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DUDAS E INTERROGANTES SOBRE LA MUERTE DE BIN LADEN

DOSSIER:

  1. Un Nobel sin escrúpulos
  2. Bin Laden murió hace más de 10 años
  3. El circo mediático en EE.UU. : Bin Laden y "La carta robada"
Un Nobel sin escrúpulos

Rebelión

http://blog.foreignpolicy.com/files/images/obama-binladen.jpg

Un signo más de los muchos que ilustran la profunda crisis moral de la “civilización occidental y cristiana” que Estados Unidos dice representar lo ofrece la noticia del asesinato de Osama Bin Laden. Más allá del rechazo que nos provocaba el personaje y sus métodos de lucha, la naturaleza de la operación llevada a cabo por los Seals de la Armada de los Estados Unidos es un acto de incalificable barbarie perpetrado bajo las órdenes directas de un personaje que con sus conductas cotidianas deshonra el galardón que le otorgó el Parlamento noruego al consagrarlo como Premio Nobel de la Paz del año 2009. De acuerdo con lo establecido por Alfred Nobel en su testamento esta distinción, recordémoslo, debía ser adjudicada, “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.” El energúmeno que anunció al pueblo estadounidense la muerte del líder de Al-Qaida diciendo que “se ha hecho justicia” es la antítesis perfecta de lo estipulado por Nobel. Un comando operativo es lo menos parecido al debido proceso, y arrojar los restos de su víctima al mar para ocultar las huellas de lo que se ha hecbo es propio de mafiosos o genocidas. Lo menos que debería hacer el Parlamento noruego es exigirle la devolución del premio.

En la truculenta operación escenificada en las afueras de Islamabad hay múltiples interrogantes que permanecen en las sombras, y la tendencia del gobierno de los Estados Unidos a desinformar a la opinión pública torna aún más sospechoso este operativo. Una Casa Blanca víctima de una enfermiza compulsión a mentir (recordar la historieta de las “armas de destrucción masiva” existentes en Irak, o el infame Informe Warren que sentenció que no hubo conspiración en el asesinato de Kennedy, obra del “lobo solitario” Lee Harvey Oswald ) nos obliga a tomar con pinzas cada una de sus afirmaciones. ¿Era Bin Laden o no? ¿Por qué no pensar que la víctima podría haber sido cualquier otro? ¿Dónde están las fotos, las pruebas de que el occiso era el buscado? Si se le practicó una prueba de ADN, ¿cómo se obtuvo, dónde están los resultados y quiénes fueron los testigos? ¿Por qué no se lo presentó ante la consideración pública, como se hizo, sin ir más lejos, con los restos del comandante Ernesto “Che” Guevara? Si, como se asegura, Osama se ocultaba en una mansión convertida en una verdadera fortaleza, ¿cómo es posible que en un combate que se extendió por espacio de cuarenta minutos los integrantes del comando estadounidense regresaran a su base sin recibir siquiera un rasguño? ¿Tan poca puntería tenían los defensores del fugitivo más buscado del mundo, de quien se decía que poseía un arsenal de mortíferas armas de última generación? ¿Quiénes estaban con él? Según la Casa Blanca el comando dio muerte a Bin Laden, a su hijo, a otros dos hombres de su custodia y a una mujer que, aseguran, fue ultimada al ser utilizada como un escudo humano por uno de los terroristas. También se dijo que dos personas más habían resultado heridas en el combate. ¿Dónde están, qué se va a hacer con ellas? ¿Serán llevadas a juicio, se les tomarán declaraciones para arrojar luz sobre lo ocurrido, hablarán en una conferencia de prensa para narrar lo acontecido? Por lo que parece esta “hazaña” pasará a la historia como una operación mafiosa, al estilo de la matanza de San Valentín ordenada por Al Capone para liquidar a los capos de la banda rival.

Osama vivo era un peligro. Sabía (¿o sabe?) demasiado, y es razonable suponer que lo último que quería el gobierno estadounidense era llevarlo a juicio y dejarlo hablar. En tal caso se habría desatado un escándalo de enormes proporciones al revelar las conexiones con la CIA, los armamentos y el dinero suministrado por la Casa Blanca, las operaciones ilegales montadas por Washington, los oscuros negocios de su familia con el lobby petrolero estadounidense y, muy especialmente, con la familia Bush, entre otras nimiedades. En suma, un testigo al que había que acallar sí o sí, como Muammar Gadafi. El problema es que ya muerto Osama se convierte para los yihadistas islámicos en un mártir de la causa, y el deseo de venganza seguramente impulsará a las muchas células dormidas de Al-Qaida a perpetrar nuevas atrocidades para vengar la muerte de su líder.

