del conocimiento puede interpretar en un sentido u otro los hechos y fallar en contra de lo solicitado por el Fiscal o el acusado. Estamos asistiendo en Colombia, a toda esa fenomenología jurídica y, en la mayor parte de los casos, a la impunidad o a las condenas arbitrarias. La corrupción en el Poder Judicial es la de mayor frecuencia porque se decide la libertad y los bienes de los asociados. La legislación y su ejecución avalan la esencia del capitalismo dominante: la corrupción y la explotación en la mira del enriquecimiento individual por cualquier medio.