Tampoco deja de llamar la atención lo oportuna que ha sido la muerte de Bin Laden. Cuando el incendio de la reseca pradera del mundo árabe desestabiliza un área de crucial importancia para la estrategia de dominación imperial, la noticia del asesinato de Bin Laden reinstala a Al-Qaida en el centro del escenario. Si hay algo que a estas alturas es una verdad incontrovertible es que esas revueltas no responden a ninguna motivación religiosa. Sus causas, sus sujetos y sus formas de lucha son eminentemente seculares y en ninguna de ellas -desde Túnez hasta Egipto, pasando por Libia, Bahrein, Yemen, Siria y Jordania- el protagonismo recayó sobre la Hermandad Musulmana o en Al-Qaida. El problema es el capitalismo y los devastadores efectos de las políticas neoliberales y los regímenes despóticos que aquél instaló en esos países y no las herejías de los “infieles” de Occidente. Pero el imperialismo estadounidense y sus secuaces en Europa se desvivieron, desde el principio, para hacer aparecer estas revueltas como producto de la malicia del radicalismo islámico y Al-Qaida, cosa que no es cierta. Santiago Alba Rico observó con razón que en pleno auge de estas protestas seculares -anti-políticas de ajuste del FMI y el Banco Mundial- un grupo fundamentalista desconocido hasta entonces asesinó al cooperante italiano Vittorio Arrigoni, activista del Movimiento de Solidaridad Internacional, en una casa abandonada en la Franja de Gaza. Pocas semanas después un terrorista suicida hace estallar una bomba en la plaza Yemaa el Fna, uno de los destinos turísticos más notables no sólo de Marruecos sino de toda África, y mata al menos a 14 personas. “Ahora –continúa Alba Rico- reaparece Bin Laden, no vivo y amenazador, sino en toda la gloria de un martirio aplazado, estudiado, cuidadosamente escenificado, un poco inverosímil. ‘Se ha hecho justicia’, dice Obama, pero la justicia reclama tribunales y jueces, procedimientos sumariales, una sentencia independiente.” Nada de eso ha ocurrido, ni ocurrirá. Pero el fundamentalismo islámico, ausente como protagonista de las grandes movilizaciones del mundo árabe, aparece ahora en la primera plana de todos los diarios del mundo y su líder como un mártir del Islam asesinado a sangre fría por la soldadesca del líder de Occidente. La Casa Blanca, que sabía desde mediados de Febrero de este año que en esa fortaleza en las afueras de Islamabad se refugiaba Bin Laden, esperó el momento oportuno para lanzar su ataque con vistas a posicionar favorablemente a Barack Obama en la inminente campaña electoral por la sucesión presidencial.

Hay un detalle para nada anecdótico que torna aún más inmoral a la bravata estadounidense: pocas horas después de ser abatido, el cadáver del presunto Bin Laden fue arrojado al mar. La mentirosa declaración de la Casa Blanca dice que sus restos recibieron sepultura respetando las tradiciones y los ritos islámicos, pero no es así. Los ritos fúnebres del Islam establecen que se debe lavar el cadáver, vestirlo con una mortaja, proceder a una ceremonia religiosa que incluye oraciones y honras fúnebres para luego recién proceder al entierro del difunto. Además se especifica que el cadáver debe ser depositado directamente en la tierra, recostado sobre su lado derecho y con la cara dirigida hacia La Meca. ¿Con qué celeridad tuvieron que ser hechos el combate, la recuperación del cadáver, su identificación, la obtención del ADN, el traslado a un navío de la Armada estadounidense, situado a poco más de 600 kilómetros del suburbio de Islamabad donde se produjo el enfrentamiento y finalmente navegar hasta el punto donde el cadáver fue arrojado al mar como para respetar los ritos fúnebres del islam? En realidad, lo que se hizo fue abatir y “desaparecer” a una persona, presuntamente Bin Laden, siguiendo una práctica siniestra utilizada sobre todo por la dictadura genocida que asoló  la Argentina entre 1976 y 1983. Acto inmoral que no sólo ofende a las creencias musulmanas sino a una milenaria tradición cultural de Occidente, anterior inclusive al cristianismo. Como lo atestigua magistralmente Sófocles en Antígona, privar a un difunto de su sepultura enciende las más enconadas pasiones. Esas que hoy deben estar incendiando las células del fundamentalismo islámico, deseosas de escarmentar a los infieles que ultrajaron el cuerpo y la memoria de su líder. Barack Obama acaba de decir que después de la muerte de Osama Bin Laden el mundo es un lugar más seguro para vivir. Se equivoca de medio a medio. Probablemente su acción no hizo sino despertar a un monstruo que estaba dormido. El tiempo dirá si esto es así o no, pero sobran las razones para estar muy preocupados.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.rCR

Bin Laden murió hace más de 10 años


David Ray Griffin (GLOBAL RESEARCH)

Este artículo del escritor estadounidense David Ray Griffin, profesor emérito de filosofía de la religión y la teología, publicado en Global Research en 2009, afirma que Bin Laden murió de insuficiencia renal hace más de 10 años y que todos sus mensajes en video y audio de la última década fueron patrañas tan falsas como la liberación de la soldado Jessica Lynch en Irak 2003, elaboradas por los mismos guionistas del Pentágono y la Casa Blanca. Sus últimos registros documentados indican que recibió tratamiento medico en el hospital norteamericano de Dubai en julio de 2001, donde adquirió dos máquinas para diálisis. Para Griffin, este ex servidor saudita de Estados Unidos contra los soviéticos en Afganistán convertido en “enemigo”, y cuya familia tiene negocios con GW Bush en Estados Unidos, no tuvo que ver con la licuación del acero estructural de las Torres Gemelas el 11/9/2001, episodio controvertido, lleno de sombras y próximo a cumplir 10 años.


Título original: Osama Bin Laden: ¿Muerto o Vivo?
http://hamsayeh.net/middle-east/638-osama-bin-laden-dead-or-alive.html
Traducción: Ernesto Carmona

¿Todavía está vivo Osama Bin Laden? Me he ocupado de esta pregunta en un pequeño libro reciente titulado “Osama Bin Laden: ¿Muerto o vivo?” Este artículo [escrito en octubre 2009] resume las cuestiones principales de ese libro.

Desde la transferencia del poder de la administración Bush a la administración de Barack Obama, la cuestión de si Bin Laden está muerto o vivo ha llegado a ser más importante.

Pese a que George W. Bush dijera su famosa frase “quiero a Osama Bin Laden ‘vivo o muerto’”, claramente no hizo nada serio para lograrlo. Además de indicar que no fue informado sobre Bin Laden, lo demostró enviando a Iraq la mayor parte de los recursos militares de Estados Unidos. Por supuesto, Bush podría mantenerse despreocupado sobre Bin Laden porque sabía que, además de no tener nada que ver con el 11/9, de todos modos estaba probablemente muerto.

No sé qué piensan sobre estas materias el presidente Obama y su gente, pero su retórica presupone que Bin Laden era responsable de 9/11 y todavía está vivo. En noviembre de 2008, por ejemplo, una historia del Washington Post dijo: “Presidente electo Barack Obama… se propone renovar el compromiso de Estados Unidos en la cacería de Osama Bin Laden”. … ‘Ése es nuestro enemigo’, dijo un consejero sobre Bin Laden, ´y él debe ser nuestro blanco principal’”.

En su domicilio de la Casa Blanca, el 27 de marzo de este año (2009), el presidente Obama dijo: “Al Qaeda y sus aliados -los terroristas que planearon y apoyaron los ataques del 11/ 9- están en Pakistán y Afganistán. Múltiples estimaciones de inteligencia han advertido que Al-Qaeda está planeando activamente ataques contra la patria de Estados Unidos desde su seguro asilo en Pakistán. … Al-Qaeda y sus aliados extremistas se han movido a través de la frontera a áreas remotas de territorio paquistaní. Esto incluye casi ciertamente la jefatura de Al-Qaeda: Osama Bin Laden y Ayman al-Zawahiri.”

Obama ha apelado regularmente a estas estimaciones de inteligencia, que invariablemente han demandado que Bin Laden está oculto en Pakistán, en alguna parte a lo largo de la frontera con Pakistán. Esta afirmación se utilizó para justificar la extensión de la actividad militar de Estados Unidos en Pakistán, con el resultado que la gente ahora habla de la “guerra de AfPak”.

Una manera de argumentar contra esta guerra es señalar que, si estos expertos de inteligencia ni siquiera saben si Bin Laden está vivo, ciertamente no pueden saber dónde está y qué está pensando. De seguro hay otros buenos argumentos contra esta guerra y muchos críticos están haciendo sus alegatos. Pero señalar que casi con certeza Bin Laden está muerto, abre una discusión que va al corazón del análisis público razonablemente articulado sobre esta guerra.

Por supuesto, otra manera de argüir contra esta guerra sería señalar que Bin Laden no tuvo nada que hacer con el 11/9. Pero aunque nuestro propio FBI admitió que “no tiene ninguna evidencia clara que conecte a Bin Laden con el 9/11”, una gran parte grande de la población norteamericana ha sido acondicionada para rechazar cualquier revisionismo de la versión oficial acerca del 11/9. Como vimos recientemente en “el affair Anthony K. "Van" Jones” [Consejero Especial para “empleos verdes” despedido de la Casa Blanca], se considera impropia para el servicio público a la gente que alguna vez firmó algún documento sugiriendo que la versión oficial del 11/9 pudo no estar completamente ajustada a la verdad.

Mi pequeño libro sobre Bin Laden era primariamente para la gente que, además de asumir que éste era responsable de los ataques del 11/9, también cree que la guerra de AfPak se justifica porque necesitamos evitar que planee otro ataque. Mucha de esta gente se dará vuelta contra la guerra si llega a enterarse de pruebas convincentes de que este personaje está casi ciertamente muerto. Hay considerables pruebas para esta conclusión. Estas pruebas son de dos tipos: evidencias objetivas y testimonios.

Pruebas objetivas de que Bin Laden está muerto

Las evidencias objetivas incluyen los siguientes hechos:

Primero, hasta el mediodía del 13 de diciembre de 2001, la CIA estuvo interceptando regularmente mensajes entre Bin Laden y su gente. En aquel momento, sin embargo, los mensajes pararon repentinamente y la CIA nunca volvió a interceptar otra vez algún mensaje.

En segundo lugar, el 26 de diciembre de 2001, un importante periódico pakistaní publicó una información con la historia de que Bin Laden había muerto a mediados de diciembre, añadiendo:

“Un miembro prominente del movimiento afgano del Talibán… indicó… que él mismo había asistido al entierro de Bin Laden y vio su rostro antes de la sepultación”.

Tercero, Bin Laden tenía una enfermedad al riñón. Lo habían tratado para atendérsela en el hospital norteamericano de Dubai en julio de 2001, oportunidad en que adquirió, según se informa, dos máquinas de diálisis para llevárselas. Si usted se ha preguntado alguna vez qué hacía Bin Laden durante la noche anterior a los ataques del 11/9, las noticias de CBS divulgaron que recibía tratamiento de diálisis del riñón en un hospital de Pakistán. Y en enero de 2001, el Dr. Sanjay Gupta dijo que -observando un vídeo de Bin Laden hecho a finales de noviembre o principios de diciembre de 2001- éste parecía estar en las últimas etapas de una insuficiencia renal.

Cuarto, en julio de 2002, CNN divulgó que habían capturado a los escoltas de Bin Laden en febrero de ese año, añadiendo: Las “fuentes creen que si capturaron a los escoltas lejos de Bin Laden, es probable que el hombre más buscado en el mundo esté muerto.”

Quinto, desde 2001 Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por cualquier información que conduzca a capturar o a matar a Bin Laden. Pero esta oferta de recompensa no ha producido como resultado ninguna información, aunque Pakistán tiene mucha gente desesperadamente pobre, y sólo la mitad muestra su apoyo a Bin Laden.

Pruebas testimoniales de que Bin Laden está muerto

Además de estas evidencias objetivas, recogimos considerables testimonios en 2002, de gente en posición de saber que Bin Laden estaba probablemente muerto, o casi. Esta gente incluía a:

• Presidente Musharraf de Pakistán;

• Dale Watson, jefe de la unidad de contraterrorismo del FBI;

• Oliver North, quien dijo: “Estoy seguro que Osama está muerto. Y lo está el resto de individuos que permanecían en contacto con él”;

• Presidente Hamid Karzai de Afganistán;

• Fuentes del interior de la inteligencia israelí, que dijeron que cualquier nuevo mensaje de Bin Laden era “probablemente fabricación”;

• Fuentes de adentro de la inteligencia paquistaní, que dieron por “confirmada la muerte… de Osama Bin Laden” y “atribuyó las razones tras el ocultamiento de noticias de Washington sobre su muerte al deseo de los halcones de la administración norteamericana de utilizar el miedo a Al-Qaeda y el terrorismo internacional para invadir Iraq”.

Por esta razón, quizás, las historias sobre el fallecimiento de Bin Laden se extinguieron en gran parte a finales de 2002, cuando Estados Unidos multiplicaba su ataque contra Iraq. De entonces hasta ahora, hubo pocas de tales historias.

Recientemente, sin embargo, dos ex oficiales de inteligencia han hablado hacia afuera. En octubre de 2008, el ex oficial de la CIA Robert Baer sugirió al paso, durante una entrevista en la Radio Pública Nacional, que Bin Laden no estaba más entre los vivos. Cuando le pidieron a Baer precisar esto, dijo: “Por supuesto, él está muerto”.

En marzo de 2009, el ex oficial del servicio exterior Ángel Codevilla publicó un artículo en el American Spectator titulado “Osama Bin Elvis”. Explicando su título, Codevilla escribió: “Siete años después de que Bin Laden hiciera su última aparición comprobable en vida, hay más pruebas de la presencia de Elvis entre nosotros que de la suya”.

Éste es un excelente artículo. Solamente tiene un defecto serio. En 2007, Benazir Bhutto, siendo entrevistada por David Frost, se refirió a Omar Sheikh como “el hombre que asesinó a Osama Bin Laden”. Codevilla citó esta declaración como la evidencia más certera de que Bin Laden estaba muerto. Pero Bhutto tuvo simplemente un lapsus linguae: Ella quiso referirse “al hombre que asesinó a Daniel Pearl” [periodista de The Wall Street Journal secuestrado y asesinado en Pakistán], que es una manera estándar de aludir a su asesino, Omar Sheikh [alias "Mustafa Muhammad Ahmad”]. El lapsus fue aclarado el día siguiente, cuando la primera ministra le dijo a CNN: “No pienso que el general Musharaf sepa personalmente donde está Osama Bin Laden”. Diez días después, hablando por NPR, Bhutto divulgó que le preguntó al policía asignado para vigilar su casa: “No debe usted buscar a Osama Bin Laden?” Dejando de lado este defecto, el artículo de Codevilla proporciona buen apoyo a la extendida creencia de que un Bin Laden vivo no
se sostiene por las pruebas.

¿Y los “mensajes de Osama Bin Laden”?

Mucha gente, por supuesto, asume que hay muchas pruebas de que Bin Laden está todavía vivo, a saber, las docenas de cinta con “mensajes de audio y video de Bin Laden” que han aparecido desde 2001. Estas cintas proporcionan buenas pruebas, sin embargo, sólo si son auténticas. El capítulo más largo de mi libro se dedica a responder esta pregunta.

En primer lugar, muestro que la tecnología para hacer cintas audio y video falsas ahora está tan avanzada que incluso los expertos pueden ser engañados. Y aunque la prensa regularmente nos diga que las agencias de inteligencia han autenticado la última cinta de Bin Laden, es virtualmente imposible demostrar que una cinta pueda ser auténtica.

También fue obviamente fabricado “el vídeo de la sorpresa de octubre”, que apareció el 29 de octubre de 2004, justo a tiempo para ayudar a George W. Bush a conseguir ser reelegido. Una pista de que fue una falsificación, independientemente de su sincronización, fue proporcionada por su lenguaje. Los mensajes reales de Bin Laden estaban saturados de referencias a Alá y al profeta Mahoma. Pero en este “vídeo de la sorpresa de octubre”, raramente menciona a Alá y el único “Mohammad” aludido fue Mohamed Atta. También, mientras los mensajes indudablemente auténticos de Bin Laden describieron acontecimientos mundanos que por lo menos le permitieron invocar a Alá, el audio de este “vídeo de la sorpresa de octubre” dio una cuenta puramente secular de acontecimientos, incluso diciéndole a la gente norteamericana: “Su seguridad está en sus propias manos”.

El vídeo más obviamente falso es uno que, apareciendo en 2007, resulta idéntico al “vídeo de la sorpresa de octubre” de 2004, salvo que la figura de Bin Laden ahora tenía una barba totalmente negra, llevándome a llamarlo el vídeo “del terrorista Barba Negra”. Aunque los expertos intentaran, con caras serias, explicar por qué Bin Laden pudo haberse teñido la barba, o ponerse una barba falsa, este vídeo fue tratado con más respeto que el merecido por otro de YouTube que mostraba a un actor que llevaba una barba muy larga y muy negra, mientras decía:

“Hola, tanto tiempo sin vernos. Soy yo, Osama Bin Laden. Y este [mensaje] no se confundirá con el anuncio publicitario de tintura de pelo sólo para hombres. …. Hago este vídeo para probarle al mundo que todavía vivo y pateo”.

Este vídeo es muy divertido. Pero no hay, por supuesto, nada divertido en el hecho de que los vídeos falsificados de Bin Laden se hayan utilizado obviamente, y todavía se estén utilizando, para justificar la guerra de AfPak, que continúa matando a centenares de docenas, si no de cientos, de gente inocente cada semana, incluyendo mujeres y niños que asisten a bodas y a entierros.

Conclusión

Si mi pequeño libro, mostrando que Bin Laden ha estado probablemente muerto hace tiempo, puede ayudar a acortar esta guerra, el texto responde a su propósito principal.

Otra cuestión principal, a la que dedico todo un capítulo, es que estas falsificaciones de cintas de Bin Laden parecen ser simplemente una porción de una extensa operación de propaganda, en que la inteligencia militar de Estados Unidos está utilizando ilegalmente fondos provenientes de los impuestos para hacer propaganda ante el público norteamericano con el objetivo de fomentar la militarización de Estados Unidos y de su política exterior.

Espero que mi pequeño libro estimule el movimiento por la verdad del 11/9, junto con el movimiento pacifista en general, para tomar con más fuerza la tarea de exponer este esfuerzo de propaganda, que devora cada vez una porción mayor de nuestros fondos de contribuyentes.



El circo mediático en EE.UU.
Bin Laden y "La carta robada"

Rebelión


En la carta robada, el cuento de Edgar Allan Poe, el prefecto de policía busca infructuosamente por todas las habitaciones de uno de los ministros, una carta que le ha sido robada a la reina y que compromete el honor de ésta. Para ello, el prefecto y su equipo han entrado varias veces de manera ilegal en el cuarto del ministro, han registrado habitación por habitación, mueble a mueble, han utilizado incluso agujas para pinchar las almohadas en busca de la carta y, mi favorito, han desmontado incluso las patas de la cama y de la mesa para buscar en el interior de éstas sin que la carta apareciera por ningún lugar. Desesperado, el prefecto acude al primer investigador de la novela policial, Auguste E. Dupin en busca de ayuda. Con su característico ingenio de salón Dupin resuelve inmediatamente el misterio, porque la carta estaba simplemente encima de una cómoda, a la vista de todo el mundo.

Pues bien, si se piensa bien, el reciente asesinato de Osama Bin Laden no es sino una versión gore y siniestra de La carta robada. Después de todos estos años, Osama no estaba en una cueva de las montañas de Afganistán haciéndose la diálisis dos veces por semana y dirigiendo las operaciones de Al qaeda por computadora como el que juega a la Jihad en una play station, sino que lo teníamos ahí, delante de nuestras narices, instalado cómodamente en una mansión de alta seguridad a las afueras de Islamabad. Y es que a veces tener las cosas demasiado pegadas a los ojos es una manera de no ver lo que está pasando, una especie de ceguera inducida que nos deja a oscuras. Esta ceguera no es sólo un problema epistemológico, sino también un problema ético, ya que la búsqueda de aquello que no se ve porque está delante ha permitido justificar, entre otras cosas, las guerras de Afganistán, Irak, Pakistán y Yemen, la tortura, las prisiones ilegales, Abu Graib, Guantánamo, la tortura, los bombardeos con aviones no tripulados, la aprobación del Patriot Act, las escuchas ilegales, la islamofobia, el recorte de las libertades civiles, y los miles de muertos caídos en la “guerra contra el terrorismo”.

Como en La carta robada, Estados Unidos ha puesto el planeta patas arriba, ha tratado de destruir la fábrica social de todo Oriente Medio para cortarle la cabeza a un monstruo que tenía delante de sus ojos y que además había salido de sus propias entrañas. No nos olvidemos que todavía se puede leer la declaración del Presidente Ronald Reagan llamando a los Mujahidin “freedom fighters”, luchadores por la libertad, en 1983, con motivo de la invasión soviética de Afganistán [1].

¿Qué sentido tiene, entonces, ahora haber llegado al final de la búsqueda?

Como en las malas historias policíacas la resolución del crimen o el misterio pretende ser una respuesta tranquilizadora para la sociedad: se ha hecho justicia, el criminal ha sido castigado por sus crímenes, el orden social ha sido reestablecido, los ciudadanos pueden volver a la apacible mediocridad de sus anodinas vidas y, sobre todo, pueden volver a dormir tranquilos. Además de todos estos efectos político-literarios, el asesinato de Bin Laden pretende sobre todo ser construido como un gigantesco espectáculo mediático cuyas luces pretenden dejarnos a todos ciegos. Algo de esto intuyeron Paco Ignacio Taibo II y el Subcomandante Marcos cuando escribieron en su novela negra “Muertos Incómodos” :

“Burbank es la capital del cine porno de Estados Unidos, un pueblucho cerca de Los Ángeles, moteles y empresas triple x, coge y coge, filma y filma, viva el capitalismo salvaje. Y junto todo y me digo: ‘¿A poco estos culeros de Bush y sus amigos están haciendo los comunicados de Bin Laden, los mensajes del demonio, en un estudio porno en Burbank, California, que hasta desierto tienen por allí? ¿A poco todo es un montaje, una fábrica de sueños de mierda, con un ex-taquero mexicano llamado Juancho de personaje central? Yo, de verdad, no me lo tragaba’, me decía: ‘¿cómo vas creer?’ Pero, ¿a poco no es bonita la historia?”.

Y es que cuando las cosas van mal, “Producciones El Pentágono” pone en marcha su máquina de sueños (o más bien de pesadillas) para tranquilizar a la población civil mediante altas dosis de entretenimiento imperial-militar. No se trata de caer en teorías de la conspiración, pero ¿no es un poco sospechoso que el anuncio de la captura y muerte de Bin Laden se haga el primero de mayo, un día que además no se celebra en Estados Unidos? ¿No es demasiado conveniente que el anuncio de la muerte del más malo de los malos se haga el mismo día que las fuerzas de la OTAN bombardean a civiles y matan a uno de los hijos de Gadaffi en Libia?

Pueden ser sólo coincidencias, lo que si es innegable es que el aparato mediático militar de los Estados Unidos esta espectacularizando el asesinato de Bin Laden con un propósito doble: dejar a oscuras, como en La Carta robada, los problemas internos y externos del país y promover entre la ciudadanía un complejo melancólico agresivo que siga justificando las guerras imperiales por los recursos de Oriente Medio. 

El fundido en negro que ha producido el asesinato de Bin Laden tiene por objeto, como ha señalado Santiago Alba Rico, ocultar todo lo que ha estado pasando en el mundo Árabe desde las revueltas de Tunez, Egipto, Siria o Bahrein a la intervención militar de la OTAN [2]; Hillary Clinton tuvo incluso la desfachatez de conectar, en su comparecencia, el asesinato de Bin Laden con la lucha por la libertad del pueblo árabe. Pero además de tapar y sacar partido de todo lo que esta pasando en Oriente Medio, la película Bin Laden tiene otro objetivo crucial, ocultar que las cosas en casa van muy mal. El desempleo sigue creciendo, las cárceles están llenas de afroamericanos, latinos y blancos pobres, Obama ha deportado a más latinos que Bush en sus ocho años de mandato, millones de personas han sido desahuciadas, muchos más no tienen acceso al seguro medico y cada vez se hace más evidente que el neoliberalismo sólo puede sobrevivir a costa de ser cada vez más agresivo y de transferir más bienes comunes a manos privadas: atacar a los sindicatos de trabajadores públicos, destruir las universidades públicas y producir, en definitiva, más miseria, desigualdad y exclusión.

Después de los ataques del 11 de septiembre, se hizo muy difícil tener una conversación sosegada sobre lo que había pasado o presentar objeciones a la naciente guerra contra el terror, las pocas personas que salimos a la calle para protestar la guerra en Afganistán nos encontrábamos con un ambiente hostil e intimidatorio. Todavía no se había caído la segunda torre gemela cuando Peter Jennings, el corresponsal de ABC News, advertía de que se trataba de un “acto de guerra” y exigía venganza. Desde entonces la ciudadanía norteamericana ha sido sometida sin interrupción a un chantaje emocional cuyo objetivo es instalar en la sociedad civil un complejo melancólico agresivo que justifique la agenda neoimperial de la oligarquía norteamericana. Desde el 11 de septiembre todos y cada uno de los ciudadanos de los Estados Unidos fueron interpelados por el Estado para transformarse en receptáculos de las víctimas de los atentados de las torres gemelas. Los muertos no están en ningún memorial están encriptados en cada uno de los ciudadanos, y es precisamente porque están dentro que no se pueden ni olvidar ni velar, para defenderlos de su olvido sólo queda actuar agresivamente contra aquellos que pretender poner en peligro nuestra seguridad y las de las víctimas del 11 de septiembre que llevamos dentro.

Este complejo de miedo y agresión sirvió no sólo para justificar las guerras sino que también produjo increíbles réditos electorales para George W. Bush. Por eso, coincidencia o no coincidencia, el fantasma de los muertos del 11 de septiembre vuelve a agitarse sobre nuestras cabezas, nos interpela otra vez desde la euforia y el miedo que produce el espectáculo de la muerte de Bin Laden para que volvamos a unirnos en torno al complejo melancólico-imperial y su maquinaria de muerte. Resulta patético escuchar a Obama apelar a la unidad nacional como durante el 11 de septiembre o el intento de asesinato de la congresista Gabriel Giffords, ahora que se ha “hecho justicia”. ¿Qué significa unirse entorno al asesinato de Bin Laden? ¿Formar una comunidad afectivo política en torno a un desaparecido (el cuerpo fue arrojado al mar como durante la dictadura Argentina)? ¿Justificar la tortura (la confesión que supuestamente llevó al descubrimiento de Obama fue obtenida bajo tortura en Guantánamo)? ¿Naturalizar la violación de la soberanía de un país (hoy es Pakistán mañana podría ser Inglaterra en busca de Assange)? ¿Confundir la justicia con la venganza? ¿Celebrar la muerte?

Sí, es cierto que muchas personas, inducidas por los fuegos artificiales de todos los medios, liberales y conservadores, se lanzaron a las calles a celebrar el asesinato de Bin Laden, es cierto que los estudiantes de la Universidad de Ohio se tiraron a un lago para celebrar, es cierto que Glen Beck, el comentarista conservador de la Fox, abrió su programa con una banda de música, pidió que se exhibiera el cuerpo de Bin Laden de pueblo en pueblo como en la Edad Media y soltó una lagrimita mientras pasaba en la pantalla los nombres de todas y cada una de las víctimas del 11 de septiembre, pero también es cierto que la mitad de la población se niega a celebrar bien por cansancio emocional bien porque no aceptan las consecuencias de este pacto siniestro de muerte. Hay esperanza.

[1] Ronald Reagan. “ Message on the Observance of Afghanistan Day” http://www.reagan.utexas.edu/archives/speeches/1983/32183e.htm

[2] Santiago Alba Rico. "Matar a Bin Laden, resucitar Al qaeda" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=127592

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=127730

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MERCENARIOS DE LA COMUNICACIÓN (I y II)

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A PROPÓSITO DE LA “POLARIZACIÓN” DEL PAÍS

Son miles y miles los logros alcanzados en este gobierno, que han sido intencionalmente invisibilizados, no se ven, o desprestigiados por los grandes medios de comunicación ya señalados, negándosele a la ciudadanía el derecho a recibir una información veraz y oportuna para que pueda decidir libremente y democráticamente frente al presente y futuro de la nación Imagen domio público Néstor Raúl Ramírez Moreno* labagatela.org Desde la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia de la República, con una propuesta política progresista, de cambio social, los grandes medios de comunicación (RCN, Caracol, City TV, Blu Radio, El Tiempo, El Espectador, Semana, entre otros) y junto con ellos muchos de los dirigentes que hacen parte de la política tradicional del país, han venido manipulando ideológicamente a la ciudadanía con el cuento de que los discursos de Petro “polarizan” el país, que el país está “polarizado”, por un lado la izquierda y por el otro la derecha. Este relato malintencionado va a...